COMUNICADO DEL COMITE CLANDESTINO REVOLUCIONARIO INDIGENA.
COMANDANCIA GENERAL DEL EJERCITO ZAPATISTA DE LIBERACION NACIONAL.
MEXICO.
8 de agosto de 1997.
Al Pueblo de México:
A los Pueblos y Gobiernos del Mundo:
El día de hoy, 118 aniversario del nacimiento del general Emiliano Zapata,
volvemos a tener voz para hablarle al pueblo de México y decirle nuestro
pensamiento. Hoy nuestra voz llega de nuevo para decir su palabra.
Esta es:
I.- El 6 de julio de 1997 y los méxicos de México.
Dijo Madero: "Ya se notificó a éste (Zapata) y a sus secuaces que
les sería perdonado el delito de rebelión, pero se les juzgará conforme a
la ley por los crímenes del orden común que hubieran cometido. Rehusaron
rendirse en esas condiciones, y en tal virtud las tropas federales y las
fuerzas rurales que se hallaban en el campo de operaciones, recibieron orden
de proseguir la campaña, hasta aniquilar a los rebeldes".
El Heraldo de México, 14 de noviembre de 1911.
"Señores, el que no tenga miedo que pase a firmar, pero saben que
van a firmar el triunfo o la muerte".
Emiliano Zapata con el Plan de Ayala en la mano. 28 de noviembre de 1911.
"Sí, publíquelo para que todos conozcan a ese loco de
Zapata".
Madero a Bonilla, quien preguntó si publicaba el Plan de Ayala. Diciembre
de 1911.
El señor Ernesto Zedillo Ponce de León, jefe supremo de las fuerzas
federales, después de faltar a su palabra rechazando la iniciativa de Ley Indígena
propuesta por la Comisión de Concordia y Pacificación, dio órdenes para que
su ejército prosiguiera con los planes de cerco y aniquilamiento en contra de
las comunidades indígenas rebeldes y la dirigencia del EZLN. Los federales
aumentaron el número de sus efectivos y la calidad de su material bélico,
avanzaron hacia nuevas posiciones y reiniciaron las patrullas de montaña para
chocar con los campamentos insurgentes. Todos estos movimientos violaron el
espíritu de la ley para el diálogo y la negociación, expedida por el Poder
Legislativo federal el 11 de marzo de 1995.
Sumado a estas presiones militares, el ilegítimo gobernador del estado
continúa con su estrategia de desestabilización en el norte de Chiapas,
desalojando, encarcelando y asesinando indígenas por medio de la policía y
las guardias blancas. Para ocultar el baño de sangre que perpetra, el ilegal
titular del ejecutivo de Chiapas, compra mentiras en la prensa local y
nacional, y simula obras e iniciativas que oculten el desfalco que lleva a
cabo con los dineros del pueblo.
Ernesto Zedillo, presidente que se dice de México, completó la obra en
contra de los indígenas zapatistas ordenando la militarización de las
principales regiones indias del país. Los indígenas de los estados de
Oaxaca, Veracruz, Guerrero, Hidalgo y San Luis Potosí no vieron llegar la
democracia electoral, sino tropas federales, tanques de guerra, aviones y
helicópteros artillados.
Para llegar al 6 de julio de 1997, el gobierno trazó una clara línea de
demarcación que separaba al México indígena de los otros méxicos que
comparten el territorio nacional.
Mientras en Chiapas, las organizaciones indígenas y de defensa de los
derechos humanos, la Comisión Nacional de Intermediación, algunos
legisladores, y miembros honestos del IFE, denunciaban la falta de condiciones
políticas, sociales y militares para una jornada electoral normal; en el
resto del México indio, el Congreso Nacional Indígena y organismos
nacionales no gubernamentales hacían lo mismo refiriéndose a las condiciones
en las regiones indígenas del centro y sur del país.
A unos y otros extrañaban la distancia y el silencio o las tibias
manifestaciones de los partidos políticos de oposición, y lo señalaron públicamente.
Nosotros entendimos ese silencio y esa distancia. La disputa política se había
concentrado en territorios donde, hay que reconocerlo y saludarlo, se habían
conseguido condiciones más justas y equitativas para la competencia
electoral. Otro México tenía la oportunidad de elegir a sus gobernantes y de
hacer valer su elección. La ciudad de México apareció, gracias a la
obligada (por la expectativa ciudadana) apertura en los medios de comunicación,
como el punto donde se concentraban estas condiciones democráticas. La viva y
agitada lucha electoral en el DF pudo "jalar" a otros territorios, a
otros méxicos, para conseguir la oportunidad de decir "NO" al
gobierno y su proyecto de Nación, proyecto representando por el Partido
Revolucionario Institucional y Ernesto Zedillo. Pero el México indio fue
dejado de lado y olvidado, no hubo ningún intento serio de tender puentes que
pudieran traducirse en correas de transmisión de esa posibilidad política.
