Por Javo Ferreira
Una semana después del triunfo
de la movilización obrera y popular de El Alto que
expulsó a la transnacional francesa “Aguas del Illimani”;
la ofensiva del Comité Cívico de Santa Cruz,
paralizó completamente este departamento por varios
días. El gobierno de Carlos Mesa, defensor de las
transnacionales y que aplicó el “gasolinazo” de fin
de año cumpliendo con las exigencias del FMI, está
contra las cuerdas en medio del tremendo terremoto social
y político que sacude al país.
Los objetivos de los empresarios y “cívicos”
cruceños.
El planteo de derogación del “gasolinazo”,
con que la burguesía “camba” se montó sobre
el legítimo descontento popular dejó paso
a la exigencia de inmediata autonomía regional, con
toma de edificios públicos, marchas y planteos alentados
por los empresarios y la fascistoide “juventud cruceñista”.
A los terratenientes y agroindustriales de Santa Cruz no
les interesa la voluntad de los trabajadores, campesinos
y pueblos originarios de la región: quieren autonomía
para seguir manejando Santa Cruz como si fuera su propia
hacienda, protegerse de la inestabilidad política
y las luchas sociales que “vienen del Altiplano” y garantizar
su propia “comisión” en el fabuloso negocio de exportación
del gas por Repsol YPF, Petrobrás y otros pulpos,
y contraponen la demanda autonomista al plan de Carlos Mesa
de convocar a una Asamblea Constituyente este año
porque ven riesgoso cualquier debate sobre el latifundio
en que basan su propia riqueza.
Por otra parte, está en juego una redistribución
del poder político y económico, donde la burguesía
cruceña, el sector capitalista más fuerte
y dinámico del país, quiere una ampliación
de su parte a costa de las camarillas de La Paz que hoy
se benefician del carácter unitario del Estado.
Una crisis política explosiva
El triunfo del paro en El Alto, hace pocos
días, en medio de una ola de conflictos y protestas
obreras, campesinas y populares, (como el masivo bloqueo
cocalero en los Yungas que aun sigue) fue un duro golpe
de las masas a Carlos Mesa, pero, al mismo tiempo empujó
a la burguesía camba a endurecer sus exigencias,
llevando al extremo el enfrentamiento al interior de la
clase dominante, las enormes “brechas en las alturas”, y
el resquebrajamieno del Estado boliviano.
El debilitadísimo gobierno, jaqueado entre el ascenso
de masas y la arremetida cruceña, tiene pocas cartas
que jugar, aunque en estos momentos se han abierto canales
de negociación a través del Parlamento y la
Iglesia y los principales alcaldes recientemente electos
y otros sectores llaman a la “unidad nacional” y a sostener
a Mesa.
La extrema polarización social y política
hace temblar el terreno bajo los pies del presidente y está
perforando la convocatoria a una Asamblea Constituyente,
“consensuada” pieza clave de su estrategia de “reacción
democrática” para recomponer el régimen estatal
y alejar el peligro de nuevos Octubres.
Ante la enorme crisis política el propio futuro del
gobierno es cuestionado y hay sectores que empiezan a buscar
algún recambio.
Parar a la reacción y retomar el
camino de Octubre
El nuevo ascenso de masas que tuvo su
principal hito en El Alto y la efervescencia y politización
entre las masas muestra que es posible derrotar los intentos
reaccionarios y retomar el camino abierto por el levantamiento
de Octubre del 2003.
Sin embargo, las direcciones reformistas están jugando,
una vez más, un nefasto papel. Evo Morales y el MAS
sostienen al proimperialista Mesa con el argumento del “mal
menor” frente a la derecha cruceña. La dirección
de la COB, pese a sus discursos “rojos” no ha hecho nada
por coordinar y centralizar la lucha de masas ni porque
los trabajadores puedan levantar su propia salida política
ante la crisis nacional: la asamblea obrera del 20/01, que
pudo haber sido un gran paso adelante, fue convocada sin
la menor preparación en la base, contó con
una pobre asistencia y no planteó ninguna propuesta
clara y concreta ante la situación.
