Damas y caballeros:
Agradeceríamos la publicación del comunicado
anexo. Si les llega con retraso es porque, enmedio de la gravedad de los
últimos acontecimientos, la mar, su caballito de ella (su servilleta) y otros
seres de dudosa procedencia, hemos sido presa de un ataque de risa después de
leer las últimas declaraciones del comisionado Joaquín Coldwell. ¡Híjole!
¡Dice que hasta el primer decenio del siglo XXI se definirá el futuro político
de Chiapas! ¡Eso es pensar a largo plazo y no "inmediatismo"! Pero,
ya ven, no faltará alguien por ahí que diga que los que quieren alargar el
conflicto son los zapatistas. El comisionado, para quien las emboscadas son
meros "incidentes", y tal vez previendo que algún futuro
"incidente" tenga éxito, quiere jugar ahora a ser el mediador y se
"olvida" de que es el representante gubernamental; hace
"exhortaciones" a las partes y críticas al EZLN y al gobierno;
llama "fantasmas" a los responsables del asesinato contra cientos de
indígenas y de la expulsión de miles de familias de sus comunidades. Ni
escribiendo sus respuestas puede hacerse inteligible. En fin, ayer mandaron a
un policía y hoy mandan a un demagogo. ¿Qué no hay negociadores en el
gobierno federal?
Vale. Salud y que la "democratización" de la confusión
gubernamental no tenga éxito.
Desde las montañas del Sureste mexicano.
El sup mirando con escepticismo lo que viene.
PD: Sección Los cuentos del caballito de mar. La mar, junto mío y
de madrugada, se pone seria y preocupada por las noticias que son públicas y
las que no. Yo, para arrancarle una sonrisa y para que me deje acercarme a su
oído, le cuento en voz baja:
"El cuento del rabito de la nube".
Había una vez una nube que era muy chiquita y muy solita que andaba,
lejos de las grandes nubes. Chiquita era, apenas un rabito de nube. Y cuando
las grandes nubes se hacían lluvia para pintar de verde las montañas,
volando llegaba la nubecita para ofrecer sus servicios, pero mucho la
despreciaban porque era muy pequeña.
-Tú no aportas nada -le decían las grandes nubes-, eres muy chiquita.
Y mucho la burlaban, y entonces la nubecita se iba muy triste a otro
lado para lloverse, pero a donde llegaba la hacían a un lado las grandes
nubles. Y así se fue muy lejos la nubecita, hasta que llegó a un lugar muy
seco, sin una ramita siquiera, y la nubecita le dijo a su espejo (porque
resulta que la nubecita cargaba un su espejo para platicarse cuando estaba
sola):
-Aquí está bueno para lloverse porque nadie viene.
Y entonces la nubecita empezó a hacer una gran esfuerzo para lloverse y
por fin le salió una gotita. Entonces la nubecita se desvaneció y se
transformó en gotita de lluvia. Poco a poco se fue cayendo la nubecita que
ahora era ya una gotita de lluvia. Solita se iba cayendo y nada había abajo
que la esperara. Y solita cayó por fin la gotita. Como mucho silencio había
en ese desierto, mucho ruido hizo la gotita cuando cayó encima de una piedra.
Y entonces se despertó la tierra y preguntó:
-¿Qué es ese ruido?
-Fue una gota de lluvia que cayó -le respondió la piedra.
-¿Una gota de lluvia? Entonces va a llover. ¡Rápido! ¡Prepárense
porque va a llover! -le avisó a las plantas que estaban escondidas del sol
bajo la tierra.
Y las plantas se despertaron rápido y se asomaron, y por un momento
todo ese desierto se cubrió de verde, y entonces las grandes nubes desde
lejos lo miraron tanto verde y dijeron:
-Allá hay mucho verde, vamos a llovernos en aquel lugar que no sabíamos
que estaba verde.
Y se fueron a lloverse en ese lugar que antes era un desierto, y mucho
llovió y las plantas crecieron y todo quedó verde de una vez.
-Suerte que existimos nosotras -dijeron las grandes nubes-, porque sin
nosotras no hay verde.
Y nadie se acordó en ese momento del rabito de nube que se hizo gotita
y que con su ruido despertó a los dormidos.
Nadie se acordó, pero la piedra sí guardó el recuerdo de la gotita de
lluvia. Pasó el tiempo y se desvanecieron las grandes nubes primeras y
murieron las primeras plantas. Y a las nuevas plantas que nacieron y a las
nuevas nubes que llegaron la piedra que no muere nunca les contó la historia
del rabito de nube que se hizo gotita de lluvia. Tan-tan.
En el techo sonó una gotita solitaria. "Va a llover", susurré
mientras sumergí mi mejilla en un mar de trigo...
Vale de nuez
El Suphipocampo