| EJ�RCITO ZAPATISTA DE
LIBERACI�N NACIONAL.
M�XICO
Para Maurice Najman, que se sigue fingiendo muerto.
19 de Julio de 1999.
A Asma Jahangir.
Relatora Especial de la ONU para Ejecuciones Extrajudiciales, Sumarias o
Arbitrarias.
De Subcomandante Insurgente Marcos.
CCRI-CG del EZLN.
Se�ora Asma Jahangir:
Le escribo a nombre de las mujeres, hombres, ni�os y ancianos del Ej�rcito
Zapatista de Liberaci�n Nacional.
Sabemos que no ser�n pocas las cr�ticas que recibiremos por lo que le voy a
decir y por haber desaprovechado una buena oportunidad de exhibir al
gobierno mexicano en su pol�tica genocida contra los pueblos indios. Pero
resulta que, para nosotros, la "oportunidad pol�tica" poco tiene que hacer
frente a la �tica pol�tica. Y no ser�a �tico que, debido a nuestra
confrontaci�n con el gobierno mexicano, nosotros acudi�ramos a un organismo
internacional que ha perdido toda credibilidad y legitimidad, y cuya acta
de defunci�n se firm� con los bombardeos de la OTAN en Kosovo.
Con su guerra en Los Balcanes, el gobierno norteamericano, disfrazado de
OTAN y con los reg�menes de Inglaterra, Italia y Francia como peones
grotescos, logr� destruir su objetivo principal: la Organizaci�n de las
Naciones Unidas (ONU). La "inteligente" acci�n megapoliciaca del gendarme
global, EU, puso en rid�culo a la otrora m�xima tribuna internacional.
Violando los preceptos que le dieron origen a la ONU, la OTAN desarroll una
guerra de agresi�n c�nica, atac� a civiles indiscriminadamente y pretendi�
delegar la autor�a intelectual en los sat�lites que, m�s que nunca
demostraron que son in�tiles para quien ya tiene visiones y decisiones
tomadas. El cinismo guerrerista de la OTAN s�lo fue superado por las
"brillantes" declaraciones de sus jefes y voceros. La guerra
"humanitaria",
"el error de buena fe" y los "da�os colaterales", no fueron las
�nicas
joyas de la bisuter�a b�lica que vendi� (porque ya se aprestan a pasar la
cuenta) en tierras kosovares. "Alg�n militar de la OTAN con una buena
cantidad de estrellas bajo la tetilla, hizo el martes, en Bruselas, dos
declaraciones que provocan fr�o: De un total de 35 mil operaciones a�reas,
s�lo algo m�s de 10 mil se dirigieron contra objetivos concretos,
�Existir�n los inconcretos?, �Qu� clase de objetivo es una persona? La
segunda declaraci�n inspira tantas preguntas como la anterior. El objetivo
de la OTAN no fue nunca destruir al ej�rcito yugoslavo por completo, como
tampoco lo fue reducir el pa�s en cenizas. Menos mal, aunque no puede dejar
de pensarse que antes de las cenizas vienen los rescoldos y antes de �stos
est�n las moronas y antes los pedazos: �A qu� dimensi�n de materia pensaban
dejar reducido al pa�s y a su ej�rcito? El banquete de la posguerra est�
servido, la informaci�n que manda el sat�lite de Roger Waters llena todo el
d�a los medios de comunicaci�n: mientras m�s se diga, mejor podr� ocultarse
lo que no se puede decir" (Jordi Soler, en "La Jornada", 19 de junio de
1999).
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La complicidad de la ONU en Europa fue evidente y, dada nuestra posici�n
respecto a esa guerra, el m�nimo de coherencia nos lleva a tomar distancia
de un organismo que hace a�os, es cierto, s� desempe�aba un papel digno e
independiente en el panorama internacional. Hoy ya no es as�. En uno y
otro lado del planeta, la ONU se ha convertido en prescindible aval
jur�dico para las guerras de agresi�n que el gran poder del dinero repite
sin hartarse ni de sangre ni de destrucci�n.
