A la tercera va la vencida

Allí estaban un año después de lo sucedido. El fin de curso había llegado, y pensaban pasarlo lo bien que no habían podido pasarlo el año pasado. Noelia, Elena y Diego, los únicos supervivientes de la masacre, seguían igual de unidos, una vez más les había tocado juntos en clase. Aunque el fin de curso había llegado, las notas no les daban mucha alegría, y a Noelia se le había ocurrido una forma muy peliculera de mejorar las notas. Lo “único” que tenían que hacer era meterse en el ordenador del instituto y cambiarlas, para luego imprimirlas. Como ya he dicho, en su cabeza estaba todo menos los hechos del año pasado. Habían suplicado a la policía que no les dijeran nada del caso, que querían olvidarlo todo cuanto antes. Pues hablaron con la experta en informática de la pandilla, Laura, la cual sabía perfectamente cual era la contraseña del ordenador, ya que una vez fue a reclamar por sus faltas de asistencia y mientras el jefe de estudios tecleaba la contraseña se fijó “demasiado”. El plan sería el siguiente: el lunes irían los 5 Noelia, Elena, Natalia, Laura y Diego) y mientras los 4 entretenían a la conserje, Diego subiría al primer piso y abriría una de las ventanas de la clase de informática que siempre estaba abierta. El instituto estaba en ese momento en plena obra, así que no había ni alarma, ni cerraduras, es decir, que tenían el camino despejado. Por la noche, poniendo como excusa el cumpleaños de una amiga imaginaria llamada Rita, se dirigirían al instituto, saltarían la valla, y entrarían por la ventana gracias a las escaleras de metal que siempre dejaba afuera Mogollón, el técnico del instituto, quien estaba más zumbado que un enjambre de abejas. Cuando estuvieran dentro del edificio, bajarían hasta el hall y entrarían en jefatura, allí es el terreno peligroso, ya que las ventanas del despacho daban justo en frente a la casa de la conserje, la mujer más histérica del mundo contemporáneo. Lo que harían sería bajar muy lentamente las persianas del despacho, y cuando hicieran eso, entrarían en los archivos del ordenador y cambiarían las notas del ordenador. Era un plan genial, y tenía que funcionar, porque de lo contrario ocurrirían hechos nefastos para sus vidas.

El lunes noche, Diego ya estaba muy nervioso y su madre se extrañó mucho de que fuera vestido todo de negro, le dijo lo primero que se le ocurrió, que iban a darle un susto. Vale, se que es una excusa muy podre, pero era lo que había. Salí rápidamente por la puerta, y se dirigió hasta la esquina de debajo de la cuesta, allí ya estaba esperando Naty y Laura. Elena y Noelia llegaron unos cinco minutos más tarde, y rápidamente, sin articular palabra se dirigieron al instituto. No encontraron dificultad alguna en saltar la valla. Cuando estuvieron los cinco al otro lado, se agacharon y rápidamente cruzaron uno a uno el patio, y la conserje no dio señales de haberse enterado de nada. Cogieron las escaleras metálicas de debajo de la escalera de cemento del patio que daban al pasillo de las aulas de música, y la llevaron hacia en frente de la ventana. Había que hacerlo todo muy lentamente y cuidadosamente, sabían que se jugaban mucho, lo sabían de sobra. Subieron uno a uno por la escalera, y llegaron al aula de informática. De allí, muy rápidamente bajaron las escaleras hasta el hall, y de allí a jefatura de estudios. Laura y Diego bajaron lentísimamente las persianas, y cuando acabaron, esperaron un rato a ver si Tere, la conserje, se había enterado de algo. Al parecer no. Encendieron el ordenador y Laura introdujo la contraseña. Elena se mordía las uñas, se notaba que estaba nerviosa, aún así se estaba comportando de manera muy profesional.

-A ver Noe, ¿qué notas quieres arreglar?- pro fin alguien hablaba, y esa era Laura.
-La de matemáticas y la de Biología.
-Las mías también son esas, así que ya sabes Laura- le dijo Diego.
-Las mías también- dijo Elena.
-Y las mías- siguió Naty.
-Vale sí, muy bien, tranquilizaos un poco.

Fue todo muy rápido. Diego pensaba que iba a ser ligeramente más complicado, sobre todo referente al tema de que Tere les pudiera descubrir. Al poco tiempo de terminar y haberlo colocado ya estaba en casa, viendo la tele y hablando por teléfono con Noelia, y eso que eran las dos de la mañana o por ahí cerca.
-Yo no creo que nadie se entere de lo que hemos hecho hoy, Noe.
-La verdad, yo tampoco. Un hubo ningún testigo. Y Tere parecía como si no estuviera en su casa.
-Pero la televisión estaba encendida.
-Bueno, mañana te llamo y hablamos. Nos vemos.
-Vale, muy bien. Hasta mañana.
-Adiós.