El criminal rumbo económico que Carlos Salinas de Gortari y sus seguidores
(entre ellos el señor Zedillo) impusieron al país entero como parte del
proyecto neoliberal de destrucción nacional, corría un grave riesgo en el México
que tenía la oportunidad de hacerse oír realmente en las urnas. Confiado en
que, en el México Indígena, el ejército y los gobiernos locales conseguirían
el respaldo de legitimidad que necesitaba, el supremo gobierno concentró sus
principales esfuerzos, primero en impedir el surgimiento de una opción democrática,
después en combatir esa alternativa (representada con dignidad por Cuauhtémoc
Cárdenas, Solórzano), y por último en neutralizarla y apropiarse de ella
para conseguir la legitimidad que su partido de Estado ya no podía ni puede
brindarle.
Así se pudo ver al titular del Ejecutivo federal metido en una campaña
electoral que por momentos parecía más cercana al drenaje profundo que al
debate maduro y respetuoso. De vendedor de refrescos y papitas, el señor
Zedillo pasó a ser feroz crítico del método por el que difunde sus
"logros" y "conquistas". Detrás de él marcharon los
dirigentes y candidatos del PRI, mientras las bases y algunos miembros de ese
partido abandonaban el maltrecho barco que amenazaba hundirse.
Pero las nuevas realidades no estaban ni completas ni parejas. Las
sucesivas olas de rebelión ciudadana que pueden remontarse a 1968 o a 1985,
que resurgieron en 1988 y en 1994, aparecían de nuevo en 1997. La siempre
negada y despreciada (por los políticos) sociedad civil había conquistado
espacios reales para hacer oír su voz y hacer sentir su peso e importancia.
Estos espacios, en el mapa nacional, semejan las manchas de la piel de un
tigre y definen los muchos México que conviven en nuestro México.
¿Por qué negarse a reconocer que en determinados territorios del país se
había conquistado la oportunidad de hacer valer la opinión ciudadana por
medios pacíficos? Pero, ¿por qué negarse también a reconocer que en otros
territorios, en otros méxicos, prevalecen las mismas simulaciones y farsas en
torno a las votaciones, y continúa cerrada la vía pacífica?
Reconocer una y otra realidad fue la palabra de los zapatistas. Por eso
llamamos a luchar con el voto donde éste tenía condiciones (conquistadas por
los ciudadanos y de las que se beneficiaron los partidos de oposición) de
hacerse valer; y por eso llamamos a resistir y actuar en contra de la simulación
y la farsa, en donde el objetivo del proceso electoral no era otro que
aparentar una "normalidad" que, para esos ciudadanos de última
categoría que son los indígenas, sólo significa miseria, abandono, muerte,
olvido.
Hoy saludamos al México que pudo y supo hacerse oír en su rebelión pacífica,
y saludamos al otro México que tuvo que resistir para hacerse escuchar en su
rebeldía.
Los pueblos rebeldes zapatistas, las bases de apoyo del EZLN, decidieron no
participar en el proceso electoral y convertir el día 6 de julio de 1997 en
una jornada de denuncia y rebeldía, una jornada de protesta contra el
desprecio y el olvido.
El 6 de julio de 1997 los zapatistas no sólo no votamos, sino que
subvertimos un proceso electoral que ignoraba a los pueblos indios de México.
Asumimos nuestro compromiso de 1994 y lo refrendamos. No es con los de arriba
con los que tenemos compromisos, es con los que son como nosotros, con los de
abajo. No miramos para arriba, para ese complicado juego de simulaciones que
es el quehacer político del poder, para ese lugar que seduce con puestos y
riquezas.
Miramos a los lados. Miramos y encontramos a millones de indígenas
olvidados por una democracia electoral que los hace a un lado, los desprecia,
los apabulla y les impone un modo político que no les pertenece ni quieren.
Miramos y encontramos desesperanza, frustración, impotencia. Miramos y
escuchamos, escuchamos lo que los otros no escucharon. Nos hicimos eco de ese
silencio impuesto y repetimos el ¡Ya Basta! que nos dio voz y rostro en el
mundo moderno.
El otro México, el indígena, el nuestro, obligó de nuevo a la Nación a
voltear a verlo y a recordar que siguen pendientes los acuerdos que lo
incorporen y lo hagan parte actuante en la historia presente de nuestro país.
¿Quién ganó y quién perdió con las elecciones del 6 de julio de 1997?
Por esos tintes de tragicomedia que suele revestir la historia del poder, una
complicada alquimia se ha operado para presentar a los perdedores principales,
Zedillo y su política económica, como los triunfadores máximos. Aquel que
ha defendido la eficacia de un proyecto económico que destruye al país; el
heredero (y no sólo en lo que se refiere a la silla presidencial) de Carlos
Salinas de Gortari, que ató su destino al de su partido y lo apoyó con todos
los recursos del Estado; él, el "señor presidente" (como murmuran
con timidez en Los Pinos), se presenta a sí mismo como el gran triunfador del
6 de julio de 1997 e invoca a la historia para que lo renombre. Sus aduladores
lo llaman "el nuevo Francisco I. Madero".
