Mi
nombre es Samuel Mella. Desde chico que ayudó a mi abuela María
en su local de orientación. Yo soy nieto del profesor Monmar que fue
el fundador del negocio esotérico familiar. En los años 60 mi
abuelo viajó a Brasil y allá se puso en contacto con el esoterismo
y la magia. Ya que la raza negra es famosa por su conocimiento mágico
y allá en el país del carnaval hay hartos morenos.
Yo leo mucho. Soy fanático del ocultismo. Creo que heredé un
sexto sentido que a veces me permite ver
cosas que pasarán en el futuro, como por ejemplo predecir el clima.
Además he tenido muchas experiencias de deja vu que son experiencias
que ya viví que se repiten en mi vida diaria. A veces estoy en un lugar
y siento que lo que me ocurrió ya lo he vivido. Esto le pasa a mucha
gente, pero a nosotros los esotéricos nos sucede con más frecuencia.
Una vez en Pichilemu estaba compitiendo en un torneo de surf. De repente salté
una ola y en el aire supe que era inevitable que me quebrara una pierna. Y
así fue. Me quedé con yeso varios meses.
Mi mamá ha tenido muchas experiencias con
fantasmas porque ha limpiado casas. Esto me inquieta mucho. De hecho,
cuando a uno le da frío sin motivo
aparente es muy probable que la culpa de todo la tenga un espectro. Esto es
desarrollado en la película Sexto Sentido cuando el protagonista siente
escalofríos.
Debido a la herencia de mi abuelo es muy común que yo sienta y vea
cosas. Muchas veces he visto sombras inexplicables
y he escuchado voces que me llaman. Además el equipo de música
se ha encendido muchas veces inexplicablemente.
A mí me gusta mucho el agua. Pero nadando también me han pasado
cosas espeluznantes. Muchas veces he estado nadando solo y cuando me sumerjo
siento una presencia obscura al lado mío.
Cuando me pasa esto nado rápidamente de vuelta a la superficie.
Para ponerse en contacto con fantasmas es necesario llegar a un
nivel muy alto en el negocio del esoterismo. Mi abuela María tiene
ese don. Espero que algún día yo también pueda desarrollarlo,
a pesar de que el cuento de los espectros me da harto miedo.
Creo que muchas habilidades se pueden desarrollar con estudios. Por ejemplo
cualquier persona que se lo proponga puede aprender a ocupar la telekinesis.
No es necesario ser un maestro.
A mí me da lata el hecho de que muchos de los conocimientos del negocio
se vayan transmitiendo oralmente. Mi abuela se los dice a mi mamá y
ella supuestamente me los dirá a mí. Pero en este proceso hay
mucha información que sencillamente se pierde y eso es una lástima
porque me gustaría que las tradiciones se conservaran íntegras.
El negocio esotérico tiene estrecha relación con la religión.
De hecho en el negocio de mi abuela se venden muchas imágenes de santos
y vírgenes. Además a veces la gente acude a mi abuela para solucionar
todo tipo de problemas. Para que esto pase lo fundamental es que las personas
crean en la posibilidad de que un determinado sahumerio u otro artefacto específico
solucionará sus tribulaciones.
Mi abuela no realiza magia negra. Si alguien necesita de ella lo más
conveniente es que recurra a un venezolano
o a un colombiano. Ellos manejan bien el
asunto.
Como todo en la vida en este negocio también se da el choque entre
el bien y el mal representado en el enfrentamiento entre la magia blanca y
la negra. Esta última es poco común en nuestro país.
Pero lo peligroso es que la persona que la desarrolla va entrando cada vez
más a un círculo más obscuro.
Me carga que existan locales que se ofrecen como panaceas para toda clase
de problemas de la gente. Un local atendido por gente
mula siempre te ofrecerá soluciones facilistas hay que tener cuidado
porque ellos piden y piden plata. Nosotros no somos así. La idea es
orientar a la gente para que camine su propio
camino para llegar a la solución de su problema. De hecho mi abuela
es muy querida y es normal que le traigan cajas de frutas o verduras en señal
de agradecimiento.
La tercera semana de junio me quede en el local hasta tarde. De repente vi
pasar a una persona hacia adentro. No pesqué mucho lo sucedido. Pero
después de un rato fui a preguntar a la entrada del local se habían
visto pasar alguien. Me dijeron que no. En ese momento me
asusté y recordé que la persona que vi era calva. Se me
ocurrió preguntarla a mi abuela qué podía haber ocurrido.
Ella me explico que era normal que su esposo se “apareciera” por
el local de vez en cuando. Desde entonces me voy temprano del local de mi
abuela.
Mi madre dice que cuando pasan cosas así esto se debe a
un cruce de dimensiones difícil de explicar.
Otro elemento que se debe educar son los sueños. Todos son premonitorios
y tienen mensajes que las personas deberían considerar. Pero lo malo
es que casi nadie hace el esfuerzo de recordar los sueños. Si alguien
hiciera esto podría enriquecer mucho su vida.
Mi meta es abrir un local propio en Santiago para seguir con el negocio familiar,
pero todavía tengo que aprender muchas cosas todavía.