Diego colgó el teléfono de su habitación y se puso a dormir.
A la mañana siguiente Natalia se despertó al oír el teléfono.
-¿Quién narices será a estas...?¡Pero si son las dos de la tarde!- y Naty cogió el teléfono.- ¿Diga?
-Naty, soy Elena. Alguien ha asesinado a Tere.
-Espera, ¿de qué Tere me estás hablando?
-Joder Naty, de Tere, la gordísima.
-¡Cómo que la han asesinado!
-¿Entiendes ahora por qué ayer aunque hubiéramos hecho mucho ruido no nos hubiera descubierto de todos modos?
-Pues que mal tía.
-¿Ah, sí? Pues no sólo es eso, al parecer alguien le mandó a Laura una carta anónima con una foto nuestra dentro del instituto en media operación, ¿sabes?
-¿¡Que!?
-Lo que oyes, y no sólo eso. Espera que todavía hay más. Lo único que ponía en la carta era: “Espero que me agradezcáis haberos podido quitar un obstáculo de en medio”.
-Entonces espera, ¿significa eso lo que yo creo que significa?
-No sé lo que tú estarás creyendo, yo creo que la persona que escribió esa carta y que nos hizo esa foto, es el asesino de Tere.
-Bueno y...¿qué se supone que debemos hacer?
-Noe llamó antes a Diego para quedar todos en un sitio. Quedamos a las cinco en la Play house, y de allí nos vamos a casa de Diego, y allí lo hablamos todo. Ya quedé con Laura para que viniera a comer a mi casa. Le dije a Chus que te fuera a buscar a la parada del bus.
-Vale, genial. Pues nos vemos entonces.
-Ciao.

Elena y Laura salieron del portal y se dirigieron hasta la Play House, que era una vieja sala de máquinas tragaperras para adultos, algo así como un mini casino. Allí les estaban esperando ya Chus y Naty, que al verlas fueron corriendo a saludarlas para después consolar un poco a Laura. Más tarde llegó Noelia, con unas ojeras horribles, al parecer no había dormido en toda la noche. Era comprensible, lo que habían hecho era bastante grave, pero lo que anteriormente había ocurrido con Tere era mucho peor, y todo se acumulaba en los pensamientos de cada uno, formando un cúmulo de sentimientos angustiosos e intranquilos. Se dirigieron casi sin hablar a casa de Diego. Cuando llegaron, pasaron al salón y allí hablaron de todo lo ocurrido.
-Bueno a ver, acabo de encontrar esto debajo del felpudo- dijo Diego enseñando a los demás un sobre por una parte, y una foto por otra. La carta escrita a ordenador fue rulando por cada una de las personas que había en el salón, lo mismo que la foto. La carta decía: “La tercera parte comienza ahora...” y en la foto salían subiendo por las escaleras metálicas Diego, Naty, Noelia, Elena y Laura. Laura sacó su foto, en ésta salían los cinco saltando la valla.

-Así que al parecer alguien nos ha estado vigilando- saltó Noelia mordiéndose las uñas a causa del nerviosismo.
-No sólo eso, quienquiera que sea el que nos esta haciendo esto quiere que revivamos lo pasado en los dos años anteriores.
-Quieres decir que nos va a matar- todos se quedaron mirando a Laura, que más que preguntar, afirmó.
-Todavía es pronto para saberlo, sólo son cartas...
-Chus, te recuerdo que Tere ha muerto ahorcada en su casa.
-Podía haberse suicidado.
-Si, espera, que me lo creo ahora. Está claro que ahora mismo alguien intenta hacernos daño.
-Elena, según lo que tú estás diciendo, todos estamos en peligro- comentó Laura con la mirada perdida.
-Mirad, ¿vuestros padres saben algo de esto?- todos afirmaron con la cabeza.
-Bueno, pues yo también se lo he dicho a mis padres, y hasta nuevo aviso os quedaréis a dormir en mi casa, aunque estemos solos. Será mejor que estemos juntos, por lo menos Elena, Noelia y yo.
-Tienes razón, nosotros somos los máximos afectados por lo que pasó.
-De eso nada, nos quedamos todos, ¿o creéis que por ser los protagonistas de ésta película nosotros no tememos lo que pueda pasar?
-Yo se lo dije a Nowel- Nowel era el novio de Noelia- y me dijo que si pasaba algo le llamáramos.
-El teléfono está abierto.
-Yo no me pienso quedar, os estáis armando una paranoia tremenda- protestó Chus levantándose de repente.- Me voy a mi casa, allí no estaré rodeado de locos.
-Pero Chus, ya ha oscurecido, te recuerdo que estamos en peligro.
-¡Qué peligro ni que niño muerto!, estáis paranoicos, os recomiendo que penséis bien lo que estáis viviendo. Puede que estéis pensando más allá de lo que es una broma de mal gusto- y acto seguido cerró la puerta. Todos se quedaron mirando a la puerta. Posteriormente, uno a uno fueron llamando a sus padres para que les llevaran la ropa a casa de Diego para dormir allí. Los padres de Diego ya se habían marchado de vacaciones, pero les daba igual. Sólo querían estar juntos.

