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Las elecciones en Buenos Aires, Argentina: 

un ejemplo que no se debe seguir

Escribe: José Manuel Pérez Ortega

La ciudad de Buenos Aires es la capital de la República Argentina. Además, desde hace unos años, es una provincia más. En su pequeña superficie (210 km2) hay 1 200 000 viviendas distribuidas en 12 000 manzanas agrupadas en 47 barrios. El padrón electoral es de 2 600 000 habitantes (el 10% del país).

El 24 de agosto se realizaron votaciones para elegir diputados nacionales, diputados provinciales y gobernador. El resultado obligó a la realización de una segunda vuelta (que tuvo lugar el 14 de septiembre) en la que el candidato Aníbal Ibarra, centroizquierdista partidario del presidente Kirchner, se impuso a Mauricio Macri, empresario "exitoso", presidente del club Boca Juniors y menemista vergonzante.

Para las elecciones de diputados provinciales realizadas en agosto (reflejan mejor el cuadro político) se presentaron 40 partidos agrupados en 38 listas electorales. La izquierda presentó 8 listas (21.0 % del total) conformadas por 10 partidos.

El recuento de votos dice que el 33.0% de los empadronados se abstuvieron de votar; que el 2.2% votó en blanco o su voto fue impugnado. En consecuencia el total de votos válidos fueron 1 692 000 (64,8% del padrón electoral).

De ellos, 48 608 (2.87%) correspondieron al total de las listas de izquierda. La mayor cantidad la obtuvo la coalición Izquierda Unida constituida por el Partido Comunista (stalinista reciclado) y el Movimiento Socialista de los Trabajadores (trotskista también reciclado); lograron 33 500 votos.

Este pésimo resultado es la consecuencia de la política que llevaron adelante los diferentes grupos de izquierda a lo largo de su historia y, más específicamente, desde el Argentinazo. Podemos afirmar que (salvo honrosas excepciones) ayudaron a la estabilización del sistema capitalista y a la re-configuración de su régimen político. Tan es así, que la política que lleva adelante el presidente Kirchner es la nueva divisoria de aguas en el país.

Es cierto que el Argentinazo no tuvo por actores principales (ni de lejos) a los grupos de izquierda; ese episodio fue una insurrección popular que inauguró un largo período de inestabilidad económica, social y -fundamentalmente- política. La preocupación de la burguesía local y de todas las burguesías imperialistas, fue salir del marasmo recomponiendo la situación. La izquierda, con fuerte presencia entre los piqueteros, las asambleas barriales, las federaciones de estudiantes secundarios y universitarios, los artistas e intelectuales, muchos sindicatos importantes, casi todas las fábricas recuperadas luego que la burguesía las abandonara con previo vaciamiento económico y financiero, no tuvo la habilidad ni la predisposición política para aprovechar las circunstancias y avanzar al mismo tiempo que podía hacer avanzar la conciencia importantes sectores de la población.

Dos momentos álgidos de la historia reciente, describen esa aberrante conducta: la resolución judicial de desocupar por medio de la fuerza pública (policía antimotines) la fábrica Brukman, una de las tantas fábricas recuperadas y, en segundo lugar, la conducta electoral para las elecciones presidenciales que se hicieron en abril de este año. En ambas circunstancias, bajo una catarata de sesudas argumentaciones teóricas muy versadas en tácticas y estrategias, se "olvidaron" de algo muy simple: además del partido, existen otras categorías político-organizativas para avanzar; están: la unidad de acción que es un acuerdo táctico episódico y circunstancial, el frente único que puede hacerse en torno a acuerdos más permanentes en cualquiera de los ámbitos en los que existe la actividad política y el frente programático pro-partido que tiene por objetivo la fusión o unidad entre dos o más grupos, fracciones o partidos, etc. y que, sobre la base de coincidencias en el programa, se llevan adelante tareas en común en la totalidad de los lugares de militancia en los que cada uno actúa. En el caso de Brukman, fue incapaz de unir todas sus fuerzas para movilizar a su militancia, influir sobre sus simpatizantes y su esfera de influencia, proponer y convocar a su base social de apoyo para lanzar una huelga o paro de solidaridad en lo que hubiera sido el primer ensayo de huelga general no convocada por la burocracia sindical peronista como ha sido costumbre. En el caso electoral, fue incapaz de armar una lista común para disputar cargos de elección popular y enfrentar en el plano ideológico las concepciones de la burguesía. Va de suyo que esa lista no significaba otra cosa que eso, sin compromisos futuros de uniones, fusiones, creación de partidos, etc.

