Para César Yañez, Julieta Glockner y Ernesto Guevara, quienes, en
tiempos distintos, alumbraron octubre.
"Por mí se va a la ciudad del llanto; por mí se va al eterno
dolor; por mí se va a la raza condenada; la justicia animó a mi sublime
arquitecto; me hizo la divina potestad, la suprema sabiduría y el primer
amor. Antes que yo no hubo nada creado a excepción de lo inmortal. ¡Oh
vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza!"
Palabras en el dintel de la puerta del infierno.
Dante Alighieri, La Divina Comedia.
Decían los más antiguos de los antiguos que los dioses se pusieron
celosos de los hombres y mujeres que habían creado porque muchos entendían.
Así que, para que sólo pudieran ver lo que tenían cerca, el Corazón del
Cielo les arrojó un vaho sobre los ojos y les empañó la mirada.
Y lo que tenemos cerca se nos amontona desordenadamente, invitándonos no sólo
a no ver más lejos, sino a renunciar a entender lo inmediato. En el infierno
en que han convertido a México los que lo gobiernan, uno tras otro se suceden
acontecimientos: una ciudad se insurrecciona pacíficamente y abre una
esperanza dentro de la pesadilla urbana; la misma ciudad es
"castigada" por criminales con y sin placa; indígenas alzados en
armas hacen una marcha pacífica; el gobierno se retracta de su palabra y
convierte en política de Estado el incumplimiento de acuerdos firmados; un
congreso legislativo balbucea las posibilidades de la diversidad política; el
ejecutivo federal ve fracasar su campaña publicitaria de ventas por las
violaciones a los derechos humanos; un sacerdote se confiesa y autoabsuelve
por recibir dinero del narco; un Nuncio ataca al ejército
gubernamental por narco; un rector universitario se transforma en policía;
un huracán se hace cómplice de autoridades corruptas en el asesinato de
cientos de seres humanos; un virrey del sureste ofrece el pasado como futuro;
un Congreso indígena ratifica que la dignidad tiene que ver con la historia y
no sólo con armas y pasamontañas; y en el sureste mexicano el "péguenle
al zapatista" se convierte en moda.
En fin, muchas piezas en el asfixiante rompecabezas que algunos llaman
"historia inmediata". Mucho por acomodar y explicar en lo cercano.
Pero, como el que escribe sólo se ha propuesto advertir sobre lo que está más
lejos y se esconde detrás de la cruz de oro y la sotana de terciopelo,
entonces decide tomar a San Pablo (I Corintios, 13, 12) y repetir:
"Videmus nunc per speculum et in aenigmate".
Que, dicen los que de esto saben, en castilla quiere decir:
"Vemos ahora a través de un espejo y en enigma".
Así que, en el espejo de octubre, busquemos primero el enigma que dejó
septiembre...
I.- Los Ecos de Septiembre en Octubre.
"Allí, según pude advertir, no se oían quejas, sino sólo
suspiros, que hacían temblar la eterna bóveda, y que procedían de la pena
sin tormento de una inmensa multitud de hombres, mujeres y niños".
Dante Alighieri. La Divina Comedia.
Primer Círculo: El limbo. Canto Cuarto.
Desde su nacimiento como Nación independiente, México viene arrastrando
el eco de un reclamo: no hay lugar digno para sus habitantes originales (los
mismos que lucharon por darle independencia, los mismos que lo defendieron de
las agresiones extranjeras, los mismos que pelearon la revolución). En vísperas
del siglo XXI, los indígenas mexicanos se resisten a ser borrados por la
cruel lógica del mercado hecho gobierno "nacional" y luchan para no
ser arrojados al limbo de los sin esperanza.
Los nuevos reclamos indígenas por el reconocimiento de sus derechos
encuentran, como ayer, oídos sordos y tonta necedad en los que son gobierno.
Las movilizaciones pacíficas no conmovieron al Poderoso y, frente a la
posible y probada desaparición del que no lucha, una guerra obligó a la Nación
a recordar. A raíz del alzamiento zapatista tomó nuevo impulso un movimiento
que venía desde mucho tiempo atrás: la lucha por el reconocimiento de los
derechos de los pueblos indios.
Sin embargo, la ensangrentada máquina del capitalismo brutal sigue
aspirando a moler con sus engranes a quienes se niegan a perder sus
diferencias y sumarse a la estandarización de culturas y dominaciones.
Para espantar a la opinión pública y justificar su tozudez, el gobierno
mexicano alega que la exigencia de respeto a los derechos indígenas esconde
una aspiración separatista (el señor Chuayffet, titular de Gobernación, se
aventó la puntada de decir que detrás de la iniciativa de ley indígena de
la Cocopa estaban... ¡las iglesias evangélicas y sus ansias separatistas!).
A la mentira se han sumado algunos intelectuales, medios de comunicación, políticos
de diversos calibres (es decir, precios), y... algunos jerarcas religiosos.