Mientras tanto, Chus se dirigía a su casa, toda la calle estaba a oscuras, y comenzaba a llover, habría tormenta. Y Cuanto antes lo pensó, antes ocurrió. El primer relámpago le pilló de sorpresa, y de repente se apagaron las farolas de la calle. Un apagón. Otro relámpago, pero ésta vez Chus vio una silueta a causa del relámpago, a pocos metros, pero fue solo un instante, lo que duró el relámpago. Otro relámpago, pero esta vez Chus no vio nada, así que siguió caminando. Era difícil andar por la calle con tanto oscuridad. Casi no se veía nada. De pronto comenzó a escuchar unas pisadas que se acercaban por detrás. Sintió inesperadamente una mano cogerle del cuello y arrastrarle hasta la más profunda oscuridad.

Lo primero que hice fue plantarme delante de él, a unos cuantos metros, aprovechando la luz del relámpago Chus vería mi silueta y se asustaría. Así ocurrió. Cuando volvió la oscuridad siguiente al relámpago, me escondí en el portal que tenía al lado. Así que cuando luciera otro relámpago, no vería ninguna silueta, y seguiría caminando. Volvió a ocurrir lo que yo esperaba, y esperé a oír sus pisadas asar por delante de mí y alejarse sólo un poco. El apagón me sirvió de perlas. No estaba preparado, ni mucho menos, pero ayudaba a sembrar el terror en él. Cuando se hubo alejado un poco, comencé a caminar detrás de él y saqué mi cuchillo del bolsillo. Noté como Chus se detuvo a escuchar mis pisadas, pero no le dio tiempo a reaccionar. Le cogí del cuello con mi mano y mi brazo y le arrastré fuertemente un poco más allá. Cuando lo llevé a donde quería, saqué la linterna y me iluminé la cara. Tendríais que haber visto la cara que se le quedó cuando me reconoció, aunque mejor fue la cara que puso cuando iluminé el cuchillo. No se por qué la gente cuando teme algo, tarda más en reaccionar, la verdad es que no le di tiempo. Me abalancé sobre el y le debí de dar unas cuatro a puñaladas. Seguí vivo, como esperaba, retorciéndose de dolor y llamándome de todo. Se intentó levantar, pero no pudo. La sangre le salía a borbotones del torso, y esperé un poco más. Cuando consiguió levantarse simplemente le rajé el cuello. Si, ya sé que suena muy frío, pero es que era lo que quería. Quería darle alguna esperanza para de repente quitársela de golpe. Lo que hice después, digamos que fue un poco fuerte, porque lo senté en la entrada del banco. Lamentablemente para ellos no sería ni la primera muerte que sufrirían, ni las primeras cartas que recibirían. Iba a acabar con ellos, uno a uno, nadie me descubriría. ¿Cómo iban a poder desconfiar de mí?

Elena se enteró de la muerte de Chus al día siguiente, cuando los padres la despertaron llamando por teléfono. Cuando Elena se enteró no puedo gritar, no pudo hablar, no supo reaccionar. Sólo quería llorar, desaparecer en ese mismo instante. No se lo podía creer, estaba volviendo a pasar de nuevo. ¿Podría Paula estar viva y volver a matar de nuevo? Ella sabía que les habían dicho a la policía que no quería saber nada de lo pasado, nada del caso, pero tanto como para no decirles que Paula no había muerto. Pero eso sólo era una suposición, no había por qué alterarse. Sí, sí que había por qué alterarse. Elena colgó el teléfono y ahora sí, comenzó a gritar con todas las ganas del mundo, llorando y lamentando la muerte de su amigo Chus. Los demás llegaron corriendo.

-¿Pasa algo Elena?- preguntó Noelia abrazándola y mirando a los demás extrañada.
-Anoche...anoche...-Elena intentaba decirlo pero no podía, algo se lo impedía. Quizás fuera la fuerza de los sollozos.
-¡Anoche que Elena!- exclamó Diego.
-Eso hija, arranca ya porque...
-¡Anoche asesinaron a Chus!- e inmediatamente salió corriendo del salón para encerrarse en el baño. Los demás se quedaron paralizados. No se miraban, no se movían, no articularon ninguna palabra. En su mente sólo rondaban dos palabras: otra vez. De repente todos comenzaron a llorar lentamente, sin ser armar ningún escándalo como anteriormente había hecho Elena. Se sentaron cada uno en una parte de los sofás que había en el salón. No sabían que hacer, se encontraban perdidos. Noelia comenzó a pensar que esto podría afectar su relación con Nowel, podría estar en peligro, como toda persona que les rodeara. Pero ahora no sólo era cosa de Noelia, Elena y Diego, ahora estaban dentro Naty y Laura. La sangre salpicaría ahora a un círculo más grande, sería más difícil saber quién sería el próximo. Noelia cogió el teléfono de repente, y marcó un número de teléfono.
-Nowel, soy Noelia... Han matado a Chus... Creo que será mejor que no nos veamos en una temporada hasta que esto pase...No es que no te quiera, sabes que te quiero, pero esto podría afectarte, puedes estar en peligro...Espera que se lo pregunto. Diego, que dice Nowel que si puede venir para acá, para estar más juntos.
-Si, hay camas suficientes- contestó Diego sin mirarla, secándose las lágrimas como podía.
-Sí Nowel, puedes venir...No tardes...Número 21, cuarto c...Te espero y ten mucho cuidado, el asesino está suelto- y colgó. Colgó y se quedó mirando al aparato. Colgó y automáticamente pensó en Chus, en su familia, en su final.

