De-ciertos

1

De cierta gente se abre una sospecha

incierto modo adherido a tus cantos
ambiguo caminar de una mirada

que no se anuncia, que vemos prolongar en sus bordes.

Pero cedes ante las arenas
es de fuertes cerciorarse y preguntar al desierto

que te llama para renovarse.

2

Y en esta jornada renuncias al oído que te acecha.

La línea erosiona y dice a la vez

sólo es una forma entre el calor

nada es real, todo es imagen de tu mente alborotada

en aquellas variaciones de los valles

que se ondulan en una forma que recuerda al cuerpo

sin nombrarlo.

Imaginas aquello que no tardas en adivinar

parece una evidencia inútil de las averiguaciones

en la inocua calma del que te llama.

Sin envidia ni posibilidad de fuga

tus bolsillos rebuscas con la certeza

de identificar en el acto tu patria imborrable.

3

Pero ya es tiempo de caminar sobre las sombras

nadie se aparece porque sí, eso lo sabes

y en la distancia de tus pasos una nueva emoción

renace.

(¿Recuerdas que recordabas,

que solías ceder ante los llamados de la memoria?

Ni un solo instante deberías morir, pero es el desierto

la noche más inútil de tus días).

Para retornar al instante debes averiguar

si en tu mirada puede posarse el vacío

que anuncia lo próximo, lo que deseas acariciar

para vivir nuevamente la emoción del recuerdo

o acaso ordenadas pasiones que no intuyen

los días y las sombras de aquel que te llama

desde el fondo de ti mismo.

4

De ser cierto, reirás en la noche de los soles.

No estás solo, eres la persona que reina

en el laberinto ciego donde recoges las claves.

No es un laberinto ciego, es una carretera en medio del desierto.

No es una carretera, son los inmigrantes furiosos en su fuga.

No eres tú, es una estática memoria en medio del orden que te ata.

5

¿Y el amor? Quizá sea una estufa caliente, el pan de la mañana

que aquí no tienes, el suelo que recoge el ruido de tus pasos.

Pero la pregunta vuelve, y no es el regreso un atardecer

porque en el desierto no sientes ni recuerdas, sólo el calor te acompaña.

6

Y sigues sin responder, sin enunciar del silencio lo amado

no querer saber es no querer hallar la pregunta que intuyes

la verdad que para las pequeñas lagartijas del desierto

es lejana.

Pero mejor pensemos en las sombras, en una variación

incómoda para conseguir la misma certeza

que alejas cuando observas la difusa línea

del horizonte.

Si lograras atrapar con tus propias manos este paisaje

lo estrellarías contra el suelo, contra tus inciertos pasos

para continuar sin responder en el silencio que el calor inflama.

7

El señor del desierto, el señor de la ciudad del desierto,

el señor que no es señor.

¿Y la soledad? Es el amor una muestra de que vives

así sea para escribir lo que no sabes

o para leer los libros que te postergan.

En una sola búsqueda reúnes tu calmada furia

y ahora es una pregunta a la nada la que te afirma.

No era furia, ni era soledad, era la tranquilidad

de observar el desierto que te aburre.

Los cuatro puntos cardinales son tres: norte y sur

un mal chiste leído en Chile, como los cinco puntos

cardinales de Cuba. ¿Y Montreal? Martín Adán habló de Montreal.

Pero vuelven los desequilibrios y las pequeñas salidas,

las esquinas sigilosas que te esperan para ser dobladas

entre tus pasos y la distancia que se aproxima para señalarte.

8

En la cercanía se oculta la mentira, no es una buena frase

pero la acabas de pensar. Ni después ni nunca

porque ahora necesitas definirte entre las caricias inciertas

y recorrer solo el tránsito perdido en las arenas.

Sorprendido en tus propias inquietudes, sólo la voz

es una presencia grata, ¿pero dónde se ocultará?

No hay huacas, sólo la lejana imprecisión que sabes alborotada.

Miles de personas se esconden bajo el calor en espera de las sombras

y eso te hace sentirte acompañado.

No es tu caso, ¿pero es la proyección acaso diferente a tus impulsos?

El trozo de recuerdo que aquí mismo invitas

como estrellas de cinco puntas en recorrido violento

te empuja hacia el desierto.

9

La voluntad de comenzar trata de ganar tu idea.

En su incierta hora, el triste caminar en la imagen

te arranca la tormenta picuda, la ventaja salvaje de la palabra.

Y en la irradiación instalada en tu tormento

gozas almacenando los imanes de las arenas.

Y es el canto. Y es tu visión

una música situada en los antecesores,

en las dunas enanas de negadas metáforas sin color

y al borde de largos, silenciosos espacios.

