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LOCALIZACION |
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PAJARES DE ADAJA
Extensión: 23 km2 Altitud: 878 m. Distancia a Avila: 32 km. Distancia a Arévalo: 18 km. Población: 193 habitantes. |
COMO LLEGAR:
DESDE VALLADOLID: Por la N-601 hasta Adanero, por la N-620 hasta Tordesillas y desde esta localidad hasta Arévalo por la N-VI, y dejando esta autovía en Medina del Campo acceder a Madrigal de las Altas Torres por la C-610.DESDE SALAMANCA: Tomando la N-501 dirigirnos desde Peñaranda de Bracamonte a Madrigal de las Altas Torres por la C-601, o bien comunicar por dicha nacional hasta San Pedro del Arroyo, donde tomaremos la CL-830, que nos interna en la parte sur de La Moraña y nos conducirá a Sanchidrián.
DESDE MADRID: Por la A-6 directamente a Arévalo (125 km), desde donde podemos tomar la C-605 para acceder a Madrigal, o bien internarnos por cualquiera de las carreteras al interior de la Comarca. O bien, abandonando la N-VI en Sanchidrián, y desde allí tomar la carretera dirección a Salamanca bordeando el sur de La Moraña.
DONDE ALOJARSE:
Ver CASA RURALPajares de Adaja se encuentra situada a tan solo 32 km. de Avila, en el extremo norte de la provincia. Pertenece a la comarca denominada "La Moraña", que se encuentra en el enclave estratégico del triángulo que forman la conjunción de las provincias de Valladolid, Segovia y Salamanca. Comarca de extensas y fértiles llanuras dedicadas al cultivo de cereales y girasoles especialmente, y donde pastan numerosos rebaños de ovejas.
LA MORAÑA
Entre los mares de cereal y los bosquecillos de pinos del norte de la provincia de Avila, se extiende la comarca de La Moraña ("Tierra de Moros"). Lugar dedicado a la tierra, donde el otoño inunda el horizonte de brillante ocre interrumpido, de tanto en tanto, por el desgastado fulgor rojizo de ábsides y arquerías, de esquinillas y torres. Orgullosa memoria de los musulmanes que escogieron quedarse en su hogar tras la Reconquista. Innegable recuerdo de aquella antigua España de las tres culturas.
Al norte de los montes de Avila, en los alrededores del pueblo de Arévalo, se extiende un lugar de trigo y girasol, una comarca de extensos colores dorados salpicados, tan sólo, por el verdor de los pequeños pinares y el apagado rojizo de adobe y ladrillo de los pueblos. Comarca de viejas tradiciones nombrada La Moraña, sustantivo que define lo que debió ser este lugar, pues tal término deriva, seguramente de Mauritania o tierra de moros, en clara referencia a que esta dilatada llanura conservara, en la Edad Media, su población de moros.
Mas, si entre La Moraña y las serranías de la provincia se aprecia completa distinción de suelo, de clima, de raza y de trajes, mayor es la diferencia artística. Aquí, no sólo se ha cultivado el cereal, sino también una arquitectura especial que emanó influencias hacia Salamanca, Zamora, Valladolid y Segovia. Construcciones menospreciadas, impuestas por la naturaleza del suelo, casi morunas, casi cristianas, alejadas de la pétrea grandiosidad de catedrales, conventos e iglesias erigidas gracias las rentas de una corporación, las prodigalidades de un rey o las larguezas de ricos y señores hechas a cuenta de sufragios y en descargo de conciencias.
Pero en La Moraña, donde el pueblo no podía traer materiales desde grandes distancias, ni labrarlos con primor, ni contratar arquitectos famosos y el pechero no conocía gran cosa sobre ciertas artes, la arquitectura recayó en el musulmán laborioso y sobrio, siervo del pechero, capaz de soportar todo para que le dejasen vivir a su manera. Así, sin piedra de sillería, usando los materiales ordinarios del país, el moro mudéjar ideó un arte particular al que se concedió el término árabe mudayyan.
No obstante, esa voz que significaba sometido no sólo identificaba una forma de crear. El sometimiento nació cuando las huestes cristianas reconquistaban algún lugar y dejaban permanecer en él a los musulmanes, conservando religión y costumbres. La convivencia, pacífica y reglamentada, llevó a los, recién nombrados, mudéjares a barrios diferenciados, las aljamas, donde vivían según sus propias leyes, aceptando el trato de vasallos y pagando los tributos correspondientes.
Y fueron los mudéjares, algunos de ellos excelentes arquitectos, albañiles y carpinteros, quienes levantaron edificios civiles y templos cristianos, adaptando el románico a los pobres materiales de la meseta castellana. Así, en Castilla y León, escasa de buena piedra, se utilizó el ladrillo o el tapial de cantos esquistosos y graníticos, trabados con mortero de cal. Así, la iglesia de Solana fue reconstruida, en 1466, por los hermanos Alí y Juçafe Leytun, vecinos de Avila. Un simple dato, pues la mejor comprobación de estos hechos es la observación de las construcciones, repletas de mudejarismo.
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