A las seis y media de la tarde la casa estaba llena de gente, picaron a la puerta y Noelia abrió. Era Nowel. En cuanto entró la moral le quedó por los suelos, las familias de Diego, Naty, Laura, Noelia y Elena estaban allí, consolando como podían a sus hijos. Se notaba en el aire un ambiente triste. Era normal. Chus había muerto y esa misma tarde era el funeral. Allí había personas que no le conocían, y era una pena, porque Chus era una de esas personas en que sólo conocerle es como si lo conocieras de toda la vida, una persona muy fresca, una persona fresca que ahora se irá secando, hasta llegar a la descomposición. El funeral sería a las siete, y estaban todos preparados.

Noelia caminaba hacia la iglesia abrazada a Nowel y agarrada de la mano de la Madre. Iban todos juntos, sin hablar, todas las familias, todas las sangres, todo de lo que ahora se podían fiar. Cuando Noelia llegó a la iglesia, agarró a Diego y a Elena, y ésta a Naty, y ésta a Laura, hasta caminar los cinco cogidos de la mano. Noelia creía que el asesino se encontraba entre todas las personas de la iglesia. Que sangre fría. Los cinco, cogidos de la mano. Querían demostrar a ese asesino, que estaban juntos, y vivos. No se rendirían tan fácilmente. Ya conocían su juego, no les iba a hacer daño hasta el final, hasta que unas cuantas personas hayan muerto, ¿o quizás se equivocaban? Sus pensamientos se pulverizaron cuando se encontraron con Aida y Nata, compañeras del instituto de los cinco chicos.
-Sentimos mucho que os esté pasando esto de nuevo, lo sentimos de veras.
-Créeme, no tanto como nosotros.
-Lo sé- dijo Nata. Sus ojos marrones se clavaron en los de Noelia, quien percibió que sus sentimientos eran verdaderos, no fingidos. Y se fueron. No se despidieron, únicamente salieron de la iglesia. Mientras Noelia las seguía con la mirada se fijó en una silueta en la esquina de la iglesia, allí había alguien, pero no se le veía la cara. De pronto llegaron los demás amigos de la pandilla de los chicos, amigos que sabían perfectamente que estaban en peligro, amigos que lo único que querían hacer era estar junto a los chicos, amigos que ponían ante todo la amistad. Ellos eran Richar, el novio de Elena, Raúl, el novio de Naty, Edgar, Ana y Gonzalo. Noelia siguió observando la iglesia y vio a Jessica, a Fanny y a Cristina, antiguas compañeras de clase de los chicos. Comenzó la ceremonia. “Es gracioso”, pensó Noelia, ”COMIENZA una ceremonia del FINAL de una persona”. No, no era gracioso, era macabro. Miró de nuevo a la esquina de la iglesia. Ya no había nadie.

-Es horrible que les esté pasando esto de nuevo, ¿no crees Aida?- le preguntó Nata a su amiga Aida mientras bajaban las escaleras de la iglesia.
-Sí, la verdad es que es horrible, lo deben estar pasando fatal.
-Gracias por acompañarme hasta casa de mi abuela.
-De nada tía. Te llamo mañana para saber si sales y tal. Nos vemos.
-Hasta luego- y Nata entró en su casa. Comenzó a subir lentamente las escaleras, parecía estar cansada. El día estaba bastante oscurecido a causa de la tormenta que estaba cayendo, tan oscuro que no vio la sustancia resbaladiza que había extendida por el escalón.- Ahhh- gritó mientras intentaba sujetarse para no caerse, y no se cayó. Se sintió aliviada.
-Hola Natalia- dijo alguien desde el último escalón, se dio la vuelta.
-Ah hola, ¿qué tal?
-Bastante mal- respondió.
-¿Por?- preguntó Nata bajando las escaleras.
-Porque no has caído en mi trampa.
-¿Qué?, ¿De qué estas hablando?
-Es una pena- dijo la persona subiendo lentamente las escaleras- que no hayas resbalado y caído por las escaleras desnucándote, ¿no te parece?
-¿Qué quieres?- preguntó Natalia desconfiada, ahora retrocediendo- ¿Qué cojones quieres?
-Te lo diré simple y llanamente: tu muerte.

