Gali

 

Cuando estás tirado en el suelo, totalmente abatido, te encuentras en una soledad absoluta. Estás así porque ya no tienes adónde ir, no sabes qué hacer. Estás tan metido en tus penas que sólo atinas a estar de esa forma, como abandonado a la nada. El tiempo te ha vencido, no has podido resolver tus dudas, tus angustias, tus problemas. Es tan triste que alguien esté en tal estado de abatimiento. Sólo esperas un milagro. O también una nueva etapa en tu vida. Una nueva etapa en tu vida porque la que estás atravesando ya no la podrás resolver. Sólo quieres seguir viviendo.

***

Da de tu mar al sediento. Recuerdo no sé por qué este verso de Blanca Varela. Me gusta. Andrea es mi mar.

Me llamo Gali. Galileo. No creas que el nombre es simbólico o alguna de esas cosas. Así me pusieron mis viejos. Tus viejos siempre te ponen el nombre que quieren. (Esto que he escrito es una cojudes, pero uno nunca sabe. A lo mejor dentro de veinte años haya en mi país una ley donde puedas cambiarte de nombre al cumplir la mayoría de edad y cosas de ese tipo. A la manera de yuesei).

Esa es toda la historia de mi nombre. Claro que la historia tiene algo más, pero ahorita no importa mucho. El hecho es que por algún motivo me pusieron así (además de que es un nombre como cualquiera). Creo que fue idea de mi papá.

Bien. Esta es una historia que te quiero contar. No sé por qué ni para qué. Sólo sé que tengo que escribir. Y en ésas estoy. Pero si quieres te puedo contar algo.

Mi soledad es una soledad conocida. Aquí sólo quiero describirla. O quizás sólo quiera contarla. No es nada especial. Disculpa la simpleza. Uno escribe solamente. Uno escribe simplemente. Es para matar el tiempo. Para saberse menos solo. Menos triste. Y para olvidar su abandono. Ya lo sabes, ella deja al chico y él no sabe cómo llenar esa soledad. Eso es todo. Pero es tan grande el vacío. Y es aún más grande el dolor. Pero he decidido no dramatizar el asunto. Tengo que escribir. Tengo que vivir. Eso lo sé. Escribo porque vivo. Si no escribiera, ¿qué haría? ¿En qué lugar expresaría mi abandono?

Hay muchas maneras de que tu vida cambie. Que tu chica te deje es una de ellas. Esto no parece muy importante. Pero por lo menos ya te has leído estas líneas por ese motivo.

La gente cree que uno es un cojudo porque escribe estas cosas. Quizás no les gusta el tono de lo escrito. ¿Por qué tendría que cambiar el tono? ¿Acaso es posible hacerlo? Sólo quiero atrapar en palabras mi soledad. Eso es todo. Y las cosas saldrán mejor. Este cuento, por ejemplo.

¿Es un cuento lo que estoy escribiendo? Sólo sé que estoy escribiendo. Y eso me basta. Por ahora. Por lo menos lo vengo haciendo de manera fluida. Eso está bien.

Lo único que tiene sentido en este momento es que sigo vivo. Quizá ayudara en algo tener un poco más de huevos. Como Bukowski, por ejemplo. Pero igual me sentiría mal.

A lo mejor ahora pienses que esto que lees no vale la pena.

***

Las canciones no sirven para sobrellevar el dolor. Sólo ayudan a acentuarlo. Pero igual escribo escuchando un poco de música. Y de vez en cuando me paro para cambiar de cd.

La idea sería sentir emoción de amor al escuchar una canción, algo como sentir que me aman y que yo también amo. Alistarte y verte en el espejo mientras te cambias para salir con ella. Ahora todo tiene su centro en la soledad. Sin embargo, la idea es recobrar el equilibrio.

Puedes discutir si esto es un cuento o no lo es. No permito que dudes de que estoy entregando mi vida en cada línea.

Te doy una pista. Cada punto aparte es una emoción distinta (eso creo). En cada pausa me alejo del teclado y me pongo a pensar (y si no pienso es porque me estoy clavando en la letra de la canción).

Quizá tendría que decirte dónde estoy. Imagínate un cuarto. Un cuarto cualquiera. No importa mucho saber cómo es. Pero si quieres, te digo que las paredes son blancas. Hay muchos libros, cerveza y cigarrillos. La ropa está por todas partes. Mi inquietud también. Pero mi inquietud no está desordenada. Está alborotada. Pero este detalle de la inquietud no viene al caso. La cosa es que estoy en un cuarto y tengo al frente una ventana. Una ventana con una persiana. La persiana está cerrada. No veo nada. Solamente veo la pantalla de la computadora.

