propuesta Socialista

Por la revolución socialista mundial

Tema central

Algunas precisiones con respecto a la situación mundial 

Cuando se sabía que el gobierno del presidente Bush llevaría a cabo su propósito de invadir Irak, en el universo de sectores sociales y organizaciones políticas que se manifestaron en contra de ese propósito se generalizó una caracterización: los yanquis pretenden adueñarse del petróleo iraquí.

Fue en ese entonces que se puso de manifiesto, casi dramáticamente, una de las tantas pifias teóricas que inundan el panorama político de las últimas décadas.

Afirmamos, que ello es una de las debilidades que obscurece el panorama inmediato por cuanto a partir de tal afirmación se desprenden propuestas políticas que desvían el camino del movimiento de masas. No otra es la resultante que se desprende cuando hay muchas organizaciones políticas y sociales que entienden que estamos en un cuadro de recolonización que, inevitablemente, origina dos consignas para la acción que achican el horizonte: la lucha por la no transformación de nuestros países en una colonia gringa y la necesidad de construir frentes políticos policlasistas que restablezcan el estado social de derecho en un escenario de capitalismo no salvaje.

Evidentemente, según esa caracterización, el capitalismo no está agotado y no es necesario luchar por el socialismo. Consiguientemente, la estrategia para estos momentos, no plantea la necesidad de construir partidos socialistas revolucionarios. La actividad política de los que se reivindican marxistas debe ser, por lógica consecuencia, participar en los organismos de masas con planteos economicistas y reivindicativos como tarea principal antes que agitar el programa socialista que debe tener, necesariamente, también, consignas democráticas por cuanto el capitalismo senil se orienta cada vez más hacia regímenes represivos cuando no directamente fascistas.

Preguntas sin respuestas.

Acabamos de asistir a una salvajada absoluta (no hay otra forma de caracterizarla) como fue la agresión militar israelí contra el estado libanés.

Es del mismo tenor que lo que hizo la burguesía imperialista en Afganistán y en Irak. En nada se diferencia de lo que ocurrió en Los Balcanes, de lo que ocurre con el Plan Colombia, del establecimiento de bases militares gringas en puntos estratégicos de América Latina, de la existencia de cárceles secretas en Europa, de las tareas militares de la OTAN, de la preocupación del gobierno de EEUU por lograr impunidad para sus fuerzas militares y de inteligencia, de legalizar la tortura y negar elementales derechos a los detenidos por ser sospechosos de terrorismo (tal como acaba de establecer el parlamento estadounidense), o la construcción de muros en Israel, la parte española de África o a la altura de la frontera mexicano-estadounidense.

¿Puede interpretarse todo ello (y estamos dejando de lado muchas otras medidas tomadas por los países capitalistas más desarrollados) como la expresión de un capitalismo que trata de recibir otra bocanada de oxígeno como fue la que obtuvo una vez finalizada la segunda guerra mundial?

¿No se debería entender como un acto desesperado de esa burguesía imperialista por mantener su condición de dominio ante un movimiento de masas que es más duro de roer que un hueso?

¿No se debe comprender que el tristísimo (a la vez que cómplice) papel de la ONU, indica que las reglas de juego establecidas hace décadas están definitivamente sepultadas e irredentas?

¿No debemos sacar la misma conclusión con esa institución llena de harapos que es la OEA?

¿Qué otro sentido tiene el invento de instituciones como la Organización Mundial del Comercio (OMC) o de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI)?

Los muertos que vos matáis …

Fue ayer, hace quince años, que aparecieron voces triunfalistas, borrachas de triunfalismo, que anunciaron urbi et orbi, el fin de la historia, la muerte de las ideologías, el entierro del socialismo debajo de cinco lápidas y la victoria del capitalismo. Fue para ese entonces que el ex presidente Bush proclamó un nuevo orden internacional y lo inauguró con la Guerra del Golfo.

Al principio, con espíritu militante, toda la burguesía mundial se sumó a la empresa; impactada por el "éxito" que significó la caída del muro de Berlín y el derrumbe del "socialismo real", no se detuvo a pensar que tal "éxito" era un espejismo por cuanto fue la consecuencia de su propio ocaso. Debemos reconocer que fue acompañada por la desbandada que se dio entre los "socialistas reales" sean de la vertiente que fueran. Stalinistas, socialdemócratas, trotskistas de diferente pelaje, guerilleristas, progresistas, etc., contribuyeron al espejismo.