Matar a Natalia fue divertidísimo. Cuando le dije que lo que quería era su muerte, quedó pálida y comenzó a correr escaleras arriba. Se debió de olvidar por completo del aceite que esparcí antes de que llegara al portal, lo pisó y se calló escaleras abajo. Me sorprendió que no muriera en el acto. Intentó levantarse, pero no pudo. Me recordó a Chus en cierto modo, pero esta vez no le clavé un cuchillo, para nada, esta vez sería más divertido. La até de pies y manos y la subí a rastras. Tenía que hacerlo rápido antes de que algún vecino me descubriera. Le cogí las llaves a Natalia y entré en su casa. La verdad es que ella no me conocía de mucho, más bien no me conocía nada, sólo me había visto un par de veces. Llené la bañera hasta arriba y después introduje el cuerpo de Natalia con algún rastro de vida todavía. Me lo pasé genial cuando le apreté la cabeza contra el fondo de la bañera. Y se ahogó. Simplemente se ahogó, pero no iba a dejarlo así, para nada. Fui a la cocina y cogí un cuchillo. Le corté las muñecas y el cuello y en cuestión de segundos la bañera se tiñó de rojo. Me dispuse a abandonar la casa cuando me fijé en que encima de su escritorio había una Polaroid. Le haría una foto y se la mandaría a los chicos con todo mi amor. Cuando abandoné la casa iba pensando en si los chicos sabrían los trastornos mentales que sufría. No me importaba, me lo estaba pasando genial. Sabrán quien soy dentro de poco tiempo. Poco tiempo, el poco que les queda a ellos. Sus velas se van apagando, y yo las soplaré.

Ya habían pasado horas de todo aquello y Laura seguía en casa de Diego con los chicos. Todos se sentían ligeramente mejor después del funeral de Chus. Picaron a la puerta.
-¡Laura, abre tú que estoy en el baño!- gritó Diego desde el baño.
-¿¡Y los demás?!- contestó Laura con otra pregunta.
-¡Están durmiendo!
-Vale- abrió la puerta y eran Richar y Llana. Llana no había asistido al funeral, quizás porque se sentía fatal como para poder sufrir más todavía. Se quedaría en casa llorando su ausencia.- Ah hola. ¿Qué tal?
-No sé, creemos que mejor.
-Nosotros también, pasad- les invitó Laura- Elena, Naty y Noe están descansando, bueno, durmiendo. Estos días están siendo agotadores.
-¿Y Diego?- preguntó Llana dando indicios de preocupación.
-Se está duchando en el baño.
-Ya no. Hola Chicos, ¿qué tal estáis?- saludó Diego forzando una sonrisa.
-Mejor.
-O eso creemos, voy a ver a Elena.
-Vale Richar, la primera habitación a la derecha.
-OK.
-¡Ey Richar, y diles que bajen!
-OK.
-¿Por qué no fuiste al funeral, Llana?- preguntó Laura mirándola fijamente.
-Porque no estaba de humor. No quería. Además, si no me equivoco va a haber algunos cuantos más.
-¡Llana, por los clavos de Cristo!- exclamó Diego ofendido- ¡La policía está investigando el caso, ya verás como lo cogen. En las dos ocasiones anteriores estabamos encerrados o perdidos en alguna parte. Esta vez no.
-Oye, yo me tengo que ir, decidle a Richar que me llame mañana, ¿vale?
-Vale, hasta luego.
-Hasta luego.
-¡Hasta luego Llana!- gritó Laura desde la cocina.- Este hombre cada vez está mas raro, yo no sé lo que narices le pasa. Ey Diego, vamos a poner TeleAvilés a ver las cutradas que ponen.
-Vale- y Diego encendió el televisor. Lo que vieron no era precisamente una cutrada, era algo extremadamente horrible. Ya no eran dos asesinatos, ahora ya eran tres.
-No, no puede ser- Laura tenía las manos rodeando la cara y ya había comenzado a sollozar. Habían encontrado el cuerpo de Natalia hundido en la bañera de su casa, atada de pies y manos y amordazada, con el cuello y las muñecas rajadas.
-Otra vez no.- y Diego subió rápidamente las escaleras- ¡Chicos, chicos!
-¿Qué pasa Diego?- preguntaron las tres chicas y Richar al unísono.
-Han matado a Natalia.

Diego estaba abrazado a Naty cuando picaron a la puerta. Abrió Diego.
-Hola Aida.
-Cállate imbécil, ¡cállate!- Aida estaba furiosa y se notaba en la mirada que había estado llorando mucho tiempo- todo es por vuestra culpa. ¡Todo por vuestra maldita culpa! Ahora Natalia está muerta y no se puede hacer nada. Ojalá muráis todos lo más pronto posible- acto seguido se metió en el ascensor y se fue.

Aida se metió en el ascensor. Tenía tanta pena acumulada encima. El ascensor paró en el tercer piso y se metió alguien.
-Hola Aida.
-¿Me conoces?- preguntó ella mirando los ojos de su acompañante.
-Es que he oído tu conversación con los chicos y no me ha parecido bien lo que les has dicho. Debes morir.
-¿Qué?
-Que debes morir- y paró el ascensor tocando el botón de STOP. Ahora serían cuatro los asesinados.