Acabo de recordar otros versos: Quiero escribir sangre y sólo salen lágrimas. Las lágrimas son transparentes. Nadie ve. Son de Xavier Echarri, un joven poeta de Lima. No quiero que sientas pena por mí. Quizá sólo me contente con que leas estas líneas.

¿Pena por mí? Son estupideces. A mí no me importa tu pena. No me importa ni siquiera si lees esto. Me he hecho a la idea de que estoy escribiendo un cuento, por eso tengo en cuenta a un posible lector. Pero creo que no escribo para un lector. A lo mejor estoy escribiendo para mí mismo. (Creo que al fin y al cabo estoy escribiendo para alguien más. Ni mejor ni peor. Simplemente para alguien más.).

Ya me aburrí. Es mejor que siga tomando esta cerveza. Pondré una música más fuerte en el equipo. Una canción que aturda mi corazón de tal forma que se olvide de sentir esta soledad. Voy a dejar de escribir por hoy. Digamos que aquí termina el primer capítulo. Te prometo mejorar en los próximos. Sólo te pido un poco de paciencia.

***

Andrea me ha dicho que siga escribiendo. Andrea estuvo ayer aquí en mi cuarto. Cuando ya había escrito el primer capítulo. Se lo di a leer, le gustó y me dijo que siguiera escribiendo.

Andrea es el otro personaje de esta historia. Digamos que ella la provocó cuando cortó conmigo. Ya no somos novios, pero seguimos siendo amigos.

En realidad yo no me llamo Gali. Había escrito mi verdadero nombre en el cuento pero cuando se lo di a leer a Andrea ella me dijo que mejor pusiera éste. Un amigo suyo a quien mataron se llamaba así. Ella tampoco se llama Andrea, pero eso no interesa mucho tampoco. Ya se sabe que estamos en un cuento y aquí los hechos reales no importan en absoluto.

Pero primero te voy a contar un poco de ella y de mí. Hay que tratar de hacer las cosas en orden.

Acaso antes deba decirte en qué ciudad estoy escribiendo, en qué ciudad ocurrió esta historia. Estoy en El Paso, pero no soy de aquí. De eso quizá ya te has dado cuenta. Ahora, no sé si importe decirte de dónde soy. La cosa es que nací en Lima. Soy, pues, peruano.

A Andrea la conocí por Claudia, una chica con la que estudiaba un curso de la carrera de Literatura en UTEP, que es la universidad de El Paso. La cosa es que estoy aquí porque mis viejos me mandaron. Mis viejos desde siempre me quisieron enviar a una universidad norteamericana, y el hecho es que aquí estoy.

Lo que quiero contarte es cómo conocí a Andrea. O cómo ella me conoció a mí, porque en realidad así fue la cosa. Para no hacerla larga te digo que una tarde yo me venía de la biblioteca de la universidad (UTEP es una ciudad universitaria, como en Lima se dice: o sea que todas las facultades están en un mismo campus), cuando vi que en sentido contrario de la acera venían caminando Claudia y una chica (una chica muy bonita). Yo a Claudia la había visto en el salón pero nunca habíamos intercambiado más que el saludo. La cosa es que cuando nos cruzamos me saludó y dijo hola Galileo, así como si fuéramos patas. Entonces empezamos a conversar. Me presentó a su amiga, que no era otra que Andrea, quien no dijo ni pío, y sólo me observaba con sus ojazos cuando hablaba algo. Sólo le pregunté qué estudiaba y me dijo pintura. Yo estaba contentazo porque eran las primeras chicas que me hacían el habla desde que había llegado a UTEP (o a El Paso, que en mi caso es lo mismo) hacía ya tres meses.

Estuvimos hablando cosas generales como unos diez minutos, pero unos diez minutos en los que las vibraciones se pusieron buenas. En eso Claudia dijo uy, ya es tarde; me tengo que ir a una clase. Entonces yo pensé, bueno, ya se quitan las dos, así que dije yo también ya me voy a mi casa. Pero Claudia me dijo que mejor acompañara a su amiga hasta su carro, no vas a dejar que se vaya sola. Ni huevón, la acompañé hasta su troca. Mientras caminábamos hablábamos pura risa y entonces me dijo que ella no tenía nada que hacer así que ¿por qué no te llevo a dar unas vueltas por El Paso para que conozcas un poco?, tanto que hablas que sólo caminas de tu depa a la universidad. La tarde se estaba poniendo excelente.

