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Silencio
.
Todo era silencio. Era una noche clara. Una inmensa luna
aparecía colgada en lo alto dando al paisaje una extraña
iluminación. No corría ni la más leve brisa que meciera las
hojas de los árboles. Todo estaba quieto y silencioso. Era una
de esas típicas noches en las que apetece salir afuera y pasar
largos ratos escuchando a los grillos; pero esa noche, hasta los
grillos permanecían quietos. A Luke le daba la impresión de
estar paseando por una gigantesca pintura. Luke hubiera dicho que
había magia en aquella noche; pero la magia proviene de la
música, y no había ninguna música esa noche.
El silencio, que en principio resultaba relajante estaba
empezando a resultar molesto. Era un silencio tan inmenso que
Luke había reducido su ritmo por miedo a hacer ruido con sus
pisadas. Hacía varios minutos que lo único que oía era a su
propio corazón. Quiso empezar a silbar, pero le asalto un
infundado temor a que alguien le mandara callar. Resultaba
paradójico: Un trovador, rodeado de silencio. Como cantante que
era, sabia de la importancia de los silencios en cualquier buena
melodía. "El silencio es tan difícil de ejecutar como un
sobreagudo. Cualquiera puede hacer ruido, pero el completo
silencio está al alcance de sólo unos pocos." Luke no pudo
evitar sonreír al recordar a Melpo, el joven bardo que le había
iniciado en el arte de La canción y sus "misteriosas
propiedad ocultas,, . Era obvio, que en este lugar alguien estaba
ejecutando el silencio magistralmente, algún "mago
poderoso", sin duda.
Luke rió con ganas su propia ocurrencia, pero tardo apenas un
instante transformar su risa en sorpresa y horror: ¡No se estaba
oyendo reír! Intentó gritar; según el bardo que fuera su
maestro, tenía una voz poderosa pero incontrolada. Debería ser
suficiente su chorro de voz para hacerse oír por encima de ese
ruido silencioso. Fue inútil. Lo intentó de nuevo, una y otra
vez hasta que se quedaba sin aire: Sintió que se quedaba ronco,
pero no conseguía ningún sonido. Desesperado, echo a correr,
pero eso no le sirvió de nada. Tuvo que darse por vencido. Se
sentó y rompió a llorar desconsolado, y llorando se durmió.
Cuando despertó no se sentía mucho mejor. Se suponía que se
iba a ganar un buen puñado de monedas con sus canciones, pero la
realidad era que estaba perdido en mitad de ninguna parte y
además sin voz con la que ganarse la vida. Quiso gritar
¡MALDITA SEA! Y vaya que si lo consiguió. Su vozarrón retumbó
en todo el valle como un cañonazo, si bien su voz sonaba ronca y
rajada. Sorprendido, pero aliviado de haber recuperado su voz,
las lágrimas volvieron a rodar por su mejilla. Alegre y animado
caminó a buen paso por el valle mientras canturreaba sin pasar,
disfrutando de cada nota, del sonido de los riachuelos, del
zumbido de los insectos, dei sonido en general. Y así cantando,
a primera hora de la tarde vio una aldea y se dirigió hacía
ella. El alboroto que encontró en la taberna le sonó a música
celestial. Jamás penso que un oído educado pudiera ser capaz de
disfrutar de tanto escándalo, pero lo hizo.
Tras Ilegal a un acuerdo con el tabernero, empezó su repertorio
con el que esperaba conseguir un buen puñado de monedas (la
mitad de las cuales serían para el tabernero. Era un trato
injusto, pero hoy se sentía demasiado feliz como para discutir)
Los presentes le escucharon con más atención de la que hubiera
supuesto en un principio, sí bien la cantidad de monedas
recaudadas no era demasiado grande. A decir verdad, le escuchaban
más con sorpresa y curiosidad que con admiración, y Luke
advirtió las mal disimuladas miradas de inteligencia que se
hacían algunos aldeanos. No obstante, poco a poco se fue ganando
a su audiencia. Cantó y cantó durante varias horas. Empezó a
oscurecer, y su audiencia por un lado le miraba con más
interés, pero también con más preocupación, hasta que en
mitad de un largo agudo, su voz desapareció. No se le quebró la
voz, no le salió un gallo. Simplemente su voz desapareció.