Debo decir que matar a esa chica me costó más que a ningún otro. Tenía una cara angelical, que más tarde quedó cubierta de sangre. Aida temblaba de miedo ante mí. Empecé a golpearla y ella lloraba, quizás por eso me costó tanto matarla. Pero seguí golpeándola, dicho coloquialmente le partí la cara. Cuando estuvo con la cara morada, le cogí de la cabellera y le estampé la cabeza contra el espejo del ascensor unas cuantas veces, hasta que murió. Piqué al tercer piso y de allí baje las escaleras hasta el portal.

-Nowel, dile a los demás que bajo a ver el correo, subo ahora mismo- le dijo Naty al novio de Noelia saliendo por la puerta.
-¿No quieres que te acompañe? Lo digo por el asesino, por si tienes miedo o algo.
-No, tranquilo, no creo que me haga nada en el portal, es un lugar muy concurrido- y Naty cerró la puerta. Bajó en el ascensor de la derecha hasta el portal y abrió el buzón correspondiente. Se quedó pálida al ver el ya famoso sobre. Su remitente sería el asesino, seguro.- Oh mierda, tendré que coger el otro ascensor- y picó al ascensor de la derecha. Cuando el ascensor llegó, abrió la puerta y el grito que le salió de la garganta se oyó en todo el edificio. Poco a poco fueron bajando los vecinos, y cuando veían el horrendo espectáculo no podían reprimir un grito ahogado. Cuando bajaron los chicos y vieron lo que pasaba se asustaron de tal manera que se llevaron a Naty corriendo al piso.
-Naty, ¿viste a alguien sospechoso?- le preguntó Laura todavía exhausta por lo que habían visto momentos atrás.
-No, sólo vi el cuerpo de Aida en el suelo del ascensor lleno de sangre. Y cogí esto del buzón- los chicos sólo con ver el sobre supieron de qué se trataba. Laura abrió el sobre lentamente, con manos temblorosas. Sacó primero la foto, que plasmaba la imagen de Natalia ahogada en la bañera teñida de sangre. Después, conmocionada, sacó la carta y leyó en alto: “Yo soplaré la llama de vuestras velas”.
-¡Quién nos hace esto! ¡Quién!

Los padres de Noelia invitaron a los chicos a pasar unos días en su casa del campo, para que se olvidaran un poco de todo lo que les había pasado. Ellos, automáticamente, aceptaron. No les importaba la policía, no les importaba lo que dejaban allí, solamente querían olvidarse de todo y descansar. Cuando llegaron, descargaron las maletas y se sentaron en el salón.
-Escuchad chicos. Mari y yo nos vamos al pueblo de al lado a pasar allí la noche porque no hay camas suficientes, pero estad tranquilos, no creo que nadie os pueda encontrar aquí.
-Vale papá, pero tened cuidado.
-Tranquila hija, el pueblo está a un cuarto de hora.- Cerraron la puerta. Los chicos oyeron el motor arrancar y después cómo el coche se alejaba.
-Bueno, ¿qué os parece si cenamos algo?
-Vale, creo que la despensa está repleta de comida.- Noelia se dirigió a una puerta que había bajo las escaleras que llevaban al piso de arriba. Sacó una bolsa de patatas fritas y un montón de latas de conservas.

Cenaron como si no hubieran comido en días. Después, se repartieron las habitaciones. Noelia dormiría con Naty y Diego, y Elena dormiría con Laura. Ya a media noche, los chicos se fueron a la cama, sin poder evitar un leve temor a lo que pudiera pasar esa noche. Noelia ya se había dormido, pero Naty y Diego seguían despiertos, sin saber nada el uno del otro. Naty sintió enormes ganas de ir al baño. Se levantó de la cama y se dirigió a la puerta.
-Naty, ¿dónde vas?- preguntó Diego desde su cama.
-Al baño, es que me muero de ganas de mear.
-Joder guapa, qué sutil- y los dos se rieron, tanto que despertaron a la pobre Noelia.
-¡Qué narices os pasa!- exclamó Noelia desde su cama bromeando. Naty salió de la habitación mientras Noelia y Diego se quedaban hablando. El suelo del pasillo crujía.
-¡Quieto!- gritó Laura de pronto desde la puerta de su habitación con su gracioso pijama y una pata de jamón en la mano. Naty, después del susto, comenzó a reírse sin poder parar. Todos salieron al pasillo a ver lo que pasaba, y cuando vieron el panorama se rieron todos a la vez. Después del buen momento, todos se fueron a la cama, menos Naty, que siguió hasta el baño. La oscuridad inundaba la habitación, y sólo se percibía algún que otro brillo de la luna llena entre los árboles. Cuando se disponía a entrar al baño oyó un crujido detrás de ella, sintió algo que le golpeaba en la cabeza y ya no vio más que oscuridad.

Naty se despertó en el exterior de la casa, enfrente a la ventana de la habitación de Noelia y Diego. Se vio atada a un palo, encima de una montaña de ramas secas de árbol y papeles de periódico. Se imaginaba su final, y sería delante de todos. Gritó, gritó lo que pudo y más, pero la montaña de papeles y ramas ya había empezado a arder cuando alguien detrás suya encendió una cerilla y la lanzó.

