Ejército
Zapatista de Liberación Nacional
Hermanos y hermanas de las
Coordinadoras de Contacto de la Provincia Mexicana:
Bienvenidas y bienvenidos a La
Realidad. Queremos agradecerles el que hayan aceptado nuestra invitación para esta
reunión de trabajo. Tenemos el honor de que estén con nosotros compañeros y compañeras
de muchos rincones de nuestro país. Les voy a pedir a todos que saludemos nuestros estar
aquí como de por sí saludamos los zapatistas, es decir, con un aplauso. Por eso pido un
saludo para Baja California Norte, Baja California Sur, Chihuahua (especialmente a
nuestros hermanos indígenas de la sierra Tarahumara, los compañeros rarámuris),
Michoacán, estado de México, Puebla, Guerrero, de Jalisco, de Oaxaca, de Querétaro, de
Guanajuato, de Coahuila, de Hidalgo, de Quinta Roo, de Campeche, de Colima, de Morelos, de
Tlaxcala, de Chiapas. Mandemos también un saludo a los hermanos y hermanas de Veracruz y
Tabasco, que no pudieron asistir porque están apoyando a las personas afectadas por las
lluvias. Un saludo igual para Tlanepantla-Atizapán que no asiste por una actividad
pública que fue imposible cancelar. El resto de los compañeros y compañeras no están
presentes por razones económicas.
Les queremos dar a todos un pequeño
informe sobre cómo van las coordinadoras a nivel nacional.
A.- Hasta el día de hoy, hay
registradas 47 Coordinadoras de Contacto en todo el país.
B.- 17 son Coordinadoras Estatales.
Aguascalientes (Aguascalientes), Baja California Sur (La Paz), Colima (Colima), Guanajuato
(Irapuato), Guerrero (Chilpancingo y Acapulco), Hidalgo con enlaces regionales en
Sierra-Centro, Sur, Valle de Mezquital, Altiplano y Huasteca (Pachuca, Tulancingo, Tula,
Ixmiquilpan, Tizayuca, Huejutla, Ajacuba, Zapotlán), Michoacán, Morelos, Nuevo León,
Oaxaca, Querétaro, Quinta Roo, Tabasco, Tlaxcala, Veracruz, Yucatán.
C.- 5 son Coordinadoras Municipales.
Chihuahua-Aladama-Chihuahua, Chihuahua-Justicia y Dignidad-Chihuahua, Chihuahua-Chihuahua,
Toluca-estado de México, y Puebla- Puebla.
D.- 12 son Coordinadoras Regionales.
Baja California Norte-Tijuana, Baja California Sur-Marlin, Coahuila-Torreón,
Chiapas-Región Altos, Chiapas-Zona Norte, Chihuahua-Rarámuri, Región Norte-estado de
México, Izúcar de Matamoros-Puebla, Norte-Sur-Centro-Puebla, Regional Rural de Puebla,
Tamazunchale-SLP, Regional Mérida-Yucatán.
E.- 13 son Coordinadoras Especiales.
Alvaro Obregón-DF, Azcapotzalco-DF, Coyoacán-DF, Cuauhtémoc-DF, Iztapalapa-DF,
Magdalena Contreras-DF, Tlalpan-DF, Venustiano Carranza-DF, Ecatepec-estado de México,
Naucalpan-estado de México, Tlalnepantla-estado de México, Nezahuacóyotl-estado de
México, Regional Suroeste-estado de México.
Además, están discutiendo la
posibilidad de convertirse en contacto los compañeros y compañeras de Zacatecas,
Nayarit, Sinaloa (región Guamúchil), Coacalco-estado de México, Jalisco y Ciudad
Juárez-Chihuahua.
Falta mucho de informar y de platicar.
La mayor parte de esto les toca a ustedes y queremos escucharlos con atención. Para esto
los hemos invitado a esta reunión, para que nos hablen a nosotros y para que la palabra
que cada uno trae sea también un puente con los otros que tienen el mismo empeño y el
mismo dolor de cabeza por culpa de esas 7 tareas.
Sabemos bien que todas y todos han
tenido que sacrificar algo para asistir a este encuentro en estos días. Muchos han
sacrificado sus días de descanso, otros han sacrificado el estar cerca de sus muertos y
hablarles y honrarlos como de por sí hablamos y honramos a nuestros muertos en México.
Sí, en estos días, muchos y muchas mexicanas y mexicanos volteamos a mirar a nuestros
muertos y los mandamos a la tierra nuestros recuerdos, las memorias que nos dejaron. Con
nuestros muertos platicamos, cantamos y a veces nos reímos, tal vez por eso parecen tan
vivos nuestros muertos.
