La UNAM a Dos Años de
La Huelga
Alfredo Velarde
De nuevo, como en otros momentos del pasado, empieza a cundir la agitación
estudiantil en la UNAM. Otra vez, como en las recientes coyunturas previas,
aparece el Consejo General de Huelga (CGH) de los estudiantes universitarios,
con su beligerante y consciente organismo de lucha estudiantil. Ese CGH al que
muchos interesadamente se apuraron a sepultar pero que vive. Su persistencia,
lejos de ser el producto de la casualidad, representa la constatación
evidente-- de que a dos años de que la más larga huelga
en la historia de la Universidad Nacional fuera rota --no resuelta--, el conflicto
real y de fondo sigue ahí, complicándose con la directa responsabilidad
del rector impuesto Juan Ramón De la Fuente.
Dos años después, las autoridades universitarias siguen fingiendo
ignorar que cuando tomaron la decisión de avalar la vía represiva
para solucionar una huelga que se había prolongado demasiado
por su cerrazón, en realidad, abrían en la Universidad una fecunda
autognósis sobre el papel de la institución y de los universitarios
en la sociedad lo que además explica el por qué de la necesidad
de transformarla, democratizándola con su exigencia de Congreso General,
Democrático y Resolutivo. Hoy, la iniciativa por un Congreso que transforme
a la UNAM para bien de la institución y del propio país, no sólo
se le ha arrebatado a los estudiantes y a la comunidad en cuanto tal,
sino que la rectoría, distorsionando y suplantando la iniciativa, prepara
un congreso simulado que aparentemente lo cambiará
todo pero para que todo se mantenga igual.
La decisión de acudir a la represión, hace dos años, fue
no sólo una decisión política profundamente incorrecta,
sino un acto de estupidez política que hoy explica por qué, de
nueva cuenta, los estudiantes de la UNAM emprenden en el marco de la efeméride
sobre lo ocurrido el 6 de febrero del año 2000 y en la que se encarceló
a 1000 universitarios, la recuperación de la memoria contra el olvido.
La represiva violación de la autonomía por un cuerpo coercitivo
e inconstitucional como lo es la Policía Federal Preventiva y el encarcelamiento
de los universitarios, aisló a las autoridades y puso en evidencia a
connotados miembros de la intelligencia adicta al poder, quienes
fueron utilizados para validar con un amañado plebiscito, muy lejos de
ser democrático, la inmoralidad de la represión contra la juvenil
fuerza de la razón estudiantil. Hoy, aunque las autoridades persistan
el seguir instaladas en el autismo político de suponer con error, que
procediendo de la misma manera represiva de siempre, podrán seguir atacando
los efectos del conflicto (el activismo estudiantil) sin resolver las causas
(la estrategia por privatizar a la UNAM), el riesgo de balcanización
en la Universidad seguirá presente.
El conflicto persiste no sólo porque no han sido resueltas sus causas,
sino porque el mandato capitalista neoliberal hoy blanquiazul, ayer tricolor--
no ha renunciado a emprender la privatización de la UNAM y de toda la
educación superior. Dos años después, la comunidad democrática
sigue luchando en pos de obtener la voluntad política de unas autoridades
que, lejos de un compromiso real por el Congreso que el movimiento exigió,
parecen listas para aprovechar el momento más propicio para ellas a fin
de sacarle la mejor tajada a su simulación de Congreso que actualmente
preparan. La lucha que tuvo y que mantiene en el CGH al ariete principal contra
la privatización de la UNAM, se expresará este 6 de febrero para
recordarnos, a todos, lo que hoy afirma el resuelto grito justiciero de los
estudiantes universitarios: ¡Aquí estamos, no nos han derrotado
y seguimos en lucha por la transformación democrática de la UNAM!
Publicada en Machetearte el 4 de Febrero de 2002