Pero el maestro Miguel León-Portilla, que sabe de lo que habla, nos dice: "los
pueblos indígenas, lejos de pretender cualquier forma de separatismo, se
reconocen, en nuestro caso, como integrantes de la nación mexicana, respetan
sus símbolos (...). Tampoco pretenden ellos establecer diversas naciones
dentro del estado-nación que es México. Lo que buscan los indígenas es la
recuperación y reconocimiento en el ámbito de lo jurídico, de su
personalidad como pueblos con culturas y lenguas diferentes y con los derechos
y atributos que de ello se siguen, imprescriptibles e irrenunciables".
(Pueblos Originarios y Globalización. El Colegio Nacional, México, 1997,
p.56).
Lo que oculta la torpe acusación de "separatismo", con la que el
gobierno mexicano etiqueta las aspiraciones indígenas, es que hay una
resistencia en contra del actual proceso de globalización que no es sino un
proceso de exclusión.
En este proceso de globalización, que no pocos llamamos
"neoliberalismo" ("Un mito inventado por comunistas" nos
instruye el insospechable señor presidente de la Asociación de Banqueros de
México, Antonio del Valle Ruiz), participan los grandes centros financieros
y... ¡las Iglesias!
"Los países hegemónicos, `iglesias' y otros organismos
religiosos, corporaciones económicas, promotores de nuevas tecnologías...,
al poner en marcha procesos globalizantes buscan que otros reciban lo que se
les ofrece o impone. Cuando se logra esto, afectando el ser cultural de los más
débiles, puede ocurrir que queden ellos subsumidos, es decir, incluidos en el
contexto bien sea político, social, económico, religioso o, hasta donde es
posible, total, de los que ponen en marcha esos procesos. Los así subsumidos
corren el riesgo de dejar de ser lo que eran...". (Ibid. p. 12-13).
Para no "dejar de ser lo que eran", dos movimientos indígenas
auténticos se encontraron a partir de la guerra de 1994 y se dieron a la
tarea de alzar la voz y los pasos para que todos escucharan. Este 12 de
octubre de 1997, el EZLN y el Congreso Nacional Indígena reafirmaron su
decisión de no dar marcha atrás en la exigencia del cumplimiento de la mesa
I de San Andrés, "Derechos y Cultura Indígenas".
En este octubre no sólo se escuchó el eco de 505 años de desprecio y
exclusión, y de la resistencia de la dignidad morena. La historia inmediata
de los indígenas mexicanos se alimenta ahora de la marcha conjunta del
Congreso Nacional Indígena y el EZLN que, en septiembre, reclamó un lugar en
la Patria mexicana.
Pero no sólo eso, ahora la memoria colectiva se torna peligrosa por un
nuevo ingrediente: el encuentro incipiente entre el Movimiento Urbano Popular
y el Movimiento Indígena.
En el neoliberal mundo de la mercadotecnia, los debes y haberes de la
marcha de los 1,111 resultan en saldos rojos para los distintos poderes del
Poder. Los excluidos de siglos no sólo no se conforman con las simulaciones
que el supremo les ofrece para remplazar las soluciones urgentes que la
historia impone. Ahora, además, pretenden estrechar palabras y pasos con
otros excluidos, con los que quieren construir en las calles una esperanza común
a los Méxicos olvidados que son, como desde hace tiempo, la mayoría.
Falta historia por andar y pasos por escribir, pero el abrazo de septiembre
con noviembre encuentra en octubre esperanzas... y condenas.
Sobre las esperanzas, el que escribe se promete otro encuentro de papel y
tinta. Ahora debe tratar de explicar una pesadilla apenas en gestación, un
infierno por venir, una condena más para los que son diferentes.
Porque resulta que muy lejos de aquí, en los grandes palacios financieros,
gubernamentales y eclesiásticos, se oyen maldiciones, amenazas y
advertencias.
Algunas semejan chillidos de ratones, como ésas que se escuchan en...
II.- Las ratoneras de Palacio Nacional y Bucareli.
"...y muchos de los hombres murieron por las aguas, que se habían
vuelto amargas".
Apocalipsis. 8,11.
Después de su desastrosa gira diplomática en Europa, pero satisfecho por
el éxito de mercadotecnia que le significó el viaje, el gerente de ventas de
"México, S.A." se apresta a recomponer su maltratada (por las ONG
europeas) imagen.
Un huracán, con el paradójico nombre de Paulina, ha destrozado
tierras oaxaqueñas y guerrerenses. El señor Zedillo da órdenes terminantes:
ayuda inmediata y eficaz para todo lo que tenga que ver con el turismo... y
adecuado maquillaje para simular el retardo en la ayuda para los de abajo. Sin
su atuendo de vendedor y con unos jeans que le serán aplaudidos por
los despistados, Zedillo viaja a la zona de desastre y se encuentra con que el
huracán no sólo destruyó lo poco de material que tenían los ya de pos sí
empobrecidos de Oaxaca y Guerrero. Entre las víctimas del meteoro están,
también, la legitimidad gubernamental y el pasado (no tan pretérito) de
corruptelas e ineptitudes.
Otra vez, los primeros afectados y los últimos en ser ayudados son los indígenas.