El no entender estas categorías, el no saber aplicarlas de acuerdo a la coyuntura, el no tener voluntad política para proponerlas y, humildemente pero con conciencia y honestidad, llevarlas a cabo, permitió el veranito que disfruta la burguesía. Pero es necesario tener muy en claro que no se trata de un problema ideológico o de escaso nivel político o de poca experiencia en la práctica sindical, barrial, estudiantil, etc. De lo que se trata es de la conversión burocrática de tales corrientes políticas que reemplazan el papel componedor de las tradicionales burocracias sindicales peronistas hoy casi barridas del escenario argentino. Ese rol se pone muy de manifiesto cuando se deben asumir posiciones en los sindicatos ante la burocracia sindical "progre" sea peronista o de izquierda o cuando se debe participar en el nuevo cuadro político nacional a partir de las conductas y posturas del presidente Kirchner.

En el fondo, pero en la cruda realidad, esa izquierda descree de la revolución socialista y aspira a la reconstrucción del estado de bienestar, al estado social de derecho, forma de organización social que pertenece al pasado, que no volverá y que fue impulsada por las burguesías locales cuando tenían algo de antiimperialistas.

Si bien es cierto que no se aprende en cabeza ajena, es bueno recordar que de la experiencia de los otros, se pueden sacar conclusiones para el propio devenir. En este caso, no repetir el pésimo ejemplo argentino.

 

El caso Luis Zamora

En el cuadro adjunto donde están los resultados electorales para jefe de gobierno, el tercer lugar aparece ocupado por Luis Zamora candidato del grupo denominado Autodeterminación y Libertad. Vale la pena detenernos un poco en este hombre.

Actualmente es diputado nacional; llegó a su curul como consecuencia de su historial político caracterizado por ser un defensor de los derechos humanos (recordemos que fue el abogado que llevó adelante las querellas contra Alfredo Astiz, emblemático personaje represor de la dictadura militar), por ser un intachable funcionario al que no se le pueden achacar prebendas, gollerías o participación en corruptos privilegios derivados de su condición de ex diputado. También tuvo su peso su papel como diputado cuando, en su condición de militante del trotskista Movimiento al Socialismo (MAS) se caracterizó por su permanente propaganda a favor de no pagar la deuda externa y su total oposición al proceso privatizador cuyos efectos conocemos muy bien.

Cuando se dieron las jornadas insurreccionales del 19 y 20 de diciembre del 2001 su papel junto a los manifestantes y su sistemática defensa de los presos y su denuncia de los represores y responsables de la muerte de muchos argentinos en esos episodios, su figura se agigantó. De nada valió su pasado izquierdista: había un mar de ciudadanos detrás de su figura. Ese era el momento adecuado para estructurar un gran movimiento que wen torno a cinco o seis grandes consignas, hiciera tambalear al régimen político del más que corrupto sistema capitalista argentino. Desaprovechó la oportunidad de convocar a los partidos de izquierda, a los de centro izquierda, a los piqueteros, a las asambleas barriales, a los trabajadores agobiados por las crisis, a los desocupados aplastados por la miseria, a los jóvenes deseosos de tener un futuro esperanzador, a los pequeños productores a los comerciantes de barrio, a las mujeres, a los sectores marginados, para ponerle un cierre a toda orquesta a las mencionadas jornadas decembrinas.

Desoyó las propuestas que le hicieron algunos grupos de izquierda (muy pocos por cierto, dos exactamente y que forman parte de lo que hemos llamado honrosas excepciones) y en nombre de la globalifóbica concepción de que se hace camino al andar y de que el movimiento de masas debe decir que hacer y que los militantes no deben proponer soluciones, alternativas a las propuestas burguesas etc., fue desapareciendo del escenario para terminar convirtiéndose en uno más del sistema, con ideas a veces correctas ante la crisis pero partidario de no poner las manos en el barro. Los votos que obtuvo, sin embargo, son un nostálgico (hacia el pasado) y triste (hacia el futuro) número de lo que pudo ser pero no quiso emprender.

Elección para gobernador. Comicios del 24 de agosto del 2003 

Candidato

Grupo político

Carácter político

%de votos

Mauricio Macri

Coalición para el cambio

Menemista

37.0

Aníbal Ibarra

Fuerza Porteña

Kirchnerista

33.7

Luis Zamora

Autodeterminación y Libertad

Centrozquierda

12.3

Patricia Bullrich

Recrear

Derecha neoliberal

9.8

Cristian Caram

Unión Cívica Radical

Socialdemócrata "light"

1.9

Otros

   

3.1

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