Pero si en Kosovo, el silencio de la ONU fue c�mplice del crimen y la
destrucci�n, en M�xico ha tomado un papel m�s activo en la guerra que
contra los ind�genas lleva adelante el gobierno mexicano: en mayo de 1998,
a solicitud de ACNUR (organismo de la ONU) el gobierno atac� la comunidad
de Amparo Aguatinta, golpe� ni�os, encarcel� hombres y mujeres y ocup
militarmente la sede, entonces, del municipio aut�nomo "Tierra y Libertad".
En la c�rcel de Cerro Hueco, en Tuxtla Guti�rrez, est�n los resultados de
la "labor humanitaria" de la ONU en Chiapas. M�s para ac�, el d�a de hoy,
19 de julio de 1999. El se�or Kofi Annan, secretario general de la ONU,
est� haciendo entrega del "Premio Naciones Unidas Viena Sociedad Civil" a
la autodenominada "fundaci�n Azteca" que, bajo el auspicio del Milosevich
aut�ctono, el se�or Ricardo Salinas Pliego, se dedica a hacer campa�as
contra la droga usando a cocain�manos, a promover asonadas y a destruir
escuelas ind�genas con helic�pteros. Por eso, por ser parte de la guerra
contra los ind�genas mexicanos, por sus vinculaciones con el narcotr�fico y
por sus llamados golpistas, la "fundaci�n Azteca" recibir� del se�or Annan
una medalla, un certificado y 25 mil d�lares.
As� que no le acreditamos a la ONU confianza alguna. Y no es por
chauvinismo o por repudio a todo lo que sea extranjero. Ac� han estado,
arriesgando su vida, libertad, bienes y prestigio, hombres y mujeres de los
cinco continentes, como observadores internaciones (nosotros dejamos el
apelativo "extranjeros" para los que, como Zedillo y los miembros de su
gabinete, no tienen m�s patria que la del dinero). Para no ir m�s lejos, en
febrero de 1998 estuvo la Comisi�n Civil Internacional de Observaci�n por
los Derechos Humanos (CCIODH). No s�lo sus siglas son m�s grandes que las
de la ONU, tambi�n su autoridad moral, su honestidad, su compromiso con la
verdad y su lucha aut�ntica por una paz con justicia y dignidad. Hombres y
mujeres de Alemania, Argentina, Canad�, Dinamarca, Francia, Grecia, Italia,
Nicaragua, Suiza, Andaluc�a, Arag�n, Cantabria, Catalunya, Euzkadi,
Galicia, Madrid, Murcia y Alicante, desafiaron la m�s feroz campa�a
xen�foba del gobierno mexicano en lo que va del siglo y documentaron todo
en un informe (que dedicaron al ind�gena Jos� Tila L�pez Garc�a asesinado
despu�s de presentar las denuncias de su comunidad ante la CCIODH).
Consulte usted ese informe, lo anima no s�lo el deseo de una paz digna,
tambi�n la veracidad y la honestidad.
Despu�s de la CCIODH, tambi�n en 1998, vino un grupo de observadores
italianos. A ellos les fue peor que a la CCIODH porque fueron expulsados
sin miramientos por el ahora precandidato a la presidencia de M�xico,
Francisco Labastida, y por el ahora encargado de relaciones p�blicas
internacionales de su equipo de campa�a, entonces responsable directo de
cientos de expulsiones ilegales, Fernando Sol�s C�mara.
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Miles de hombres y mujeres de todo el mundo, todos dignos y de buena
voluntad, la mayor�a de ellos y ellas j�venes de esos que llaman "aretudos"
y que tanto molestan a la izquierda institucionalizada en todo el mundo,
llegaron hasta ac� y vieron lo que el gobierno niega: una guerra genocida.
Se fueron, muchos expulsados, y contaron y cuentan lo que vieron: una
guerra desigual entre quienes tienen todo el poder militar (el gobierno) y
quienes tienen s�lo la raz�n, la historia, la verdad y el ma�ana de su lado
(nosotros). Es obvio qui�n la va a ganar: nosotros.
Y no s�lo, tambi�n organizaciones internaciones como Amnist�a
Internacional, Am�rica's Watch, Global Exchange, M�xico Social Network,
National Comisi�n for Democracy in M�xico-USA, Pastores por la Paz,
Humanitary Law Project, M�dicos del Mundo, Pan Para el Mundo, M�dicos sin
Fronteras, y muchas otras cuyos nombres se me escapan ahora pero no su
historia ni su compromiso con la paz.
