EL AUTODOMINIO: OBRAR POR IMPULSO
El autodominio es el �ltimo de los �mbitos fundamentales para los vivaces. Los apetitos ejercen una poderosa influencia en su vida. Impulsados por sus poderosas emociones, anhelan y disfrutan de todo lo que implique un placer o sensaci�n. Son curiosos y se interesan por las cosas; les encanta probar, experimentar. Viven plenamente el momento y les cuesta rechazar cualquier gratificaci�n espont�nea.

Estas personas sienten una profunda motivaci�n para pasar un buen rato y experimentar cosas nuevas. No les asustan los riesgos y son capaces de recorrer un callej�n a oscuras en una ciudad que no conocen, sin ponerse a pensar en el peligro que puede acechar en la penumbra. A menudo conducen como endemoniados y comen copiosamente, sin preocuparse por las calor�as ni el colesterol.

En los excesivamente vivaces, la impulsividad puede llegar al punto del desenfreno y, a pesar de su talento, quiz� desemboquen en la autodestrucci�n debido a la aversi�n que sienten por hacer planes y a su tendencia a obtener las cosas de inmediato en vez de esperar el momento m�s oportuno. Hasta en los moderadamente vivaces, los apetitos son una fuerza poderosa que continuamente deben esforzarse por dominar. A muchos les cuesta dejar pasar la fuente con los postres o moderarse en el consumo de tabaco y el alcohol, como tambi�n es probable que se excedan en las compras con sus tarjetas de cr�dito.

Felizmente, la mayor�a de las personas tiene la suerte de contar con una personalidad mixta, en la que los rasgos vivaces se complementan con otros de m�s sentido com�n (concienzudos, c�modos, vigilantes, seguros de s� mismos y sensibles), que les har�n no aventurarse demasiado lejos. Si el c�nyuge tiene alguno de esos tipos de personalidad, tambi�n puede contribuir a asentarle.

EL YO Y EL MUNDO REAL: FRONTERAS FLEXIBLES
La tendencia que tienen los vivaces a probarlo todo los afecta incluso en el territorio del yo. Suelen tener una gran amplitud de criterio y sentir mucho inter�s por probar otras formas de ser. Su propia identidad rara vez queda fijada en un estilo de vida en particular y a veces ni siquiera en determinados patrones culturales. Los vivaces tienen el don de adaptarse a nuevos estilos de vida, cuando en circunstancias similares otros parecen inc�modos o fuera de lugar.

NO ESTOY MUY SEGURO DE SABER QUI�N SOY
Este sentido del yo que posee el vivaz tambi�n puede implicar que el individuo no est� seguro de su propia identidad. En consecuencia, puede costarle mucho saber lo que quiere ser en la vida, o sentir un cierto vac�o interior. Algunos excesivamente vivaces quiz� adopten el recurso de �tomar prestada� una identidad ��creo que quiero ser como mi hermana�, �voy a meterme en un nuevo culto�- como modo de afirmar la propia identidad.

En todo caso, el yo del vivaz seguramente estar� pintado en colores fuertes y que contrasten. Estas personas ser�n variables, pero siempre sobresalen. Para ellos, el mundo exterior es intenso, a menudo ca�tico o sombr�o. Se trata de una personalidad de fuego y hielo, tanto por dentro como por fuera.

EL TRABAJO: APTITUDES ESPECIALES
En el trabajo, los vivaces pueden llegar a ser inteligentes, sociables, llenos de entusiasmo, originales y creativos. Es muy com�n que tengan una estrecha vinculaci�n con sus compa�eros y tomen como algo personal cuanto sucede en sus relaciones laborales. No es de extra�ar que se interesen y participen en las intrigas de oficina. A menudo colocan a su jefe en un pedestal y esperan que �l se comporte con un criterio perfecto, lo cual puede conducirles luego al desenga�o. Si el superior se las ingenia para mantener esa imagen idealizada, el vivaz trabajar� con empe�o para causarle una buena impresi�n. Pero habr� que recompensarlo por esforzarse tanto, puesto que la relaci�n tan �especial� que tiene con el jefe constituye gran parte de sus motivaciones. Sin embargo, no act�an desinteresadamente ya que, si sus intensos esfuerzos pasan inadvertidos, o si el jefe los considera como cualquier empleado, perder�n el inter�s en trabajar tanto. Los vivaces dan todo de s� mismos cuando se sienten admirados e idealizados.

Son tan exigentes en el trabajo como en todas las esferas de su vida, pero esa costumbre suya de insistir en que los traten bien puede serles muy �til en este �mbito; en una palabra, el hecho de sentirse merecedores evita que se les pague de menos o se les d� un trato indebido. No obstante, los excesivamente vivaces a veces no son realistas y exageran su propia importancia ante sus jefes. Otros quiz� adviertan que su manera de reaccionar con fuertes emociones en el trabajo les impide hacer carrera. Pero en el campo creativo este temperamento no suele ser un obst�culo: los empresarios tienen asumido que las personas con capacidad creativa son �dif�ciles�

EL JEFE VIVAZ
La personalidad vivaz no lleva aparejada la capacidad para el liderazgo, fundamentalmente porque esos individuos son reacios a tratar a sus subordinados con la necesaria objetividad. Les gusta establecer lazos de proximidad y, como siempre, terminan idealizando a los que tratan. Esperan una extraordinaria dedicaci�n personal y un quehacer perfecto de quienes trabajan con ellos. Cuando los subordinados no satisfacen esas expectativas, los jefes vivaces se sienten �ntimamente defraudados. Son emocionales y a menudo consiguen que quienes los rodean se dividan en dos, el grupo de preferidos por un lado, y por el otro, el de los rechazados, aunque uno nunca tiene la garant�a de poder pertenecer durante mucho tiempo al sector de los elegidos. M�s a�n, los jefes vivaces, al igual que los teatrales, no tienen aptitud para planificar, para manejar el dinero ni para la organizaci�n.

Sin embargo, una dosis moderada de este temperamento puede servirle para lograr que sus empleados den todo de s�. Los vivaces en ocasiones tienen grandes ideas y, si quien les sigue en la l�nea jer�rquica es una persona poco competitiva y marcadamente concienzuda, pueden incentivar enormemente a sus empleados.
Home
Indice Test
Hosted by www.Geocities.ws

1