Ejército Zapatista de Liberación Nacional
A: Don Fidel Velázquez
Imagen moribunda del Sistema
Político Mexicano
Señor Velázquez:
Dicen que dicen que usted se va a morir pronto. Antes de que eso ocurra,
aprovecho para escribirle estas líneas. No son para desearle que se recupere,
ni para pedir su muerte (como la que usted se cansó de pedir para nosotros).
Sólo le escribo para recordar, para hacer memoria. Ya ve usted qué faltos de
historia y de memoria están este país y quienes lo habitan.
Dicen que dicen que usted tiene ya 97 años, que nació con el siglo XX.
"Y que con él se apaga", digo yo. Casi 100 años. No deben ser
pocas las cosas que usted ha visto y escuchado: el inicio de la revolución
mexicana, los asesinatos de mis generales Emiliano Zapata y Francisco Villa,
el constituyente de 1917, el nacimiento de lo que después, hoy, sería el
crimen organizado hecho partido político, el Revolucionario Institucional, y
el nacimiento del control oficial sobre el movimiento obrero. Después la
larga dictadura que se renueva y reajusta sexenalmente, la del PRI en el
gobierno. Tal vez usted sólo recuerde desde que, en 1946, sustituyó a
Lombardo Toledano en el liderazgo de la Central de Trabajadores de México
(CTM).
Señor Velázquez, ¿cuántos intentos de rebelarse contra ese absurdo histórico
que es el sistema de partido de Estado no vieron sus ojos? ¿En cuántas
represiones y traiciones a esos movimientos usted participó directamente? ¿Cuántas
veces usted ordenó, en el más de medio siglo al frente de la CTM, que se
golpeara, se secuestrara y se asesinara a trabajadores que querían
democracia, libertad y justicia? ¿Cuántas veces compró conciencias y
lealtades? ¿Cuántas veces se vendió? Sí, estoy de acuerdo con usted,
fueron tantas en todo ese tiempo que nadie parece haberle llevado la cuenta.
Tal vez su conciencia. Pero... ¿tiene usted conciencia todavía? No, no me
refiero a la que fingía lucir en sus "conferencias de los lunes".
Hablo de la conciencia de lo que está bien y de lo que está mal, de eso que
dicen que tiene que ver con los principios. ¿Se aburre usted con rollos sobre
moral y ética humanas? Es verdad, es mejor cambiar de tema.
Podría aprovechar estas líneas para, por ejemplo, recordarle lo que la
guerra brutal neoliberal ha producido en su enemigo principal: los
trabajadores. Podría hablar, es un ejemplo, de la destrucción de las
conquistas históricas de los trabajadores mexicanos, de la caída del salario
real, de la reducción del empleo, del ataque a los contratos colectivos, de
las reformas reaccionarias a la Ley Federal del Trabajo, de los golpes al IMSS
e Infonavit, de la eliminación de subsidios al consumo popular, de la
criminal liberación de precios. En fin, de todo eso que se autodenomina
"modernización tecnológica" desde Miguel de la Madrid, pasando por
Carlos Salinas de Gortari, y llegando hasta ahora, con la torpeza de Ernesto
Zedillo Ponce de León.
Podría dar algunos datos, y señalar, es un ejemplo, que los productos básicos
necesarios para un día, que se compraban en 1987 con 8 horas y 36 minutos de
trabajo diario, en el mes de enero de 1997 requerían de 25 horas y 13 minutos
de labor para tenerlos. Tal vez usted ya no se acuerde, señor Velázquez,
pero el día sólo tiene 24 horas (con todo y el horario de verano). Como el
sistema político que usted representa ha sido capaz de todo, menos de cambiar
la duración del día, eso significa que los trabajadores deben ahora, si es
que conservan el empleo todavía, vivir con menos de una tercera parte de los
productos necesarios para subsistir.