Ocho días después de la desgracia, los hoteles funcionan normalmente, pero
para los indígenas de Guerrero y Oaxaca faltan los alimentos. El señor de
Bucareli, siempre al tanto de lo que sucede en el país, declara que el
Sistema de Protección Civil funcionó "perfectamente" y que las
distintas cifras de muertos que manejan otras instancias civiles no son sino
el eco de las "groseras" acusaciones recibidas en Europa. El apostólico
y romano Chuayffet, tranquiliza al que, por cortesía, llama "señor
presidente": no quisimos alarmar a la población. La tranquilidad de los
muertos demuestra que tuvo razón...
Pero en medio de reproches y lavados de manos, la incómoda e
"inexistente" sociedad civil despierta de nuevo, interviene y abruma
con la ayuda humanitaria para los afectados por el huracán. Mientras, el Ejército
Federal aprovecha para remontar su desprestigio y se construye a sí mismo una
imagen de benefactor de los afectados (y toma nuevas posiciones militares en
territorio eperrista). Por su parte, los medios de comunicación informan de
grandes cantidades de ayuda, pero ésta no llega a quienes la necesitan. ¿Qué
pasa? Pasa que el desconcierto es rey en la hora de los ratones...
Paulina revela una crisis institucional. El fenómeno meteorológico
consigue arrancarle a Zedillo la misma respuesta que recibió la movilización
conjunta del CNI y el EZLN: "No puedo". Incapaz de gobernar, el
grupo en el Poder busca apoyarse en instituciones más "firmes y
estables". Administrar una crisis de Estado desde Dublín no es sencillo,
así que hay que recurrir a los aliados más estables. "Hay algo
podrido en Dinamarca", dice en Los Pinos el eco del Marcelo de Hamlet.
"¡Que el Cielo lo remedie!", responde el eco de Horacio en
Bucareli.
Así que, para remediarlo, ya está...
III.- El Nuncio en las puertas del Infierno.
Estoy dispuesto hasta ir a las
puertas del infierno si es preciso.
Justo Mullor, nuncio apostólico
La Jornada, 20 de octubre de 1997
Hemos llegado al lugar donde te he dicho que verías a la dolorida gente
que ha perdido el bien de la inteligencia.
Dante Alighieri, La Divina Comedia.
"La puerta del Infierno: Canto Tercero".
Desde las puertas del infierno, el señor Justo Mullor, representante
diplomático del Vaticano en México, ofrece pruebas de haber perdido el
"bien de la inteligencia" y reparte declaraciones, relaciones y
previsiones sobre lo que puede ser y, asegura, será la relación
Estado-Iglesia en el México neoliberal que dice conducir Zedillo.
El nuevo alud de declaraciones, aclaraciones y contradeclaraciones lo
inicia el señor sacerdote José Raúl Soto Vázquez, profesor de la
Universidad Pontificia de México: "Hasta los no pecadores y al menos
gente poco recomendable como Caro Quintero, que ya quisiéramos hacer las
limosnas y las ayudas que él hace, y Amado Carrillo que hacía grandiosas
cosas por su pueblo, por la gente, lo cual no le quitaba que fuera traficante
de drogas y todo lo demás que tenía". (La
Jornada, 20 de septiembre de 1997).
Mientras, la jerarquía católica sigue su campaña en contra del condón
(y de los "lujuriosos" que los usan o promueven) con decires que
desparraman inteligencia, ingenio y "conocimiento" profundo de la
Sagrada Escritura ("Los condones cierran la fuente de la vida y esto
no es una opinión de un obispo en particular sino de los Evangelios".
Vicente García, Obispo de Ciudad Obregón. La Jornada, 11/X/97). Y al
avance del divino y negro viento en contra de los habitantes del segundo círculo
del Infierno de Dante, se agrega ahora la defensa de las iglesias como
lavanderías del narco.
Las confesiones del padre Soto, a diferencia de las de San Agustín,
provocan un escándalo inmediato. Los periodistas, y cualquier persona con
sentido común, preguntan y quieren saber más sobre lo que eso implica. El
sacerdote se presenta de nuevo y ratifica lo dicho, Virgilio, mostrándole a
Dante los habitantes del Cuarto Círculo, dice: "Estos que no tienen
cabellos que cubran su cabeza, fueron clérigos, papas y cardenales a quienes
subyugó la avaricia". (Canto Séptimo).
Para demostrar que un pecado propio se absuelve señalando el pecado ajeno
(método dialéctico muy empleado en la Iglesia católica, el nuncio Justo
Mullor se presenta en Monterrey y suelta su verdad: "En el ejército y
la Procuraduría General de la República (PGR) existen las
narcomordidas". (La
Jornada, 9/X/97).
También en Monterrey, el diplomático del Vaticano llama a participar en
la guerra del cristianismo contra el racionalismo (donde
"cristianismo" es todo lo que él declara y "racionalismo"
es todo lo que la prensa publica de sus declaraciones), y alienta a las
familias "bien" a ejercer el "derecho" de oponerse a la
educación laica y a "defender con uñas y con todo lo defendible (sic)
ese derecho, pues no se puede dejar que la educación de los hijos la haga el
Estado, ningún Estado en el mundo". (La
Jornada, 10/X/97).
