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COLEGIO |
EL
PAPEL DE LA ESCUELA DE PADRES COMO INSTANCIA PROPICIADORA DEL
MEJORAMIENTO DE LA CALIDAD DE LA ENSEÑANZA
Uno de los logros conseguidos por Chile frente al desafío producto de la urgencia de elaborar nuevas y efectivas estrategias de presencia en el mundo de la educación, ha sido el de empezar a mirar al problema como una hazaña, primero pensada y luego actuada "en plural".
Es
un hecho que el proyecto MECE, en su larga gestación, no sólo ha dado buena
muestra de haber asimilado la experiencia de otros países igualmente
comprometidos en el desafío del mejoramiento de la calidad educativa, sino que
ha pasado, oportunamente, a la acción a través de un programa orientado a
involucrar en la urgencia de la problemática educacional (no sabemos hasta qué
punto dicha buena intención ha logrado vencer cierta endémica desidia de los
sectores consultados), a un amplio abanico de protagonistas de lo que ha sido
llamado el "capital social" de la educación.
Dicho
"capital social" enmarcado dentro de una estructura "cuadriforme
de relaciones cruzadas" compromete estamentos tales como
Alumnos-Escuela-Familias-Sociedad cuyo irrenunciable protagonismo en todo
planteamiento educativo y educacional homogéneo y coherente, ha sido reconocido
desde siempre, aunque sólo recientemente enfatizado en cuanto a integración,
interacción y dependencia recíproca.
Dentro
de esa estructura cuadriforme, a nosotros nos interesa resaltar el rol de la
Escuela de Padres en cuanto aporte insoslayable a la demanda de mejoramiento de
la calidad educacional que exige, a voz en cuello, la escuela chilena.
Es
un hecho comúnmente admitido, aunque en absoluto no tan obvio ni tampoco
justificado, que todo planteamiento de mejoramiento de la calidad, debe partir
de una renovación del sistema escolar "ad intra".
Estudios
serios y documentados como el llamado "Informe Coleman"[1]
parecen demostrar que una auténtica "reconversión educacional" de la
que se presume pueda nacer un eficaz instrumento para el logro del deseado
mejoramiento de la calidad educativa, exige, por lo menos, un planteamiento
convergente en-tre cambio "ad intra" y cambio "ad extra".
Esto
implica no sólo la sensibilización de los estamentos comprometidos en el
quehacer "externo", sino el ofrecimiento de ámbitos
participativos corresponsables además de calificados.
Ahora
bien, si la tarea de comprometer efectivamente y no sólo sentimentalmente a la
gran sociedad, se hace engorrosa y, frecuentemente, problemática, siempre queda
el recurso de llevar a cabo esta tarea con el otro estamento, esto es, la
Familia, bastante más sensible a este tipo de discurso participativo, por
razones fácilmente intuibles.
A
este propósito, la legislación escolar chilena ofrece, al menos en el papel,
una situación ventajosa para la efectiva presencia de la Familia en el sistema
educacional, por ofrecer estructuras ya listas y abundantemente experimentadas.
Dentro de éstas, la Escuela de Padres.
Sin
embargo, lo que en este específico contexto se echa de menos, y son
precisamente los puntos que pretende tocar la presente ponencia, es:
Un
"estatuto epistemológico", que corrobore la validez de la Escuela
de Padres.
El
necesario reconocimiento y la oportuna diferenciación de los niveles
operativos de la Escuela de Padres, esto es, el nivel de la
"Realidad" y el nivel de la "Utopía".
Su
posición jerárquica dentro de la estructura participativa de la Familia en
la Escuela.
El
"perfil propio" de la Escuela de Padres.
Los
contenidos secuenciales.
Los "Agentes" específicos.
Dentro de la vastedad de las problemáticas suscitadas por estos simples puntos, lo que pretendemos hacer en esta instancia no es más que una primera aproximación a lo planteado, subrayando únicamente unos estímulos para suce-sivos desarrollos.