Sabemos también que el viaje ha sido
largo y pesado, y que los federales se los hicieron más largo y pesado. Pero así es de
por sí. Ellos, los del gobierno, no quieren vernos acompañados, nos quieren ver solos y
lejos de todos, sin nadie que le dé un lugar a nuestra palabra, sin ninguna voz para
nuestro oído. Eso quieren y pues ya se ve que no les sale, porque aquí están pues
ustedes y aquí estamos nosotros. O sea que hay corazón para nuestra palabras y hay
tierra buena para las palabras que traen los pasos de todos ustedes.
Y abusando de su paciencia, pero
aprovechando el vuelo que traen todavía, quisiera que me permitieran platicarles una
historia, una historia que tiene que ver con el siete, con el sacrificio, con los
antepasados, con la tierra, con la palabra.
La historia que les voy a contar viene
de muy lejos. Y no estoy hablando de distancia, ni de tiempo, sino de hondura. Porque las
historias que nos nacieron no caminan el tiempo y el espacio, no, se quedan ahí nomás,
estando, y estando les va pasando encima la vida y les va haciendo más doble la piel,
porque eso es la vida y eso el mundo es, la piel con la que la historia se va abrigando
para estarse. Así nomás se van juntando las historias, una sobre otra, y las más
primeras están mero adentro, muy lejos. Por eso, cuando digo que la historia que les voy
a contar viene de muy lejos, no estoy hablando de muchos kilómetros, no de años, no de
siglos. Cuando los más viejos de los viejos de nuestros pueblo hablan de historias que
vienen de lejos, señalan la tierra para enseñarnos que dentro de ella están las
palabras que caminan verdades. Morena es la tierra y es morena la morada en donde descansa
la palabra primera, la verdadera. Por eso nuestros más primeros padres y madres tenían
la piel morena. Por eso, con el color de la noche anda el rostro de quienes traen la
historia a cuestas.
La historia de los mundos que hacen
este mundo viene de muy lejos. No se encuentran así nomás, colgada de un libro o pintada
en un árbol. No anda ni el paso del río ni el vuelo de la nube. No se lee la historia de
los mundos que somos agotando calendarios. La historia de cómo nos fuimos naciendo y
haciendo no está escondida detrás de letras y papel, no. Esa historia está muy lejos,
muy hondo está pues, muy dentro. Pero no es la historia de este mundo en el que caminan
tantos mundos la que les voy a contar. O tal vez sí. Tal vez todas las historias son
hijas y madres de la historia primera, de la más lejana, de la más profunda, de la más
verdadera.
Cuentan los más viejos de los viejos
que viven estas montañas, que ya había muchos hombres y mujeres viviendo en este mundo
antes de que hubiera día. Grande era el número de la gente y todo seguía siendo noche y
agua. El cielo se estaba como dormido. Y de por sí era porque los más grandes dioses,
los que nacieron el mundo, los más primeros, dormidos se estaban. Largo se habían
trabajado estos dioses primeros. De por sí mucho cansa nacer un mundo nuevo. Dormidos se
estaban, pues, los más grandes dioses y dormidos los acompañaba el cielo. En cama de
noche y agua soñaban los más primeros dioses. Habían ya hecho las montañas, que fue la
primera tierra que del agua sacaron. Y algunas fueron aplanadas y otras fueron hendidas y
hubo así montañas, valles y quebradas. La primera tierra fue montaña. Por eso, dicen
nuestros viejos más viejos, que es en la montaña donde vive la historia más primera, la
que se está más lejos.
Cuando los hombres y mujeres se
cansaron de tanta agua y noche se dieron en protestarse y regañar mucho. Mucha bulla
hacían estos hombres y mujeres que eran muchos y muchas, sí, pero eran los primeros que
andaban el mundo y eran también ya muchos los colores que pintaban sus pieles y palabras.
Con tanto ruidero, despertaron los dioses más primeros, los más grandes, y preguntaron
que por qué tenían ese gritadero los hombres y mujeres que vivían el mundo. Todos y
todas empezaron a hablar al mismo tiempo, y a gritar, y a arrebatarse la palabra, y a
pelear por ver quién hablaba más y más fuerte, y así tardaron.
No muy entendían los dioses primeros,
que eran grandes y habían nacido el mundo pero no podían saber qué querían los hombres
y mujeres porque no hablaban sino que puro gritadero y peleadera hacían. Y menos podían
dormir los primeros dioses y entonces llamaron a los hombres y mujeres que de maíz
habían hecho, los verdaderos, y les preguntaron qué pasaba.
