Ejército Zapatista de Liberación Nacional México.
10 de junio de 1994
Hoy decimos: ¡No nos rendiremos!
"... no son únicamente los que portan espadas que chorrean sangre
y despiden rayos fugaces de gloria militar, los escogidos a designar el
personal del gobierno de un pueblo que quiere democratizarse; ese derecho lo
tienen también los ciudadanos que han luchado en la prensa y en la tribuna,
que están identificados con los ideales de la Revolución y han combatido al
despotismo que barrena nuestras leyes; porque no es sólo disparando
proyectiles en los campos de batalla como se barren las tiranías; también
lanzando ideas de redención, frases de libertad y anatemas terribles contra
los verdugos del pueblo, se derrumban dictaduras, se derrumban imperios (...)
y si los hechos históricos nos demuestran que la demolición de toda tiranía,
que el derrumbamiento de todo mal gobierno es obra conjunta de la idea con la
espada, es un absurdo, es una aberración, es un despotismo inaudito querer
segregar a los elementos sanos que tienen el derecho de elegir al Gobierno,
porque la soberanía de un pueblo la constituyen todos los elementos sanos que
tienen conciencia plena, que son conscientes de sus derechos, ya sean civiles
o armados accidentalmente, pero que aman la libertad y la justicia y laboran
por el bien de la Patria."
Emiliano Zapata en voz de Paulino Martínez, delegado zapatista a la
Soberana Convención Revolucionaria, Aguascalientes, Ags., México, 27 de
octubre de 1914.
Al pueblo de México:
A los pueblos y gobiernos del mundo:
Hermanos:
El Ejército Zapatista de Liberación Nacional, en pie de guerra contra el
mal gobierno desde el 1 de Enero de 1994, se dirige a ustedes para dar a
conocer su pensamiento:
I
Hermanos mexicanos:
En diciembre de 1993 dijimos ¡BASTA! El primero de enero de 1994 llamamos
a los poderes Legislativo y Judicial a asumir su responsabilidad
constitucional para que impidieran la política genocida que el poder
Ejecutivo Federal impone a nuestro pueblo, y fundamentamos nuestro derecho
constitucional al aplicar el artículo 39° de la Constitución Política de
los Estados Unidos Mexicanos:
"La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el
pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de
éste. El pueblo tiene, en todo tiempo, el inalienable derecho de alterar o
modificar la forma de su gobierno."
A este llamado se respondió con la política del exterminio y la mentira.
Los poderes de la Unión ignoraron nuestra justa demanda y permitieron la
masacre. Pero sólo duró 12 días esta pesadilla, pues otra fuerza superior a
cualquier poder político o militar se impuso a las partes en conflicto. La
Sociedad Civil asumió el deber de preservar a nuestra patria, ella manifestó
su desacuerdo con la masacre y obligó a dialogar; todos comprendimos que los
días del eterno partido en el poder, quien detenta para su beneficio el
producto del trabajo de todos los mexicanos, no puede continuar más; que el
presidencialismo que lo sustenta impide la libertad y no debe ser permitido,
que la cultura del fraude es el método con el que se imponen e impiden la
democracia, que la justicia sólo existe para los corruptos poderosos, que
debemos hacer que quien mande lo haga obedeciendo, que no hay otro camino.
Eso todos los mexicanos honestos y de buena fe, la Sociedad Civil, lo han
comprendido, sólo se oponen aquellos que han basado su éxito en el robo al
erario público, los que protegen, prostituyendo a la justicia, a los
traficantes y asesinos, a los que recurren al asesinato político y al fraude
electoral para imponerse.
Sólo esos fósiles políticos planean de nuevo dar marcha atrás a la
historia de México y borrar de la conciencia nacional el grito que hizo suyo
todo el país desde el primero de enero del 94: ¡YA BASTA!
Pero no lo permitiremos. Hoy no llamamos a los fallidos poderes de la Unión
que no supieron cumplir con su deber constitucional, permitiendo que el
Ejecutivo Federal los controlara. Si esta legislatura y los magistrados no
tuvieron dignidad. otras vendrán que si entiendan que deben servir a su
pueblo y no a un individuo, nuestro llamado trasciende mas allá de un sexenio
o una elección presidencial en puerta. Es en la SOCIEDAD CIVIL, en quien
reside nuestra soberanía, es el pueblo quien puede, en todo tiempo, alterar o
modificar nuestra forma de gobierno y lo ha asumido ya. Es a él a quien
hacemos un llamado en esta SEGUNDA DECLARACIÓN DE LA SELVA LACANDONA para
decirle:
Primero. Hemos cumplido sin falta el llevar las acciones bélicas dentro de
los convenios sobre la guerra establecidos a nivel mundial: ello nos ha
permitido el reconocimiento tácito de nacionales y extranjeros como fuerza
beligerante. Seguiremos cumpliendo con dichos convenios.