UN "ESTATUTO
EPISTEMOLOGICO" QUE CORROBORE LA VALIDEZ DE LA ESCUELA DE PADRES
Hablar de "Estatuto Epistemológico" significa hablar de la legitimidad, de la validez y, en definitiva, de la justificación axiológica de la Escuela de Padres. Debido al reducido espacio temporal a disposición, no nos queda más que tocar, a la carrera, unos puntos esenciales, para llegar a una conclusión evidente.
1.1
Desde que el riguroso análisis sociológico aplicado a la educación ya por
Durkheim[2]
ha demostrado que el sistema educativo depende totalmente de la "sociedad
global", no caben arrinconamientos, involuntarios o intencionales, de las
componentes de dicha "sociedad global" en el manejo educativo, so pena
de mantener en permanente vigencia el concepto de monopolización escolar de los
procesos formativos cayendo así en un absurdo cuanto perjudicial anacronismo
educativo.
1.2
Existen diferentes maneras de concebir la Escuela[3].
Dos aparecen como las más difundidas:
La Escuela entendida como pasaje obligado para
alcanzar un cierto nivel cultural, una cierta profesionalidad que permita
una ventajosa y rentable inserción en el mundo del trabajo, una franquicia
social cuando no un pequeño espacio de poder...
La Escuela entendida como expresión de una comunidad
que viviendo determinados valores derivados de su propia historia, considera
oportuno transmitirlos, a través de la instrucción y la cultura, a las
nuevas generaciones, con el fin de proponerles un horizonte existencial
global y un significado más completo al sentido y al gusto de la tarea de
vivir.
Es evidente que la primera forma de concebir la Escuela deja un espacio bastante exiguo a la verdadera educación del hombre y tiende a reducir al individuo, más que a la persona, a un mero engranaje del mecanismo de la productividad y del poder. En esta perspectiva, poco o nada puede aportar una estructura de participación como la Escuela de Padres.
La
segunda, permite a toda comunidad, que considera encarnar en sí algunos valores
humanos vinculados a su propia tradición, de realizar y testimoniar un proyecto
educativo apto para ser propuesto a las jóvenes generaciones, en forma creíble.
Es el reflejo de la llamada "tendencia evolutiva" que asume la
interacción entre el individuo y la sociedad como un proceso de crecimiento, en
el que el respeto por el educando y el desarrollo de sus capacidades dicen
relación a un contexto comunitario. La originalidad del educando es considerada
y es desarrollada con un sentido comunitario y con un talante de responsabilidad
social.
Frente
a estas posturas, ya no corresponden, hoy en día, actitudes neutrales.
1.3
Si es verdad, como parece universalmente aceptado, que la educación tiene su
arranque en el seno de la familia, que ésta es el primer sujeto del proceso
educativo de los hijos[4],
quienes encuentran, más tarde, en la escuela esas ayudas técnicas e
instrumentos específicos, necesarios para el crecimiento integral, no es menos
verdad que la educación escolar constituye un segundo momento, esto es, el
momento operativo, que prolonga, sin sustituir, el primero, esto es, el
familiar. Todo lo que ayude a vincular, coordinar, homogeneizar los dos momentos
se transforma en un factor de mejoramiento irrenunciable. Todo lo que favorezca
el retorno educativo, la bidireccionalidad de la tarea educativa y su
complementariedad en el contexto Escuela-Familia, se torna en una
responsabilidad insoslayable.
1.4
Lamentablemente, en Chile no existe aún un estudio igual de acucioso y
exhaustivo acerca de la incidencia de
la Comunidad, sobre todo familiar, en la Escuela, como el citado Informe
Coleman. A pesar de ello, basándonos en la largamente demostrada validez del
argumento analógico, podemos afirmar que la situación de la enseñanza
confesional (especialmente católica) en la que se proporcionan amplios y
diversificados espacios participativos, consiente corroborar también para
Chile, las conclusiones arrojadas por el Informe señalado.
