|
Por siempre en nuestro corazón |
|
| Familia Este soy YO Carlitos Calendariosss | |

EVOCACIÓN A PATO POR SU PADRE Y SUS PRIMOS

Pato,
Me acuerdo ese 13 de octubre 1980,
cuando te conocí en el hospital de Quilmes, provincia de Buenos Aires. Ya eran
las 12 y media de la noche cuando te pude ver. Ya tenías tus rulitos. Ya cuando
estabas en tu nueva casa, rompías el silencio con tus llantos y tus enojos. Muchas
veces te acompañaba a dormir en mis brazos. En dormido, tal vez soñando, ya
tenías una sonrisa de compadrito, de un lado solo. También te decía « tacaño,
porque no sonreís con toda la boca .»
Luego, me acuerdo como te gustaba
andar desnudo por el piso cuando hacía mucha calor, no soportabas ninguna ropa.
Un día tu abuela Pula te puso en una bañadera de bebe y no querías salir más,
gritabas hasta que te volvieran a poner en el agua. Ahí estabas feliz como un
patito. De ahí, te pusieron el apodo Pato, que hasta hoy te quedó y siempre
serás Pato. Yo te había puesto el nombre de Juan Carlos Cortés por un gran
bailarín de tango que era mi maestro en esos tiempos, que era Juan Carlos Copés…
pensando que tal vez, vos también te dedicarías al baile. Pero, parece que no te
impresionó tanto, porque la primera vez que viste un video mío bailando, te
pusiste a reírte y a burlarte. En cuanto al nombre de Juan Carlos, tampoco te
gustaba mucho, que decías que no era muy en la onda de hoy. Nos contabas a
Valeria y a mi que cuando querías chamuyar a las chicas, te hacías pasar por un
Rodrigo o Ezequiel, que esos nombres tenían mucho éxito con las minas.
La vida hizo que tu mama y yo nos
separemos, y por mi trabajo, estuve mucho afuera del país y lejos de vos. Cada
vez que te veía, estabas tan cambiado. Me acuerdo la primera vez que te vi de
pantalón largo : ya parecías un hombrecito. Eso era cuando querías ser
futbolista y me pedías zapatos de fútbol. Me contaban que eras bueno. Nunca
tuviste una vida fácil, trabajaste de cadete de pizzería, de camionero, de
remisero, y no era fácil encontrar trabajo en Buenos Aires. Últimamente, habías
encontrado un trabajo que te gustaba, en un taller mecánico. Un día que llamé a
tu trabajo para hablar con vos, me dijo tu patrón que te apreciaba mucho como
persona y en el trabajo.
A partir de los 14 años, tu mama te
dejó estar más conmigo y empezaste a ser mi compañero de viaje a Santiago todos
los años, y mi compañero en este viaje de la vida. A través del tiempo, iba
descubriendo cada vez más no solamente a mi hijo, sino también a un amigo
inseparable. En esos viajes tan largos a Clodomira, Santiago del Estero, me
contabas tantas cosas, me preguntabas muchas cosas, y se hacían cortos aquellos
viajes. Quería que conocieras de donde venía yo, mi pueblo, mi familia, mis
amigos, y vos, siempre con tu curiosidad y deseo por conocer a cosas nuevas,
lugares, gente, compartías todo conmigo y con todos que conocías, y yo me sentía
tan orgulloso de vos. Recuerdo el día que tu abuelo te vistió de gaucho y te
subió a su caballo : eras el único nieto que no era del campo, y el único que le
diste el gusto de montar su caballo, el decía : mira este porteño que monta a
caballo. Te sonreías diciéndole que era tu primera vez.
Te sentías muy a gusto y muy feliz en
Santiago. Y a cuantos hacías feliz allá, de tus abuelos hasta tus tíos, y tus
primos que hoy te recuerdan tan cariñosamente y tal como eras :
« Tenemos que recordarlo tal y como
era : un chico al que le encantaba reír y hacernos reír con sus interminables
locuras, porque ese fue Pato, un loco que amaba la vida y a su hija.
Al que le encantaba reírse de su
papá, haciéndole bromas para divertirse un poco. Como el decía « el viejo es un
miedoso », pero se sentía orgulloso de su papá.
El se supo ganar el cariño que
sentimos por nuestro Patito y siempre lo vamos a tener en nuestro corazón. «
Gracias Luisa Fabiana, Daniel, Pancho y Carlitos por recordar a mi hijo con esas
palabras tan justas.
De hecho, que si me hiciste sentir
miedo aquel día que me llevaste atrás en la moto de tu tío Shalo. Además era mi
primera vez en una moto. Y vos tan chiquito en esa moto tan grande ! Como lo
gozaste, guachito ! También tu tía Suzie y todos nosotros estábamos con tanta
alegría aquel día que cocinaste tan rico para todos. Que felices estábamos !
Pato, siempre preocupado por los
demás. Y hasta diste tu vida por otros. Cuando nos abrazamos la última vez en
Buenos Aires, la agradecías a Valeria por cuidarme. Cada vez que nos despedíamos
hasta el día siguiente, me decías « Cuídate papá, te quiero mucho ». Yo también
te lo decía, y nos abrazábamos siempre. Eso era el regalo más grande que me
dabas cada vez. El único alivio que pueda tener hoy, es que al menos estoy
seguro que sabíamos vos y yo que nos queríamos mucho.
Rezaba siempre y rezo todos los días
De protegerlo y cuidarlo
A mi Diosito yo le pedía
Tal vez era poco mis rezos
Tal vez mucho le pedía
No te culpo, mi Diosito,
de la tragedia de aquel día
Me queda seguir luchando para vos Pato querido,
luz de mi vida por siempre,
Para tu Adaluz Agustina, que era la luz de tus ojos,
Y para mi Valeria.