Y Ernesto Zedillo, después de creer que ha engatusado (además de
analistas y líderes políticos) a todo el país, dirige sus baterías en
contra de quienes insisten en desafiar su sistema político y económico: los
zapatistas. Los mayordomos del gobierno se desviven en declaraciones para
repetir una mentira: "las condiciones para la paz en Chiapas están
dadas, las recientes elecciones demuestran que otras formas de lucha han
caducado (enésimo canto del cisne para la lucha armada), los derrotados en
las elecciones son los que han optado por las armas y no por los votos, los
zapatistas deben firmar la paz e incorporarse a la vida política nacional
como una fuerza institucional", y otros etcéteras.
Hace 3 años, el 8 de agosto de 1994, en la Convención Nacional Democrática
dijimos: "Luchen. Luchen sin descanso. Luchen y derroten al gobierno.
Luchen y derroten a la guerra. Luchen y derrótennos. Nunca será tan dulce la
derrota como si el tránsito pacífico a la democracia, la libertad y la
justicia resulta vencedor". Hoy seguimos pensando lo mismo. Nuestra
aspiración sigue siendo la de "soldados que luchan para que un día no
sean necesarios los soldados". Nuestro sueño es convertir en inútiles
las armas, es decir, contribuir a la construcción de un país donde se pueda
luchar, en igualdad, justicia, libertad y democracia, sin más armas que las
ideas, las palabras y la práctica honesta y consecuente.
¿Ya vivimos en un país con estas condiciones? Nosotros pensamos que no,
que lo ocurrido el 6 de julio de 1997 sólo será un verdadero triunfo cuando
todos los mexicanos en todo el país puedan luchar por medios pacíficos y
civiles en igualdad de oportunidades, y no tengan que recurrir a la violencia
para hacer valer sus derechos, o sólo para hacerse escuchar. En México
siguen conviviendo muchos méxicos esclavos.
A la pregunta de si ya vivimos en una transición a la democracia, Ernesto
Zedillo se ha apresurado a responder: nada nos hará cambiar el modelo económico
que imponemos al país (que es otra forma de decir "mientras la
democracia no afecte los aspectos fundamentales de la vida nacional,
bienvenida sea"), estamos dispuestos a mostrar voluntad para discutir las
condiciones de rendición de los zapatistas, seguiremos negando la existencia
del EPR y atacando a los sospechosos de apoyarlo, seguiremos dispuestos a
simular que cumplimos nuestra palabra pero no la cumpliremos, seguiremos
haciendo todo lo posible por "incorporar a la modernidad" (es decir,
por eliminar) a los pueblos indios.
El 6 de julio de 1997, y no sólo por los votos, perdió el sistema de
partido de Estado, perdió Zedillo y su torpe campaña electoral desde la
silla presidencial. Perdió un México, el de los poderosos. Perdió, pero no
ha sido derrotado. Rápidamente se recompone para entrar, con toda ventaja,
en...
II.- El espacio democrático en disputa
Dice Zapata:
"El señor Madero ha caído en el lazo de los científicos, actúa,
sin saberlo o sabiéndolo, para su ruina; la paz que pregona es garantía para
el rico y azote para el indio."
Con las elecciones del 6 de julio de 1997 se ha abierto un espacio que
puede ser de democracia, libertad y justicia, o de simulación y engaño. Este
espacio está en disputa. Lo quieren hacer de su lado los poderosos y sus
seguidores; y, en sentido contrario, luchan por considerarlo y ensancharlo las
fuerzas populares y ciudadanas.
La derrota electoral del PRI en algunas partes de la República no
significa el fin del sistema de partido de Estado y la democratización del país.
Hay una lucha seria para que nada de lo fundamental cambie. El Poder sabe que
es grande su margen de maniobra y cooptación, nunca antes unas elecciones
fueron tan saludadas por el gran capital y por el Poder internacional. Por
eso, mientras duran los festejos por la victoria y las nostalgias por la
lucha, el Poder teje su red embaucadora y ya aparecen los pillos de siempre, a
veces con otro nombre o con otro color, pero siempre con la misma infamia.
El gran actor (hoy difuso e inmóvil) del 6 de julio en el México que ha
conseguido hacer valer su rebeldía por medios pacíficos, es la sociedad
civil. Esa complicada mezcla de obreros, campesinos, amas de casa, maestros y
estudiantes, profesionistas, pequeños y medianos empresarios, y etcéteras
que se escapan a las clasificaciones sociológicas, ha podido construir y
llevar adelante un movimiento de insurgencia ciudadana que debe ser no sólo
reconocido, sino saludado e imitado, con la especificidad lógica, en donde
haya condiciones para ello. En este México, la sociedad civil ha logrado
abrir un espacio democrático.