Esto
constituye ya un presupuesto dado por sentado y confirmado a la luz del análisis
de los datos estadísticos acerca del rendimiento escolar, arrojados por
mediciones efectuadas, repetidamente, a nivel nacional. Parece un dato cierto:
el éxito radica en la participación, en cada una de las fases que contempla el
proceso educativo, de la Comunidad.
EL NECESARIO
RECONOCIMIENTO Y LA OPORTUNA DIFERENCIACION DE LOS NIVELES OPERATIVOS DE LA
ESCUELA DE PADRES: NIVEL DE LA "REALIDAD" Y NIVEL DE LA
"UTOPIA"
2.1
Esta nueva función de la escuela, que hemos intentado bosquejar y el
consiguiente beneficio en cuanto a mejoramiento de la calidad global de la enseñanza
se refiere, no puede concretizarse sino con la colaboración de todos los que
tienen responsabilidad en mérito y que, por esto, están llamados a cumplir con
los deberes inderogables de la "solidaridad social" en orden a ella[5].
Por lo que atañe a la presencia de la Familia en el contexto de la Escuela de
Padres, es menester subrayar la finalidad de su quehacer.
2.2
La escuela, para responder hoy a las reales exigencias de sus
usuarios/comisionarios, debe tornarse cada vez más en una escuela participada,
administrada, al menos dentro de lo posible, por la comunidad misma a la que se
propone "servir". Una escuela que interactúe, posiblemente con
el macrosistema comunitario social, e irrenunciablemente con el
microsistema familiar. Una escuela que se vuelva flexible, que sepa responder,
primero, a una función de cultura de base para todos, y después, dentro del
proceso de continuidad de los estudios, a la preparación eficaz a esos roles
que el actual contexto social requiere. Antaño, a estas funciones la sociedad
contestaba, en parte, con otros ámbitos formativos extra escolares, actualmente
el desarrollo tecnológico de la sociedad parece requerir de una formación
escolar cada vez más elevada y calificada, empero cada vez más plástica y
atenta a las instancias del mundo de trabajo, para no correr el riesgo de
transformarse en un pesado lastre social. Una escuela, pues, mediadora y
equilibradora entre las exigencias del crecimiento personal de sus
usufructuarios, y las necesidades y requerimientos de la sociedad[6].
2.3
Mas, deberá ser, al mismo tiempo, una escuela que sea espejo e intérprete del
contexto social del hombre que se quiere formar, esto es del ser que hoy
dibujamos en el papel, puesto que detrás de cualquier planteamiento de
mejoramiento de calidad está, por un lado la desconfianza, la crítica, o,
cuanto menos, la sospecha frente a la ineficacia del sistema presente y, por el
otro, la propuesta ideal -en espera de su experimentación concreta y
convalidación fáctica- de un plan alternativo y, por supuesto, superior en
calidad. El horizonte utópico del sistema educativo, pertenece a la estructura
misma del discurso del mejoramiento educacional que conlleva siempre una carga
utópica de humanización de la persona y de la sociedad en todas sus
dimensiones.
2.4
Si la primera función señalada, debido al cariz técnico que por fuerza de
cosas debe asumir, necesita de operadores especializados para ser hecha
realidad, la segunda, tan importante, significativa y necesaria como la primera,
requiere, lógicamente, de una cantidad de mediadores y mediaciones que van
bastante más allá de las que puede proporcionar el sistema educacional
tradicionalmente entendido.
Esto
implica que los padres/usuarios de todo tipo de escuela sean llamados a
colaborar para que dicho sistema escolar active y promueva espacios de influjo
formativo interactuantes e interagentes con ellos.