Para nosotros, cualquiera de ellas y de ellos, individuos o grupos tienen
m�s autoridad moral y m�s legitimidad internacional que la Organizaci�n de
las Naciones Unidas, convertida hoy en cocktel-party de las guerras
neoliberales de fin de siglo.
Bien dicen los personeros del gobierno (la pat�tica se�ora Green, el idem
Rabasa, el croquetas Albores, etc�tera) que no tienen nada que temer de su
visita. No le temen porque saben que la ONU ha sido c�mplice y, como en el
caso del municipio aut�nomo de "Tierra y Libertad", parte de la guerra de
exterminio en contra de los pueblos indios de M�xico.
Por lo que hemos le�do y escuchado, usted es una persona honesta.
Probablemente ingres� al servicio de la ONU en los tiempos en que ese
organismo evitaba guerras, apoyaba a los diferentes grupos v�ctimas de
arbitrariedades gubernamentales y promov�a el desarrollo de los m�s
necesitados. Pero ahora la ONU promueve y avala guerras, y apoya y premia
a quienes matan y humillan a los excluidos del mundo.
No escapa a nosotros el hecho de que diversos poderes financieros
internacionales acaricien la idea de hacerse para su beneficio de los ricos
yacimientos de petr�leo y uranio que hay bajo suelos zapatistas. Ellos,
all� arriba, hacen complicadas cuentas y c�lculos y abrigan la esperanza de
que los zapatistas hagan planteamientos separatistas. Ser�a m�s f�cil y
barato negociar con la rep�blica bananera ("Naci�n Maya", le llaman) la
compra del subsuelo, despu�s de todo es fama que los ind�genas se conforman
con espejitos y cuentas de vidrio. Por eso no abdican de su intenci�n de
meterse en el conflicto y manejarlo de acuerdo a sus intereses. Claro que
no han podido, no por nuestro lado. Porque resulta que eso de "Liberaci�n
Nacional", apellidos del EZLN, los zapatistas nos lo tomamos muy a pecho y
espada y, "anacr�nicos" como somos, creemos todav�a en conceptos
"caducos"
como el de la "soberan�a nacional" e "independencia Naciona".
No hemos
aceptado ni aceptaremos ninguna injerencia extranjera en nuestro
movimiento. No aceptamos ni aceptaremos que ninguna fuerza internacional
sea parte del conflicto, la combatiremos con igual o mayor decisi�n con la
que combatimos a quienes decretaron la muerte por olvido para 10 millones
de ind�genas mexicanos. Ser� bienvenido aquel que, con autoridad moral,
legitimidad, y sin ser ap�ndice de fuerzas armadas (como la OTAN) o que
tenga a su servicio fuerzas militares (como los tristemente c�lebres
"cascos azules" de la ONU), quiera ser parte de la soluci�n PACIFICA del
conflicto.
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Para hacer la guerra no necesitamos ninguna ayuda, nos bastamos solos. Para
la paz s�, se necesitan muchos, pero honestos y, �stos, pues ya no son
muchos.
No tenga usted mucha pena, la ONU no es el �nico organismo oficial
internacional que colabora con la campa�a contrainsurgente del gobierno
mexicano. Ah� tiene usted al Comit� Internacional de la Cruz Roja, cuya
delegaci�n en San Crist�bal raya en lo sublime cuando de servilismo y
estupidez se trata. En una reuni�n con desplazados de Polh�, los delegados
del CICR han declarado, sin ruborizarse siquiera, que los desplazados est�n
fuera de sus hogares porque son flojos porque quieren ser mantenidos por la
Cruz Roja. Para estos imb�ciles que deambulan bajo las supuestas banderas
de neutralidad y ayuda humanitaria del CICR, los paramilitares son un
invento, producto de la histeria colectiva de m�s de 7,000 ind�genas
desplazados; los 45 ejecutados en Acteal en realidad murieron a causa de
infecciones, y en los Altos de Chiapas reinan la paz y la tranquilidad. Por
supuesto que Albores ya los ha felicitado (y les ha convidado algo de su
hueso, s�lo un poco, porque no es muy compartido que digamos) y ellos
siguen pase�ndose en sus modernos veh�culos y engrosando el curr�culum de
la "benem�rita" instituci�n. �Qu� tal? Seguro el CICR es el pr�ximo
premiado por la ONU en sus cert�menes de "sociedad civil".