Este espacio democrático tiene en la ciudad capital su más importante
punto de disputa. En ella, en esa ciudad y en lo que en ella pase o deje de
pasar, cifran esperanzas y sueños los que siguen mudos y atados, los de
abajo, los otros méxicos. Nosotros ve mos en lo que puede pasar en esa ciudad
la posibilidad real de que un movimiento pueda crecer, desarrollarse y hacerse
dueño de sí mismo y de su destino (que no otra cosa quiere decir
"soberanía"), la posibilidad de que un movimiento de insurgencia
popu lar pueda transitar por el camino más incluyente: el civil y pacífico.
Un hombre puede llegar a simbolizar esta posibilidad de que la insurgencia
ciudadana se traduzca en democracia, libertad y justicia para todos. Su nombre
es Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, el hijo del general. De abanderado en la
lucha pacífica por la democracia en México, se ha convertido en bandera. Su
posesión, lo que significa, se la disputan los poderosos y los de abajo. En
torno a lo que él representa se concentran fuerzas de todos lugares del
espectro político nacional e internacional. No está en juego el gobierno de
la ciudad más poblada del mundo, está en juego la posibilidad de una
transformación radical por vías pacíficas, apoyada en y por los movimientos
ciudadanos y populares; o de una simulación, apoyada en y por los grupos de
Poder nacionales y extranjeros, que deje intocados los problemas fundamentales
de la Nación.
Que por él, el luchador por la democracia que se atrevió a desafiar el
autoritarismo de Salinas de Gortari, hablen sus actos. Nosotros sólo señalamos
el aspecto fundamental (hoy olvidado) de lo ocurrido el 6 de julio de 1997: la
mayoría de la sociedad manifestó su descontento y rechazo a la política
gubernamental de Salinas-Zedillo y a su partido, a lo que representan y a lo
que significan.
Este movimiento de descontento ciudadano provocó la apertura de un espacio
que puede ser de democratización o de simulación. Si se detiene, no pasará
de ser una anécdota más en la nostalgia popular. Si sigue moviéndose y
avanza se convertirá en una posibilidad real, la posibilidad del tránsito
pacífico a la democracia, la libertad y la justicia.
Esta posibilidad, todavía negada para los otros Méxicos, enfrenta
enemigos fuertes, no sólo de fuera, también de dentro del movimiento.
Producto de un movimiento ciudadano y popular, los líderes se arrebatan la
palabra para pedir prudencia, madurez, e... ¡inmovilidad!
En el centro del ya de por sí congestionado centro político, el
centro-centro (que ahora se incrusta en los partidos políticos, mientras
alcanza a despegar como una fuerza partidaria autónoma) ofrece lecturas,
consecuencias y... recetas. Ahora empieza a ponerse de moda entre esta clase
política la idea de que "las escaleras se limpian de arriba para
abajo", y que desde el Poder se va a operar la transición de México a
un país con democracia, libertad y justicia. A los desposeídos, dicen, sólo
nos queda esperar a que la escoba llegue hasta abajo. No hay que moverse
--dicen--, hay que estarse quietos.
Pero quienes apuestan a la inmovilidad, a esperar que desde arriba vengan
soluciones y milagros, sólo apuestan a la derrota. Dicen que, como las cosas
ya cambiaron, no hay que movilizarse para no hacerle problema a los nuevos políticos
en el gobierno. ¿Por qué? ¿No fue la movilización la que derrotó al PRI
ahí? ¿No fue la movilización la que abrió este espacio que puede ser de
esperanza para todos los desposeídos de este país?
El siempre oportuno "centro político" está convencido de que
los grandes males de México proceden de arriba (y en esto no se equivoca), y
que de arriba deben proceder los grandes bienes. Piensa que la democracia, a
fuerza de entrar en la cabeza y corazó n de gobernantes y empresarios, los
obligará a ser buenos y honrados. Que basta que sea otro el color político
del que gobierna para que el reino, siempre el reino, de la felicidad se
imponga. Supone que la tarea de un nuevo gobierno es reparar y enmendar , no
transformar.
Para el "centro", las fuerzas que han servido a los que nos
impusieron la pesadilla actual, ahora servirán al pueblo. Piensan los
centristas que la democracia se puede apoyar en la misma clase política que
se ha erigido a sí misma en el símbolo que los ciudadanos rechazan y que,
los que pudieron hacerlo, repudiaron con votos que decían "No" al
tachar otro emblema que no fuera el del Revolucionario Institucional. Olvidan
que el cambio de hoy vino de abajo.
Con esa misma lógica, el "centro" nos pide, nos exige, una firma
pronta de la paz y una rápida conversión en fuerza política
"institucional", es decir, convertirnos en una parte más de la
maquinaria del Poder.