2.5
La consecución efectiva de este planteamiento exige -por cierto-
conocimientos y aportes dentro del cuadro educacional general, que sólo
se logran con la enfatización del sentido de "pertenencia", fruto, no
cabe duda, únicamente de una real
co-participación familiar dotada de finalidad,
significación y organicidad. Esta es, a mi entender, la principal condición
que hace efectiva toda aportación de la Escuela de Padres, al proceso de
mejoramiento de la calidad global de la enseñanza.
SU POSICION
JERARQUICA DENTRO DE LA ESTRUCTURA PARTICIPATIVA DE LA FAMILIA EN LA ESCUELA
3.1
Según se subrayó en la parte introductiva de la presente ponencia, los órganos
legislativos educacionales chilenos ya a partir de los años se-tenta[7],
se hicieron promotores - anticipándose en eso a países de reconocida
trayectoria educacional - de la participación de la Familia en el proceso
educativo. Dan fe de ello, no sólo la concesión de espacios "ad hoc"
para dicha participación, sino también su reglamentación sucesiva[8]
para transformarlos en una realidad operativa.
3.2
Sin embargo, la sensación que se percibe hoy al analizar la calidad de
utilización de esas instancias, es la de un aprovechamiento parcial y, a
menudo, superficial de las mismas. De la triple expresión de la participación
de los Padres en la tarea educativa, esto es, la informativa, llevada a
cabo en los Subcentros, la organizativa, de competencia de los Centros de
Padres, la pedagógico-formativa, atribuida a la Escuela de Padres, ésta
última parece ser que ha recibido el trato de la Cenicienta, incluso al
interior de estructuras educacionales más sensibles y abiertas al rol
participativo de la Familia. ¿Cuáles son las causas? Varias en cantidad y
variadas en las motivaciones que las sustentan. Sería demasiado largo, aunque
por cierto estimulante y provechoso, detenernos en examinarlas exhaustivamente.
Unas son internas al sistema escolar (resquemor frente a la presencia, a
menudo crítica, de los Padres en el Centro; subestimación, con frecuencia
inmotivada, de la competencia específica de los propios agentes educativos en
el manejo de los contenidos pedagógicos involucrados en la Escuela de Padres;
ausencia casi total de un efectivo itinerario propedéutico, consciente,
coherente e intencionado, a una participación pedagógica, y, dentro de lo que
cabe, "científica" de los Padres...); otras externas
(desconcierto de los Padres frente a mensajes, frecuentemente contradictorios,
relacionados con el manejo de las tareas educativas de su específica
competencia; dificultad objetiva, cuando no angustiosa, originada en la Familia
por desconocimientos técnico-instrumentales en la conducción educacional
global de sus hijos con los consiguientes mecanismos de remoción sicológica, o
almenos de delegación, de responsabilidades, compromisos y deberes que les son
propios...). Todo esto explica la preferencia dada por los mismos Padres, a las
demás instancias disponibles, caracterizadas por una menor carga de dificultad
y ansiedad frente al cuestionamiento de sus conducciones pedagógicas a menudo
artesanales y frecuentemente inadecuadas, pero también dotadas de bastante
menor incidencia en el compromiso de real desarrollo cualitativo del muchacho y
de su circunstancia educativa.
3.3
Sin embargo, me parece reconocer, en la base de este desfase en el equilibrio de
los tres ámbitos de participación anteriormente señalados, un motivo de
fondo: la persistente vigencia, en el sistema escolar, de una percepción
inadecuada, cuando no deformada, del rol de la Familia en el proceso de formación
escolar. Aún se sigue mirando a los Padres como "ejecutores"
de un plan educacional y no como "coformuladores" de un
proyecto educativo. Estoy firmemente convencido de que, una vez que se produzca
la necesaria e impostergable "reconversión estructural" en
este contexto, el sistema experimentará, en su globalidad, ese sensible
mejoramiento cualitativo, previo a cualquier planteamiento de calidad del mismo.