Dimos algunas vueltas por la ciudad. En realidad no había mucho que ver. Ella había puesto el cd de Los Jaguares. Era la primera vez que escuchaba a ese grupo. A ella le gustaba un montón y a mí también me empezó a gustar, sobretodo porque le gustaba a ella y se ponía mucho más linda cuando se conectaba con las canciones. Ya sabes cómo son esas cosas, ¿no? En una de esas vueltas, Andrea comentó que tenía ganas de unas birrias, ¿tú no? ¿Qué es eso? Unas cervezas, pues; ¿en Lima cómo les dicen? Unas chelitas. Ándale pues, yo te llevo a Furr´s y tú las compras; ya tienes 21, ¿no? Porque a mí no me venden porque recién tengo 18. Yo acabo de cumplir los 20, le dije. Entonces Andrea decidió por los dos que nos fuéramos a pistear (a chupar, a emborracharnos) a Juárez. Pero primero fuimos por mi visa, ya después cruzamos el puente.

En Juárez compramos cerveza Tecate. Compramos dos six pack. Estuvimos dando la vuelta por la ciudad, cuando en eso ella dijo que tenía una casa en Juárez, y que mejor fuéramos allá. Dijo que no podía tomar bien mientras manejaba. Andrea y su familia viven en El Paso, pero son naturales de Juárez. Todos ya son residentes aliens. La casa de Juárez la tienen sobretodo para los fines de semana.

Bueno, no sé por qué pero estoy con ganas de escribir. La cosa es que llegamos a la casa. Ya para entonces Andrea se me había mandado de mil maneras. Tú ya sabes cómo es eso. La cosa es que apenas estuvimos sentados en uno de los muebles de la casa le toqué las mejillas. Ella sólo me miraba. Me miraba tiernamente a los ojos. Fue entonces cuando nos dimos nuestro primer beso.

No llevábamos ni cinco minutos de meternos lengua, cuando Andrea me agarró de la mano y me dijo ven, sube. Me llevó a uno de los cuartos. Un cuarto que tenía una cama de agua. La miré y ella me miró con una cara de ya sabes qué, y, encuérate, me dijo. Yo estaba más contento que la puta madre así que cagándome de la risa, riéndome también con ella, que gozaba de mi felicidad, me tiré de clavadito en la cama. ¿Tienes condón?, me preguntó, le dije que no y entonces sacó uno no sé de dónde.

Después de que lo hicimos me comenzó a contar un montón de cosas. Un montón de cosas bonitas. Seguíamos echados en la cama, ya sabes cómo, como una parejita super feliz. Ella fumaba un cigarrillo Camel. Me dijo que Claudia le había platicado que en su clase de Literatura Española había un chico peruano que estaba bien buenote. Que ella había ido un día a la clase a agüaitar cómo era yo. Que yo no me di cuenta, pero que Claudia me señaló mientras ella miraba desde la ventanita de la puerta del salón. Que se había enamorado de sólo verme, que luego me vio un par de veces en la cafetería. Y que el cruce que tuvimos hoy en UTEP ya lo habían planeado ellas. Sólo esperaban una ocasión para cruzarnos y ya sabían lo que iban a decir y todo. Me dijo también que si, tal como habían acordado, yo aceptaba acompañarla a su carro, ella sabía muy bien que la cosa no pararía hasta contarme esta historia, después de coger en la cama de agua de su casa en Juárez.

Puta madre, la cosa es que a la semana yo ya estaba recontra enamorado de Andrea.

Pero se me han vuelto a ir las ganas de escribir. Tengo su rostro muy metido en la cabeza.

Te dije que tuvieras un poco de paciencia.

***

No debiera ser tan egoísta. A lo mejor tú estás en un lugar super lejos y yo ni te digo ni mierda de cómo es este lugar. Hablo de la ciudad. Voy a hacer un esfuerzo y dedicaré un poco más de tiempo a describirte El Paso. Lo que sucede es que quiero escribir de corrido. Si pienso mucho me recuesto de pronto en la cama y me pongo a recordar a Andrea. Pero por respeto a ti, haré el esfuerzo. Además, eso es lo que manda todo cuento que se respete.

