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Viejas técnicas de viejos maestros con viejos modelos
Si sos macho tomas vino, si no, sos puto y mereces ser baleado y tirado a un monte a que te coman los bichos.
Si tenes armas en el cajon de tu mesa de luz, sos macho y tenes a todas las minas hasta que la mina se pone vieja y la tiras para buscar otra. Si no, sos puto y tenes que ser acariciado sexualmente por un caballo.
Si comes carne, sos macho y tenes la pija como Dios manda aunque te cagues en Dios. Si no, sos un puto penecorto y la unica manera de subsistir es mamandote la pija de cuanto macho haya en el pueblo (Claro que el que es chupado, no es puto, tiene un desliz como cualquiera, no?)
Si no sos el standard o se te ocurre usar algo que el papa pudiera ver de reojo (aunque te cagues en el papa), sos puto y vas a boliches donde se juntan todos los putos a mamar zanahorias mientras se pintan las uñas como putos.
El hecho es que macho no existe. Si sos un poco mas femenino o masculino que otro no es por tu pene, ni por tus musculos ni por cuanto tomes ni por cuantas minas te garches al unisono, sino por tu voluntad. Ser hombre no es cojer a diestra y siniestra, no mamarte todo el alcohol que encuentres en cada fiesta a la que no vas sin llevar un arma en el bolsillo. Ser hombre depende de tu volntad. Amá, que solo eso va a salvar tu alma de la infelicidad.
Amen.
El Arroyo
Salio de la casa con un portazo y una lagrima, rumbo a su interior. Rumbo a lo mas desconocido de su interior. No sabia que es lo que iba a hacer, solo sabia que seria determinante. Camino, colina abajo, callendose lejos de el, tirandose abajo, dentro del suelo. Entre insultos murmurados, se acordo de Dios, ese Dios dudoso, al que solo para agradecerle lagrimas tenia. En ese errante rumbo la vida escurrio por sus ojos, callo en sus mejillas, enrojecidas de furia e impotencia. La gravedad lo guio hasta la ruta, que separaba el solitario lugar que aislaba su conciencia de la vulgar humanidad.
Camino a un constado de la ruta, hasta un arroyo seco, Ese arroyo que hecho de lagrimas veia hecho. Un arroyo que lo tento a unirse a su curso, un curso que lloraba un rezo de muerte y lamentos. Pateó una piedra, como la vida lo pateaba a el. Se sento en la fria baranda que separaba la ruta de su descanso. Y considero. Vio su vida en un par de horas, en un mar de lagrimas, en un arroyo sediento de morbo, sediento de sangre. Nadie sabia que lo que hacia ruido en su pantalon no eran las cadenas, sino las hojitas de afeitar que se golpeaban en su envase. Las saco, las acaricio, las beso, acaricio suavemente su muñeca izquierda y mientras pensaba y resentia, afeito el dorso de su mano. Por cada vello, una bronca. Por cada vello, una lagrima. Por cada vello, un pensamiento trasmitido del arroyo a su mente en crisis. Paso un auto por la ruta, un auto que lo saco de su estado de catatonia mental. Dejo de pensar, se dedico a sentir. Sintio muchas cosas, muchas
voces distintas, muchos mensajes de vida que, aun codificados en idiomas sencillos, no pudo su mente embotada decifrar. Derepente, sintio ganas de caminar. 5km habia caminado hasta el arroyo. No regresaria aun. Hacia mucho calor, pero en su infierno interior aullaban flamas de furia. Caminó. Gritando canciones llenas de odio y descepcion por la vida, solo, en la ruta, volvio a acordarse de Dios. Preguntó porqué... Porque no podia sentir esa vida aparentemente llena de felicidad que las personas con lucesitas. Sintió las respuestas en su cabeza. Las sintio venir. La luz del sol cerraba sus ojos y encorvaba su traspirada espalda el cansancio. Parecia su encorvado padre. Y eso que su padre tenia la espalda derecha. Las curvas de la vida no los habia llevado por rutas parecidas. Y eran tan opuestas que en un momento, finalmente se cruzaron. Cuando se cruzaron, el choque habia hecho que la agresion se gestara. Pero no pudo agredirlo. Nunca pudo. Nunca
pudo expresar la bronca que sentia por no recibir lo que el esperaba. La busco en sus compañeros, en sus aficciones, en sus jovenes niñas. No la encontró. Caminando bajo el sol de la tarde, en su abrasante ruta, dialogo con Dios. El rompió las costras que la cicatriz de la bronca habia dejado. Lo limpió y dejó en condiciones para poder resolver sus conflictos. Puso una nube en su cabeza, lo protegió del abrazante sol de la tarde de su vida. Lo acompaño hasta la entrada del pueblo mas próximo. Alli, él, al dejar su firma en un poste, firmo dos veces. Uno por el que fué. Y otra por lo que era. Caminó hasta su casa. Sin lagrimas en su relajada mejilla. Sin lagrimas en sus ojos iluminados.