Segundo. Ordenamos a nuestras fuerzas regulares e irregulares en todo el
territorio nacional y en el extranjero la PRÓRROGA UNILATERAL DEL CESE AL
FUEGO OFENSIVO. Mantendremos el respeto al cese al fuego para permitir a la
sociedad civil que se organice en las formas que considere pertinentes para
lograr el tránsito a la democracia en nuestro país.
Tercero. Condenamos la amenaza que sobre la Sociedad Civil se cierne al
militarizar el país, con personal y modernos equipos represivos, en vísperas
de la jornada para elecciones federales. No hay duda de que el gobierno
salinista pretende imponerse por la cultura del fraude. NO LO PERMITIREMOS.
Cuarto. Proponemos a todos los partidos políticos independientes el que
reconozcan ahora el estado de intimidación y de privación de los derechos
políticos que ha sufrido nuestro pueblo los últimos 65 años y que se
pronuncien por asumir un gobierno de transición política hacia la
democracia.
Quinto. Rechazamos la manipulación y el tratar de desligar nuestras justas
demandas de las del pueblo mexicano. Somos mexicanos y no depondremos ni
nuestras demandas ni nuestras armas si no son resueltas la Democracia, la
Libertad y la Justicia para todos.
Sexto. Reiteramos nuestra disposición a una solución política en el tránsito
a la democracia en México. Llamamos a la Sociedad Civil a que retome el papel
protagónico que tuvo para detener la fase militar de la guerra y se organice
para conducir el esfuerzo pacífico hacia la democracia, la libertad y la
justicia. El cambio democrático es la única alternativa de la guerra.
Séptimo. Llamamos a los elementos honestos de la sociedad civil a un Diálogo
Nacional por la Democracia, la Libertad y la Justicia para todos los
mexicanos.
Por eso decimos:
II
Hermanos:
Después de iniciada la guerra, en enero de 1994, el grito organizado del
pueblo mexicano detuvo el enfrentamiento y se llamó al diálogo entre las
partes contendientes. A las justas demandas del EZLN, el gobierno federal
respondió con una serie de ofrecimientos que no tocaban el punto esencial del
problema: la falta de justicia, de libertad y de democracia en las tierras
mexicanas.
El límite del cumplimiento de los ofrecimientos del gobierno federal a las
demandas del EZLN es el que se marca asimismo el sistema político del partido
en el poder. Este sistema es el que ha hecho posible que en el campo mexicano
subsista y se sobreponga al poder constitucional otro poder cuyas raíces
posibilitan el mantenimiento del partido en el poder. Es este sistema de
complicidad el que hace posible la existencia y beligerancia de cacicazgos, el
poder omnipotente de los ganaderos y comerciantes y la penetración del
narcotráfico... El solo ofrecimiento de los llamados Compromisos para una Paz
Digna en Chiapas provocó gran revuelo y un abierto desafío de estos
sectores. El sistema político unipartidista trata de maniobrar en este
reducido horizonte que su existencia como tal le impone: no puede dejar de
tocar a estos sectores sin atentar contra sí mismo, y no puede dejar las
cosas como antes sin que aumente la beligerancia de los campesinos e indígenas.
En suma: el cumplimiento de los compromisos implica, necesariamente, la muerte
del sistema de partido de Estado. Por suicidio o por fusilamiento, la muerte
del actual sistema político mexicano es condición necesaria, aunque no
suficiente, del tránsito a la democracia en nuestro país. Chiapas no tendrá
solución real si no se soluciona México.
El EZLN ha entendido que el problema de la pobreza mexicana no es sólo la
falta de recursos. Más allá, su aportación fundamental es entender y
plantear que cualquier esfuerzo, en algún sentido o en todos, sólo pospondrá
el problema si estos esfuerzos no se dan dentro de un nuevo marco de
relaciones políticas nacionales, regionales y locales: un marco de
democracia, libertad y justicia. El problema del poder no será quién es el
titular, sino quién lo ejerce. Si el poder lo ejerce la mayoría, los
partidos políticos se verán obligados a confrontarse a esa mayoría y no
entre sí.
Replantear el problema del poder en este marco de democracia, libertad y
justicia obligará a una nueva cultura política dentro de los partidos. Una
nueva clase de políticos deberá nacer y, a no dudarlo, nacerán partidos políticos
de nuevo tipo.