Entré en la casa cuando se supone que estaban durmiendo, por la puerta trasera, que siempre suelen estar abiertas. Esperé a ver si bajaba mi próxima víctima, pero sólo oí unas risas de repente. Permanecí en la oscuridad, esperando, y vi entonces a Naty bajando las escaleras y dirigiéndose a lo que digo yo sería el servicio. Caminé lentamente hacia ella y le golpeé la cabeza con una rama que había encontrado en el bosque. Después la arrastré hasta fuera de la casa y preparé sin hacer mucho ruido la hoguera, no sin antes encerrarles a los chicos dentro de la casa para que se sintieran angustiados mientras veían como moría su amiga del alma. Até a Naty en el poste de una casita para pájaros y esperé escondido en los arbustos que estaban tras ella a que despertara. Cuando noté cierto movimiento en su cuerpo caminé hacia allí y encendí una cerilla. No esperé más y la lancé a la montañita de papeles y ramas. Naty comenzó a gritar y salí corriendo a esconderme tras una esquina de l!
a fachada. Naty se quemaría delante de ellos, y no podrían hacer nada.

Elena se despertó al oír los horribles gritos que provenían de la otra habitación. Elena y Laura, que también estaba despierta, corrieron al pasillo y del pasillo a la otra habitación, donde Noelia y Diego miraban por la ventana horrorizados. Elena miró también por la vente y pudo ver como Naty, atada al poste de la casita de los pájaros, se iba a quemar a no ser que hicieran algo. Diego cogió a Elena y a Noelia y bajaron corriendo las escaleras, chocando unos con otros. Intentaron abrir la puerta, pero no podían.
-Diego, ¡Diego!- gritó Elena tirando de la puerta.
-¡¿Qué pasa Elena?!- gritó Diego detrás de ella.
-¡La puerta no abre!- Elena lloraba angustiada por salvar la vida a su amiga Naty.
-¡Quitad un momento!- exclamó Laura desde la despensa-, creo que he encontrado algo que nos puede servir- y salió de allí con un hacha tamaño familiar. Laura estampó el filo del hacha contra la puerta con todas su fuerzas, y menudas fuerzas. El filo del hacha atravesó la puerta, y otra vez, y otra, y otra. Los gritos de Naty se oían cada vez más estremecedores. A causa de los hachazos de Laura, la puerta cedió y se derrumbó. Los chicos corrieron a ayudar a Naty.
-Laura, vete a coger mantas a las habitaciones para apagar el fuego, pero vete rápido si no quieres que Naty se queme. ¡Rápido!- ordenó Diego a Laura hablando rápidamente. Laura entró de nuevo en la casa y subió rápidamente las escaleras. Cogió las mantas y cuando iba a abandonar la habitación se encontró con alguien conocido, alguien que ella no creía que pudiera ser el asesino.

Vi subir corriendo las escaleras a Laura mientras yo estaba escondido en la despensa. La seguí hasta la habitación de la derecha y esperé quieto en el marco de la puerta. Cuando ella se giró y me vio supuso quién era yo, supuso que yo era el asesino, supuso que ella era la siguiente. Como si de un acto reflejo se tratara le pegué un puñetazo en la cara y la dejé ligeramente atontada, y entonces aproveché a empujarla hacia la ventana. El cristal se rompió y ella calló por la ventana gritando. Bajé las escaleras corriendo y seguí con mi plan.

Diego estaba desatando a Naty mientras Noelia y Elena saltaban sobre el fuego para tratar de apagarlo. De pronto se oyó un estruendo de cristales rotos y miraron hacia la ventana de arriba. Vieron y oyeron como Laura moría, cayendo desde la ventana, gritando, chocando, sangrando, muriendo.
-¡Laura, no!- se lamentó Elena sin parar de saltar en el fuego.
-¡Mierda!, ¡Este cabrón nos ha seguido!- exclamó Diego cogiendo a Naty de la mano y corriendo al bosque. Se adentraron los cuatro en el bosque, sin separarse, por el momento.
-Tenemos que encontrar el pueblo al que han ido tus padres, Noelia- dijo Diego corriendo como los demás, fatigado.
-Antes me sabía el camino por el bosque de memoria, pero es que me he olvidado completamente.
-¡Chicos, una luz!- gritó Naty adelantándose a todos ellos.
-¿Dónde?
-Allí- señaló Naty a la derecha- será una casa de campo, como la de Noelia.
-Pues sí, es una casa. Piquemos a la puerta y pidamos ayuda.- Así lo hicieron, pero no encontraron respuesta alguna.
-Veamos la puerta trasera, suelen estar siempre abiertas- dijo Naty volviéndose a adelantar a los demás.
-Oye Diego,- le dijo Noelia a su amigo susurrando- por si no te acordabas en todas las matanzas que hemos pasado siempre había un cómplice, ¿no crees que podría ser ella?
-Sí, yo también lo sospeché, pero casi la matan a ella.
-Podría ser un plan bien planeado.
-Ya se verá, tranquila.
Siguieron caminando hasta la puerta trasera y en efecto, estaba abierta. Entraron en la casa, y había indicios de habitabilidad. Alguien había estado allí hace poco, pero ahora no había nadie. Subieron las escaleras y comenzaron a investigar la casa palmo a palmo, en busca de algún teléfono o medio de comunicación.