Podría, también es un ejemplo, recordarle que esta política económica
que usted apoyó ha aumentado los despidos, el cierre de fuentes de empleo,
los charrazos en sindicatos antes democráticos, la intransigencia y la
represión como política laboral del gobierno mexicano. En fin, recordar todo
eso que ha provocado que el movimiento obrero mexicano ("el MOM" le
decíamos en los días de la clandestinidad urbana) pase a la resistencia.
Pero no lo haré, no le recordaré tampoco que las revisiones contractuales
se han transformado, de ser una palanca para mejorar las condiciones
laborales, a ser uno de los espacios donde los patrones atacan los logros de
los trabajadores.
Nada de lo anterior le recordaré, señor Velázquez. Ni eso ni que usted
recibió muchos "premios" por patrocinar o permitir todos esos
golpes a sus trabajadores. Es mejor hablar un poco más de estos sus
trabajadores:
Ya ve usted, señor Velázquez, que las estadísticas no se ponen de
acuerdo. Unas dicen una cantidad y otras la disminuyen o la aumentan. Así
que, usted perdonará porque no estoy seguro, de 7 a 9 millones de
trabajadores estarían afiliados en unos 16 mil sindicatos. De esos
trabajadores, casi la totalidad (el 93.6 por ciento), se encuentran en el
Congreso del Trabajo, esa gran máquina de control y represión obrera que
usted, mejor que nadie, conoce bien. Todo esto deja de 16 a 18 millones de
trabajadores sin organización sindical y más de 9 millones desempleados o
con ocupación temporal. ¿Sus condiciones de vida y de trabajo? Malas, muy
malas las unas y las otras.
Pero ya dije que le escribía para hacer memoria. Así que volvamos a los
recuerdos. Estoy seguro que usted no lo tiene presente, pero cuando el siglo y
usted tenían diez años, el 3 de septiembre de 1910, un "transgresor de
la ley" de entonces, llamado Ricardo Flores Magón, le escribió a los
obreros mexicanos:
"Tened en cuenta, obreros, que sois los únicos productores de la
riqueza. Casas, palacios, ferrocarriles, barcos, fábricas, campos
cultivados, todo, absolutamente todo está hecho por vuestras manos
creadoras y, sin embargo, de todo carecéis. Tejéis las telas, y andáis
casi desnudos; cosecháis el grano, y apenas tenéis un miserable mendrugo
que llevar a la familia; edificáis casas y palacios, y habitáis covachas y
desvanes; los metales que arrancáis de la tierra sólo sirven para hacer más
poderosos a vuestros amos, y, por lo mismo, más pesada y dura es vuestra
cadena. Mientras más producís, más pobres sois y menos libres, por la
sencilla razón de que hacéis a vuestros señores más ricos y más libres,
porque la libertad política sólo aprovecha a los ricos."
¿Verdad que, 87 años después, se podría decir lo mismo a los
trabajadores que padecen el fin del siglo? No sólo eso, nuestros (ya no
suyos, señor Velázquez) trabajadores lo han padecido a usted más de 50 años.
A usted y al sistema político que lo explica a usted y se explica a sí mismo
en el espejo que su imagen y su historia ofrecen.
Yo quisiera preguntarle no por qué usted ha vivido tantos años, sino por
qué ha estado tanto tiempo en la posición que todavía detenta. Porque todavía
la tiene ¿o ya no, señor Velázquez? ¿Duda usted? Créame que no es el único...
Usted no debiera estar donde está desde hace mucho tiempo. Si el sistema
político mexicano lo apoyó para que usted creciera y se hiciera poderoso
(porque no fueron pocas las veces que el ejército, la policía, matones,
rompehuelgas y esquiroles frenaron los intentos rebeldes de los obreros
mexicanos), fue porque necesitaba de usted.
Lo necesitaba... ¡Qué paradoja la de la base "moderna" del
Estado mexicano! Necesitó de lo más viejo y corrupto para simular que sería
nuevo y limpio. Algún día se hará la crónica de la larga pesadilla que
usted y lo que representa significó para los mexicanos. Tal vez entonces nos
preguntaremos por qué tardamos tanto en despertar, pero es seguro que la
pregunta la haremos sin que usted y lo que significa nos amenacen con su
sombra.