Pero el movimiento de masas, que se mueve en el plano de las necesidades, se recompuso de la "orfandad política" en que quedó como consecuencia de tal desbandada y persistió, ahora en un nuevo contexto, en su lucha por la subsistencia. Los cantos de sirena no entraron en sus toscos oídos. Y pusieron la cuestión en sus verdaderos términos.

La excepción que confirma la regla

El 1 de noviembre del 2002, unos meses antes de la agresión-invasión-ocupación de Irak por parte de los gringos y algunos falderos, editamos un Cuaderno Socialista que tuvo por título ¡Derrotar la guerra imperialista! En la introducción escribimos: "… La prepotencia que caracteriza al presidente Bush, es directamente proporcional a la impotencia del capitalismo para ofrecer, hoy, una salida "honorable" a la humanidad. Es, también, proporcional al miedo que esa misma burguesía le tiene al movimiento de masas que, aún sin dirección, pone en entredicho sus privilegios. Uno de los objetivos de la guerra -el central– es evitar la resolución de esa crisis de dirección." Más adelante, en el subcapítulo titulado La burguesía sobrevive en tanto asegura la sobreexplotación, afirmamos: "… [los explotados ] ahora deben comenzar a reconstruir la conciencia histórica del proletariado. Y ello en medio de las luchas y por ellas tonificadas. Este es el proceso que la burguesía imperialista quiere y debe abortar para seguir disfrutando sus privilegios. La guerra, entonces, tiene por objetivo central la derrota física de las masas. Y no olvidemos que esto es, lisa y llanamente, fascismo."

En esa misma publicación se escribieron otros subcapítulos denominados La guerra, un negocio redondo (se dijo que fue el segundo objetivo) y Unos barriles más de petróleo no vienen mal. Otros recursos naturales, tampoco (objetivos de orden posterior).

Cuatro años después

Excepto el presidente Bush y miembros de su pandilla y, en segundo plano, sus cortesanas (Blair, Pérez Aznar, etc.) , todo el mundo coincide en que la guerra de Irak está en la cola de un venado; parecida es la situación en Afganistán. En el caso de Israel y su agresión al Líbano, nadie, absolutamente nadie, pone en duda que lo suyo terminó en derrota.

¿Cómo puede entenderse que ello ocurra con las potencias militares uno (EEUU) y cinco (Israel) del planeta o con los ejércitos de la OTAN?

La respuesta es una sola: el capitalismo reina en la superficie del planeta. Pero no puede satisfacer las mínimas necesidades de la humanidad. Por su lado, el movimiento de masas, responde instintivamente por cuanto no acepta el estado de cosas existente dado que, como especie, no tomó la decisión de suicidarse; esta última conducta, en cambio, ha sido concientemente asumida por la burguesía imperialista y por sus socios nacionales en cada uno de nuestros atrasados países.

La derrota militar -y, en consecuencia, política- de los yanquis, de los israelíes, de la OTAN, de las burguesías árabes complacientes, de toda la burguesía proimperialista del planeta, indica que la pretensión de avanzar en la barbarización, única perspectiva posible del capitalismo agotado, se enfrenta con una situación revolucionaria mundial, en el sentido leninista del término.

La sostenida y crónica resistencia de los palestinos, la capacidad iraquí de renacer de los escombros, el resucitar de los afganos, está en el centro de la coyuntura. Por eso Bush, atacó esa región y se enfoca a Irán. El presidente yanqui, como máximo dirigente, como suprema expresión de la burguesía de nuestros días, pretendió entrar en el epicentro de la resistencia mundial a la mencionada barbarización, para poder, luego, derrotar las luchas de los pueblos en otros lugares de la geografía mundial de la explotación. Pero el tiro le salió por la culata. Como dijo recientemente el doctor Arnoldo Mora en una mesa redonda en la que se analizó el conflicto de Medio Oriente, esa resistencia de los miserables de esa región hizo posible la realidad de rebelión que se vive en Latino América y la llegada de la misma al epicentro capitalista.

Lo que la realidad impone es pasar de la situación revolucionaria que describió Lenín a la que describe Trotsky donde la conciencia, el partido, la dirección es lo determinante.

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