TIERRA DE ARRIEROS Y TRAJINANTES


Numerosas fuentes consultadas, no dudan en señalar a Pajares de Adaja como tierra de arrieros y trajinantes.

Antaño, la actividad comercial que se desarrollaba en el mundo rural tenía su máximo exponente en los arrieros y trajinantes, quienes se ocupaban del transporte y el intercambio de productos de todas las clases. Después fueron los vendedores ambulantes los que abastecieron de productos y servicios elementales a los habitantes de los pueblos. Pajares siempre se ha caracterizado por este trabajo, que han desempeñado numerosos vecinos, tal y como hoy hace Augusto, nuestro frutero, o hasta hace bien poco los panaderos o Enedías.

 

Los arrieros y trajinantes de la zona desarrollaron una de las actividades comerciales dentro de la economía local durante los siglos XVIII y XIX. Dentro del transporte realizado con animales de carga existían dos tipos de profesionales: el arriero, que es aquel que transporta géneros por encargo; y el trajinante, que transporta géneros, dedicándose a la compraventa de los mismos por cuenta propia. A pesar de esta diferencia teórica, en la realidad el arriero en alguna ocasión trajinaba y el trajinante transportaba por cuenta ajena. Así, las mayores zonas de arrieros se producían entre Avila y Arévalo, en las que las ganancias obtenidas por sus arrieros alcanzaban casi la mitad de las ganancias calculadas para la arriería de toda la provincia. Junto a Pajares destacaban Mingorría y Santo Domingo de las Posadas. (Se puede observar como en la descripción que realiza de Pajares MADOZ en 1850, la cual recogemos en la sección histórica, ya se destaca esta actividad en nuestro pueblo).

El número de arrieros descendió considerablemente con la llegada del ferrocarril y las primeras camionetas ya entrados en el siglo XX. Los productos con los que traficaban estaban constituidos por los excedentes agrarios de la comarca y por la importación de los deficitarios.

Por otra parte, las prácticas mercantiles utilizadas hacían más fáciles las relaciones entre todos. Así, el regateo, el trueque o el intercambio de productos: judías por trigo, trapos por pucheros, carracas por pan... favorecían el diálogo y poco menos que la amistad.

 

Richard Ford escribió en 1830: "Viajar con un arriero, cuando el viaje es corto o va una persona sola, es seguro y barato. El arriero va a pie junto a sus burros, o montado en uno encima de la carga, con las piernas colgadas junto al cuello. El arriero español es un hombre agradable, inteligente, activo y sufrido; resiste hambre y sed, calor y frío, humedad y polvo; trabaja tanto como su ganado y nunca roba ni le roban". Y así debieron de ser los arrieros de nuestro pueblo.

DIBUJO, ARRIERO TRADICIONAL

 

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