Intentó continuar, pero fue en vano. Otra vez se había quedado
mudo. Su público, sin embargo, no le dio ninguna importancia al
hecho, y comenzó a abandonar ordenadamente el edificio. El
tabernero, por su parte, le indicó por señas que lo mejor era
ir a su habitación. Luke aceptó a regañadientes, hasta olvidó
recoger su parte de monedas para regocijo del tabernero. Intentó
gritar una y otra vez sin conseguirlo, y con cada grito frustrado
crecía su desesperación, hasta que movido por la frustración
la tomó con el mobiliario de la habitación, destrozando una
silla contra una de las paredes. El destrozo le sirvió por un
lado para calmar su ira, pero por otro lado, para comprender que
en realidad no estaba mudo, sino sordo. La silla estaba
destrozada, pero no había escuchado nada Intrigado, intento una
serie de vocalizaciones en el registro de contratenor hasta que
quebró uno de los cristales de la ventana. Siempre había
considerado a este registro como poco varonil, pero nunca se
sintió más satisfecho de haber emitido ningún sonido que con
ese Mi sobreagudo. Conservaba su voz, aunque no su oído, y, dada
la ausencia de quejas, el resto de la aldea compartía su mal.
¡Cuánta razón tenía Melpo! ¡Qué inquietante podía ser el
silencio! Luke sabía que sólo tenía que dormir, dejar pasar la
noche y con el nuevo día recuperaría su oído. Pero no podía
evitar estar intranquilo. ¿Sería verdad que el silencio tenía
implicaciones mágicas?. Sumido en estos pensamientos, el
cansancio le venció y acabó por dormirse. La naturaleza, ajena
a todas estas preocupaciones, siguió su curso, y la noche dio
paso a un amanecer que comenzó con la mitad del canto de un
gallo. No era ni con mucho un sonido hermoso, pero para Luke si
que fue gratificaste, si bien no por el sonido en sí, sino por
lo que significaba: NO ESTABA SORDO.
- Veo que ya conoce nuestro problema -- comenzó el tabernero --
En cuanto llega la noche, es imposible oír nada.
- ¿Siempre ha sido así?
- No, no siempre. En realidad hace relativamente poco que
sufrimos esta maldición. Hará un par de años que nos visitó
un bardo. Su voz era extraordinaria. Cantaba con un
convencimiento tal que nos aprecia a todos estar viendo las
escenas que cantaba.
- Se dice que sólo los elfos son capaces de tales prodigios, y
no muy a menudo - interrumpió Luke.
- Sí, efectivamente era un bardo elfo. Lerdolairo creo que se
llamaba. Tal vez le conozcas.
Luke frunció el ceño. No lo conocía, pero había oído hablar
de él. Melpo, su maestro, siempre decía que Lerdolairo era el
peor maestro que se podía tener. En sus composiciones no había
ninguna pausa; apenas las justas para respiraciones rápidas.
"EI silencio es la muerte del sonido" solía decir. Una
filosofía radicalmente diferente a la de su maestro.
- Sí, he oído hablar de él - terminó por decir Luke.