A una sola llamada

severo en el fin de los fuegos incluso

tu calzado regresa, emocionado,

al terreno fértil donde la memoria reclama:

¿Es aún posible compartir en el tren de la lengua

la llama de la gloria? A tus mañanas las nombras

pero quien está aquí no es más el que estuvo allá.

Y en las memorias humanas de ocasionales momentos

se torna invisible la tradición, invisible el mapa de tus obligaciones.

Y a su regreso, los frágiles inviernos

ostentan idéntica manera cuando se afrentan.

10

No es tu palabra, es tu voz, es la lengua del país

o es el país de la lengua que se opone a tus aciertos.

No son tus aciertos ni es eso lo que se llama

una infundada búsqueda en la terca distancia.

Porque también está el cuerpo, y los cuerpos

que te dieron cuerpo, y los cuerpos que saldrán de tu cuerpo.

 

 

Mar en la memoria...

Ah de los mares empujados hasta el crepúsculo
y despeñados allí para cantar.
Ah de los que oyen.

Rossella Di Paolo

1

Mar en la memoria, mar a lo largo de la mesa

tú te instalas en mi apartamento

en mi cama de plaza y media

donde las sábanas han sido sitiadas

y los libros se abren a la mirada de las arenas.

Ignoras lo que incorporas

suavemente

tú, claro y profundo como una imagen

que se nos viene de golpe,

antiguo como una moneda perdida en las profundidades.

2

Bajo el aire del ventilador los caprichos de tus dominios

acarician mis cabellos y desde la sala

Sinatra se obsequia con "Oh, what a beautiful mornin’".

Pero creces y te agigantas

sin proponértelo, cierto como el aire que te atormenta,

atormentado como el blanco tiburón atrapado en los espejos.

Y te sobrecoges, pero obedeces a tus impulsos

con la marea que avivas

para ahogar la palabra previa a tu definición.

3

Vives en el papel

y en el silencio de la distancia

en el espacio soñado donde te resguardas de las mañanas.

Tú todo lo das y todo lo quitas

y no esperas sino la sumersión precipitada de las gaviotas

o la caricia de una leve piedra lanzada desde la orilla.

4

También sabes de los barcos

y de los lentos suicidios de las ballenas

(de sus salidas en grupo en la costa norte de Québec, por ejemplo).

Y dialogas con los iceberg en el verano?

la eterna masa flotante que en sus apagadas vidas las gentes esconden.

5

"So What" de Miles Davis y la marea se calma.

Pero pequeños iceberg en el vaso emiten sonidos sordos

en su infinito territorio dorado

y a lo largo de un cuello que se ahoga

Jack Daniel’s remata las penas.

6

Mar, tú sabes que en las noches de invierno un ciego siempre canta

y también sabes que en el Village y en Barranco una barra nos aguarda.

Hablo de tus aguas, de ti, porque no es el ahogo una metáfora

ni es el vaso una ilusión acomodada entre las páginas.

7

Este vaso que aquí veo, ¿dónde está? ¿Es el aquí

un lugar en la página o su sitio será el velador

donde me apoyo para escribir? ¿Dónde está el vaso?

Un vaso transparente y vacío puede ser llenado

con el whisky que me acompaña, pero ahora lleno de palabras

esta página –transparente y vacía.

8

Y en la madrugada, previo al sueño, y en medio de las arenas,

tu sabiduría y tu bendición, tu salada fuerza.

Ahora que me abandonan las energías y me acuesto

espero en mis sueños sumergirme en ti?

Y que pronto amanezca.

 

 

Un poema sobre la ciudad

Escribir rápido un poema sobre la ciudad.

Escribir lento un poema sobre la ciudad.

Escribir desinteresado un poema sobre la ciudad.

Escribir desapasionado un poema sobre la ciudad.

No escribir un poema sobre la ciudad.

Escribir un poema desde la ciudad.

Escribir inteligente un poema sobre la ciudad.

Escribir rabioso un poema sobre la ciudad.

Escribir desesperado un poema sobre la ciudad.

Escribir ilusionado un poema sobre la ciudad.

Fingir escribir un poema sobre la ciudad.

Escribir fingiendo un poema sobre la ciudad.

Escribir irónico un poema sobre la ciudad.

Escribir sutil un poema sobre la ciudad.

Escribir grave un poema sobre la ciudad.

Escribir grandilocuente un poema sobre la ciudad.

Borrar lo escrito en el poema sobre la ciudad.

No borrar lo escrito en el poema sobre la ciudad.

Escribir alegre un poema sobre la ciudad.

Escribir triste un poema sobre la ciudad.

Escribir galante un poema sobre la ciudad.

