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Lo que nos enseña la huelga de Limón

Escribe: Pablo Hernández A.

En el actual periodo de la lucha de clases, con las masas trabajadoras y los sectores explotados y oprimidos obligados a la lucha porque no quieren seguir la precipitada caída en picada de sus condiciones de vida y una burguesía y sus gobiernos incapaces de dar solución a los problemas del pueblo y de los trabajadores en particular porque el "sistema" en franco agotamiento ha dado también por agotada la paciencia de la gente, huelgas como la recién pasada de los maestros y como la recién terminada huelga de portuarios, municipales y petroleros de Limón las veremos con más frecuencia e intensidad.

Que los trabajadores y las masas explotadas salgan a la lucha es, no solo la respuesta apropiada (ante aquellos que utópicamente aspiran a la conciliación de clases y su formulación actual: El Pacto Social y la Tercera República), que revalida el método de lucha del proletariado: la huelga, sino también la enseñanza de que el principal problema para la solución de los conflictos sociales y de clase no está en los trabajadores o las bases de las organizaciones que tienen estos, sino en la conducción y sus políticas y programa.

Por lo anterior no puede quedar duda alguna de nuestra posición en apoyo a las luchas, desde la más pequeña y aparentemente insignificantes, hasta las más grandes, que protagonicen los trabajadores, independientemente de quienes sean sus dirigentes, como en el caso de la recién finalizada huelga en Limón.

Por muchos años este pueblo y sus trabajadores han aportado para la realización del lucro de las grandes multinacionales y capitalistas con lo que en la zona se trasiega, se embarca y desembarca. Por muchos años en compensación y en proporción contraria han recibido solo mayor empobrecimiento, desempleo, enfermedad y explotación. Uno tras otro ofrecimiento y acuerdo entre la Federación de Trabajadores de Limón y los gobiernos de turno han seguido el mismo camino de la demagogia, el incumplimiento y la "tomada de pelo".

Como en la leyenda griega de Sísifo, los limonenses salen con un papel de compromisos y promesas de cada huelga o negociación, muchas veces a la carrera porque el gobierno los utiliza para que no se unan con otros movimientos, vuelven a subir el empinado monte de la esperanza, para poco tiempo después verse obligados retomar la huelga o su amenaza por incumplimiento y firmar otro compromiso que con el tiempo correrá la misma suerte.

La conducción que han tenido y tienen los trabajadores y el pueblo limonense es co-responsable de esta situación. Más interesados por procurarse muchas veces beneficios como casta burocrática que por luchar por los intereses de los trabajadores y pueblo limonense, los dirigentes de FETRAL han aprovechado la ubicación estratégica del sector que representan para mantener márgenes de maniobra y negociación independientemente de las luchas de otros sectores. La sola amenaza de huelga o paralización de Limón era utilizada por estos dirigentes para sacar ventaja y romper cualquier expectativa de unidad con otros sectores en lucha o para la posibilidad de una paro nacional.

En esta ocasión el Gobierno, previendo la que se le venía, negoció algunas demandas con un sector de transportistas y de trabajadores de Guápiles (CONATRAB) quebrando la posibilidad de juntar demandas y un solo movimiento. Se lanzó a una campaña de divulgación en el ámbito nacional y de la provincia para aislar el movimiento que amenazaba, con argumentos descalificadores, presentando las demandas de FETRAL como odiosos privilegios aunque muchas de ellas representaban la defensa legítima de conquistas y derechos y el cumplimiento de promesas hechas precisamente en mayo cuando el Gobierno estaba preocupado de que de la huelga del ICE y del Magisterio se uniera Limón.

Conociendo que no son dirigentes consecuentes, luchadores ni verdaderos representantes de las bases de los trabajadores limonenses y sabiendo de su carácter burocrático, aislados del pueblo limonense porque no consultan ni lo organizan para plantear sus demandas más sentidas y decidir democráticamente sus acciones, el Gobierno los midió y se jugó al enfrentamiento.

Ronald Esna portavoz de esa dirigencia de la FETRAL sentenció que de no ceder, el Gobierno enfrentaría la paralización total de Limón y las lógicas consecuencias en pérdidas económicas. Pero la paralización no se dio. Los dirigentes apostaban a que, como siempre, el susto obligaría al Gobierno a sentarse a la mesa y firmar otro acuerdo. No prepararon el movimiento ni en el pliego de demandas, ni en la participación de sus bases, ni en la alianza con los sectores populares y del resto de los trabajadores del país. No salieron a refutar políticamente la campaña del Gobierno. No convencieron de la necesidad de la demanda de tres mil millones de colones para JAPDEVA, ni enmarcaron la política del Gobierno por continuar la privatización de los puertos y la política de liberar el dominio estatal de los combustibles. Recordemos que estas mismas dirigencias permitieron en otro momento la privatización de la estiba en los puertos y algunos de estos dirigentes hasta se convirtieron en gerentes de empresas que tomaron parte dela actividad ya privatizada. Mucho menos, estos dirigentes, se dieron un plan operativo para hacer efectiva la paralización del principal muelle, el de Moín y la refinadora de RECOPE. El Gobierno, en cambio, si tenía una caracterización, una política y un plan de militarización con más de mil efectivos para "fumigar" cualquier acción de los trabajadores.

La lógica de esta política de la dirigencia es la derrota de este movimiento, con un acuerdo que los dirigentes quieren embellecer y presentar como un triunfo, cuando la verdad es que no lograron gran cosa y nada del respeto a sus derechos y conquistas y a la defensa del carácter público de estas actividades estratégicas. Los trabajadores limonenses y los trabajadores del país en general, debemos sacar las enseñanzas de esta huelga. La principal: Que los gobiernos de la burguesía están cada vez más decididos a imponer sus políticas y planes y que para ello, no hay respuesta fácil, ni de conciliación oportunista, sino que hace falta una nueva dirigencia con una política independiente, luchadora y democrática para enfrentar la ofensiva patronal.

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