El Paso es una ciudad fea, eso se sabe. Y aquí no estoy siendo ingrato. Es fea simplemente. Y eso influye mucho (en esta cojuda manera de escribir, por ejemplo).

El Paso es una de las tantas ciudades de Texas. Queda bien, bien abajo de Estados Unidos, en la esquina de Texas, tirando para el Pacífico. El mayor atractivo de esta ciudad (al menos para mí) es que está pegadita a Ciudad Juárez (tipo Lima con el Callao). Ciudad Juárez pertenece a México. Uno puede ver la ciudad mexicana desde el freeway. El contraste es alucinante. Ya sabes, de este lado todo ok. Y del otro miseria, decadencia, abandono. Alguna vez vi algunos nacos (no narcos, que también los hay, y muchos; los nacos son los misios, los pobres) muertos en plena avenida. Habían logrado cruzar el Río Grande (que en el límite de estas ciudades es una simple acequia) pero por cruzar desesperadamente la pista (la policía yanqui ya se había percatado de su entrada) habían perdido la vida. Esa vez fue la primera y escalofriante ocasión en que fui consciente de donde estaba. En Estados Unidos. El Imperio del mundo.

Pero Juárez como toda ciudad también tiene sus cosas. Y es que como toda ciudad fronteriza con USA tiene sitios buenos para comer y bailar. En Juárez los mejores negocios son estos. Los mejores negocios de baile y de comida, los mejores hoteles, son de narcos; es una manera de lavar dólares. Las discotecas son a todo dar. Una ciudad de nuevos ricos. La mayoría de los chicos fresas son de familias que tienen que ver con el asunto. Incluso salen en las páginas sociales de los periódicos.

El Paso, en cambio, es una ciudad tranquila. Demasiado tranquila en realidad. Es la segunda ciudad más pobre de Estados Unidos, pero como buena ciudad yanqui tiene de todo. Barnes & Noble, por ejemplo, tiene un local excelente aquí. Todo ordenadito, todo ahí donde debe de estar y como debe de ser. Si un policía te ve caminando muy borracho por la calle es posible que ese día la pases en la cárcel.

***

Mi visión de El Paso sería distinta si tuviera un carro. Dar vueltas en tu carro te relaja un montón. Te quita las pendejadas de la cabeza. Pero si compro un carro éste tendría que venir con un equipo de música. Saldría a dar vueltas a donde chucha sea. Escucharía las canciones de Los Jaguares.

Una vez conocí a Saúl Hernández. Buena gente el tipo. Fue en Ciudad Juárez. Los Jaguares daban un concierto en Carta Blanca. Andrea y Claudia habían sido las primeras en llegar a la fila. Estaban adelantito. Yo llegué mucho más tarde. Como tengo un carné de prensa pude averiguar el hotel en que estaba alojado el grupo. Entonces decidido a darles una buena sorpresa las saqué de la fila. No mames, güey, habló Andrea. ¿Y si no los vemos? Pero sí los vimos. Fuimos a esperarlos al lobby del hotel. Mientras tanto pedimos unas cervezas. La cosa es que Saúl bajó y se dejó tomar fotos y todo. No había nadie más. Toda la gente la estaba sudando en ese momento para poder entrar al concierto.

Me acordé de esto. Es que sonó en la casetera una canción de Los Jaguares. La letra y la música de la mayor parte de las canciones las compone Saúl. En una dice: "Mejor déjame reptar finamente en tus deseos". También dice: "Sabes que la propiedad nunca firmó un título de amor" y "Sabes que no existo en el manto de los sumisos". Lúcido este tipo. Ya se ganó su lugarcito en mi obra. También se ha ganado mis respetos.

Pero su música me hizo recordar el concierto que te digo. Y de ahí recordé las palabras que Andrea me dijo la primera vez que estuvimos juntos en la cama de agua.

***

Cuando recién llegué a esta ciudad no me gustaba mucho la manera de hablar de los mexicanos. De los jóvenes mexicanos de la universidad, mejor dicho. Me parecía una jerga medio cojuda. Pero poco a poco fui encontrándole sentido. Sobre todo cuando escuchaba hablar a las chicas y más aún cuando ellas les hablaban a sus parejas. Ese dejito medio de ruego, medio de burla y otro poquito de dulzura me encantaba. Pero fue Andrea quien hizo que me enamorara de ese tono. Incluso me ha acostumbrado a decir algunas frases de ella. "Pinchi" (que está mal dicho: es pinche; pero como lo dice ella me gusta más), "ni al caso" o "¿mucha risa?" cuando me reía solo de la alegría que me regalaba.