Los hombres y mujeres de maíz tenían el corazón de la palabra, y sabían bien que no
es gritando o peleando como la palabra camina para abrazar a hombres y mujeres. Porque
cuando nació la flor de la palabra, los más grandes dioses, los que nacieron el mundo,
los más primeros la sembraron en el corazón de estos hombres y mujeres de maíz, porque
la verdad es buena tierra para que nazca y crezca la palabra. Pero es otra historia.
Resulta que fueron estos hombres y
mujeres de maíz a hablar con los dioses primeros. "Aquí estamos, pues",
dijeron. Y los dioses preguntaron: "¿Por qué mucho gritan y pelean esos hombres
y mujeres? ¿No saben que con tanto ruidero como hacen, no dejan dormir? ¿Qué quieren
pues?".
"Quieren la luz",
dijeron los hombres y mujeres verdaderos a los más grandes dioses.
"La luz", dijeron los
dioses primeros. "La luz", repitieron los hombres y mujeres verdaderos.
Se miraron entre sí los dioses y clarito se vio que se estaban haciendo patos porque de
seguro a alguno le tocaba lo de la luz, pero nada dijeron. "Esperen", les
pidieron los más grandes dioses a los hombres y mujeres verdaderos, y se fueron a hacer
una su asamblea y tardaron, tal vez porque de por sí tarda sacar acuerdos grandes, porque
la luz no era poca cosa, era la luz pues.
Regresaron luego los dioses y les
dijeron a los hombres y mujeres verdaderos: "La luz de por sí está, pero no
aquí está".
"¿Dónde pues está la
luz?", preguntaron los hombres y mujeres de maíz.
"Allá", dijeron, los
dioses y señalaron hacia uno de los 7 puntos que orientan el mundo. Y los 7 puntos que
marcan el mundo son el frente y el atrás, el uno y otro lado, el arriba y el abajo, y el
centro es el séptimo punto y el primero.
Hacia uno de los lados señalaban los
dioses y siguieron su palabra: "Mucho pesa la luz, por eso no la trajimos. Allá
quedó. Mucho pesa. Ni nosotros que somos dioses primeros podemos cargarla y traerla, por
eso allá quedó". Se quedaron callados y apenados los dioses primeros, porque
aunque eran los más grandes, los que nacieron el mundo, no habían podido traer cargando
la luz que los hombres y mujeres necesitaban para caminarse los mundos que forman el
mundo. Y el más apenado de todos era el Hurakán, también nombrado Caculhá Hurakán,
que quiere decir "rayo de una pierna" o "relámpago", porque aunque
era muy grande y poderoso, no había podido traer cargando la luz porque sólo una pierna
tenía.
Pensando se quedaron los hombres y
mujeres de maíz, los verdaderos, pero como era mucha la gritadera que se traían los
demás hombres y mujeres, pues se subieron a una montaña y ahí quedaron callados para
buscarse la palabra, y callados la encontraron. Y la palabra les habló diciendo que lo
que se necesitaba era hacer algo que pudiera cargar la luz aunque mucho pesara y la
trajera hasta este lado del mundo y no nomás se quedara del otro lado. "!Ya está
pues!", se dijeron los hombres y mujeres verdaderos, "sólo se necesita
hacer algo para cargar la luz y traerla hasta acá". "Sí pues", se
volvieron a decir los hombres y mujeres de maíz.
Y entonces se pusieron a pensar en
cómo hacer esa cosa que pudiera cargar la luz y traerla desde muy lejos hasta este lado.
Y pensaron con qué podrían hacer esa cosa y vieron que la tierra era buena. Pero la
tierra se desmoronaba nomás juntaban un tanto. Y entonces le echaron agua y ya duró un
poco, pero cuando se secaba otra vez se desmoronaba. Y entonces agarraron un tanto de
tierra y le echaron un poco de agua, y la acercaron al fuego y se puso dura y resistente
un rato, pero a luego el mismo fuego la rompió con su calor. Y entonces se dieron la idea
de soplarla cuando estuviera al fuego. Y vieron que así duraba bastante la tierra,
ayudada por el agua, el fuego y el viento. Fue así como, desde entonces, el barro sirve
para cargar y tener cosas. Y muy contentos se pusieron los hombres y mujeres verdaderos
porque ya tenían con qué hacer la cosa que cargaría la luz que muy lejos se estaba.