EL
"PERFIL PROPIO" DE LA ESCUELA DE PADRES
4.1
Abandonando ya el terreno de lo teórico, cabe ponerse la pregunta: ¿Qué se
pretende de una Escuela de Padres, en función del mejoramiento de la calidad de
la enseñanza?
4.2
Dado por sentado el principio de que la mejor educación es la que facilita la
inserción, oportuna y orgánicamente estructurada, del más amplio abanico de
agentes propiciando un ambiente de estimulaciones cruzadas, podemos atrevernos a
bosquejar un perfil de lo específico de la contribución de la Escuela de
Padres a la obtención de este fin, evidenciando unos rasgos que deben
caracterizarla como una de las instancias privilegiadas para el logro del
deseado mejoramiento de la calidad global de la enseñanza.
4.3
Contestando ya, directa y escuetamente, a la pregunta que nos hemos puesto,
acerca de una Escuela de Padres volcada a asumir un rol protagónico en el
mejoramiento de la educación, opinamos que ésta debe ser:
Ambito
de educación permanente de los Adultos. Al interior de la responsabilidad
educativa de los Padres, es menester hacer periódicas revisiones de la
sensibilización inicial, a través de la constante recuperación de las
"auténticas motivaciones" que sustentan de esa responsabilidad.
Plataforma
de comprensión recíproca entre la escuela y la familia. Esto evita caer en
la ambigüedad del "double bind"[9],
tranca no infrecuente en nuestro mundo escolar. El alumno, especialmente en
la fase más delicada de su proceso formativo, no puede ser sometido a la
contradicción de dos líneas educativas, la de la escuela y la de la
familia, como a dos mensajes importantes, porque emanan de dos instituciones
cargadas de autoridad, mas en contradicción entre sí, creando una
perniciosa situación de desconcierto valorativo de su quehacer educativo.
Las ventajas que de la superación de este conflicto se derivan, son, por un
lado, la identificación de la familia, con los ideales y valores
sustentados por el Proyecto Educativo del Colegio; por el otro, la
posibilidad real de comprometerla en el planteamiento y adecuación
permanente del mismo Proyecto.
Sincronizada
con el desarrollo formativo de alumnos con rostro y apellidos. Esto implica
desterrar de toda planificación de la Escuela de Padres, tentaciones
vinculadas a problemáticas circunstanciales. No debe ni puede ser una caja
de resonancia de las "espontaneidades y ocurrencias" de la propia
época. Objeto primordial de la Escuela de Padres es la comprehensión
afectiva y efectiva del mundo intelectual, espiritual, sicológico del
alumno con el fin de propiciar, dentro y fuera del Colegio, un espacio
adecuado, para el desarrollo optimal de la globalidad de los factores que
intervienen en el desenvolvimiento de su personalidad, es decir,
inteligencia, sentimiento, voluntad y trascendencia. Toda persona -afirma
Allport- es en sí misma una forma idiomática, una aparen-te violación de
la sintaxis de la especie[10].
Huelga decir que tal idiomatismo se desarrolla, antes que en la Escuela, en
su particular y original contexto, esto es, la Familia y que ésta, para
comprenderlo cabalmente es menester que aprenda a conocerlo.
Aclaradora
y equilibradora de los ámbitos de competencia y de las respectivas tareas
educativas de Colegio, Familia, Alumnos, con el fin de evitar, por
contraproducentes cuando no gravemente dañinas, las que podríamos llamar
"exigencias desconectadas", es decir, por un lado el prejuicio
negativo tiendiente a exigir al alumno menos de lo que puede ofrecer, y, por
el otro, las expectativas ilusorias orientadas a pretender más de lo que el
alumno, objetivamente, puede rendir.