Escribir violento un poema sobre la ciudad.

Este es un poema sobre la ciudad.

¿Este es un poema sobre la ciudad?

 

 

Solo / Sólo

(Escuchando a Satie)

Y no estás pese a todo

Luis Hernández

En el círculo de las imágenes

el desierto ondula:

las olas pasan pero es el viento

la marea sube pero es el viento

su olor me embriaga pero es el viento.

Camino en el verso

y me desangro.

Solo / Sólo

arroja dentro de ti voces oh gritos.

 

 

Si no sé qué escribir...

Si no sé qué escribir

O sobre qué escribir

Escribiré sobre cualquier cosa

Algo como un chiste

Por ejemplo, decir que ya estoy

Escribiendo sobre una cosa

Y así seguir hablando

De cualquier cosa encima del papel

Decir que esta

Cosa / hoja es rectangular

Y tiene el logo de una universidad

Impreso en la parte superior

Decir que estoy echado

Aburrido y vestido

Que salir a fumar un cigarrillo

Es una idea que se me acaba

De ocurrir

Y que saldré a fumar

Pasear

Y de paso pensar

Que si la próxima vez

No sé qué

O sobre qué

Escribir

Hacerlo siempre

Sobre cualquier cosa.

 

 

Al comenzar la niña se pierde finalmente...

Lo que llamamos el comienzo es a menudo el fin

T. S. Eliot

Al comenzar la niña se pierde finalmente

para la mala suerte del padre.

En el salto el vecino queda preso

con su tierrita en el zapato

y no repite la oración el párroco

porque una luz de luna le responde.

Su lumbre y su aparición a todos provoca.

Una gran luz es una gran suerte.

Una conversación que nadie entiende. Ni en casos

donde las pesadillas espejan: los animales de cuatro

patas se vienen con todo

y sobre las azules bandejas que renuevan

al perro gazpacho reprenden.

(Las brochas hacen su labor, la escenografía del Municipal

se prepara en la Feria, pintan de verde lo azul, y en

su traje de tinterillo un abogado recibe su pago

a escondidas.

El perro de arriba juega con la niña de más arriba.

Un cartel y una bandera se descuelgan.

En la cocina un japonés recorta papelitos blancos

y por los ojos la tijera ríe).

Hablé de una climática voluntad. Y el calor de aquí

y la humedad de allá, y la pareja extensión

terrosa resbala por los pies y se esfuma.

En la piscina o en la alberca unos bichitos

se sacuden del sol y anochece.

El gato no viene, por las ventanas de las oficinas

pide su leche. La señora a la vera de su

casa cuenta las mañanas de su parto, pero las ollas

desesperan de los juegos de la cebolla y del tomate.

Sigue el calor, y las ondulantes mañanas.

La pregunta de la cocina, su cuenta

nueva en la universidad, el degollado amanecer

se retuerce en el parabrisas y

la fiesta recala en autopista.

El beso como un canto en movimiento

se pasea entre los baldes,

y en nuestros cuerpos.

Tu nariz se rasca y tus oídos bostezan.

Trabajar en el papel y sentarse sobre la mesa.

Desayunar un helado con duraznos enlatados

y almorzar una hamburguesa. Caminar

como si fueras parte de otra pieza,

la del apartamento y la de la canción.

Caminar de manera prehispánica, acuáticamente,

en círculos, sobre la mesa, ante la mesa,

con las cortinas y las ollas, con el frigider

y con el brigadier. Caminar inmensa, detalladamente.

Con grúas y con grullas. Con grillos y con cirios.

(De par en par se hace un empanado.

El par tiene el perfil de un enterrado en vida.

La sierra se acuesta con sus varias narices

y se descuelga del cuadro un huevo cocido.

La alfombra se aburre de estar echada y se mete

al baño. El man se queda esperando con los pies

helados).

La niña reaparece (es sólo una jugada

del poema). Su corazón acordonado,

sus piernecitas que ya se anuncian, que aún son

peces ignorantes de la red.

Al final de la idea queda el sonido.

Al final del sonido, el silencio.

Pero el silencio pare las ideas.

Para bailar sobre un tambor debes saber

montar bicicleta. Son preferibles los

días de trabajo que los feriados. Pero

los días feriados no existirían sin los

días de trabajo. El paso y la respiración

no nacen del feriado. Cautelosamente

un boleto se escabulle del potencial espectador

y la ópera se trepa por el telón.

La niña se vuelve a perder: la función

trata de eso.

El boleto se va a caminar.

La ópera se divierte tirando papelitos a la gente.

El tipo no halló su boleto y lo fue a buscar:

se encontró a una niña.

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