Presionado de nuevo por los trabajadores de la prensa, el inefable nuncio
Mullor trata de cerrar la polémica con una admisible muestra de comicidad,
soltando que "el único 33 que le pueden aplicar es con el médico,
cuando acude a revisión y le piden que diga 33". (La
Jornada, 13/X/ 97). Tal ingenio pasará a la posteridad con un epígrafe
a su altura: "Tum podex carmen extulit horridulum" (Sorry, el
pudor impide traducirlo).
Para ayudarlo y consecuente con su medianía, el señor Gurría, secretario
de Relaciones Exteriores y vocero de la venta de temporada en la que la
soberanía se diluye, se transforma en jefe de prensa de la Nunciatura y
distribuye a los medios las "aclaraciones" de Mullor al efímero escándalo
de sus decires.
Pero algo queda en el aire, ¿por qué el señor embajador del Estado
Vaticano se permite atacar al Estado mexicano? ¿Por qué la Secretaría de
Relaciones Exteriores es el vehículo para que el gobierno exonere al nuncio?
¿Por qué el silencio vergonzante de los miembros del gabinete?
Las respuestas hay que encontrarlas en un verdadero viaje al infierno de
los altos círculos gubernamentales y clericales. No hay poeta que acompañe
al lector, así que deberá aceptar la guía del demonio que esto escribe...
Al lanzar sus críticas en contra del Ejército federal mexicano, Mullor
dice más en lo que calla que en sus torpes declaraciones. Atacando al Ejército
federal, el nuncio esconde que aspira a crear su propio ejército o a
apropiarse de uno, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) no
pudo llevarlo a combatir en la guerra santa "del cristianismo contra el
racionalismo", sino para obligarlo a firmar una rendición incondicional,
y después ofrecerla como trofeo en la mesa donde negocia con la pareja
Zedillo-Chuayffet una nueva reforma al artículo 130 constitucional.
Esta historia viene de meses atrás, antes del 6 de julio, antes de la
marcha de los mil 111...
Después del rotundo fracaso de la pareja de policías Bernal-Del Valle, el
supremo busca una nueva estrategia que le permita el mismo objetivo: hacer
fracasar la vía del diálogo y permitir la solución militar en Chiapas con
el mínimo costo político. Un hombre se autopropone para cumplir el cometido:
Pedro Joaquín Coldwell. El señor, después de ser nombrado comisionado de
paz, se da a la tarea de seguir una de las muchas pistas falsas con las que el
supremo simula explicarse el alzamiento indígena de Chiapas: la Iglesia católica.
El comisionado inicia así una silenciosa y doble estrategia: por un lado
establece contactos con la diócesis de San Cristóbal para "saber qué
puede hacer por la paz", y por el otro inicia cabildeos con otros
elementos de la Iglesia católica. De estos últimos, unos lo regresan a quien
debe dirigirse, la Comisión Nacional de Intermediación (Conai) y el EZLN.
Pero otros lo reciben con los brazos abiertos: los miembros de la alta
jerarquía eclesiástica.
En la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) y, sobre todo, en el nuncio
apostólico, Justo Mullor, Joaquín Coldwell encuentra no sólo oídos atentos
sino manos prestas a intervenir en el conflicto chiapaneco. Con discreción y
halagos oportunos, el comisionado empieza a cultivar la soberbia y vanidad del
relevo de Prigione. Ambos saben que la incipiente relación tiene como
objetivo un comercio. El producto que le interesa a Joaquín Coldwell es
evidente, Chiapas sigue siendo una mancha en el cuaderno escolar de Zedillo.
Pero, ¿qué beneficio podría obtener el clérigo? El representante diplomático
del Estado más poderoso del mundo está en ese cargo porque sabe manejar dos
políticas igual de complicadas (la eclesial y la estatal), así que es de
suponer que mantiene la relación porque algo grande espera de ella. El
comisionado está feliz: si se entiende con los jefes, entonces no hay por qué
preocuparse demasiado por los empleados...
Previsoriamente, el comisionado trata de envolver a la Conai en la
intrincada trama del norte del estado de Chiapas. Manejando a su conveniencia
la identificación o no de Conai con la diócesis de San Cristóbal, Joaquín
Coldwell ofrece negociar la distensión de la zona norte a cambio de una
posición más "propositiva" (es decir, progubernamental) de la
Conai en las presiones gubernamentales sobre el EZLN. La jugada no surte
efecto, la Conai se resiste a ponerse de parte del gobierno, y en el norte de
Chiapas el Ejército federal y Ruiz Ferro han perdido desde hace tiempo el
control de las guardias blancas que armaron y entrenaron. Las agresiones de
las bandas paramilitares no sólo no disminuyen, sino que se escalan e
incluyen ya, como víctimas, a miembros de las organizaciones no
gubernamentales (ONG) y de la diócesis.
Para el gobierno federal y su comisionado no hay nada que perder de ese
lado. La bola de humo de Joaquín Coldwell surte efecto en la cancha más
grande, en el nuncio y la Conferencia del Episcopado Mexicano.