***

Mencioné a Bukowski. Es conocida su admiración al villano, al fuera de la ley, al hijo de puta. Al hombre desesperado, con la vida rota. Le interesan, dice, porque están llenos de sorpresas y explosiones. También le gustan las mujeres viles, las perras borrachas, con las medias caídas y cosas así. Van Gogh también habla de algo similar en sus cartas a Théo. El dice que se entendería mejor con una mujer fea, vieja o pobre, o desgraciada, pero que hubiera adquirido inteligencia y un alma por la experiencia de la vida y las desdichas y penas. Van Gogh también habla mucho de los obreros. Y Bukowski se encuentra bien entre los marginados porque él también se considera uno. No le gusta ser modelado por la sociedad.

***

Bad day escribió Andrea en la fecha de hoy del calendario. Bad day. Estuve todo el día con ella, junto a ella, en ella, dentro de ella. Pero ella no estuvo conmigo. Día malo. Día de mierda. Aunque no, fui tan feliz de volver a verla, de volver a besarla. Pero a la vez muy infeliz de darme cuenta de que su corazón no volvía a hincharse por mí.

Ella vino porque la llamé. Me siento muy solo, le dije. Necesito hablar con alguien, sólo quiero conversar. La cosa es que a las dos horas estuvimos cogiendo. Sólo lo hicimos. No fue nada especial. Yo sentía con mucho cariño a Andrea, su cuerpo, sus besos. Pero ya sabes, cuando te das cuenta que la pareja no está sintonizada como que te sientes un poco mal. Sobretodo cuando buscas amor y no sólo sexo.

¿Como se puede sobrellevar el rompimiento de una relación si vives solo en una ciudad desconocida? Por lo menos tengo la suerte de contar con esta arma: la escritura. Pero tampoco me sirve del todo.

***

A veces, cuando estábamos acostados en la cama, aquí en mi depa, Andrea se ponía a observar mi pinga. Le gustaba observarla. Me decía que si un día le podía servir de modelo para hacerme un desnudo. También le gustaba ver mis nalgas. Me dijo que nunca había visto unas nalgas tan bonitas. Cosas así me decía. Yo me cagaba de la risa. Nunca me habían dicho eso. Al revés, si de algo me gustaba hablar a mí era del culo de las chicas. Casi todas mis chicas han tenido un culo muy bonito (una de ellas sobretodo: una maravilla tal que te mareaba y provocaba levitar). Si no tenían bonito poto la cosa como que no funcionaba. Pero yo ya sabía que las mujeres se fijaban en el poto de los hombres. Entre ellas comentan cuál de los chicos lo tiene mejor. También les gustan nuestras manos. No sé si las chicas de Lima también conversan sobre el tamaño de la pinga de los chicos. En todo caso Andrea y sus amigas sí gustan tratar el tema.

Para Andrea yo tenía una pinga normal nomás, como se dice en Lima. O sea que estaba bien. Ni muy-muy ni tan-tan, como también se dice allá. Me contó que un morrito con el que estuvo tenía una muy grande; y que la primera vez que se la sacó ella se asustó de pensar que algo de ese tamañote iba a estar dentro de su cosa. Pero también me dijo que el tamaño no importaba. Eso ya se sabe.

Pero Andrea también me decía que el sexo como que no le atraía mucho. Si lo hacía conmigo era sólo porque se lo pedía. Yo no sé aún si esto que me dijo es cierto o no, porque la cosa es que lo hacíamos casi a diario y varias veces. Ella me enseñó qué marca de condones comprar y todo. Incluso una vez le pidió un condón a un amigo porque estaba caliente y con ganas de que lo hiciéramos. Las mejores cogidas nos la metimos en la cama de agua de su casa en Juárez.

Ahora, eso de que a Andrea no le gustaba el sexo digo que no sé si es mentira o verdad. Es que cuando lo hacíamos como que ella estaba ahí nomás. Yo le decía que me dijera cosas cochinas para que me excitara pero ella no aceptaba. ¿Te gusta mi verga, dime, le decía, te gusta que te la meta, pinchi vieja?, pero ella me amenazaba con dejar de hacerlo si seguía hablándole así. Yo le decía que no se molestara, que sólo decía esas cosas por la arrechura del momento. Que yo la quería y amaba.