Esta madrugada en que le escribo estas l�neas, la luna es una guada�a de
fr�a luz. Es la hora de los muertos, de nuestros muertos. Y usted debe
saber que los muertos zapatistas son muy inquietos y platicadores. Hablan
todav�a, no obstante que est�n muertos, y gritan la historia. La gritan
para que no se duerma, para que la memoria no muera, para que vivan gritan
nuestros muertos.
Ocosingo, d�a 3 y 4 de Enero de 1994. Tropas del ej�rcito federal toman
por asalto la cabecera municipal de Ocosingo, en poder de los zapatistas
desde la madrugada del 1� de enero. Siguiendo �rdenes del entonces General
de Brigada Luis Humberto Portillo Leal, jefe que fue de la 30� zona
militar, el Mayor de Infanter�a Adalberto P�rez Nava ejecuta a 5 miembros
del EZLN. El General Portillo Leal hab�a ordenado la ejecuci�n de
zapatistas, estuvieran o no armados, la consigna era no tomar prisioneros,
todos deb�an ser muertos (s�lo deb�an evitar hacerlo si hab�a prensa
presente, porque eso da�aba la imagen del ej�rcito). El Capit�n Segundo de
Infanter�a, Lodegario Salvador Estrada, ejecut� a otros ind�genas
zapatistas. D�as despu�s, en las oficinas de la Secretar�a de la Defensa
Nacional, un Subteniente de Infanter�a, Jim�nez Morales, fue ejecutado por
personal militar para responsabilizarlo del asesinato de 8 ind�genas en el
hospital del IMSS en Ocosingo. Toda esta informaci�n no la inventamos, la
puede usted corroborar en el acta del Departamento de Justicia de los
Estados Unidos, Oficina Ejecutiva para la Revisi�n de Inmigraci�n de El
Paso, Texas, firmado por Bertha A. Z��iga, Juez de Inmigraci�n de los
Estados Unidos, con fecha 19 de marzo de 1999. Expediente Jes�s Valles
Bahena A76-804-703. Aqu� el oficial Jes�s Valles Bahena, narr� por qu tuvo
que desertarse del ej�rcito, despu�s de haber sido amenazado de muerte por
el coronel Bocarando Benavidez, por haberse negado a cumplir las rdenes de
ejecuciones sumarias. Junto al oficial Valles, otros oficiales se negaron
a cumplir las indicaciones de asesinato. Se ignora su suerte.
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Estos son, se�ora Jahangir, los nombres de lucha y civil de los ejecutados
en Ocosingo, Chiapas, los d�as 3 y 4 de enero de 1994.
Comandante Hugo o Se�or Ik�
FranciscoG�mez Hern�ndez.
Subteniente Ins. de Materiales de Guerra Alvaro.
Silverio G�mez Alvarez.
Insurgente de Materiales de Guerra Fredy
Bartolo P�rez Cort�s.
Insurgente de Infanter�a Calixto.
(No se puede revelar su nombre civil).
Insurgente de Infanter�a Miguel.
Arturo Aguilar Jim�nez.
Miliciano Salvador.
Eusebio Jim�nez Gonz�lez.
Miliciano Ernesto.
Santiago P�rez Montes.
Miliciano Venancio.
Marcos P�rez C�rdoba.
Miliciano Amador.
Antonio Guzm�n Gonz�lez
Miliciano Agenor.
Fernando Ru�z Guzm�n.
Miliciano Fidelino.
Marcos Guzm�n P�rez.
Miliciano Ad�n.
Doroteo Ru�z Hern�ndez.
Miliciano Arnulfo.
Diego Aguilar Hern�ndez.
Miliciano Samuel.
Eliseo Hern�ndez Cruz.
Miliciano Horacio.
Juan Mendoza Lorenzo.
Miliciano Jerem�as.
Eliseo S�nchez Hern�ndez.
Miliciano Linares.
Leonardo M�ndez S�nchez.