Realista y operativamente valórica. Enn el ámbito académico, a través de la concientización de su insustituible rol en el fomento del amor por la observación, es decir del descubrimiento diligente del mundo de las cosas, de las personas, de la cultura... Del afán de reflexión, esto es, de la búsqueda humilde de las relaciones entre los hechos y las causas que los explican, como costumbre diaria. De la atención al mundo externo, en sus aspectos físicos, socioculturales y espirituales así como del mundo interior de la persona, indagando motivaciones y anhelos. Estas facetas puestss inicialmente en marcha, progresivamente tecnificadas durante el proceso escolar, e incentivadas, a su vez, por la Familia, amplían los horizontes de referencia de los educandos y alimentan su pensamiento lógico. En lo específicamente humano, fomentando la serenidad, es decir el realismo que antepone la calma y la racionalidad a la turbación e impulsividad de los jóvenes. La firmeza, que opone a los adolescentes, sobre todo, algunas resistencias que ellos mismos esperan y les muestra determinadas condiciones que son propias de la vida. El respeto con que son oídas, discutidas y corregidas las respectivas ideas, concepciones o decisiones. La responsabilidad, es decir, procurar que el joven experimente que tanto sus éxitos como sus fracasos puede atribuirlos, en gran medida, a su propio desempeño y no al de los demás. Consecuencias relevantes de este planteamiento destinado a propiciar una calidad ética tanto en el Alumno como en los Padres, con repercusiones positivas en la calidad global del proceso de formación son: por lo que atañe al educando, desalentar la mentalidad de que éste tiene derecho a obtenerlo todo de antemano y sin esfuerzo, como si todo le fuera debido, sin dar nada a cambio; por lo que toca a los padres: la superación de la ambigüedad consecuencia de una actitud oscilante entre la tolerancia cómplice y el rigor excesivo, así como el pensar que los hijos no son capaces de tomar ninguna decisión o presumir que todo deberán decidirlo solos, sin válidos referentes simbólicos intrafamiliares.
LOS CONTENIDOS
SECUENCIALES Y LOS AGENTES ESPECIFICOS DEL PROCESO
5.1
Con relación a la distribucion orgánica de los contenidos recién señalados,
que debe saber proporcionar una Escuela de Padres según la hemos venido
dibujando, comprometida en el real y efectivo aporte al mejoramiento de la
calidad educacional a través de la creación de condiciones optimales de
desarrollo personal, nos atrevemos a ofrecer una especie de esquema articulado
dentro del cual pueden ser oportunamente ubicados esos mismos contenidos para
que se logre la imprescindible secuencialidad de unos respecto a otros.
Dos
son las variables que se han tomado en consideración en el momento de elaborar
este bosquejo: el Colegio en cuanto ámbito de propuesta operativa a tra-vés de
su Proyecto Educativo y la realidad de los Alumnos.
Ambas variables no necesitan de muchas justificaciones. Fuera de discusión está la importancia, que dentro de un proceso como el que hemos venido indicando, reviste el Proyecto Educativo. No sólo lo exigen las condiciones para lograr la eficacia del sistema en cuanto tal, sino la lealtad a los Padres en el momento de ofrecer una propuesta educativa y un estilo de vida formativo al que deberán dar su consentimiento inicial y su apoyo permanente, basados en un conocimiento cabal de sus contenidos y valores.
Con
relación a la segunda variable, baste con recordar que el alumno ideal, y por
ende irreal y anónimo, nunca ha existido, ni siquiera en los tomos, demasiados
quizás, de filosofía de la educación. El ofrecimiento educativo va dirigido a
personas concretas, de carne y hueso, dotadas de circunstancia, de coordenadas
psicofísicas, afectivas y sociológicas. Todo esto exige tener su palestra y
tribuna en una Escuela de Padres que se propone ser exitosa en cuanto a apoyo
insustituible al mejoramiento de la calidad de la enseñanza.