Más bien lo que sí le gustaba era montarse encima de mí. Quería tener el control de la situación. Yo le decía que primero yo arriba y después ella. Algunas veces aceptaba y otras no. Eso dependía del grado de arrechura en el que se hallaba.

Cuando le pregunté si había hecho sexo anal me miró como si fuera un extraterrestre. Eso hacen los jotos, me dijo. También juró que si la forzaba a hacerlo me mataría. Y agregó que las chicas que se dejaban hacer eso eran unas pendejas porque se dejaban mandar por los viejos.

Lo único que conseguí fue que aceptara la pose del perrito. Pero tampoco le gustaba mucho porque luego le dolían las piernas y le salían moretones.

Otra cosa que sabía hacer era chupármela. Pero me decía que tampoco le daba placer. Que sólo lo hacía porque a mí me daba. No sé, la cosa es que me lo hacía siempre y muy bien además. En realidad todas las chicas que me la han chupado lo han hecho con mucha dedicación y durante bastante tiempo. A todas las mujeres les gusta el caramelo, como dice El General; lo chupan, lo chupan porque las entretiene. Y a Andrea sí que la entretenía un montón.

***

Desde que la conocí, Andrea me contó sus experiencias sexuales. Se agarraba a quien quería. No porque sí, sino que sabía conseguirse a los chicos que le gustaban.

Una vez se metió con un gringo menor que ella. Era amigo de su hermano. Ambos tienen 16. Ella los fines de semana llegaba peda a su casa y se encontraba con que su hermano y sus amigos estaban en la sala. Ella en su peda le provocaba hablar con el lindo chiquillo y no sabía cómo hacer. Sabía que de hecho se lo iba a conseguir, pero en esos momentos le daba roche agarrárselo borracha. Un día le entregó una cartita donde le decía que le gustaba y que era muy lindo. Que le provocaba darle un beso. El chico se enamoró. Ya se había fijado en ella y también le gustaba. Un día su hermano planeó dejarlos solos y el gringuillo le preguntó qué pasaba con la carta. Ella al toque lo besó. Fueron pareja como medio año. Ella lo quería pero después ya no. El la siguió queriendo. Así como yo ahorita.

No sé, yo todavía no estoy muy consciente de esto, pero al parecer bastante del loco amor de los hombres hacia Andrea es sexual. Y lo raro es que a ella el sexo le vale madre. Andrea no se enamora por eso sino por otros motivos.

***

Ayer soñé bien feo. Estaba con unos amigos tomando unas cervezas es una especie de balneario. O, mejor dicho, en una playa. Estábamos conversando y escuchando música. La música salía del carro de uno de mis amigos. Todos estábamos parados alrededor del carro.

Pero en la playa había muchos carros más. Digamos que eran un point donde la gente iba a pasar las noches de fin de semana. Frente a donde estaba con mis amigos vi a Andrea. Ella estaba en un carro tomando con no sé quiénes. De pronto se acercaron unos chicos al grupo donde ella estaba. No sé por qué, pero en el sueño yo sabía que esos patitas recién llegaban. Quizás sólo conocían a uno del grupo de Andrea y nomás.

El sueño comenzó a tomar cuerpo cuando vi que Andrea se interesó en uno de ellos. Así, al toque. Yo también al toque me di cuenta de sus intenciones. Andrea se dirigió para el lado de la puerta donde estaba con el que quería y se puso a su costado. O sea, junto a él. Le habló algo, entre risa y risa. El tipo se dio cuenta y le habló así con intención también. Ella se recostó en el auto estirando de largo los brazos, la cabeza media agüitada, media coqueta, entonces de pronto se metió al carro. El tipo era un negro con pelos un poquito a lo rasta. También se metió al carro detrás de Andrea. De pronto la comenzó a besar. Pero la cosa en el sueño era que estaba obvio que ella había buscado y propiciado esa nota. Por eso el tipo ni bien se metió al auto la besó. No se conocían ni nada, pero el tipo -ni huevón que fuera- al toque le siguió el juego. Entonces yo me acerqué a mirar por el vidrio. La cosa era que ellos no se percataban de que los estaba viendo. Estaban bien metidos en el aguirre.