Y entonces se pusieron a pensar que
cuál forma le daban a la cosa que traería la luz de este lado. Y entonces se pensaron
que, de todas las cosas que en el mundo andaban y se estaban, la mejor forma la tenía el
ser humano y entonces se pensaron de darle la forma de un ser humano a la cosa que
cargaría la luz para traerla al mundo de todos. Y así que le hicieron una su cabeza,
unos sus dos brazos y unas sus dos piernas. Y muy requete contentos se pusieron los
hombres y mujeres de maíz porque ya tenía sustancia y forma el carro que traería la luz
cargándola desde lejos.
Pero muy oscura estaba la cosa esa y
era seguro que se iba a perder en el camino porque de por sí todo era noche y agua y muy
triste se pusieron los hombres y mujeres verdaderos. Pero entonces vino el Hurakán, el
corazón del cielo, que así también llaman al relámpago, al trueno, a la tormenta, que
sólo un pie camina pero fuerte es y brilla. Y el corazón del cielo, también llamado
"Hurakán", talló la piel de la cosa oscura para pegarle el brillo de su único
pie, y mucho talló y raspó el corazón del cielo y por fin brilló la cosa esa, pero ya
su forma no era de una cabeza con dos brazos y dos piernas, sino que de tanta talladera se
afiló y ahora tenía 5 puntas: una donde estaba la cabeza, dos donde estaban los brazos y
dos más donde estaban las piernas. Pero siempre algo brillaba la cosa esa de cinco puntas
y contentos se pusieron los hombres y mujeres verdaderos porque con ese brillo seguro que
no se perdía en el camino para ir a traer cargando la luz que estaba lejos y mucho
pesaba.
Y ya todo parecía estar listo, pero la
cosa esa no se movía. Sí brillaba y era fuerte y hasta bonita se veía con sus cinco
puntas, pero nada que se caminaba. Y mucho la empujaban los hombres y mujeres verdaderos,
pero ahí se estaba nomás. "¿Y ora?", se preguntaron los hombres y
mujeres de maíz. "Saber", se respondieron y rascaban su cabeza para ver
si así salía la idea, por eso desde entonces los hombres y mujeres, cuando no saben,
rascan su cabeza para ver si la idea no se quedó pegada por ahí o dormida. Pero por más
que se rascaban no encontraban su idea.
Y fueron a preguntar con los viejos
más viejos de su comunidad. Y esto fue lo que les dijeron los más viejos de los viejos. "Esa
cosa no camina porque no tiene corazón, sólo caminan las cosas que tienen corazón".
Y entonces muy felices se pusieron los
hombres y mujeres verdaderos porque ya sabían por qué no caminaba lo que hicieron. Y
entonces dijeron: "Pongámosle corazón a esto que hemos hecho para que así
camine y vaya a traer la luz que lejos está y mucho pesa". Pero no sabían cómo
o de qué tenía que ser el corazón de esa cosa, y entonces se arrancaron el corazón que
cada uno y una llevaba en el pecho, y juntaron todos los corazones e hicieron un corazón
muy grande y fueron y lo pusieron en el centro de las cinco puntas de la cosa que había
hecho. Y esa cosa empezó a caminar y muy felices se estaban los hombres y mujeres de
maíz, porque aunque se habían quitado el corazón, así habían hecho que esa cosa se
moviera.
Pero la cosa andaba de un lado para
otro, y venía y se iba y daba vueltas y brincaba, y por más que la empujaban y le
señalaban el lado por el que debía de andar para ir a traer la luz que mucho pensaba y
lejos estaba, nomás no enrumbaba, o sea que no agarraba camino de una vez. Y, después de
mucho rascarse la cabeza, se desesperaron un poco los hombres y mujeres verdaderos, y
fueron otra vez a preguntar con los viejos más viejos de su pueblo: "Ya se mueve
porque el corazón le dimos, pero anda de un lado a otro, no agarra el buen camino que
queremos, ¿qué hacemos pues?", preguntaron.
Y los más viejos de los viejos les
respondieron: "Las cosas que tienen corazón se mueven, pero sólo las que tienen
pensamiento pueden darle rumbo y destino al paso".
Y otra vez que se ponen contentos los
hombres y mujeres de maíz y se dijeron: "Ya sabemos cómo hacer para que tenga
rumbo y destino lo que hicimos". "Sí", se dijeron, "démosle
pensamiento de donde le dimos sentimiento"; y de su pecho sacaron la palabra
buena, la verdadera, y fueron y con ella besaron a esa cosa que mucho se movía, y sí, la
cosa esa se quedó quieta un rato y luego habló y preguntó: "¿A dónde debo ir
y qué debo hacer?".
