ALYSSA LA DIOSA DEL AMOR

Todos los años, el pueblo de Lyssaion recibía la primavera con una competencia atlética en al que participaban los mejores hombres y mujeres, que tenían por objeto llevarse la rama de olivo del vencedor y ganarse el afecto de la diosa fundadora de su ciudad, la esplendente Alyssa. Competencias arquería, luchas, fuerza, belleza, lanzamiento de jabalina y discos, carreras, salto en largo y alto constituían las disciplinas en las que competían los atletas, que recibían el aliento de un pueblo que se regocijaba en con el festival. Algunos vendedores ofrecían comidas, otros baratijas o vestimentas o refrescos de la más variada índole.”

“Pero por sobre todas las cosas, sobresalían los sacerdotes de Alyssa, que observaban, como ojos y oídos de la Señora, para juzgar quién era merecedor de la rama de olivo en cada disciplina, quién había hecho más méritos para bañarse del brillo de la gloriosa atención de la Señora.”

“Un año participó un atleta llamado Mychalli, un hombre de fuerte contextura física proveniente de la villa de Danzaton. Cuando, siguiendo la tradición, se quitó la ropa, el asombro recorrió las plateas; las mujeres suspiraban y a los hombres se les hacía un nudo en la garganta de la envidia que sentían: ellas y ellos contemplaban absortos los músculos bronceados de un cuerpo perfecto. Al notar lo que provocaba, se sonrojó, dibujándosele en el rostro una sonrisa encantadora que desconcertó a los hombres e hizo desmayar a las mujeres.”

“Corrió el trayecto de cien metros y cruzó la línea de llegada sacándole medio metro de ventaja al competidor más cercano.”

“También participó en el salto en largo. Y aunque fue superado por dos atletas, ningún espectador se acordaba del ganador, sino de la gracia del vuelo de Mychalli, su piel bronceada y sudorosa que resplandecía con la luz del sol y la felicidad de su rostro al ver la distancia que había alcanzado.”

“Por último, mientras se ponía el astro rey y sus dedos rosados acariciaban los pastos, se colocó en el círculo de lanzamiento provisto de un disco de piedra. Lo sostenía sin mayor esfuerzo, al igual que los demás atletas con discos de metal más livianos. Ni un alma se atrevió a quejarse por el disco de piedra, ni a burlarse de Mychalli.”

“Comenzó a girar, trastocándose la sonrisa por concentración. Los espectadores quedaron en silencio, boquiabiertos ante la perfección de su musculatura. Y en el momento indicado lanzó el disco. Dio vueltas en el aire, como transportado por espíritus celestiales, perdiéndose en la lejanía, superando todas las líneas de medición hasta estrellarse contra un muro. La platea estalló en vítores, sabiendo quién sería el ganador antes del inicio de la competencia. No hubo un solo atleta que, a pesar de realizar esfuerzos supremos, se acercara Mychalli. Muchos lo intentaron varias veces, sólo para caer exhaustos.”

“Al final Mychalli recibió la rama de olivo. Le sonrió a la sacerdotisa, y ella, que había visto ya tanta masculinidad, no pudo evitar sonrojarse. Mychalli se volvió hacia la multitud, levantó la rama y elevó una oración de agradecimiento a Alyssa, quien le había dado su amor y la fortaleza para alcanzar la victoria aquel día.”

“Fue estupendo, y Mychalli fue el invitado de honor en el banquete que ofreció lo más selecto de Lyssaion. Comió bien y disfrutó del mejor vino que jamás había saboreado. Momentos después, se le acercó una doncella, que le solicitó que bailara con ella. Era una joven espléndida, con cabellos de oro y una sonrisa que prometía. Mychalli se sentía mareado por el vino y la gloria de la victoria, así que aceptó acompañarla en una pieza.”

“Eran la pareja con más garbo, y pronto quedaron bailando solos ante la mirada asombrada de la concurrencia. Sus movimientos eran perfección y vivacidad: el balanceo de las caderas de ella era la tentación, y cada paso que él daba llevaba la soberbia del tigre. Cuando por fin terminó la música Mychalli quiso volver a su mesa, pero la doncella insistió en bailar una pieza más. ‘Soy Slasya, y no aceptaré una negativa’, dijo.”

“Mychalli aceptó, pero pronto comenzó a dudar ante la mayor vivacidad que cobraban los movimientos de la doncella, que se mostraba cada vez más tentadora. La música se detuvo, él se disculpó de nuevo, pero ella insistió. ‘Soy Slasya, y serás mío.’”

“‘Jovencita,’ dijo Mychalli, apenas sonriéndole, ‘Me debo a una mujer. Su promesa es sagrada para mí y nada la quebrantará.’”

“Los ojos de la doncella despedían llamas, al tiempo que gritaba ‘¿Te niegas a Slasya? ¿Rechazas a Slasya?’”

“La sonrisa del atleta se hizo más intensa pero tenía un dejo de tristeza. ‘Sí. Soy suyo y no le perteneceré a nadie más.’”