Neutralizada la Conai (puesto que el diálogo está suspendido) y puesta a
la defensiva la diócesis por las agresiones gubernamentales y la confusión
interna provocada por el impasse, Joaquín Coldwell supone que el campo
estaría libre para vérselas con un actor más cómodo, más dispuesto a
colaborar y, eso cree el gobierno, más fácil de manipular: los grandes
dignatarios de la Iglesia católica mexicana.
El comisionado corre a informar de la buena nueva a Zedillo-Chuayffet. Los
encuentros pertinentes se realizan y entonces, como señal de que la cosa
marcha, don Justo Mullor declara públicamente que tiene una "excelente
relación" con Ernesto Zedillo y con el secretario de Gobernación.
Ya en privado el nuncio no oculta su entusiasmo y dice que Zedillo le ha
hablado claramente de su disposición para "avanzar" en una
"mejor relación" entre la Iglesia católica y el gobierno mexicano.
"Las relaciones Iglesia-Estado son buenas, pero perfectibles", dirá
después el nuncio. (La Jornada, 29/IX/97).
Por su parte, y a través de su comisionado de paz (¿con la iglesia?), el
señor Zedillo le ha insinuado al señor Mullor que la jerarquía católica
tiene a la mano la carta que permitiría una nueva reforma al 130
constitucional favorable a la iglesia: la cabeza de los zapatistas.
El nuncio ha comprendido de inmediato y empieza a desplegar sus
habilidades. Convence a la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) de que la
Iglesia debe participar más directamente en el conflicto chiapaneco, pero no
apoyando a don Samuel y su diócesis (aunque así se los hagan creer), sino
sustituyéndolos en la mediación. Para esto son necesarios varios pasos:
primero hay que tratar de deshacerse o desdibujar a la parte civil de la
Conai; después hay que hacer todo lo posible por intervenir con más vigor,
como CEM, en las negociaciones (?); además hay que tratar de obligar al
obispo Ruiz García a que haga uso de su autoridad moral en las comunidades
indígenas rebeldes, con o sin la Conai, y presione, "desde abajo",
es decir, desde los agentes de pastoral, a una firma rápida e incondicional
de la paz. Pasos que falta ver si tienen éxito...
Pero los intentos se hacen: don Justo Mullor y la Conferencia del
Episcopado Mexicano conciben una emboscada. Aprovechando la marcha de los mil
111 zapatistas y la estúpida "ingenuidad" de operadores oficiosos,
se invita a una delegación zapatista a una misa en la Basílica de Guadalupe
con el fin oculto de reunirlos con el comisionado gubernamental Pedro Joaquín
Coldwell, en el seno mismo de la Iglesia católica. Los zapatistas, sin saber
lo que se trama a sus espaldas, declinan la invitación por falta de tiempo.
Al día siguiente, una foto en el periódico Reforma muestra la
emboscada y su fracaso: en un súbito arranque de fervor guadalupano, Pedro
Joaquín Coldwell asiste a la Basílica el mismo día y a la misma hora en que
se supone asistirían los zapatistas. La imagen del comisionado de Paz acompañado
sólo por el secretario de la Conai no hace sino aumentar su soledad. El
encuentro "fortuito" entre gobierno y zapatistas frente a la
Guadalupana, fraguado por el alto clero, no tiene éxito.
A pesar del fracaso de la operación Basílica, la jerarquía católica
sigue planeando y realizando nuevos ingenios. El control eclesial del
conflicto de las montañas del sureste mexicano es uno de sus objetivos más
importantes.
En fin, resumiendo lo acordado en los grandes palacios eclesiales:
En este nuevo frente de combate contra los zapatistas, la alta jerarquía
católica planea, primero, asumir un "papel más activo" en el
conflicto (y a largo plazo) y desplazar a los mediadores. Después, se trata
de que la diócesis de San Cristóbal, o en su preferible defecto la
Conferencia del Episcopado Mexicano, se convierta en "actor político"
del conflicto y use su influencia sobre los indígenas mayoritariamente católicos
del EZLN para "conducirlos" a una pronta firma de la paz, la entrega
incondicional de las armas y el deslinde y ataque en contra de la dirección
política y militar del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.
Resultado previsible (según ellos): el nuncio y la Conferencia del
Episcopado se convierten en los grandes pacificadores (imaginen a José Angel
Gurría proponiendo a la pareja Mullor-Zedillo (en ese orden) para el Nobel de
la Paz), y la dirección del EZLN queda obligada a seguir a sus bases en la
claudicación o a aislarse definitivamente y a ser aniquilada por las fuerzas
federales... o por la mano santa de algún fanático dispuesto a librar al
mundo de uno de los muchos demonios que lo pueblan.
Pero no sólo hay ideas divinas para "acuerpar" el ejército de
Dios, también dinero de terrenales orígenes...
Tan comprensiva con el dinero proveniente del narcotráfico, la Iglesia
se ofrece de intermediaria para que uno de los "administradores"
internacionales de la globalización, el Banco Interamericano de Desarrollo
(BID), pueda participar en la disputa por una tajada de las ricas montañas
del sureste mexicano. Más de tres veces cien mil dólares son parte de la
ofensiva del BID para construir una cabeza de playa en las tierras de la
rebeldía zapatista.
La Iglesia pondrá los oficiales, y la infantería correrá a cargo de
organizaciones sociales con líderes ávidos de encontrar quien los compre.