Aplaudieron los hombres y mujeres
verdaderos porque ya habían nacido con qué cargar la luz que mucho pesaba y lejos estaba
para traerla a iluminar a todos los hombres y mujeres de todos los mundos. Y así quedó
hecha esa cosa, que muy grande y poderosa era, y siete fueron los elementos que la
formaron: la tierra, el agua, el fuego, el aire, el rayo, el corazón y la palabra. Y
desde entonces siete son los elementos que nacen y hacen los mundos nuevos y buenos. Y
entonces aplaudieron los hombres y mujeres de maíz y ya le dijeron a la cosa por dónde
debía ir y lo que debía hacer, y hasta un su mecapal le dieron para que se ayudara
porque bien sabían que tanto pesaba la luz que ni los dioses más grandes, los que
nacieron el mundo, los más primeros, habían podido cargarla.
Y se fue la cosa esa y algo tardó. Y
sentados en la montaña, los hombres y mujeres verdaderos pasaron un buen rato mirando
hacia allá, hacia aquel lado. Y la noche seguía estando y no se movía nada. Y los
hombres y mujeres de maíz no se desesperaron, tranquilos se estuvieron porque bien
sabían que iba a llegar de por sí la luz, porque para eso le habían dado el corazón y
la palabra a quien habría de cargar y traer la luz, no importa que muy lejos estuviera y
que mucho se pesara.
Y así pasó que algunos ratos después
se vio a lo lejos que venía despacio la cosa esa. Paso a pasito se fue llegando hasta
este lado, caminando el cielo. Y ya luego que llegó, otro rato pasó, y entonces ya
detrás llegó la luz, y hubo sol y hubo día y los hombres y mujeres del mundo se
alegraron y siguieron su camino así, buscando con la luz, buscando a saber qué, porque
de por sí cada quien busca algo, pero todos buscan.
Esta es la historia que les quería
contar, la historia de cómo llegó la luz a este mundo. Tal vez ustedes piensen que es
sólo un cuento o una leyenda de ésas que pueblan las montañas del sureste mexicano. Tal
vez. Pero si ustedes velan la noche que abraza nuestros suelos, podrán ver de madrugada,
al oriente, una estrella. Ella anuncia el día. Algunos la llaman "estrella del
amanecer" o "lucero del alba". Los científicos y los poetas la han llamado
"Venus". Pero nuestros más antiguos la llamaron "Icoquih", que
quiere decir "la que sobre sus hombres lleva el sol" o "la que lleva el sol
a cuestas". Nosotros la nombramos "la estrella del mañana", porque ella
anuncia que la noche está por terminar y que otra mañana llega. Esta estrella, que
hicieron los hombres y mujeres de maíz, los verdaderos, camina con sentimiento y
pensamiento, y llega como es ley, es decir, de madrugada.
Y si les cuento esta historia no es
para entretenerlos y quitarles el tiempo que necesitan para ver todas las cosas que tienen
que ver en esta reunión. No. Se las cuento porque esta historia que viene de tan lejos
nos recuerda que es pensando y sintiendo como se trae la luz que ayuda a buscar. Con el
corazón y el cerebro tenemos que sernos el puente para que los hombres y mujeres de todos
los mundos caminen de la noche al día.
Hermanos y hermanas de las
Coordinadoras de la Provincia Mexicana:
Bienvenidos a las montañas del Sureste
Mexicano. Las montañas de nuestros más primeros, las montañas de todos ustedes,
nuestras montañas. Lugar donde vive el guardián de la palabra, el Votán-Zapata, que
así llaman también al guardián y corazón del pueblo, el barro moreno que muy poquito
brilla, apenas lo suficiente para no extraviar el camino por el que debe traer, cargando
en el mecapal de la historia, la luz que todas las noches es expulsada abajo por los de
arriba, y que siempre regresa, para enojo de los poderosos y contento de los pequeños,
por oriente y de madrugada.
Bienvenidos a La Realidad.
Bienvenidos a esta reunión que busca,
con sentimiento y pensamiento, hacermos puentes para los mundos que caminan la noche de
este mundo y que, como todos nosotros, buscan la forma de traerse el mañana y hacerlo de
la única forma que es posible, es decir, en colectivo.
Bienvenidos a tierra zapatista, que
quiere decir "tierra digna y rebelde". Bienvenidos a esta tierra donde la
pobreza es dolor y esperanza, y es arma de lucha para que todos y todas los mexicanos y
mexicanas tengan...
¡DEMOCRACIA!
¡LIBERTAD!
¡JUSTICIA!
Desde las montañas del
Sureste Mexicano.
Por el Comité
Clandestino Revolucionario Indígena-Comandancia General
del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.
Subcomandante Insurgente
Marcos.
La Realidad de México,
31 de octubre de 1999.