De pronto en el sueño él la bajó del asiento y ahí por el lado donde están los pedales se recostaron. El abajo y ella arriba, pero mirando para el otro lado. O sea no se miraban uno al otro. Digamos que le estaba dando por atrás, pero yo en el sueño sabía que no le estaba dando por atrás porque ella por más peda que estuviera no atracaba esa nota. Bueno, junto a ellos, pero en el asiento, había un tipo metiéndosela a una tipa; con señas me dijo que me fuera. Con señas le dije que no estaba molestando, que me dejara ver. Parece que estaba tan metido en el sexo que ya ni le importó que yo estuviera viendo. La cosa dentro del carro era todo un chongo.

Fue entonces cuando vi que el cuerpo de Andrea comenzaba a responder a las movidas del tipo. Ya se la tenía adentro. Ella respondía con mucha entrega, pero como abandonada a su propia arrechura. En el sueño me daba cuenta de que sólo le importaba la pinga del negro. Estaba bien sintonizada con la pinga y la manera de moverse del tipo. Entonces (y esta es la imagen más nítida del sueño) vi que los pies de Andrea se frotaban como atrapando la arrechura del momento. Ella estaba gozando. Yo pensaba en el sueño que Andrea estaba feliz y que buscó a propósito al negro porque quería una pinga bien grande. Parece que el tipo correspondía al mito del negro, porque lo que yo veía, ahí observando tras la luna del auto, era que ella estaba gozando, entregada, rendida como una mujer que dice hazme lo que quieras pero sigue haciéndome feliz así, quiero que me la metas así, yo no pienso ni digo nada, sólo siento tu pinga que me la metes y me gusta, qué rico está, no quiero venirme, sólo quiero sentir esa pinga tuya de negro adentro.

Pensaba que ella decía eso con su entrega arrecha al negro pingón, porque no me podía explicar por qué de pronto lo coqueteó precisamente a él. Si hubiera querido se buscaba a otro tipo. Más o menos computo sus gustos y no es que sea racista ni nada de esas huevadas pero, ¿por qué precisamente al negro? Quería algo rápido y seguro, de hecho. Nada afectivo ni cariñosito. Pinga pura. También pensé en el sueño, mientras miraba esas reacciones suyas, que ella no se había buscado un negro negro, o sea un africanazo tirando para azul, sino que muy pendejamente había buscado un negro color café, medio rockero rasta, algo así como un pata más del grupo al que lo negro no fuera una cosa muy chocante. Un negro normal que es parte de tu grupo y no hay roche. Claro que todo esto lo pensó Andrea al toque, apenas vio al negro llegar al carro donde ella tomaba con sus amigos.

Me desperté sabiendo que sólo era un sueño. No tenía cólera ni nada. Pero sí me impactó. Entonces escribí de un tirón esto. Lo raro es que siempre que sueño algo (no sé si te ha pasado que sueñas algo y te dices qué bonito lo que estoy soñando, ojalá que cuando me despierte recuerde todo esto) se me olvida casi por completo a los segundos de levantarme. Pero este sueño de Andrea buscando la pinga del negro en el auto me lo recuerdo completito.

Ya voy a acabar con este capítulo. Sólo déjame darte un último detalle. Cuando veía a Andrea frotándose los pies de puro arrecha, me di cuenta que estaba en medias. Esto no me lo pregunté en el sueño, pero ahora me pongo a pensar en qué momento se habría quitado los zapatos.

***

Te debe parecer pesada mi manera de contar esta historia. De hecho, Andrea la contaría de otra manera. Pero a ella no le gusta escribir. Lo que sí le encanta es pintar. Digamos, parafraseando el verso de Antonio Cisneros, que escribir este texto me concede derecho a la versión. Sin embargo, deseo que entiendas que aquí no quiero aparecer como el pendejo o el cojudo. Estoy atravesando un estado de ánimo muy depresivo, por eso estoy escribiendo estas cosas. Estoy utilizando la escritura como instrumento para sobrellevar el tiempo. Para sobrellevar la soledad.

La soledad, estoy solo, ay, pobrecito. Sí, sí, es muy estúpido todo esto, desahuévate compadre. O, aliviánate cabrón, como me dice Andrea. Pero ya te digo, no puedo distanciarme de mi estado de ánimo en este momento. Posiblemente después de un lapso de tiempo (ansío otro tiempo, quiero zafarme del actual) relea estas líneas y escriba de otra forma esta anécdota. Quizá hubiera sido mejor que te dé a leer ese posible cuento. En todo caso disculpa por ofrecerte estas páginas sin sentido.

El Paso, TX, febrero-marzo 1999

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