Todo esto para que el general dólar comience una nueva y (¿hace falta
advertido?) finalmente inútil batalla contra los zapatistas.
El pronasol de la Iglesia católica para Chiapas cuenta con el respaldo de
los grandes centros financieros. De esta nueva guerra resultará un nuevo
mercado (el que guardan las montañas del sureste mexicano) libertado, así
que ¡a comprar mentes y corazones! Detrás vendrán las maderas preciosas, el
petróleo y el uranio.
Como ensayo general de la guerra que viene está la de la zona chol de
Chiapas. La guerra del norte, como se conoce a lo que sucede en los municipios
chiapanecos ubicados cerca de Tabasco, se vende, a quien quiera comprar
mentiras, como un conflicto entre la Iglesia y el gobierno del estado de
Chiapas. Una amnesia cuidadosamente administrada, incluso entre los
simpatizantes del zapatismo, oculta el alzamiento de comunidades y tropas del
EZLN en esos lugares desde la ruptura del cero a finales de 1994, previa a los
llamados errores de diciembre.
Pedro Joaquín Coldwell, sigue orquestando presiones sobre la diócesis de
don Samuel y, con la "desinteresada" ayuda del ladrón Ruiz Ferro y
sus bandas paramilitares (Paz y Justicia y Chinchulines), prohíbe la labor de
sacerdotes y seglares de la Iglesia por los pobres. No es contra la Iglesia
católica la guerra del norte, es contra el EZLN y contra la diócesis de San
Cristóbal y una pastoral comprometida con la lucha por la justicia terrenal.
El nuevo dúo dinámico Coldwell-Ruiz Ferro, le ofrece esta guerra a la
jerarquía católica para que la libre contra su flanco más comprometido con
las causas populares... y más incómodo.
Así que, para reivindicar esa guerra como suya, y para coordinar la
ofensiva "espiritual" sobre los Altos y la Selva, el mariscal Mullor
se propone visitar la zona norte de Chiapas el próximo noviembre...
Para reforzar la entrada en escena del Alto Clero, para evitar otra
"ocurrencia" zapatista como la "Marcha de los 1,111", y
para limpiar Chiapas de demonios ezelenitas, otro general (éste sí un
militar de carrera), Enrique Cervantes, ordena a sus tropas que tomen una
nueva posición de las inmediaciones del "Aguascalientes" de La
Realidad, en el autónomo, rebelde, zapatista y problemático municipio de
"San Pedro de Michoacán". La nueva guarnición en el río Euseba
tiene órdenes de estar lista "en cualquier momento" para cumplir su
misión: tomar La Realidad.
Detrás de las desaliñadas declaraciones de los altos jerarcas de la
Iglesia católica, ocultas por los arrebatos eclesiales, noticias que indignan
a militares y civiles patriotas se pasan sin notoriedad alguna:
El imperio de las barras y las turbias estrellas ha encontrado en la banda
de tecnócratas del gabinete zedillista a los modernos Santa Anna que el
proyecto neoliberal exige en los gobiernos "nacionales". Sin
disparar ni un solo tiro de plomo, pero con tupidas ráfagas de préstamos,
rescates financieros y "donaciones" de equipos militares de segunda
mano, el gobierno norteamericano ha conseguido lo que las guerras imperiales
de España, Francia y Estados Unidos no habían logrado: disponer del espacio
aéreo, del territorio y las aguas de México para el uso de sus aparatos
militares navales y aéreos. Desde Alemania recibimos la noticia de que la
injerencia del capital financiero europeo podrá accionar, en el mercado
mexicano, como en terreno propio.
El Ejército Federal Mexicano permanece mudo. Lejos están Chapultepec y
Puebla, Juárez, los Niños Héroes, el General Zaragoza y la heroica
resistencia de los capitalinos en la guerra de 1847 contra la Unión Americana
son ya un pasado por borrar en los libros de historia nacional... junto a los
dibujos acerca de la sexualidad que tanto molestan al señor Mullor.
Los silencios del Ejército Federal también hablan. Dicen de su
imposibilidad para defender la soberanía de una Nación cuyos gobernantes
destruyen y malbaratan. Dicen de su resignación a desaparecer como institución
y convertirse en una policía super armada. Dicen que su doctrina de la
"seguridad nacional" define su estrategia teniendo en mente a
Estados Unidos. Dicen que aceptan ser los otros derrotados por la guerra
neoliberal. Pero no todos los soldados mexicanos tienen como destino el noveno
círculo del infierno de Dante. Los hay honestos y patriotas. Dicen que no son
pocos...
Pero la nueva estrategia político-militar del Poder en contra de la rebelión
zapatista no sólo incluye a la Iglesia y al Ejército Federal, también
reincorpora estrategias que en otros tiempos fracasaron. Las organizaciones
sociales oficiales (CNC y Aric-oficial) claman ya por el
"restablecimiento del Estado de Derecho" en las cañadas, pues las
comunidades indígenas zapatistas reclaman como suyas las tierras de las
fincas conquistadas desde el alzamiento de 1994. La súbita resurrección de
estos dos cadáveres políticos tiene una explicación: en exclusiva para el
periódico francés Le Monde, Ernesto Zedillo declaró que busca
"una solución equitativa que no vaya en detrimento de otras
organizaciones de Chiapas ni del conjunto de los mexicanos".