No estamos proponiendo un mundo nuevo, apenas algo muy anterior: la
antesala del nuevo México. En este sentido, esta revolución no concluirá en
una nueva clase, fracción de clase o grupo en el poder, sino en un
"espacio" libre y democrático de lucha política. Este
"espacio" libre y democrático nacerá sobre el cadáver maloliente
del sistema de partido de Estado y del presidencialismo. Nacerá una relación
política nueva. Una nueva política cuya base no sea una confrontación entre
organizaciones políticas entre sí, sino la confrontación de sus propuestas
políticas con las distintas clases sociales, pues del apoyo real de éstas
dependerá la titularidad del poder político, no su ejercicio. Dentro de esta
nueva relación política, las distintas propuestas de sistema y rumbo
(socialismo, capitalismo, socialdemocracia, liberalismo, democracia cristiana,
etcétera) deberán convencer a la mayoría de la Nación de que su propuesta
es la mejor para el país. Pero no sólo eso, también se verán
"vigilados" por ese país al que conducen de modo que estén
obligados a rendir cuentas regulares y al dictamen de la Nación respecto a su
permanencia en la titularidad del poder o su remoción. El plebiscito es una
forma regulada de confrontación Poder-partido político-Nación y merece un
lugar relevante en la máxima ley del país.
La actual legislación mexicana es demasiado estrecha para estas nuevas
relaciones políticas entre gobernantes y gobernados. Es necesaria una
Convención Nacional Democrática de la que emane un Gobierno Provisional o de
Transición, sea mediante la renuncia del Ejecutivo federal o mediante la vía
electoral.
Convención Nacional Democrática y Gobierno de Transición deben
desembocar en una nueva Carta Magna en cuyo marco se convoque a nuevas
elecciones. El dolor que este proceso significará para el país será siempre
menor al daño que produzca una guerra civil. La profecía del sureste vale
para todo el país, podemos aprender ya de lo ocurrido y hacer menos doloroso
el parto del nuevo México.
El EZLN tiene una concepción de sistema y de rumbo para el país. La
madurez política del EZLN, su mayoría de edad como representante del sentir
de una parte de la Nación, está en que no quiere imponerle al país esta
concepción. El EZLN reclama lo que para sí mismo es evidente: la mayoría de
edad de México y el derecho de decidir, libre y democráticamente, el rumbo
que habrá de seguir. De esta antesala histórica saldrá no sólo un México
más justo y mejor, también saldrá un mexicano nuevo. A esto apostamos la
vida, a heredar a los mexicanos de pasado mañana un país en el que no sea
una vergüenza vivir...
El EZLN, en un ejercicio democrático sin precedentes dentro de una
organización armada, consultó a sus componentes sobre la firma o no de la
propuesta de acuerdos de paz del gobierno federal. Viendo que el tema central
de democracia, libertad y justicia para todos no había sido resuelto, las
bases del EZLN, indígenas en su mayoría, decidieron rechazar la firma de la
propuesta gubernamental.
En condiciones de cerco y presionados por distintos lugares que amenazaban
con el exterminio si no se firmaba la paz, los zapatistas reafirmamos nuestra
decisión de conseguir una paz con justicia y dignidad y en ello empeñar la
vida y la muerte. En nosotros encuentra, otra vez, lugar la historia de lucha
digna de nuestros antepasados. El grito de dignidad del insurgente Vicente
Guerrero, "Vivir por la Patria o Morir por la Libertad", vuelve a
sonar en nuestras gargantas. No podemos aceptar una paz indigna.
Nuestro camino de fuego se abrió ante la imposibilidad de luchar pacíficamente
por derechos elementales del ser humano. El más valioso de ellos es el
derecho a decidir, con libertad y democracia, la forma de gobierno. Ahora la
posibilidad de tránsito pacífico a la democracia y a la libertad se enfrenta
a una nueva prueba: el proceso electoral de agosto de 1994. Hay quienes
apuestan al periodo poselectoral predicando la apatía y el desengaño desde
la inmovilidad. Pretenden usufructuar la sangre de los caídos en todos los
frentes de combate, violentos y pacíficos, en la ciudad y en el campo. Fundan
su proyecto político en el conflicto posterior a las elecciones y esperan,
sin nada hacer, a que la desmovilización política abra otra vez la
gigantesca puerta de la guerra. Ellos salvarán, dicen, al país.