A ellos nosotros les respondemos "NO" y no lo entienden. No
comprenden el que nosotros no estemos de acuerdo con esas ideas. No entienden
que no queramos cargos o posiciones en el gobierno. No entienden que nosotros
luchamos no porque las escaleras se barran de arriba para abajo, sino para que
no haya escaleras, para que no haya reino alguno. No entienden que no queremos
una paz que sólo significa renombrar la esclavitud y la miseria, otra forma
menos fuerte de decir "muerte". No entienden que la paz que
pregonan, la paz de los de arriba, es sólo garantía para el poderoso y
condena para los de abajo.
La disputa por la apropiación del espacio abierto por la insurrección
ciudadana del 6 de julio alcanza a todos los actores políticos. No sólo se
da en torno a la figura de Cárdenas, también en torno al rumbo y definición
del PRD. Al interior de la izquierda electoral se renuevan los ataques a las
posiciones radicales, y el Poder lucha por transformar, a quienes ayer se
opusieron a sus arbitrariedades, en nuevos relevos de sus caducos
administradores.
El dueto opción de gobierno-principios de lucha no debiera convertirse en
contradicción en una organización que lucha por el poder. Pero cuando el ser
opción de gobierno empieza a cobrar en concesiones, titubeos y tibiezas para
hacerse real, los principios entran a luchar en las cabezas y pechos de
quienes creen que la opción de gobierno debe ser consecuente con los
principios. Su lucha es contra quienes creen que el convertirse en una opción
de gobierno real es lo más importante, y que en aras de ese objetivo se
pueden sacrificar principios, planes y programas, en fin, todo lo que define a
una organización política y la hace diferente de las otras (y, por tanto, la
convierte en opción).
Esta contradicción vale para todas las fuerzas políticas que luchan por
el poder y, tarde o temprano, se resuelve. O se redefine la organización
partidaria y su lugar en el espectro político, o consigue que esos principios
políticos sean los que la convierten en opción de gobierno.
Si el PRI intenta ahora su enésima "reforma" es algo que no
desvela ni a los priístas. De su crisis ya recurrente y cada vez más
aniquiladora poco puede salir, por más que se esfuercen los gobernadores del
"Cártel del Sureste". El principal operador d el desmantelamiento
del PRI está en la silla presidencial, se apellida Zedillo, y no ha hecho
sino continuar el proyecto de su antecesor en Los Pinos: relevar al PRI como
principal sostén del gobierno.
Si el PAN revisa en estos momentos sus principios y prácticas es porque
cree que éstas, que son de derecha, no le aseguran del todo el ser una opción
de gobierno. Hasta antes del 6 de julio de 1997 no había problema, pero el
poco entusiasmo que despertó una propuesta de derecha entre los capitalinos
obliga a reflexiones y revisiones. Felipe Calderón H., presidente de Acción
Nacional, declaró en el Consejo Nacional que su partido "necesita también
una revisión detallada de sus principios de doctrina", y más adelante
se quejó de que surjan "así sea esporádicamente, comportamientos de
dirigentes o gobernantes que muestran rasgos de intolerancia o
conservadurismo".
En el caso del PRD esto se da de manera más palpable y cruda. Sus
militantes reconocen que hay una disputa sobre el perfil del PRD. Una lucha
entre quienes dicen que lo más importante es ser una opción real de gobierno
y hay que "adaptarse" al perfil del electorado a conquistar, y los
que dicen que debe trabajarse para que el perfil de izquierda del PRD
conquiste al electorado como una opción real y deseable de gobierno.
Nosotros pensamos que es necesaria la existencia de una opción electoral
de izquierda. Es necesario que una alternativa nueva, que se base en los
principios de la igualdad social, la democracia, la libertad y la soberanía
nacional, exista en el escenario de los partidos políticos nacionales.
Pensamos que es necesario que exista una organización de izquierda que aspire
a la toma del Poder y que consiga el apoyo de la mayoría de los ciudadanos.
El hecho de que nosotros no aspiremos al poder, no significa que nos
opongamos a los que luchan por obtenerlo. Nosotros luchamos contra la relación
que existe entre Estado y ciudadanos, donde el primero prescinde, como no sea
para imponerse, de los segundos. Y esta relación de dominación se puede dar
con un gobierno de derecha, de centro (si es que en realidad existe) o de
izquierda. Por eso luchamos por el "mandar obedeciendo". Pero también
sabemos que este precepto pudiera cumplirse mejor, cuando menos en teoría,
por una opción de izquierda.
Si la crisis en el PRD se resuelve arrojándolo a los brazos del
"centro" o consolidándolo como opción electoral de izquierda es
algo que se decidirá en el PRD y por los perredistas. Como quiera, según
anuncian discursos, deslindes y pronunciamientos, ya empieza a insinuarse la
posibilidad de que quede un hueco, precisamente el que se encuentra en el lado
izquierdo del tablero político electoral.
En política no hay vacíos que duren. Cuando apenas se dibujan, se llenan
por nuevos actores o por un reacomodo de los ya existentes.