Mientras tanto, los grandes clérigos siguen adelante con sus planes para
"pacificar" las montañas del sureste mexicano. El Nuncio sabe lo
que es la economía de mercado y no batalla para venderle esta oferta al
"cuarteto de Bucareli" (Zedillo, Chuayffet, Joaquín Coldwell y el
general Cervantes). En el gobierno están de plácemes y se felicitan a sí
mismos, después de todo, los jerarcas religiosos son "pastores" que
conducen a las "ovejas". Y de eso se trata precisamente, de conducir
la guerra en Chiapas.
En el mundo de los ratones que se reparte entre Bucareli y Los Pinos, los
tecnócratas suponen que podrán usar al gatuno nuncio para aliviarse el dolor
de cabeza que representan las 1,111 comunidades rebeldes, los miles de indígenas
alzados en armas y una dirección que se niega a entrar en el mercado de
compra-venta de dignidades.
Pero la alta jerarquía católica sueña más alto. Un ejército popular
bajo conducción "divina" vale mucho más que una mera reforma
constitucional. Como la historia mexicana enseña, un ejército religioso no
acerca la paz, sino promete la guerra peor: la del fanatismo. Bajo la dirección
del Alto Clero los indígenas alzados no se encaminan a la solución de sus
demandas, sino al complicado juego de sotanas aterciopeladas y crucifijos de
oro.
El gobierno se equivoca si piensa que la intervención del Nuncio le traerá
la paz en Chiapas y sólo pagará con una reforma constitucional. El precio es
más alto, muy alto.
No hay duda: en la hora de los ratones gubernamentales, el gato despacha en
la Nunciatura...
IV.- Paréntesis: los "terceristas".
No sólo las oficiales, sino que también las organizaciones sociales
independientes se reagrupan en un nuevo bloque cuyo destino puede ser repetir
la lamentable tarea de la ex-AEDPECH en los tiempos del otro Dante (Delgado
R., hoy preso en Veracruz). Con la bandera del "tercerismo"
("ni gubernamentales ni zapatistas"), los "líderes"'de
siempre se mezclan con los honestos y se preparan para darle a los gobiernos
federal y estatal el interlocutor que necesitan para simular soluciones y
vender mentiras en el extranjero.
Es falso que la llamada "opción tercerista" se construye entre
el zapatismo y las posiciones progubernamentales, la verdad es que se redefine
como un espacio anti-zapatista, pero no abiertamente, pues hay simpatizantes
de la causa de los indígenas rebeldes.
Las direcciones estatales de la CIOAC y el FAC-MLN se ofrecen para
encabezar la lucha contra los que, dicen, les disputan títulos
revolucionarios, interlocuciones con dependencias gubernamentales y, ojo,
asignaciones monetarias: los indígenas del EZLN.
Así, mientras se reagrupan las ONG locales y las organizaciones sociales
independientes (y quienes las soportan) para reabrir el espacio de la sociedad
civil, cerrado, dicen todos ellos, por la "intolerancia y el militarismo
zapatistas" y no por la intolerancia y el militarismo gubernamental, el
supremo continúa una guerra cuya "baja intensidad" sólo está en
el eco que tiene en los medios de comunicación.
Las paradojas del zapatismo continúan: lo que se les reconoce en el ámbito
nacional (abrir espacios para la sociedad civil), se les niega en el terreno
local, donde la guerra es diaria y constante. "El EZLN no sólo no
propicia la participación de la sociedad civil local, sino que cierra los
espacios practicando la intolerancia en su relación con otros actores y con
el militarismo en su toma de decisiones", dicen los neo-críticos del
zapatismo. Para esta afirmación sobren compradores (no sólo en el lado
oficial).
La asignación de méritos y defectos sigue la misma lógica que prevalece
en los círculos de la "inteligentzia" local: si algo acertado y
bueno hace el EZLN es por las comunidades zapatistas; si algo incorrecto y
malo se produce, entonces es por la dirección político-militar zapatista.
Campesinos indígenas afectados por decisiones de los gobiernos municipales
rebeldes han dirigido sus quejas al CCRI-CG del EZLN y éste las ha turnado a
las autoridades civiles autónomas recomendando el diálogo como método para
llegar a un acuerdo justo. Pero, a pesar de que claramente se trata de hechos
aislados no se menosprecian. La dirección zapatista insiste en su recomendación
a las autoridades civiles: en algunos lugares se resuelve el problema, en
otros prevalece el conflicto.
Ignorando (o pretendiendo ignorar) que en los territorios indígenas
chiapanecos se está operando un proceso de autonomía, y que éste tiene su
propia lógica, sus propios proceso y conflictos, y sus propios actores, los
"terceristas" atribuyen a la dirección militar del EZLN decisiones
que no le competen y la critican de caer en posiciones
"militaristas", de practicar la "intolerancia", de
"cerrar los espacios", y de convertirse en el "principal
enemigo" de la sociedad civil. Esta acusación sólo revela el
desconocimiento que hay sobre los procesos de los gobiernos autónomos y sobre
el lugar del EZLN en ellos.