Otros apuestan desde ahora a que el conflicto armado se reinicie antes de
las elecciones y la ingobernabilidad sea aprovechada por ellos para
perpetuarse en el poder. Como ayer hicieron usurpando la voluntad popular con
el fraude electoral, hoy y mañana, con el río revuelto de una guerra civil
preelectoral, pretenden alargar la agonía de una dictadura que, enmascarada
en el partido de Estado, dura ya décadas. Algunos más, apocalípticos estériles,
razonan ya que la guerra es inevitable y se sientan a esperar para ver pasar
el cadáver de su enemigo... o de su amigo. El sectario supone, erróneamente,
que el solo accionar de los fusiles podrá abrir el amanecer que nuestro
pueblo espera desde que la noche se cerró, con las muertes de Villa y Zapata,
sobre el suelo mexicano.
Todos estos ladrones de la esperanza suponen que detrás de nuestras armas
hay ambición y protagonismo, que esto conducirá nuestro andar en el futuro.
Se equivocan. Detrás de nuestras armas de fuego hay otras armas, las de la
razón. Y a ambas las anima la esperanza. No dejaremos que nos la roben.
La esperanza con gatillo tuvo su lugar en el inicio del año. Es ahora
preciso que espere. Es preciso que la esperanza que anda en las grandes
movilizaciones vuelva al lugar protagónico que le corresponde por derecho y
razón. La bandera está ahora en manos de los que tienen nombre y rostro, de
gentes buenas y honestas que caminan rutas que no son la nuestra, pero cuya
meta es la misma que anhelan nuestros pasos. Nuestro saludo y nuestra
esperanza de que lleven esa bandera adonde debe de estar. Nosotros estaremos
esperando, de pie y con dignidad. Si esa bandera cae, nosotros sabremos
levantarla de nuevo...
Que la esperanza se organice, que camine ahora en los valles y ciudades
como ayer en las montañas. Peleen con sus armas, no se preocupen de nosotros.
Sabremos resistir hasta lo último. Sabremos esperar... y sabremos volver si
se cierran de nuevo todas las puertas para que la dignidad camine.
Por esto nos dirigimos a nuestros hermanos de las organizaciones no
gubernamentales, de las organizaciones campesinas e indígenas, trabajadores
del campo y de la ciudad, maestros y estudiantes, amas de casa y colonos,
artistas e intelectuales, de los partidos independientes, mexicanos:
Los llamamos a un diálogo nacional con el tema de Democracia, Libertad y
Justicia. Para esto lanzamos la presente:
Convocatoria para la Convención Nacional Democrática
Nosotros, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, en lucha por
lograr la democracia, la libertad y la justicia que nuestra patria merece, y
considerando:
Primero. Que el supremo gobierno ha usurpado también la legalidad que nos
heredaron los héroes de la Revolución Mexicana.
Segundo. Que la Carta Magna que nos rige no es ya más la voluntad popular
de los mexicanos.
Tercero. Que la salida del usurpador del Ejecutivo federal no basta y es
necesaria una nueva ley para nuestra patria nueva, la que habrá de nacer de
las luchas de todos los mexicanos honestos.
Cuarto. Que son necesarias todas las formas de lucha para lograr el tránsito
a la democracia en México.
Llamamos a la realización de una Convención Democrática, nacional,
soberana y revolucionaria, de la que resulten las propuestas de un gobierno de
transición y una nueva ley nacional, una nueva Constitución que garantice el
cumplimiento legal de la voluntad popular.
El objetivo fundamental de la Convención Nacional Democrática es
organizar la expresión civil y la defensa de la voluntad popular.
La soberana convención revolucionaria será nacional en tanto su composición
y representación deberá incluir a todos los estados de la Federación,
plural en el sentido en que las fuerzas patriotas podrán estar representadas,
y democrática en la toma de decisiones, recurriendo a la consulta nacional.
La convención estará presidida, libre y voluntariamente, por civiles,
personalidades públicas de reconocido prestigio, sin importar su filiación
política, raza, credo religioso, sexo o edad.
La convención se formará a través de comités locales, regionales y
estatales en ejidos, colonias, escuelas y fábricas por civiles. Estos comités
de la convención se encargarán de recabar las propuestas populares para la
nueva ley constitucional y las demandas a cumplir por el nuevo gobierno que
emane de ésta.
La convención debe exigir la realización de elecciones libres y democráticas
y luchar, sin descanso, por el respeto a la voluntad popular.
El Ejército Zapatista de Liberación Nacional reconocerá a la Convención
Democrática Nacional como representante auténtico de los intereses del
pueblo de México en su tránsito a la democracia.
El Ejército Zapatista de Liberación Nacional se encuentra ya en todo el
territorio nacional y está ya en posibilidad de ofrecerse al pueblo de México
como Ejército garante del cumplimiento de la voluntad popular.
Para la primera reunión de la Convención Nacional Democrática, el EZLN
ofrece como sede un poblado zapatista y todos los recursos con que cuenta.