Como quiera, y crisis partidarias aparte, sigue ahí el espacio abierto por
los ciudadanos y sigue ahí la disputa por el rumbo que deberá tomar: o la
inmovilidad que permita la recomposición de la pesadilla, o el movimiento que
profundice y ensanche ese espacio hasta hacerlo nacional y para todos.
Un espacio para resolver...
III.- La disyuntiva de la nación: diálogo y verdad, o mentira y
enfrentamiento.
"Debo manifestar a usted que es necesario que desechen esa farsa
ridícula, que los hace tan indignos y tan despreciables, y que tuvieran más
tacto para tratar con gente honrada, pues deben ustedes saber que las
negociaciones de paz se arreglan con los ciudadanos, presidente y
vicepresidente de la república, señores Francisco I. Madero y doctor
Francisco Vázquez Gómez, que son la cabeza y los únicos encargados de
arreglar la paz y no conmigo que soy un simple elemento en mi categoría de
general, (...) Ruego a usted y a todos sus secuaces se dirijan a la cabeza y
no a los pies para arreglos de paz y no me confundan a mí con Figueroa, que
no es más que un pobre miserable (al) que sólo lo impulsa el interés y el
dinero.
Por último diré a ustedes que yo me he levantado, no por enriquecerme,
sino para defender y cumplir ese sacrosanto deber que tiene el pueblo mexicano
honrado y estoy dispuesto a morir a la hora que sea porque llevo la pureza del
sentimiento en el corazón y la tranquilidad en la conciencia.
Emiliano Zapata.
PD.- Aprovecho la oportunidad que ya que usted se apena
por la paz, de una manera pacífica me entregue la plaza de Cuautla, Morelos,
en bien de los vecinos de la ciudad, que serán las víctimas que sufran las
consecuencias; que yo no necesito que me hagan favores pues nunca he pedido
clemencia más que a Dios, ni la necesito de nadie más que de El. Vale".
Carta a Fausto Beltrán, 10 de mayo de 1911.
En la nueva situación política en México, el señor Zedillo apuesta
ahora a cerrar el cerco legal en contra nuestro. Se ha dado cuenta de que sus
fuerzas militares no sólo no han podido contenernos, sino que están
inconformes con el papel que los políticos les han dado. Quiere el señor
Zedillo que el nuevo Congreso de la Unión le dé el aval legal para
aniquilarnos. Espera, de los legisladores del PAN y del PRD, la ayuda que
complete el nudo para la cuerda de horca que nos tiene destinada.
Algunos dirigentes del PRD hacen suya la palabra gubernamental y ponen como
primer punto de la agenda legislativa "la pacificación" de Chiapas.
"Pacificación" decían los poderosos al hablar de sus campañas
asesinas contra los indígenas en la Colonia. "Venimos a pacificar",
decía Huerta cuando, bajo las órdenes de Madero, perseguía y asesinaba
zapatistas. Pero frente a la inexplicable amnesia de estos perredistas con
respecto a que el problema en el sureste mexicano, y en todo el país, es que
el gobierno no cumple su palabra, otros miembros del PRD unen su voz y su
lucha a las de los que exigen diálogo verdadero y paz justa y digna.
El señor Zedillo pretende que el PRD encabece la trampa en contra de los
zapatistas, trata de convencerlo de que nosotros, y todo lo que representamos,
somos un obstáculo en su camino. No todo el PRD coincide con esta idea, así
lo demuestran no pocos militantes perredistas que simpatizan con el zapatismo.
Mientras tanto se oyen voces que exigen al EZLN que regrese al diálogo y
firme la paz. Se equivocan de interlocutor. No somos nosotros los que
obstaculizamos la paz, ni los que nos negamos a cumplir con nuestra palabra,
ni los que hostigamos a las comunidades, ni los que asesinamos indígenas. Es
el mal gobierno.
La paz no está en una firma. El gobierno está dispuesto a firmar
cualquier papel, pero no está dispuesto a cumplir su palabra. El verdadero
problema es que la mentira que el señor Zedillo llama "diálogo" sólo
conduce al enfrentamiento, a la violencia y a la posposición de soluciones
reales. El diálogo, si se lo quiere efectivo y auténtico, sólo puede darse
si hay verdadera voluntad de cumplir los acuerdos. Los que exigen la paz deben
dirigirse a quien se niega a acordarla nueva, justa y digna: el supremo
gobierno. A él, y a...
IV. Las otras manos sucias: el Ejército antinacionalista, la Iglesia
reaccionaria y el capital extranjero.
"No dude usted del ejército nacional, señor presidente, pues
todos son hermanos míos y le protesto a usted de nuevo nuestra adhesión y
respeto".
Huerta a Madero, noviembre de 1911
(meses antes de asesinarlo).
Un nuevo escándalo sacude al país. Las implicaciones del narco con el
alto mando del Ejército federal mexicano ponen a tambalear a uno de los
pilares en que se sostiene el sistema de partido de Estado. El Ejército
federal sigue en su transformación en fuerza política y se contamina de toda
la podredumbre que el Poder difunde entre la clase política.