Después de más de 3 años y medio de guerra, y en coincidencia con los
avances en las posiciones militares del Ejército Federal, la beligerancia de
las "guardias blancas" y la negativa gubernamental a cumplir con los
acuerdos de San Andrés, los "terceristas" de pronto
"descubren" que hay conflictos entre comunidades y al interior de
ellas. Con una sorprendente simultaneidad, "descubren" al
responsable de esos conflictos: la dirección del EZLN (algún despistado
llega a decir que la dirección zapatista quiere hacer su propia Iglesia, con
sus propias autoridades eclesiásticas y etcétera).
Perseguidos y con precio por su cabeza, los miembros de la dirección
zapatista son ahora "culpables" de imponer "el militarismo y la
intolerancia" en las comunidades, de dirigir una verdadera campaña de
hostigamiento y ataques en contra de los "otros" actores sociales
del campo chiapaneco, ¡y de patrocinar un cisma en la Iglesia católica! No
deja de asombrar la capacidad de maniobra y la diabólica perversidad de estos
dirigentes, tal vez eso explica el interés en verlos muertos.
Hoy, en medios locales, son comunes las reuniones de análisis y el
intercambio de "información" sobre las muchas
"arbitrariedades" de la dirección zapatista. Esta no rehuye su
responsabilidad, asume como propios y desde ya todos los errores cometidos y
por cometerse, se aboca a tratar de resolverlos y sólo reclama que, junto a
las críticas, proliferen también el desconocimiento del proceso interno de
las comunidades indígenas (que, no hay que olvidarlo, se convierten en
actores de su propia historia), y la falta de inteligencia para hacer análisis
serios de lo que ocurre.
No tiene caso ocultar lo que los servicios de inteligencia gubernamentales,
nacionales y extranjeros, saben perfectamente: hoy en día existe una campaña
anti-zapatista en los círculos locales. Participan en ella los gobiernos
federal y estatal, el ejército, los medios de comunicación regionales, la
Iglesia reaccionaria... y no pocos de los miembros de la sociedad civil y ONG
que no han entendido qué pasa y cómo debe ser su relación con las
comunidades en resistencia.
Esta campaña no es la primera ni será la última. Sabremos aprender de
ella, como de las otras antes, las comunidades sabrán construir su historia
y, ciertamente, no será la historia de un ejército fanático y
fundamentalista (como algunos quisieran que fuera).
V.- Al cielo se llega caminando.
"-Sosténte bien- me dijo jadeando como un hombre cansado; que por
esta escalera es preciso partir de la mansión del dolor".
Dante Alighieri. La Divina Comedia.
El Infierno. Canto Trigésimo Cuarto.
Del Infierno se sale caminando, y caminando sigue la experiencia indígena
de una autonomía que, con su especificidad, se incluye en la Nación
mexicana. Sin demonios ni ángeles, los pueblos indios saben que están en un
proceso de aprendizaje y que deben saber escuchar, hablar... y callar. A pesar
de la multitud de intereses, terrenales y celestiales, que se mueven en torno
a su aspiración libertaria, los indígenas zapatistas conocen la verdad más
importante: no son los únicos en esta esperanza de ser mejores.
Si son muchos los rivales, no son pocos los aliados y quienes, sin ser ni
lo uno ni lo otro, andan las mismas palabras e ideas. Abajo, muy abajo, la
historia teje la red que comunica y hace una la lucha que parece muchas: la
que exige el respeto y el reconocimiento a los derechos y la cultura indígenas.
Lejos de las oficinas gubernamentales y religiosas, las comunidades indígenas
empiezan a encontrar los ahora difusos puntos que las unen: el pasado, la
miseria y la rebeldía son lugares de encuentro y reflexión que no aparecen
en las estadísticas ni en las confusiones clericales. En los hechos,
confrontados con la realidad, los pueblos zapatistas siguen el complicado
camino de hacerse a sí mismos. Sus alianzas locales tienen no pocas
dificultades (la falta de intercomunicación es una de ellas), y a ratos
parece que se hace de cada vez más enemigos en "casa". Pero los
zapatistas saben escuchar al hermano y ver lejos (muchos son sus ojos y oídos),
saben que el enemigo no es el diferente sino el olvido. Así que recordando,
haciendo memoria, siguen construyendo el mañana y, como es ley, remendándolo
con el hilo de la autocrítica...
VI.- Lo que sigue es un espejo para todos...
"Omnis mundi creatura
quasi liber et pictura
nobi est in speculum".
("Toda la creación del mundo,/ como un libro y una pintura,/ es como
un espejo para nosotros").
Alain de Liile.
Necesitamos, todos, vernos como somos realmente.
VII.- Esa luz que se ve a lo lejos es la salida.
Fin del viaje.
Vale. Salud y que la confusión no empañe el espejo y nos impida ver
claro.
Desde el Segundo Círculo del Infierno de Dante, perdón, desde las
montañas del Sureste Mexicano.

México, Octubre de 1997.