Tienen cola de pez y largas cabelleras. Tienen inclinación por la música y el canto y con sus suaves y armoniosas voces pueden hechizar a los humanos, a los peces y también a las fuerzas de la naturaleza como el agua y el viento marino. Viven en fastuosos palacios, en las profundidades del mar.

En las noches de luna llena llegan a la plenitud de sus fuerzas: suben a la superficie del mar, bailan entre las olas y armonizan sus voces con las del viento marino. Es entonces cuando se las puede ver, muy bellas, adornadas con collares de perlas y coral.

Aunque sus palacios están en las profundidades del mar, no es habitual ver a las sirenas en el mar abierto. Sus lugares predilectos son la desembocadura de los ríos o los paisajes costeros, payas, rocas, acantilados.


Son genios oceánicos que viven en el Reino Sumergido bajo las olas, en compañía de sus familias y ganados. Se conservan jóvenes y bellas durante siglos, mientras sus maridos envejecen, y sus hijos se cuentan por centenares. Sus matrimonios no suelen ser dichosos, de ahí que busquen amantes entre los marinos jóvenes que atraviesan las aguas en busca de aventuras y riquezas. Una mujer marina no admite el ser rechazada, y si el marino escogido se muestra reacio o indiferente, lo hace caer al mar y hace naufragar al barco. Después de apodera de su amado, y si la mujer marina alcanza a satisfacer sus deseos amorosos con él, éste es devuelto a la orilla del mar con magníficos regalos, pero si es celosa y apasionada, lo tendrá cautivo durante mucho tiempo o para siempre.

Se diferencian de las sirenas en que no tienen cola de pez y en que su forma de vida es semejante a la de una señora palaciega. Entre sus tareas estan la de subir a la superficie del mar para producir tempestades y conducir el tiempo. Estas mujeres son de una belleza transparente y tienen cabellos que cuando están bajo el agua son de color verde oscuro y cuando salen a la luz solar se vuelven de un dorado deslumbrador. Los hombres marinos, sus maridos, a menudo toman la forma de hombres-pez o caballos marinos.

Viven en palacios de cristal que se encuentran en las profundidades marinas, espléndidamente decorados con incrustaciones de oro y toda clase de piedras preciosas.



En las islas y las costas de los mares del norte (en Orkney y Shetland), existen unos genios que, para desplazarse por las aguas se recubren con pieles de foca, adoptando la figura de estos lobos marinos.

Son las Selkies o Hadas-foca, que en Irlanda son llamadas Roane. Una Selkie puede desprenderse de su piel de foca y llegar a tierra convertida en una preciosa doncella.

Si un ser humano logra apoderarse de esa piel, la Selkie puede verse obligada a convertirse en su esposa. Sin embargo, si ella encuentra su piel, inmediatamente se vuelve al mar.

Los machos desencadenan tormentas y vuelcan barcas para vengarse de la matanza sin razón de las focas.


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