Incapaz de deshacerse de la figura (sólo de la figura) de Carlos Salinas
de Gortari, el PRI recurre a un general de ayer y político de hoy, y oferta
mentiras para el que quiera digerirlas. "Salinas negoció con los
zapatistas en 1993" dice, y agrega: "Y a sabíamos en 1993 que había
guerrilla en Chiapas". El hablante es el mismo que en 1993 se cansó de
negar la existencia de guerrillas en el estado. "Son talamontes. Son
centroamericanos", dijo. Una pinta sobre las paredes del palacio
municipal de San C ristóbal, aquella madrugada de enero de 1994, le respondió:
"¿No que no había guerrillas?".
Los que hoy se hacen eco de calumnias, olvidan que desde aquel enero de
1994 nosotros demandamos la destitución del tirano que usurpaba la silla
presidencial. En ese entonces, los que hoy se llenan la boca de deslindes
atropellados y vergonzantes, nos calificaron de ilusos y radicales por atentar
contra la "sagrada" figura presidencial. Cuando muchos de los que
hoy se autodenominan antisalinistas, incluyendo al Ejército federal, se
deshacían en caravanas para adular al usurpador, nosotros levantamos la
bandera de ¡Ya Basta!
En 1993, conociendo ya de nuestra existencia, Salinas de Gortari no habló
con nadie más que con sus cómplices, el alto mando del Ejército federal
incluido, y acordaron tapar la existencia de una guerrilla en México para no
obstaculizar la firma del TLC en el congreso... ¡estadunidense! Salinas lo
hizo confiando en una promesa de los militares: el 10 de enero de 1994 entrarían
a aniquilar a la guerrilla. Ni modo, nos adelantamos. Lo demás son supuestos
que, la historia lo demuestra, son falsos.
Además de enlodarse con el dinero del narcotráfico, el Ejército federal
se llena las manos de sangre indígena, directamente o a través de los escuadrones
paramilitares que entrena y dirige, en sus acciones en el otro México (Carlos
Rojas acaba de otorgarle, por presiones del Ejército, 5 millones de pesos a
"Paz y Justicia").
El Ejército federal cumple las órdenes del Ejecutivo federal, pero cada
vez más, y a pesar de sus declaraciones de lealtad, aspira al Poder... como
toda fuerza política dentro del sistema.
Pero no sólo el Ejército tiene intereses políticos y económicos en el
conflicto chiapaneco.
La Iglesia reaccionaria ve en el conflicto del sureste mexicano una vía
para recomponer su influencia. Como desde hace siglos, la Iglesia reaccionaria
busca un poder que nada tiene de celestial y sí mucho de diabólico. Pero no
sólo la Iglesia católica, la cúpula evangélica clama por el aniquilamiento
de los zapatistas y proponen, como solución alterna, la salida de Marcos
del país.
El gran capital internacional, principalmente el estadunidense, también
tiene particular interés en que el conflicto en Chiapas no tenga otra solución
que la eliminación de las comunidades indígenas. Para él, los indios
significan un estorbo para apropiarse de los ricos yacimientos de petróleo y
uranio, además de las maderas preciosas, que abundan en...
V.- La posición y el lugar de los zapatistas.
"En atención a los servicios que ha prestado usted a la revolución
--dijo Madero a Zapata--, voy a procurar se le gratifique convenientemente de
manera que pueda adquirir un buen rancho". Zapata respondió: "Yo no
entré a la revolución para hacerme hacendado, si valgo algo, es por la
confianza que en mí han depositado los rancheros, que tienen fe en nosotros
pues creen que les vamos a cumplir lo que se les tiene ofrecido, y si
abandonamos a ese pueblo que ha hecho la revolución, tendría razón para
volver sus armas en contra de quienes se olvidan de sus compromisos".
Los acuerdos de la mesa I del Diálogo de San Andrés fueron entre el
Ejecutivo federal y el EZLN, por medio de sus respectivos representantes.
Zedillo no cumple su palabra y se niega a reconocer los derechos de los
pueblos indios alegando mentiras. Mientras no cumpla con lo acordado, no sólo
el diálogo es inútil y falso, sino que, además, se cuestiona toda la vía
del diálogo como verdadera solución a los conflictos.
No volveremos al diálogo hasta que se cumplan las condiciones mínimas,
entre las que se incluye el cumplimiento de los Acuerdos de San Andrés en
materia de "Derechos y Cultura Indígenas". Esta es nuestra
posición.
¿Nuestro lugar? Está con los indígenas y seguiremos luchando por ellos,
hoy y...
VI.- Mañana...
"es el libertador del esclavo, es el que promete riquezas para
todos..., ha ofrecido el reparto de tierras y la prédica empieza a dar sus
frutos, los indios se han rebelado".
José María Lozano, exigiendo el fusilamiento de Zapata,
en el Congreso de la Unión, Ciudad de México.