Miliciano Dionisio.
Carmelo M�ndez M�ndez.
Miliciano Bonifacio.
Javier Hern�ndez L�pez.
Miliciano Heriberto.
Filiberto L�pez P�rez.
Miliciano Jerem�as.
Pedro L�pez Garc�a.
Miliciano Germ�n
Alfredo S�nchez P�rez.
Miliciano Feliciano.
Enrique Gonz�lez Garc�a.
Miliciano Horacio.
Manuel S�nchez Gonz�lez.
Miliciano Cayetano.
Marcelo P�rez Jim�nez.
Miliciano Crist�bal.
Nicol�s Cort�s Hern�ndez.
Miliciano Chuchin.
Vicente L�pez Hern�ndez.
Miliciano Ad�n.
Javier L�pez Hern�ndez.
Miliciano Anastacio.
Alejandro S�ntis L�pez.
En esos d�as hubo m�s ca�dos, pero fueron en combate, no ejecutados.
Donde, adem�s de ejecuci�n, hubo tortura flagrante, fue en Morelia,
Municipio entonces de Altamirano. El d�a 7 de enero de 1994 el ej�rcito
entr� a la comunidad y secuestr� a Severiano Santiz G�mez (60 a�os),
Hermelindo Santiz G�mez (65 a�os), y a Sebasti�n L�pez Santiz (45 a�os).
Al poco tiempo sus restos, con huellas de tortura y con evidentes muestras
de haber sido ejecutados, fueron encontrados. El an�lisis de los restos
fue realizado por especialistas de la ONG �Phiysicians for human Rights� .
Tambi�n la tortura y la ejecuci�n fue el m�todo del �glorioso� ej�rcito
federal en la cabecera del municipio de Las Margaritas, Chiapas. Ah�, en
los primeros d�as de combate, el Mayor Ter�n (quien desde antes parec�a
vinculado al narcotr�fico en la regi�n) sucuestr�, tortur� y ejecut� a
Eduardo G�mez Hern�ndez y Jorge Mariano Sol�s L�pez en la colonia Plan de
Agua Prieta. A los ejecutados se les hab�an cortado las dos orejas y la
lengua.
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Estos muertos, nuestros muertos, no encuentran descanso. Los carniceros de
Ocosingo y los asesinos y torturadores de Morelia y Las Margaritas siguen
libres y gozan de salud y bonanza. Miles de sombras los persiguen ya y se
disputan el honor de hacer justicia.
Estos son los muertos, nuestros muertos. No son los �nicos.
El a�o pasado, al contrario de lo que dice su propaganda para consumo
internacional, el gobierno reanud� los choques armados con fuerzas
zapatistas. El 10 de junio de 1998 una columna militar, fuerte en
infanter�a, tanques, aviones y helic�pteros, atac� la comunidad de
Chavajeval, en el municipio de San Juan de la Libertad (para los
zapatistas) o El bosque (para el gobierno). Las tropas zapatistas
repelieron la agresi�n y se inici� as� un fuerte intercambio de fuego que
fue trasmitido por una televisora en canal nacional. Nuestras tropas
derribaron un helic�ptero y, fustrados y enojados, los militares se
retiraron pero para atacar la comunidad de Uni�n Progreso, ese mismo d�a 10
de junio de 1998. Ah� tomaron prisioneros a 7 milicianos zapatistas y los
ejecutaron sumariamente.
Estos son sus nombres:
Miliciano Enrique.
Adolfo
G�mez D�az.
Miliciano Jerem�as.
Bartolo
L�pez M�ndez.
Miliciano Jorge.
Lorenzo
L�pez M�ndez.
Miliciano Marcelino.
Andr�s
G�mez G�mez
Miliciano Gilberto.
Antonio
G�mez G�mez.
Miliciano Alfredo.
Sebastian
G�mez G�mez.
Miliciano Pedro.
Mario
S�nchez Ru�z.
(El reportero televisivo que cubri� el ataque militar a chavajeval recibi�
el premio nacional de periodismo. Sobre sangre ind�gena y rebelde, sus
patrones lo premiaron mand�ndolo a cubrir la campa�a de uno de los dos
asesinos intelectuales de Uni�n Progreso -el otro es Zedillo-, el entonces
secretario de gobernaci�n, y ahora precandidato, Francisco Labastida Ochoa).
