UNAM: Un Paso Mas ¿Hacia Qué Congreso?'
Alfredo Velarde

 
La convocatoria que fue emitida el pasado 9 de enero por el grupo de trabajo del Consejo Universitario, a fin de dar un paso más a la “elección” de los 48 miembros que habrán de conformar la Comisión Especial para el Congreso Universitario (CECU), hace evidente, de parte de la rectoría de la UNAM, que finge desconocer que la imposición de la iniciativa que hoy comanda autoritariamente, bien puede tener en la Universidad Nacional el mismo efecto que rociar con gasolina al fuego. Y es que no es para menos. Ya en mi anterior colaboración a Machetearte, avancé en la denuncia de que esa convocatoria padece, además de una enorme ceguera política, la sordera de una administración facciosa que, como la del rector impuesto Juan Ramón De la Fuente, se encuentra abismalmente distanciada de la verdadera comunidad universitaria y sus problemas.
 
Los inicios en concreto de los trabajos tendientes a la celebración del Congreso Universitario que fue demandado por el movimiento estudiantil con la larga huelga dirigida por el CGH, parecen diseñados, precisamente, para excluir a la expresión del movimiento estudiantil que concibió la iniciativa de un proceso del que ahora, deliberadamente, se le pretende claramente marginar con la complicidad del Consejo Universitario, del “grupo de trabajo” que emitió la controvertida convocatoria y las demás instancias colegiadas de la Universidad que actúan por consigna al servicio de la antidemocrática estructura de poder.
 
No sería de extrañar, por eso, que en breve lógicamente reinicie la movilización estudiantil que las autoridades siguen sin ver ni oír en sus razones, casi dos años después de la ruptura de la larga huelga de 1999-2000, sin haber resuelto realmente ninguna de sus correctas demandas hasta hoy sin solución. Bajo tales condiciones, los inicios de los trabajos de simulación a favor del Congreso a modo que desea la autoridad, dejan de soslayo por parte de sus parciales animadores de hoy, que la actual atmósfera política en la máxima casa de estudios, se encuentra colocada muy lejos del clima propicio para el desarrollo de un genuino proceso congresista que exige, como primer requisito, la explícita voluntad de los actores políticos universitarios para caminar por un sendero de diálogo respetuoso bajo condiciones de igualdad, así como la compartida voluntad de parte de todos sus sectores para edificar un proceso verdaderamente democrático que actualmente no aparece por ningún lado en la iniciativa rectoral y que brilla por su ausencia.
 
Así las cosas, que no se sorprenda la autoridad si su deleznable actuación, reabre la latente posibilidad de un nuevo conflicto político en la UNAM, respecto del cual será, de nuevo, causante y responsable directa. Esto significa, en los hechos, que el Congreso que precisa la UNAM para democratizarse, reformar su estructura académica y replantear los objetivos y alcances de sus funciones sustantivas (enseñanza, docencia, investigación y extensión universitaria), tendría que ser un espacio político de resolución integral de la enorme suma de problemas que padece la casa de estudios. Por lo tanto, el Congreso, será democrático, o no será. Esta verdad elemental es, precisamente, la que las autoridades se resisten a aceptar. Adictas las autoridades como son, a la subcultura política de los hechos consumados que con impunidad perpetran, sin consulta a la comunidad que desgobiernan, han dado con su “convocatoria” no un paso hacia el Congreso Universitario, sino un doble salto de espaldas al vacío que permite augurar una grave situación de pronóstico reservado. El reto, en todo caso, para la comunidad democrática de estudiantes, académicos y trabajadores, es ponerse manos a la obra para preparar la resistencia, reconstituir sus formas de organización para la lucha que viene y para revertir la iniciativa de Congreso pasteurizado, institucional y burocrático que no resolverá los problemas de la Universidad de la  Nación.

Volver a Artículos Regresar al incio

Hosted by www.Geocities.ws

1