Desde Palabra Obrera insistimos:
Es necesario preparar una Asamblea Popular,
con representantes de base con mandato de sus asambleas
de todos los sectores obreros, campesinos, pueblos originarios,
del Altiplano y del Oriente, para discutir una posición
política independiente de las fracciones burguesas
en pugna, un programa de acción obrero y campesino
ante la crisis nacional y un plan de lucha que culmine en
la huelga general política con bloqueo nacional de
caminos, es la vía para quebrar los intentos de la
reacción, imponer el conjunto de las demandas obreras
y populares y abrir el camino a un gobierno obrero y campesino.
Hace falta la más amplia democracia directa en todos
los sindicatos y organizaciones de masas y la coordinación
y centralización, en el camino de poner en pie órganos
de poder obrero y campesino, junto a la autodefensa de masas
(milicias obreras y campesinas), que puedan llevar al triunfo
la movilización.
Ni la “autonomía” impuesta por la burguesía
cruceña ni la tramposa constituyente que quiere Mesa
responden a las legítimas aspiraciones democráticas
de los campesinos e indígenas, los trabajadores y
el pueblo pobre de todo el país. Sólo una
Asamblea Constituyente revolucionaria, vale decir impuesta
mediante la movilización, con las formas de representación
que las masas decidan, rompiendo con las trampas del orden
jurídico y político actual sería verdaderamente
libre y soberana y permitiría decidir cómo
“refundar el país” en base a la expulsión
del imperialismo y las transnacionales, tierra, territorio
mediante la liquidación del latifundio, plena autodeterminación
de los pueblos originarios, libre cultivo de la coca, salario
y empleo para todos. Solamente un gobierno de las organizaciones
obreras y campesinas garantizaría una Constituyente
así.
Ni apoyo a Mesa, defensor de las transnacionales,
“para que gobierne”, como dicen Evo Morales y el MAS, ni
“golpe blanco” para llevar a un reaccionario como Hormando
Vaca Diez u otro al gobierno, ni adelanto de elecciones.
Contra todas las variantes burguesas, es necesario discutir
cómo imponer una salida política de clase:
un gobierno de las organizaciones obreras y campesinas.
En una situación convulsiva como
la que vive Bolivia, la clase obrera aun no tiene expresión
política propia. Es necesario comenzar a forjar un
Instrumento Político Revolucionario de los Trabajadores
basado en la COB y los sindicatos y en sus asambleas de
base, que defienda la independencia política de los
trabajadores y luche por la alianza obrera, campesina, indígena
y popular; con un programa para imponer una salida obrera
y campesina a la crisis nacional, apoyado en los mejores
aportes de los documentos históricos de la COB, como
la Tesis de Pulacayo y las Tesis Socialistas de 1970; organizado
según los métodos de la mas amplia democracia
obrera, con dirigentes responsables ante la base y con libertad
de tendencias. La lucha por este IPRT es la mejor manera
de comenzar a construir una dirección revolucionaria,
a la altura de los combates que tienen planteados los trabajadores
de Bolivia.
En ese camino, sería un gran paso
adelante construir una fuerte juventud de la COB, combativa,
antiimperialista, agrupando a lo más avanzado de
la nueva generación obrera y popular que se templa
en las luchas como Octubre o El Alto.
Llamamos a discutir estas propuestas y
aunar esfuerzos para impulsarlas a los dirigentes que ven
la necesidad de una política obrera, de clase ante
la situación nacional, a los trabajadores y las trabajadoras
combativos de base en talleres, fábricas y minas,
a las y los jóvenes de los centros de trabajo o de
estudio, en barrios o comunidades que quieren ocupar un
trinchera de vanguardia en la lucha.
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