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RUTA DE LOS PASTORES |
Los pastores representan el mantenimiento de una de las actividades ganaderas más antiguas de la civilización, la cual se desarrolla del mismo modo que en el principio de los tiempos. La imagen de los pastores en el campo sigue siendo una escena llena de una gran plasticidad y belleza que no debe pasar desapercibida para los viajeros.
El pastoreo y la cría de ovejas continúa siendo una de las ocupaciones que se mantienen dentro de la tradición agrícola y ganadera de Pajares de Adaja, al igual que ocurre en la mayoría de los pueblos de la provincia. La cría del ganado ovino para la obtención de lana y carne ha sido una de las formas de vida en el medio rural.
Aunque desapareció la actividad textil, la cría de ovejas y el arte del pastoreo siempre han perdurado. Los labradores descubrieron el beneficio económico que les supondría la posesión de rebaños que, aprovechando los pastos de las tierras de barbecho y las de la rastrojera, no solo aumentaría su renta con la producción de lana y carne, sino que además les proporcionaría abono orgánico bueno y barato, lo que dio lugar al pastoreo estable, el cual llegó a alcanzar tal importancia que se consagró el dicho popular de que "antes labrador sin orejas que sin ovejas".
EL ESQUILEO
El esquileo de las ovejas todavía es una de las tradiciones pastoriles más peculiares que, año tras año, se realizan en las cijas o apriscos de nuestro pueblo. Con ello se obtiene una importante lana que, normalmente, ronda los dos kilos y medio por oveja. El día del esquileo constituía un día festivo dentro de la actividad agropecuaria de nuestras gentes.
Ciertamente, la llegada de los esquiladores alegraba la vida familiar en un ritual donde. Además de la tarea propia de esquilar ovejas, se degustaba la chanfaina (arroz con asadura), el cocido con carne de carnero y garbanzos de cura, y la caldereta o guisado de carne de oveja, y al final de la jornada se cantaban las coplas al son del almirez.
La temporada de esquileo comienza a finales de abril, y se extiende hasta principios junio. Siguiendo la tradición agropecuaria, los ganaderos disponen sus rebaños de ovejas para el esquileo. Los pastores ligan las ovejas atando sus cuatro patas y se las acerca a los esquiladores. La lana se corta de tal modo que el vellón se desprende en una sola pieza, como si fuera una pequeña manta, la cual es recogida sabiamente formando una especie de apretado ovillo, tal y como se hacía antiguamente. La cuadrillas de esquiladores utilizan para su oficio maquinillas eléctricas, sustituyendo a las antiguas tijeras de gran tamaño. El ritmo de trabajo impuesto hará que el esquileo del rebaño dure unas dos jornadas.
Finalizado el esquileo, los vellones de lana quedan apilados en espera del momento más favorable para la venta a intermediarios que se la llevarán envasada en grandes sacas.
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