Concretamente,
el primer año básico significa la aproximación inicial de la Familia
al Colegio. El Proyecto Educativo del Centro y el tipo de hombre al que quiere
dar forma, parecen ser los contenidos más apropiados para lograr el oportuno diálogo
Escuela-Familia, necesario para llevar a cabo una acción educativa mancomunada
sobre bases universalmente aceptadas y compartidas. En otras palabras, la ocasión
para un verdadero pacto educativo bilateral entre Escuela y Familia.
El
tramo que abarca desde segundo básico hasta el sexto básico,
corresponde al período más fecundo en cuanto a manejo, teórico y práctico,
de todo lo relacionado con el complejo y pedagógicamente relevante mundo de los
hábitos de estudio, la motivación escolar, la socialización, la
responsabilidad. Séptimo y octavo básico coinciden, en la gran
mayoría de los muchachos, con el surgimiento de las inquietudes
preadolescenciales y de una nueva manera de "estar en el mundo".
No merece la pena gastar siquiera una palabra para enfatizar lo inerme que
frente a todo esto se encuentra, con frecuencia, la Familia. Cualquier pedagogo
sabe por la experiencia madurada, lo delicado que se tornan en este período las
relaciones Padres-Hijos y sus reflejos sobre el rendimiento escolar general.
Cualquier tipo de información que desemboque en cuestionamiento, corrección,
replanteamiento de actitudes familiares dadas, hasta entonces, por descontadas,
se torna precioso en sumo grado, para lograr el objetivo que aquí nos interesa.
El mismo discurso, con las múltiples, complejas y delicadas variables que le
son típicas, vale para primero y segundo medio, con su problemática
sustantiva: la adolescencia y con la educación del pensamiento crítico y
reflexivo en el joven, en orden a sí mismo, a los demás y a su circunstancia. Tercero
y cuarto: la decisión vocacional. Son éstos, pues, los años previos a
la inserción de los jóvenes en un mundo para ellos completamente novedoso.
Huelga decir que el aún frágil equilibrio de su personalidad podría fácilmente
quebrarse frente a la realidad de una elección vocacional llevada a cabo o bien
de manera unívoca, y por eso dudosa en cuanto a éxito, o, peor aún, en forma
impositiva por parte de una familia que abriga expectativas ilusorias para con
su pupilo.
5.2
Los agente naturales y específicos de este proceso, aquí simplemente esbozado,
no pueden ser sino los pedagogos, esto es, los mismos Profesores. A ellos les
corresponde la no indiferente fatiga de llevar a cabo un trabajo que es, al
mismo tiempo, de hermenéutica y de adaptación didáctica.
Hermenéutico,
en cuanto a interpretación del extraordinariamente rico caudal de datos que con
encomiable generosidad les proporciona especialmente, aunque no exclusivamente,
la ciencia psicológica. De adaptación, puesto que es necesario, con
frecuencia, desmenuzar, con afán exquisitamente didáctico, esos mismos datos,
para ofrecerlos a los Padres, en apretada y aprovechable síntesis, despojada de
todo tecnicismo engorroso, pero no por eso menos científica y realista. Sólo
ellos pueden cumplir con esta tarea, básicamente por dos motivos. El primero,
porque este proceso involucra conocimientos pedagógicos específicos que ellos
poseen. El segundo y, según mi parecer, el más importante, porque sólo ellos
pueden aprovechar un recurso de inestimable alcance, esto es, el compromiso
afectivo que, como educadores, tienen para con sus educandos; compromiso que,
por obvias razones, no puede ser exigido a
profesionales de otras áreas.
Lo que se ha pretendido con esta reflexión, ha sido, simplemente, sensibilizar acerca de un aspecto, quizás no marginal, de la "política" de mejoramiento global de la calidad de la enseñanza en cuyo complejo y delicado entramado están llamadas a jugar un papel cada vez más relevante instancias que comprometen en proporción cuantitativa y cualitativa relevante, a la Familia y que sin pretender ser determinantes últimos de dicha calidad, son, por cierto, propiciadoras de ella.