Este el el ej�rcito federal mexicano, el que ahora quiere presentar una
imagen inocente al anunciar el env�o de casi 7,000 efectivos m�s a la Selva
Lacandona con el cuento de que van a sembrar arbolitos. Todos callan. Dice
el jefe militar que los 7,000 van desarmados, y los 7,000 llegan armados.
todos callan.
Esta es la �nueva�estrategia gubernamental para Chiapas,cuyo anuncio sirvi
a los senadores pri�stas (aquellos que est�n en el poder gracias al
narcotr�fico y a la prostituci�n de cuerpos e ideas) para calmar las
inquietudes de legisladores Irlandeses.
La misma �nueva�estrategia que le ha sido prometida a usted por ese
pat�tico personaje llamado Rabasa Gamboa (que cobra, y bien, por coordinar
el vacio). Y ya que en esas estamos, un nuevo rebuzno de Rabasa aclara que
lo de Acteal no fue una ejecuci�n.
Por esta vez tiene raz�n: Acteal, y toda la pol�tica seguida por su patr�n
Ernesto Zedillo, es GENOCIDIO.
Esta es la hist�ria: con la llegada al poder, v�a el asesinato, de Ernesto
Zedillo, el ej�rcito federal obtuvo cobijo y dinero para sacar a relucir
sus ansias de sangre y muerte.
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Buscando mejorar la maltrecha imagen p�blica del ejercito, se activaron los
escuadrones paramilitares, organizados por militares en activo, entrenados
por militares, pertrechados por militares, protegidos por militares,
dirigidos por militares y, en no pocos casos formados por militares, adem�s
de por militantes del Partido Revolucionario Institucional. El objetivo fue
y es claro, se trat� y se trata de dar un giro al conflico y presentarlo,
ante la opini�n p�blica internacional (la nacional no les importe en lo m�s
m�nimo), como una guerra inter�tnica o, como pretende la corrupta PGR, un
conflicto interfamiliar. Los nombres elegidos por los soldados para
bautizar a sus nuevas unidades paramilitares reflejan su gran imaginaci�n:
�M�cara Roja�(su mayor �xito �militar�: la masacre de acteal), �Paz y
Justicia�(responsable del asesinato de decenas de ind�genas en el norte del
Estado), �Chinchulines�(acciona en el norte y selva), �Movimiento Ind�gena
Revolucionario Antizapatista�(cuenta con campos de entrenamiento en los
cuarteles militares de las ca�adas y es financiado por la diputaci�n
estatal pri�sta), �Los pu�ales�(act�a en Comit�n y las Margaritas),.
�Albores de Chiapas�(dependen directamente del croquetas Albores Guill�n,
usan gorra verde y su grito de guerra es �!Albores cumple!�).
La �nueva�estrategia gubernamental para Chiapas est� a la vista: en ejido
El Portal, en Frontera Comalapa, un grupo de familias zapatistas exigen que
se les reinstale el servicio de agua potable, mismo que les fue retirado
por militantes del PRI en complicidad con el presidente municipal de esta
localidad. Que ind�genas zapatistas exijan cualquier cosa es algo que el
gobierno no puede tolerar, puesto que para �l lo �nico que deben recibir
los zapatistas son golpes y balas. Ante la movilizaci�n civil zapatista,
el gobierno moviliza a sus fuerzas p�blicas. Los pri�stas, envalentonados
por la presencia de la polic�a, arremeten contra los zapatistas a golpes y
balazos, dos zapatistas son heridos de gravedad. La polic�a act�a
r�pidamente y detiene !a los zapatistas! Y los acusa de asociaci�n
delictuosa por hab�rseles encontrado varios pasamonta�as. Con la celeridad
que da el �Estado de Derecho� en Chiapas, un helic�ptero del gobierno del
estado traslada a los prisiones para ser juzgados �por atentar contra la
paz�(porque en Chiapas, exigir agua potable es atentar contra la paz). Los
dos heridos se debaten entre la vida y la muerte en el hospital, los que
dispararon est�n libres y sanos, y en palacio de gobierno celebran la nueva
�victoria�obtenida en la guerra contra el EZLN. Nada de esto lo ver� usted
en la prensa escrita o electr�nica, demasiado acupada en darle las ocho
columnas o las cabezas de los noticieros a los ladridos de albores o a la
feria de hipocres�as y falacias de los precandidatos del PRI. Ind�genas
zapatista presos, golpeados, heridos y asesinados, ya no son noticia en
M�xico. Son parte de la vida cotidiana.