Usted dijo alguna vez que a tiros habían llegado al Poder y sólo a tiros
los iban a sacar. Tal vez, pero no sólo a tiros. También y sobre todo con
movilizaciones. La forma (o "el método", como dicen ahora), cada día
importa menos. Su movimiento obrero (porque era suyo, de usted, señor Velázquez),
cada día está más y más descontento, cada día es más rebelde.
Cierto que una parte importante tiene todavía miedo. La amenaza del
desempleo, el ataque a los sindicatos no corporativizados y a las corrientes
democráticas y la ola conservadora que se apodera de no pocos sindicatos,
completan el terror que dibujan las policías militarizadas, las mafias
sindicales, los golpeadores a sueldo, el mito del crecimiento macroeconómico,
y la miseria mortal y microeconómica. Sobre todo, la posibilidad de perder el
trabajo en una sociedad que atraviesa una de sus peores crisis económicas, se
convierte en la principal preocupación de los trabajadores y en un dique
importante a su rebeldía. Sin embargo, algo se siente en el ambiente. Una
especie de rencor, rebeldía y ganas de decir "¡ya basta!".
En fin, si no fuera por la historia (esa terca realidad que persigue y
acosa), se podría decir que han ganado ustedes, señor Velázquez. Ustedes,
los dueños de todo, los que conducen este país hacia ningún lado.
Debe ser triste tener la certeza, vivo, de que cuando uno muera mucha
gente, millones, se pondrán alegres con esa muerte. Porque usted puede tener
esa certeza, señor Velázquez. Cuando por fin ocurra, su muerte será
saludada por millones de trabajadores y trabajadoras en todo el país.
Los que ahora lo acompañan y adulan tratarán de ahogar ese entusiasmo con
grandes y ostentosas ceremonias luctuosas, pero al poco tiempo, ellos mismos
se encargarán de sacar a la luz los crímenes y las traiciones que lo
hicieron poderoso, señor Velázquez.
Yo entiendo que a usted no le preocupen los festejos y sonrisas que traerá
la noticia de su muerte a millones de obreros y obreras. Pero sí debe ser un
poco molesto que las risas y fiestas también sean en las casonas y palacios
de ésos a quienes usted, y otros como usted, ayudaron a encumbrar.
Ellos, los poderosos que compartieron con usted tantas riquezas y crímenes,
ellos desean su muerte. Nosotros no. Nosotros sabemos que no son las personas
las que deben morir, sino el sistema que hace posible sus crímenes: un
sistema antidemocrático, injusto, inhumano, el sistema de partido de Estado.
Nadie va a lamentar su muerte, señor Fidel, nadie lo va a llorar. Y los
recuerdos sobre usted y su figura se dividirán entre la burla y el rencor. Y
entonces vendrá otra vez el recuerdo de Ricardo Flores Magón y su frase ésa
de "¡Y qué muerte y qué crepúsculo tan sin gloria y tan sin
brillo!".
Esta parte gris de nuestra historia como Nación, la que ustedes
protagonizaron empuñando el crimen y la injusicia, está por terminar. No será
su muerte, señor Velázquez, la que le ponga punto final. Será una nueva
alternativa que, ni modos, nacerá sobre sus ruinas.
El reinado de ustedes está por finalizar. Lucharemos porque lo que siga no
sea una nueva casta, sino eso que se llama democracia, libertad y justicia. Su
parte en la historia ya se acaba. De ella podríamos decir, con Flores Magón,
"Nadie la ha matado: ¡se ha suicidado!
Un piadoso puntapié, y desaparecerá
en las tinieblas de su propia obra."
Vale. A pesar de todo, salud. Y que la historia los acomode a ustedes donde
se merecen, es decir, en la vergüenza y el olvido.
Desde las montañas del Sureste Mexicano.

México, 25 de abril de 1997