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Una de las primeras ediciones en español de El llano en llamas.

Juan Rulfo y Euzkadi

Transcripción de carta.

Román Munguía es un amigo mexicano y acaba de enviarnos, desde Guadalajara, la siguiente carta que transcribimos para nuestros amigos lectores.

En días pasados cuando participé como comentarista en la proyección del video-documental: "La Huelga en la Euzkadi", en el Auditorio Adalberto Navarro de la Universidad de Guadalajara, hice breve referencia a Juan Rulfo, como un pequeño y modesto homenaje con motivo del cincuenta aniversario de la edición de El Llano en llamas. Mencioné que el escritor había sido empleado de la fábrica de llantas Goodrich-Euzkadi en el año de 1947.

Rulfo, con quien platiqué en varias ocasiones en la ciudad de México, era una persona extremadamente sencilla y cortés. Era también una persona con una profunda sensibilidad hacia los problemas sociales y políticos. Rulfo, por ejemplo, participó en una de las tantas manifestaciones callejeras del movimiento de 1968. Hoy día es cosa rarísima que los escritores "ligth", más preocupados por ser "best sellers" y cotizarse como caballos "pura sangre" (Víctor Serge dixit), entiendan los graves problemas laborales. Quiero compartir con los lectores parte de la correspondencia de Rulfo con Clara Aparicio, su prometida, en las que hace referencia a los trabajadores de la Euzkadi.

"Mayecita: Ellos no pueden ver el cielo. Viven sumidos en la sombra, hecha más oscura por el humo. Viven ennegrecidos durante ocho horas, por el día o por la noche, constantemente, como si no existiera el sol ni nubes en el cielo para que ellos las vean, ni aire limpio para que ellos lo sientan. Siempre así e incansablemente, como si sólo hasta el día de su muerte pensaran descansar.

"Te estoy platicando lo que pasa con los obreros en esta fábrica, llena de humo y de olor a hule crudo. Y quieren todavía que uno los vigile, como si fuera poca la vigilancia en que los tienen unas máquinas que no conocen la paz de la respiración. Por eso creo que no resistiré mucho a ser esa especie de capataz que quieren que yo sea. Y sólo el pensamiento de trabajar así me pone triste y amargado.

Y sólo el pensamiento de que tú existes me quita esa tristeza y esa fea amargura... me hicieron enojar mucho. Eso fue. Pero ahora ya no estoy enojado con nadie y me siento otra vez bueno. "Lo que ocurrió fue que la fábrica me hizo ver un mundo muy negro. (...) Entonces fue cuando se me ocurrió rebelarme. Dejar ese trabajo y echar pleito con mis parientes. (...) Y (ahora) aquí estoy, en Ventas, vendiendo llantas. Un lugar que se parece más a este mundo. (...) Ojalá esta carta sea el principio de una serie en la cual ya no tenga por qué quejarme, pues no está bueno que la mujercita que yo quiero tanto sirva de paño de lágrimas de cualquier tipo chamagoso como éste..." (Aire de las colinas. Editorial Arete-Plaza y Janés, México, 2000).

A 56 años de distancia, creo que el buen Rulfo estaría muy orgulloso de sus compañeros trabajadores del sindicato de Euzkadi en huelga admirable, quienes llevan casi un año y 10 meses luchando firmemente contra una empresa transnacional que pretende seguir ennegreciendo la vida de estos obreros y sumirlos en las sombras.

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