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Textos Propios, Enviados, Selectos
El dar ( Gracias Juan Pablo )
Dais muy poca cosa cuando dais de lo que poseéis.
Cuando dais algo de vosotros mismos es cuando realmente dais.
¿Qué son vuestras posesiones sino cosas que atesoráis por miedo a necesitarlas mañana?
Y mañana ¿Qué traerá mañana al perro que, demasiado previsor, entierra huesos en la arena sin dejar huellas mientras sigue a los peregrinos hacia la ciudad santa? ¿Y qué es el miedo a la necesidad sino la necesidad misma?
¿No es, en realidad, el miedo a la sed, cuando el manantial está lleno, la sed inextinguible?
Hay quienes dan poco de lo mucho que tienen. Lo dan buscando el reconocimiento y su deseo oculto malogra sus regalos.
Y hay quienes tienen poco y lo dan todo.Son éstos los creyentes en la vida y en la magnificencia de la vida y su cofre nunca está vacío.Hay quienes dan con alegría y esa alegría es su premio. Y hay quienes dan con dolor y ese dolor es su bautismo.
Y hay quienes dan y no saben del dolor de dar, ni buscan la alegría de dar, ni dan conscientes de la virtud de dar.Dan como, en el hondo valle, da el mirto su fragancia al espacio.
Es bueno dar algo cuando ha sido pedido, pero es mejor dar sin demanda, comprendiendo.Y, para la mano abierta, la búsqueda de aquel que recibirá es mayor goce que el dar mismo.¿Y hay algo acaso, que podáis guardar? Todo lo que tenéis será dado algún día.
Dad, pues, ahora que la estación de dar es vuestra y no de vuestros herederos.Decís a menudo "Daría, pero sólo al que lo mereciera".Los árboles de vuestro huerto no dicen así, ni lo dicen los rebaños en vuestra pradera.Ellos dan para vivir, ya que guardar es perecer.Todo aquel que merece recibir sus días y sus noches, merece seguramente, de vosotros todo lo demás.Y aquel que mereció beber el océano de la vida, merece llenar su copa en vuestro pequeño arroyo.¿Y cuál será mérito mayor que el de aquel que da el valor y la confianza -no la caridad- del recibir?¿Y quiénes sois vosotros para que los hombres os muestren su seno y os descubran su orgullo sin confusión?Mirad primero si vosotros mismos merecéis dar y ser instrumento del dar.
Porque, en verdad, es la vida la que da a la vida, mientras vosotros, que os creéis dadores, no sois sino testigos.
Y vosotros, los que recibís -y todos vosotros sois de ellos- no asumáis el peso de la gratitud, si no queréis colocar un yugo sobre vosotros y sobre quien os da. Eleváos, mas bien, con el dador en su dar como en unas alas.Porque exagerar vuestra deuda es dudar de su generosidad, que tiene el libre corazón de la tierra como madre y a Dios como padre.
Las leyes ( Gracias Juan Pablo )
Os deleitáis dictando leyes. Y, no obstante, gozáis más violándolas.
Como los niños que juegan a la orilla del océano y levantan con constancia torres de arena y, con risas, las destruyen luego.
Pero, mientras construís vuestras torres, el océano trae más arena a la playa.
Y, cuando las destruís, el océano ríe con vosotros.
En verdad, el océano ríe siempre con el inocente.
Pero, ¿aquellos para quienes la vida no es un océano y las leyes de los hombres no son castillos de arena, sino para quienes la vida es una roca y la ley un cincel con el que la tallarían a su gusto?
¿Qué del lisiado que odia a los que danzan?
¿Qué del buey que ama su yugo y juzga al alce y al ciervo del bosque como descarriados y vagabundos?
¿Y de la vieja serpiente, que no puede librarse de su piel y llama a los demás desnudos y desvergonzados?
¿Y de aquel que llegó temprano a la fiesta de bodas y, cuando está cansado y harto, se aleja diciendo que todas las fiestas son inmorales y los concurrentes violadores de la ley?
¿Qué diré de ellos sino que están también a la luz del sol, pero dando al sol la espalda?
Ven sólo sus sombras, y sus sombras son sus leyes.
¿Y qué es el sol para ellos, sino algo que produce sombras?
¿Y qué es el reconocer las leyes, sino el encorvarse y rastrear sus sombras sobre la tierra?
Pero a vosotros, que camináis mirando al sol, ¿Qué imágenes dibujadas en la tierra puede conteneros?
Y si vosotros viajáis con el viento ¿qué veleta dirigirá vuestro andar?
¿Qué ley humana os atará si rompéis vuestro yugo lejos de la puerta de las prisiones de los hombres?
¿Y quién es el que os llevará a juicio si os desgarráis vuestro vestido, pero no lo dejáis en el camino? Podéis cubrir el tambor y podéis aflojar las cuerdas de la lira, pero ¿quién ordenará a la alondra del cielo que no cante?
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