Agosto de 1911.
Los zapatistas marcharemos a la Ciudad de México en el mes de
septiembre de este año. Mil 111 zapatistas, hombres, niños y mujeres, uno
por cada una de las comunidades indígenas que apoyan al EZLN, irán a la
capital.
Vamos a la Ciudad de México, sede de los poderes de la Unión, para exigir
el cumplimiento de los Acuerdos de San Andrés sobre Derechos y Cultura Indígenas.
Vamos a manifestar nuestra rebeldía en el "Territorio siempre rebelde
y digno", como llamamos los zapatistas al Distrito Federal en nuestra
posición del 1o. de julio de 1997.
Vamos a la Ciudad de México para repetirle al gobierno y a toda la nación
que somos mexicanos, que queremos y luchamos por un México donde todos
quepamos, que ya no queremos seguir viviendo en este México fragmentado que
el poder promueve e impone. Vamos a exigir el lugar que merecen los indígenas
dentro de la nación. Vamos a hacer nuestro el México que liberaron y
defendieron los héroes que nos dieron patria. Vamos a recuperar, para los de
abajo, la historia nacional, la que hoy secuestran los gobernantes para
asesinarla y sepultarla bajo los índices económicos. Vamos a gritar: ¡Nunca
más un México sin nosotros!
Vamos a la Ciudad de México, gigantesco espacio de rebeldías y
dignidades, para saludar a nuestros hermanos y hermanas de la sociedad civil.
Vamos a reconocerle a los mexicanos del DF su valentía y el ejemplo de
insurgencia civil que han dado a toda la nación. Vamos a agradecerles el
haberse acordado de sus hermanos indígenas. Vamos a pedirles que sigan
luchando, que no se sienten a esperar que les regalen lo que deben conquistar
y defender. Vamos a recordarles que hoy son la posibilidad del mañana o el
riesgo del ayer, que la vuelta definitiva que la historia necesita es obra de
los de abajo y no una concesión del de arriba. Vamos a decirles que esperamos
algún día ser como ellos y ellas, personas que pueden hacer valer sus
derechos por vías pacíficas.
Vamos, también, a ser testigos directos del nacimiento formal de una nueva
fuerza política: el Frente Zapatista de Liberación Nacional.
Vamos a la Ciudad de México sin más armas que la historia, la razón y la
dignidad rebelde.
Vamos a la Ciudad de México sin más rostro que el indígena que le da
sustento y raíz a la nación mexicana.
Vamos a la Ciudad de México sin más palabras que las que todos los
mexicanos honestos llevan dentro: democracia, libertad y justicia.
Vamos a la Ciudad de México sin más pasos que los de la búsqueda de la
justicia y los del anhelo de encontrarnos con otros diferentes e iguales, y
sin más proyecto que el de demandar el ser reconocidos como una parte, no la
única ni la mejor, pero sí una parte de la nación mexicana.
Invitamos a todos los pueblos indios de México y a la sociedad civil
nacional e internacional a que nos acompañen. Especialmente invitamos a los
hermanos y hermanas del Congreso Nacional Indígena, a las organizaciones
sociales, no gubernamentales y políticas independientes, a los trabajadores
del campo y de la ciudad, a los artistas e intelectuales, a los colonos y amas
de casa, a los homosexuales y lesbianas, a los trabajadores de la cultura y de
la comunicación, a los religiosos y religiosas, a todo México lo invitamos a
que marche con nosotros a la ciudad capital. Para esto los invitamos a
organizarnos...
VII.- Hoy...
"Yo como no soy político, no entiendo de esos triunfos a medias,
de esos triunfos en que los derrotados son los que ganan; de esos triunfos en
los que, como en mi caso, me ofrece, se me exige, dizque después de
triunfante la revolución, salga no sólo de mi estado, sino también de mi
patria... Yo estoy resuelto a luchar con todo y contra todos sin más baluarte
que la confianza, el cariño y el apoyo de mi pueblo, así hágalo saber a
todos; y a Don Gustavo (Madero) dígale en contestación a lo que de mí opinó,
que a Emiliano Zapata no se le compra con oro. A los compañeros que están
presos víctimas de la ingratitud de Madero, dígales que no tengan cuidado,
que todavía aquí hay hombres que tienen vergüenza y que no pierdo la
esperanza de ir a ponerlos en libertad".
Emiliano Zapata Salazar.
General en Jefe del Ejército Libertador.
Carta a Gildardo Magaña, 6 de diciembre de 1911.
Volvemos a hablar y es sólo para recordarles a todos que aquí estamos,
que no nos hemos ido, que seguimos dignos y rebeldes. Volvemos a hablar para
repetir...
¡Democracia!
¡Libertad!
¡Justicia!
Desde las montañas del Sureste Mexicano.
Por el Comité Clandestino Revolucionario Indígena-Comandancia
General del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

México, agosto 8 de 1997.