- Pues bien, este bardo cantaba increíblemente bien, pero
cantaba demasiado. Era elfo, y eso significa que apenas
necesitaba dormir, con lo que cantaba día y noche y apenas nos
dejaba dormir. Para ser justos, hay que decir que nosotros mismos
le pedíamos que cantara, pero nos iba agotando poco a poco hasta
que gran parte de la población enfermó. Para bien o para mal,
pasaba por aquí un curioso personaje. Vestía como un andrajoso
y no disfrutaba de ningún lujo. No cantaba, por lo que debería
carecer de magia. Sin embargo no le faltaba de nada. Siempre que
necesitaba algo se lo pedía a un ser invisible, y siempre, de
una manera u otra, lo conseguía. Bien estaba escondido en sus
andrajosas ropas, bien tropezaba con ello, bien caía
literalmente del cielo. Este curioso personaje decidió parar
unos días en nuestra aldea, y disfrutó de la prodigiosa voz de
Lerdolairo; pera también sufrió sus consecuencias. Así pues,
le pidió a su "Todopoderoso" que solucionara de algún
modo el problema. Lerdolairo no estaba dispuesto a dejar de
cantar, y haberle dejado mudo hubiera sido actuar en su contra y
por lo tanto causarle algún daño, algo a lo que por lo visto no
estaba dispuesto su Todopoderoso. Optó pues por la única
solución válida que se le ocurrió. Silenciar los oídos
humanos de todo el valle durante la noche, y ya habéis visto el
resultado.
Luke permaneció un buen rato callado, pensativo. Había
escuchado una historia de veras extraña. Por un lado, Lerdolairo
existía y era tal y como lo había descrito Melpo. Por otro
lado, había comprobado que su maestro tenía razón: "El
silencio es tan importante o más que eI sonido" ¡hasta que
punto era eso cierto! Y lo más irritante este silencio era
producto de una magia diferente a la conocida. No provenía de
nadie que tuviera La Voz.
Muchos bardos y trovadores tienen la Voz y son incapaces de magia
alguna, el propio Luke lo único que sabia hacer era crear
pequeñas ilusiones relativas a sus canciones. ¿Cómo era
posible que alguien sin La Voz fuera capaz de invocar semejante
magia y además de manera permanente? ¿Quién era ese
Todopoderoso? Entonces se le ocurrieron dos preguntas
importantes:
- ¿Cuánto hace que paso eso? ¿Que fue de Lerdolairo?
- Tres años va ha hacer de la llegada de Lerdolairo a nuestra
aldea, y seis meses después comenzaron las noches tranquilas.
Lerdolairo, al no poder escucharse durante las noches, patrio
pocos días después. Por algún motivo le aterrorizaba el
silencio. Sabed una cosa Bardo Luke: En los últimos tres años
habéis sido el mejor bardo que nos ha visitado. Lerdolairo
tenía mejor voz, para que negarlo, pero vuestras melodías son
más pegadizas y más fáciles de seguir. Vos no sólo cantáis
para disfrutar vos mismo, sino que cantáis para vuestro
público. Donde si tenéis mucho que aprender es en el tema de la
magia. Vuestras ilusiones son meros adornos a la música, pero no
llegan ni con mucho a las emociones vividas con la música de
Lerdolaíra.
Luke sonrió. En su primer viaje, en su "Obertura" de
un año, ya había sido comparado con el mítico Lerdolairo y con
un resultado satisfactorio. Apenas llevaba un mes y medio de
viaje. Tal vez fuera verdad lo que le decía Melpo, su mentor:
Tienes buena técnica vocal, peor necesitas vivir emociones
para después transmitirlas a tu público Había conocido
el miedo, la desesperación y la alegría y por eso las había
podido transmitir.
Permaneció durante unos días en aquella aldea. Los lugareños
le escuchaban con atención, y aunque no eran demasiado
generosos, tenía suficiente para pagar la posada con la parte
que le correspondía. Durante el tiempo que permaneció en la
aldea estudió con atención el sepulcral silencio que había
durante la noche. Tal vez aprendiera algo de ello.
Cuando Luke hubo cantado todo su repertorio, dejo la aldea.
Todavía le quedaban un par de jornadas de viaje por el valle con
sus artificialmente silenciosas noches. A la tercera noche,
cuando se había alejado lo suficiente de la aldea, pudo por fin
escuchar el característico sonido de los grillos al anochecer, y
le dio la bienvenida a este sonido tan común y al mismo tiempo
tan poco habitual para él, con profunda emoción. Decidió que
volvería a aquella aldea, y cuando lo hiciera, lo haría para
cantar una balada que empezaría a componer cuanto antes y que
trataría de una curiosa aldea, donde un extraño mago sin Voz
impuso silencio para salvarla de un famoso bardo.