NOTAS
[1]
Cf. Boletín de la FERE, nº 315, julio-agosto 1988, pp. 6-20.
En realidad, los llamados Informes Coleman son tres. El primer "Informe
Coleman" se publicó en 1966 con el título Equality of Educational
Opportunity y trataba de demostrar que el ambiente familiar es un factor
de gran importancia para el éxito en el terreno de la comunicación; que
las escuelas en sí no influyen gran cosa en la consecución de ese éxito.
El segundo "Informe Coleman", publicado en 1982 con el título
High School Achievemente. Public, Catholic and the Private Schools
Compared, llevó al autor a revisar y mitigar la posición del primer
informe. Argumentaba, pues que aunque los factores socio-económicos
influyen algo, las escuelas pueden influir y de hecho influyen de modo
decisivo em el éxito educativo independientemente del ambiente familiar.
En definitiva, el autor resaltaba el hecho de que el éxito proviene
de la política específica que se sigue en la escuela y de su modo de
proceder. Llevado el discurso a nuestro asunto, el empleo sistemático
de la "Escuela de Padres", forma parte precisamente de una política
educativa que se enmarca dentro de un "sistema escolar
multiparticipativo". El
tercer informe, firmado por James Coleman y Thomas Hoffer que lleva como título
Public and Private Schools: The impact of Communities, prueba que
efectivamente la comunidad base de la escuela católica es la razón de ser
de su eficacia. Los motivos que
llevan a los autores a esta conclusión refuerzan las afirmaciones
reflejadas en el informe del 82 a cerca de la eficacia de las escuelas
secundarias católicas, subrayando la fidelidad a los valores, la
funcionalidad de la comunidad, las relaciones personales facilitadoras del
desarrollo y de la actividad productiva, etc. T
[2]
Cf. V. CESAREO, art. Educación, en F. DEMARCHI-A. ELLENA
(edd.), Diccionario de Sociología, Ediciones Paulinas, Madrid, 1986,
p. 583. T
[3]
Cf. M.T. GAVAZZI, Perché l'Agesc, Supplemento a Per
crescere insieme, Milano, 1987, p. 5. T
[4]
"Los padres son los primeros maestros de sus hijos y los de
mayor influjo. Lo que los padres hacen para ayudar a sus hijos a aprender,
tienen más importancia en orden al éxito académico que el grado de
desahogo económico de la familia".
Cf. el documento del Ministerio de Educación de EE.UU., cuyo título
es What works: Research about Teaching and Learning, citado por B.V.
MANNO, Necesidad de compartir, las lecciones que se derivan del concepto
de capital social, en Boletín de la FERE, Nº 315, julio-agosto 1988,
p. 14. T
[5]
Cf. G.P. CRIPPA, Appartenenza alla scuola, en Agesc é
appartenenza, Supplemento a Per crescere insieme, Milano, 1987,
p. 11. T
[6]
Cf. G.P. CRIPPA, art. cit., p. 11. T
[7]
La Escuela de Padres es un programa del Ministerio de Educación
creado el 28 de junio de 1977 con el objetivo de ayudar y colaborar con los
padres en las tareas formativas de sus hijos. Cf. MINISTERIO DE EDUCACION
PUBLICA, Compendio de Normas, Educación Media Humanístico-Científica,
1984, p. 27 y NINISTERIO DE EDUCACION PUBLICA, Compendio de Normas de
general aplicación del sistema educativo, 1986, p. 3.37. T
[8]
Por ejemplo, Decreto de Educación nº 565, del 6 de junio de
1990; también, Circular nº 600, del 18 de febrero de 1991. T
[9]
Cf.
B. RAVASIO, Participazione dei genitori alla vita della scuola, en Proposta
Agesc, Suplemento a Per crescere insieme, Milano, 1985, p. 17. T
[10]
Citado por B. RAVASIO, art. cit., pp. 17-18. T