“‘Pues pagarás por haber rechazado a Slasya,’ dijo ella amenazadora e intensa.”

“Ya no había regocijo allí para Mychalli. A pesar de los ruegos de damas y caballeros, decició dejar el banquete, así que recogió sus pertenencias y partió hacia su hogar en Danzaton. Su esposa Judyleyt lo recibió feliz y lloró al ver la rama de olivo. Al ver a su mujer, Mychalli se olvidó por completo de la extraña doncella del banquete; era allí, en los brazos de su amada, donde él hallaba la verdadera alegría.”

“Al día siguiente, después de que el se había ido a trabajar al campo, alguien llamó a la puerta de su casa. Judyleyt abrió y vio a un hombre con cabellos de oro y una sonrisa que prometía. ‘Soy Lyawell, y no aceptaré una negativa’, dijo.”

“Judyleyt se quedó sin palabras, y se le secó la garganta, al tiempo que él la tomaba entre sus brazos, abrazándola con fuerza. ‘Soy Lyawell, y serás mía.’”

“Ella no podía resistir los impulsos ni la fuerza de las manos de ese hombre, que iba abriéndole la túnica. ‘Soy Lyawell,’ decía él, ‘y eres mía.’”

“‘Sí’, murmuró ella, arrebatada por sensaciones que jamás había experimentado.”

“Cuando Mychalli volvió, no hubo llantos de bienvenida, ni aroma a comida caliente y recién hecha. Lo recibió la nada. Permaneció perplejo en la puerta, llamando a Judyleyt. Al no obtener respuesta, salió a buscarla. Toda la noche corrió por la villa, el bosque y los campos, llamándola en vano.”

“Finalmente cayó dormido. Cuando se despertó estaba oscuro, pero comenzó a buscar una vez más. Corrió otra noche, otro día y otra noche hasta que el cansancio le volvió a ganar. El sol lo despertó con un beso; se sentó en un lugar en el que jamás había estado, y comenzó a llorar. Se le caían las lágrimas, incesantes e intensas.”

“‘¿Por qué lloras?’ preguntó una mujer.”

“Mychalli levantó la vista esperando hallar a la extraña doncella del banquete. Pero estaba equivocado, y lo que vio no era una doncella. Vestida con ropas de pescador, tenía más edad de la que él había creído, y, a decir verdad, estaba bien entrada en años.”

“‘Mi esposa…’ sollozó, y en un grito lastimero, lleno de dolor y desesperación, pronunció su nombre.”

“‘No pienses en ella’, dijo la mujer pescadora, ‘estando cerca Slasya.’”

“Mychalli no alcanzó a comprender, ni tampoco era su intención. Más lágrimas le caían por las mejillas, más gritos de dolor se elevaban hacia los cielos, en tanto que la mujer permanecía a su lado, observándolo pacientemente. ‘Cumpliste tu promesa sagrada,’ dijo después de un rato. ‘¿Ella cumplió la suya?’”

“Él la miró intrigado. ‘¿Qué quiere decir?’”

“La respuesta fue ‘Le perteneces a tu esposa. ¿Pero tu esposa te pertenece?’ Ante su falta de respuesta, la mujer se acercó y dijo, ‘Soy Slasya, y no aceptaré una negativa.’”

“Él no podía resistir los impulsos ni las fuerzas de los brazos de la mujer, que lo iban envolviendo, haciendo que los dedos de él abrieran la túnica de ella. ‘Soy Slasya, y serás mío.’”

“Mychalli era incapaz de resistir, hasta que por fin retrocedió al tiempo que la mujer se puso de pie y volvió a colocarse las ropas. ‘Soy Slasya, y eres mío’, dijo, ‘y perecerás.’”

“De pronto, la mujer pescadora dejó de serlo, y en su lugar se hallaba una mujer de belleza divina, cabello castaño y ojos color avellana, rodeada de un resplandor áureo. ‘Soy Alyssa, y soy la Señora del Amor, y tú me has rechazado. Has pagado un diezmo, pero pagarás tu crimen por completo.’”

“Ella sufrió otra transformación, y pasó a ocupar su lugar un hombre de cabellos de oro. ‘Ahora Lyawell regresará a tu esposa, y él plantará tu semilla en ella. Pero la semilla está contaminada por tu rechazo. Tu esposa quedará embarazada, pero su fruto la hará perecer. Este es el precio que pagas, Mychalli, por enfurecer a la Señora.’”

“El resplandor aumentó hasta hacerse una luz deslumbrante, para luego desaparecer, al igual que Lyawell. Mychalli se quedó mirando el lugar vacío dejado por la diosa. Sabía que ella dijo la verdad. Sabía que Judyleyt moriría, y que nunca jamás volvería a gozar teniéndola entre los brazos. Sabía que moriría dando a luz un hijo de él, pero maldecido por la diosa.”

“Sabía que era justo por ser la voluntad de la diosa.”

“Y las lágrimas volvieron a aflorar en sus ojos; y maldijo a la diosa y a todo lo que era divino, todo lo que le había arrancado la vida.”

 

Hosted by www.Geocities.ws

1