Esta es la �nueva�estrategia del gobierno federal para Chiapas, del
gobierno de Zedillo. No tiene nada de nueva ni de estrategia, se trata del
mismo est�pido golpeteo que supone que quienes han sabido resistir 500
a�os, no podr�n hacerlo a�o y medio.
Sobre Ernesto Zedillo Ponce de Le�n, hay que decir ahora lo que todos dir�n
ma�ana: es un hombre sin palabra, un mentiroso y un asesino. Esto lo
decimos nosotros hoy. Cuando salga de Los Pinos, todos (hasta quienes hoy
le rinden pleites�a) lo repetir�n y saldr�n a la la luz p�blica todas sus
corruptelas y cr�menes. La persecuci�n, el exilio, la c�rcel, �stas son las
probables estaciones de su futuro. No nos da l�stima, nuestros muertos no
nos d�n l�stima.
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Leo en la prensa que se ha entrevistado usted con algunas Organizaciones No
gubernamentales nacionales en la Ciudad de M�xico, y que har� otro tanto en
su visita a Chiapas, en estos d�as. La felicito, tiene usted la suerte y
el honor de conocer personalmente a hombres y mujeres que, sin la
parafernalia oficial y/o institucional, han enfrentado todo tipo de
amenazas y persecuciones por su labor en defensa de los derechos humanos en
M�xico.
No le pongo aqu� ning�n nombre porque en M�xico, y especialmente en
Chiapas, las ONG que luchan por los derechos humanos son objetivos
militares del ej�rcito federal, pero cualquiera de estas ONG�s, as� sea las
m�s peque�a o de m�s reciente creaci�n, tiene m�s autoridad moral en el
M�xico de abajo que la ONU. Ni modo, tal vez usted no tenga la culpa y
sean s�lo los grandes dirigentes de la ONU los que han aceptado, sin
protestar siquiera, el espor�dico papel de voceros de la OTAN y de
c�mplices de la guerra de exterminio del gobierno de M�xico en contra de
los Pueblos Indios.
Sin embargo, no estamos pesimistas respecto al futuro de la comunidad
internacional. El fracaso de la ONU no es el fracaso de la humanidad. Un
nuevo orden internacional es posible, uno mejor, m�s justo, m�s humano. En
l habr�n de tener un lugar preponderante todas esas ONG�s internacionales y
nacionalaes (que, a diferencia de la ONU, no tienen a su servicio y est�n
al servicio de fuerzas militares), y todos esos hombres, mujeres, ni�os y
ancianos que entienden que el futuro del mundo se debate entre la
diferencia excluyente (la guerra en Kosovo) y el mundo donde caben muchos
mundos (del que el zapatismo en Chiapas es, apenas, una insinuaci�n).
Con ellas y ellos, y sobre todo por ellas y ellos, el mundo ser� alg�n d�a
un lugar donde la guerra sea una verg�enza, la paz una realidad, y los
relatores para las distintas violaciones a los derechos humanos,
espec�menes cuyo �nico �mbito de acci�n ser� la investigaci�n de la
prehistoria de la humanidad.
Disculpe el tono, se�ora Asma Jahangir, no es que esto sea un asunto
personal en contra suya, s�lo resulta que el organismo que usted representa
ya no representa nada. Eso y, adem�s, que nosotros no olvidamos Kosovo, ni
Amparo Aguatinta, ni Ocosingo, ni Morelia, ni Las Margaritas, ni Uni�n
Progreso, ni nada. �ndele, eso es lo que pasa, que nosotros no olvidamos,
No olvidamos.
Vale. Salud y que la dignidad nunca pierda la memoria, que si la pierde,
muere.
Desde las monta�as del Sureste Mexicano.
Subcomandante Insurgente Marcos.
M�xico, Julio de 1999. |