La fecha y lugar de la primera sesión de la Convención Nacional Democrática
será dada a conocer en su oportunidad.
III
Hermanos mexicanos:
Nuestra lucha continúa. Sigue ondeando la bandera zapatista en las montañas
del Sureste mexicano y hoy decimos: ¡No nos rendiremos!
De cara a la montaña hablamos con nuestros muertos para que en su palabra
viniera el buen camino por el que debe andar nuestro rostro amordazado.
Sonaron los tambores y en la voz de la tierra habló nuestro dolor y
nuestra historia habló nuestro dolor y nuestra historia habló.
"Para todos todo" dicen nuestros muertos. Mientras no sea así,
no habrá nada para nosotros.
Hablen la palabra de los otros mexicanos, encuentren del corazón el oído
de aquellos por los que luchamos. Invítenlos a caminar los pasos dignos de
los que no tienen rostro. Llamen a todos a resistir que nadie reciba nada de
los que mandan mandando. Hagan del no venderse una bandera común para los más.
Pidan que no sólo llegue palabra de aliento para nuestro dolor. Pidan que lo
compartan, pidan que con ustedes resistan, que rechacen todas las limosnas que
del poderoso vienen. Que las gentes buenas todas de estas tierras organicen
hoy la dignidad que resiste y no se vende, que mañana esa dignidad se
organice para exigir que la palabra que anda en el corazón de los
mayoritarios tenga verdad y saludo de los que gobiernan, que se imponga el
buen camino de que el que mande, mande obedeciendo.
¡No se rindan! ¡Resistan! No falten al honor de la palabra verdadera. Con
dignidad resistan en las tierras de los hombres y mujeres verdaderos, que las
montañas cobijen el dolor de los hombres de maíz. ¡No se rindan! ¡Resistan!
¡No se vendan! ¡Resistan!
Así hablo su palabra del corazón de nuestros muertos de siempre. Vimos
nosotros que es buena su palabra de nuestros muertos, vimos que hay verdad y
dignidad en su consejo. Por eso llamamos a todos nuestros hermanos indígenas
mexicanos a que resistan con nosotros. Llamamos a los campesinos todos a que
resistan con nosotros, a los obreros, a los empleados, a los colonos, a las
amas de casa, a los estudiantes, a los maestros, a los que hacen del
pensamiento y la palabra su vida. A todos los que dignidad y vergüenza
tengan, a todos llamamos a que con nosotros resistan, pues quiere el mal
gobierno que no haya democracia en nuestros suelos. Nada aceptaremos que venga
del corazón podrido del mal gobierno, ni una moneda sola ni un medicamento ni
una piedra ni un grano de alimento ni una migaja de las limosnas que ofrece a
cambio de nuestro digno caminar.
No recibiremos nada del supremo gobierno. Aunque aumenten nuestro dolor y
nuestra pena; aunque la muerte siga con nosotros en mesa, tierra y lecho;
aunque veamos que otros se venden a la mano que los oprime; aunque todo duela;
aunque la pena llore hasta en las piedras. No aceptaremos nada. Resistiremos.
No recibiremos nada del gobierno. Resistiremos hasta que el que mande, mande
obedeciendo.
Hermanos: No se vendan. Resistan con nosotros. No se rindan. Resistan con
nosotros. Repitan con nosotros, hermanos, la palabra de "¡No nos
rendimos! ¡Resistimos!" Que se escuche no sólo en las montañas del
Sureste mexicano, que se escuche en el norte y en las penínsulas, que en
ambas costas se escuche, que en el centro se oiga, que en valles y montañas
se vuelva grito, que resuene en la ciudad y en el campo. Unan su voz hermanos,
griten con nosotros, hagan suya nuestra voz:
¡No nos rendimos! ¡Resistimos!
Que la dignidad rompa el cerco con el que las manos sucias del mal gobierno
nos asfixian. Todos estamos cercados, no dejan que la democracia, la libertad
y la justicia entren a tierras mexicanas. Hermanos: todos estamos cercados, ¡No
nos rindamos! ¡Resistamos! ¡Seamos dignos! ¡No nos vendamos¡
¿De qué le servirán al poderoso sus riquezas si no puede comprar lo más
valioso en estas tierras? ¿Si la dignidad de los mexicanos todos no tiene
precio, para qué el poder del poderoso?
¡La dignidad no se rinde!
¡La dignidad resiste!
¡Democracia!
¡Libertad!
¡Justicia!
Desde las montañas del Sureste mexicano.
Comité Clandestino Revolucionario Indígena-Comandancia
General del Ejército Zapatista de Liberación Nacional
México. Junio de 1994.