Ulises

Ulises era rey de la isla de Itaca. Se casó con Penélope y acababa de nacer su hijo Telémaco cuando fue llamado a combatir a la guerra de Troya. A Ulises le horrorizaba la idea de ir a la guerra, y como era muy ingenioso, se fingió loco. Cogió un arado y se puso a arar la playa, donde sembraba sal. Hubiera colado si no fuera por Palamedes, que sospechaba de la trampa. Cogió a su hijo Telémaco recién nacido y lo puso en medio de la trayectoria del arado. Ulises desvió los bueyes demostrando que algo loco podría estar, pero no lo suficiente para no ir a la guerra. Partió a Troya y gracias a su ingenio se ganó la guerra, ya que fue suya la idea de construir un caballo de madera para poder entrar en la ciudad.

Tras acabar la guerra de Troya, gracias al ingenio de Ulises, todos los reyes y guerreros volvieron a sus tierras. Ulises se embarcó hacia su reino, para volver con su mujer Penélope y su hijo Telémaco, al que no veía desde su más tierna infancia. El viaje de Ulises fue muy accidentado, ya que había retado al mismo Poseidón antes de salir. Fue arrojado a la isla Ciconia, donde seis de los suyos murieron. Después acabó en el país de los lotófagos. Allí tuvo que obligar por la fuerza a los tripulantes a embarcarse , ya que habían probado los frutos de esa tierra y no querían irde de allí. Llegaron después a Sicilia, donde el cíclope Polifemo gobernaba. Este gigante de un solo ojo era hijo de Poseidón y pasaba su tiempo apacentando ovejas gigantes. Polifemo encerró a Ulises y su expedición en su cueva, y empezó a hablarles de sus gustos culinarios (humano a la romana, guerreritos salteados, griegos al pil-pil.......). Ulises empezó a darle conversación mientras le ofrecía vino, y el gigante acabó por quedarse dormidito en la caverna. Ulises aprovechó entonces para clavarle un tronco en el ojo y dejarle ciego. El gigante empezó entonces a gritar y a buscar a los hombres que le habían mutilado, pero los guerreros se escondieron bajo las ovejas del rebaño. Cuando Polifemo sacó a apacentar a los animales, todos se agarraron a las ovejas y salieron libres de la isla.
Después de esta aventura, Ulises llegó a las isla Eolias, residencia de Eolo, que entregó al héroe unos odres con los vientos desfavorables para que los guardara y los soltara cuando llegase a Itaca. Parecía que esta vez Poseidón no se saldría con la suya, y que Ulises podría terminar su viaje. Pero los compañeros de Ulises no pudieron vencer a la curiosidad y abrieron los odres, desatando una violenta tormenta. Esta tormenta les llevó al país de los Lestrigones, unos antropófagos que acabaron con la mayoría de la tripulación. Con lo poco que le quedaba, llegó a la isla de la maga Circe, una hechicera que convertía en animales a las personas. Circe tenía una especie de harén en su isla, y tuvo prisioneros (lo de prisioneros es un decir) a Ulises y sus compañeros durante un año.

Ajena a todo lo que ocurria, Penélope continuaba esperando su llegada, haciendo oídos sordos a las peticiones de matrimonio de los nobles de Itaca. Todos los supervivientes de la guerra ya habían regresado menos Ulises, y todo apuntaba a su muerte. Para retrasar el día de su nueva boda, Penélope dijo que antes de casarse le tejería una mortaja a su marido muerto, y que cuando la terminara, se casaría. Pero ella, que era muy lista, deshacía la mortaja por las noches para no terminarla nunca. Los nobles sospechaban, pero como habían ocupado el palacio y estaban viviendo gratis por la cara, eso no les preocupaba mucho. Una criada reveló el engaño y entonces, al verse de nuevo acorralada, Penélope dijo que quien tensara y disparara el el arco de Ulises sería el nuevo rey.

Ulises seguía su odisea dando vueltas sin llegar nunca a Itaca, y en el camino topó con las sirenas. Estas tenían un bello canto que atraía a los marineros y los llevaba a chocarse contra los arrecifes. Ulises quiso oir el canto de las sirenas, pero lo de naufragar no le gustaba tanto, por lo que mientras sus compañeros se tapaban los oídos, él se ató al mástil del barco, para poder escucharlas sin poder hacer nada. Después de esto llegó a la tierra de Lampecia, la hija de Apolo, que apacentaba animales sagrados. Los animales no debían ser tocados, pero se acabaron las provisiones, y por muy sagrados que fueran seguían siendo COMIDA. Bueno, que se comieron unos bueyes de nada y Apolo y Zeus provocaron una tormenta tal, que todos los tripulantes murieron menos Ulises. Solo y agarrado a un cacho de madera, Ulises llegó a la isla de Calipso. Ella se enamoró perdidamente del héroe y lo tuvo cautivo durante varios años. Finalmente, Hermes fue a recordarle que tenía una mujer y un hijo en Itaca esperándole desde hacía mucho tiempo y que tenía que volver.

Ulises partió y llegó hasta la isla de Feacios, donde su rey le acogió amigablemente. Allí le ofrecieron un navío para volver, y esta vez, sí, esta vez sí, consiguió Ulises llegar a Itaca.

Allí las cosas seguían igual, ningún pretendiente había conseguido tensar el arco y Penélope seguía sin esposo. Entonces Ulises se presentó como un mendigo, tensó el arco, disparó una flecha y reveló su identidad. Después, con su hijo y algún fiel sirviente, empezó a disparar flechas a todos lados y a dar espadazos aquí y allá, acabando con los pretendientes de su mujer y recuperando el trono de Itaca tras veinte años de ausencia.

 

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