Elena entró en una habitación oscura, encendió la luz y se quedó atónita ante lo que vio. Llamó a gritos a sus amigos y subieron a ver lo que pasaba. La habitación estaba repleta de fotos de ellos cinco dentro del instituto.
-Dios mío, está aquí, vive aquí- sollozó Elena.
-¡Tenemos que irnos de aquí cuanto antes!
-Esperad, sigamos investigando, quizás encontremos pistas sobre quién es el asesino- los tranquilizó Naty desde la puerta.
-Si, eso, esperad- sonó una voz desde el pasillo.
-¡Llana! ¿Qué haces tu aquí?
-Os llevo buscando toda la tarde, no se para qué salís de la casa si está el asesino suelto por ahí.
-Pero, ¿cómo sabías tu lo de esta casa?
-Yo no sabía nada, os vi desde abajo.
-No me lo creo- dijo Noelia mirándole fijamente- tú eres el asesino.
-¡Noelia tía, que es Llana!- protestó Elena.
-Me da igual, nos ha seguido y viene a acabar con nosotros, ¡No os dáis cuenta!
-Bueno, pues me habéis descubierto, es una pena que ahora tengáis que morir, aunque os iba a matar de todos modos- y sacó su particular cuchillo del cinturón-. Id bajando lentamente sin hacer ninguna tontería al salón.
-¿Por qué tú Llana?, ¿por qué? Yo te tenía como mi hermano- dijo Noelia sin mirarle siquiera.
-Venga Noelia, tengo trastornos cerebrales, ¿qué cojones esperabas?- contestó Llana bromeando-. Naty, átalos.
-Será un placer Llana- dijo ésta sonriendo.
-¡Lo ves Diego!, ¡Te lo dije!- exclamó Noelia de pronto- ¡Esta hija de puta es la cómplice!
-Serás zorra- intentó alcanzarla Elena.
-Tranquilos chicos- todo estaba preparado, así que no os asustéis y tranquilizaros todos.
-Naty, y tu, ¿por qué?- preguntó Diego mirándola a los ojos.
-Diego, ¿sabes lo que sería ser la única superviviente de una matanza?
-No creo que lo vayas a saber tu hija de puta- sonó una voz desde el otro lado de la habitación. Era Laura, con el jamón en la mano. Se abalanzó sobre ella y le golpeó la cabeza con el pata negra. Automáticamente Naty cayó al suelo inconsciente.
-Llana, mira a ver si cuando tiras a alguien por la ventana, procuras mirar lo que tiene en la mano. Menos mal que tenía las mantas y edredones que sino no lo cuento.
-Tranquila, no lo contarás- y Llana se abalanzó sobre ella clavándole el cuchillo que Laura no había visto. Le pilló por sorpresa, no se había parado a mirar lo que tenía en la mano. Laura vio como de su costado salía sangre sin cesar y se fue consumiendo, hasta que murió. Los chicos ahora estaban dispersos por la habitación, con la aparición de Laura a Naty no le dio tiempo a atarles. Ahora eran tres contra uno. Elena se agachó para coger el jamón, pero ya no estaba. Miró detrás de ella y vio como Naty se había levantado. Naty tuvo intenciones de golpearla con él, pero Noelia la cogió del pelo y empezó a golpearla contra la pared. Naty sangró, se impregno su cabeza y ropas de sangre, sangre de venganza. Noelia la saltó y el cuerpo sin vida de Naty cayó al suelo. Llana perseguía a Diego por la habitación con el cuchillo, corría con tanta rapidez que sin quererlo tiró al suelo una lámpara de camping-gas. La habitación se incendió en cuestión de segundos. Los chicos lucharon con!
tra Llana y ,con una patada de Diego, cayó pasto de las llamas. Los chicos salieron como pudieron de la casa y, tirados en el suelo y exhaustos, observaron cómo la casa se incendiaba, poco a poco. Se sentían extraños, como ausentes, una sensación muy extraña.

Diego se despertó junto a Noelia y Elena en un lugar muy extraño, nunca lo habían visto. Era como una especia de montaña y al pie de ella una playa. Vieron a una chica joven que por allí pasaba y le preguntaron.
-Perdona, ¿nos puedes decir dónde estamos?- peguntó Noelia.
-Si, por supuesto- contestó la chica-. Estáis en el purgatorio, ¿puedo ayudaros en algo?- los chicos se miraron horrorizados, ahora sus cuerpos estaban carbonizados totalmente. ¿Fue su salvación un sueño, o una pesadilla?

 

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