Sabia que ocurriria. En su ruta a casa, encontro al arroyo. Seguia cantando la misma cancion de muerte. La sentia, pero no podia entenderla. Tomó una piedra del costado del camino, la reconoció, la miró cargandola de su ex-escencia y la arrojo al arroyo. El agua ondeó acorralando a la piedra, que no tardó en hundirse en las profundidades del olvido del arroyo sediento de morbo, sediento de sangre
En la entrada del pueblo lo esperaba su padre.
-Quique, me dijo el cana que te vio caminando en la ruta. No te vuelvas a ir sin avisarme donde vas. ¿donde fuiste?, ¿te pasó algo?
1-No. Solo fui a tirar piedras al arroyo.
Solo en la nieve de mi alma.
Solo en el medio de la blanca tumba de sus compañeros se encontró. Restos mortales de ellos y de la nave esparcidos por la nieve. Enrojecidos sueños esparcidos por doquier. Temio congelarse con sus ideas. Temio seguir el triste y duro camino que conlleva el hecho de ser. Descubrio que nada ni nadie podria salvarlo de si mismo, de sus propios temores. De Su propio temor. El temor alimentaba el miedo, el miedo la desesperacion y esta ultima el cansancio. El cansancio fisico que no lo dejaba avanzar, el cansancio mental que no lo dejaba retroceder. El cansancio emocional que no lo dejaba asceder.
Estaba cansado de estar cansado. Cansado de postergar su ser por la nieve. Demasiado lejos de casa estaba, demasiado lejos de su hogar. Estrellado contra la blanca nieve enrojecida por ideas que perecieron hace mucho y no tanto. Sus restos mortales esparcidos en la nieve y los inmortales esparcidos en su ser. En su propio cansancio en su propioa mortalidad, en su lenta pero inevitable muerte.
Solo existo para vos.
Casi no pude creerlo cuando ella se desnudo ante mi, no podía ser tan perfecto. Todo estaba donde yo siempre lo había soñado. Y ahora estaba ahí, enfrente mío, mirándome. Sus grandes ojos me miraban entreabiertos, como con hambre. Su cuerpo se acerco al mío y comenzó a sacarme la raída camiseta que por casualidad había llevado al estudio ese día. No recuerdo como se cayeron los pantalones, sino que recuerdo perfectamente su áspera lengua degustando mi cuello. Saboreando mi sudor, alimentado por el nerviosismo de no saber que hacer, que decir, que tocar. Y ella lo sabia y jugó con eso. Me pidió por favor que me relajara, que la primera vez era difícil para todos. Si ella hubiera sabido que no era mi primera vez, tal vez hubiera tenido menos piedad. Pero yo estaba totalmente paralizado por la excitación que le producía el ver su sueño recurrente manifestarse. Había soñado esta escena mil y un veces y todos los detalles se estaban cumpliendo paso a paso.
Noté que la lengua ardiente comenzó a bajar a través de mi pecho y supe lo que pasaría, empujo mi cuerpo hacia atrás y me di cuenta de que no caía al piso sino que en un sillón de su casa, donde nunca había estado mi cuerpo pero había caído ya mil y un veces. Se subió a mi cintura e intentó. Se paró en seco, me miro y abrió la boca para decirme algo pero me adelante> - Si, vamos al cuarto. - le dije.
Me clavo la mirada y se bajo. Camino por delante de mi hasta su cuarto lo cual me dejo ver su perfecto trasero, moviéndose con una gracia angelical. Me acosté y ella se acostó a mi lado. Me subí sobre ella y comencé a volar en las alas de mi sueño. Adormecido me caí sobre ella que, acariciándome me dejó boca arriba. Arrullándome, me llevó lentamente adonde la había conocido, en mis sueños. Soñé que estaba en el living, viendo la escena acontecida hora y media atrás, cuando le dije que fuéramos al cuarto. Realmente me clavo la mirada. Me veía ahora durmiendo. La vi levantarse, abrir un cajón de su mesita de luz y sacarlo. Era una reluciente navaja, que brillaba con la tenue luz roja que entraba de afuera. La hundió en su muñeca, murmuró - solo existo para vos - y luego la hundió en mi cuello. La imagen de mis ojos mostrando el terror de ahogarse con mi misma sangre y de la muerte inminente me hicieron despertar. Desperté agitado, abrí un ojo lentamente
sorprendido por la rojiza luz de la mañana y lo oí. Solo existo para vos. Y un Agudo dolor en mi cuello me hizo despertar otra vez a un mundo mas real. Bruscamente trato de levantarme y vuelvo hacia la cama, amarrado con sabanas. Una mujer empuñaba una navaja y decía -... para vos.- Y la hundió en mi cuello. Lo cual me despertó de manera agitada. El solo miedo de la repetición me devolvió a la escena inicial, en el living. Trate de advertirme, pero no podía oírme. Me vería morir para siempre atrapado en mis propias fantasías. Eso me hizo derramar una lagrima que rodó hacia una almohada donde junto con unas gordas manchas de sangre causaron la impresión que me hizo volver a despertar, para poder volver a despertar.
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