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(Santo Ireneu de Lyon /130-208), bispo, teólogo e mártir)
Padre de la Iglesia nacido cerca del
125 ad.
Obispo de Lyon (hoy día en el sur de Francia)
Comemoração: 23 de agosto
San Ireneo fue discípulo de
Nada se sabe sobre su
familia. Probablemente nació alrededor del año 125, en alguna de aquellas
provincias marítimas del Asia Menor, donde todavía se conservaba con cariño el
recuerdo de los Apóstoles entre los numerosos cristianos. Sin duda que recibió
una educación muy esmerada y liberal, ya que sumaba a sus profundos
conocimientos de las Sagradas Escrituras, una completa familiaridad con la
literatura y la filosofía de los griegos. Tuvo además, el inestimable
privilegio de sentarse entre algunos de los hombres que habían conocido a los
Apóstoles y a sus primeros discípulos, para escuchar sus pláticas. Entre éstos,
figuraba San Policarpo, quien ejerció una gran influencia en la vida de Ireneo.
Por cierto, que fue tan profunda la impresión que en éste produjo el santo
obispo de Esmirna que, muchos años después, como confesaba a un amigo, podía
describir con lujo de detalles, el aspecto de San Policarpio, las inflexiones
de su voz y cada una de las palabras que pronunciaba para relatar sus
entrevistas con San Juan, el Evangelista, y otros que conocieron al Señor, o
para exponer la doctrina que habían aprendido de ellos. San Gregorio de Tours
afirma que fue San Policarpio quien envió a Ireneo como misionero a las Galias,
pero no hay pruebas para sostener esa afirmación.
Sacerdocio
Desde tiempos muy
remotos, existían las relaciones comerciales entre los puertos del Asia Menor y
el de Marsella y, en el siglo segundo de nuestra era, los traficantes
levantinos transportaban regularmente las mercancías por el Ródano arriba,
hasta la ciudad de Lyon que, en consecuencia, se convirtió en el principal
mercado de Europa occidental y en la villa más populosa de las Galias. Junto
con los mercaderes asiáticos, muchos de los cuales se establecieron en Lyon,
venían sus sacerdotes y misioneros que portaron la palabra del Evangelio a los
galos paganos y fundaron una vigorosa iglesia local. A aquella iglesia llegó
San Ireneo para servirla como sacerdote, bajo la jurisdicción de su primer
obispo, San Potino, que también era oriental, y ahí se quedó hasta su muerte.
La buena opinión que tenían sobre él sus hermanos en religión, se puso en
evidencia el año de 177, cuando sé le despachó a Roma con una delicadísima
misión. Fue después del estallido de la terrible persecución de Marco Aurelio,
al tratar a San Potino, el 2 de Junio, cuando ya muchos de los jefes del
cristianismo en Lyon, se hallaban prisioneros. Su cautiverio, por otra parte,
no les impidió mantener su interés por los fieles cristianos del Asia Menor.
Conscientes de la simpatía y la admiración que despertaba entre la cristiandad
su situación de confesores en inminente peligro de muerte, enviaron al Papa San
Eleuterio, por conducto de Ireneo, "la más piadosa y ortodoxa de las
cartas", con una apelación al Pontífice, en nombre de la unidad y de la
paz de
Obispado
El cumplimiento de aquel
encargo que lo ausentaba de Lyon, explica por qué Ireneo no fue llamado a
compartir el martirio de San Potino y sus compañeros. No sabemos cuánto tiempo
permaneció en Roma, pero tan pronto como regresó a Lyon, ocupó la sede
episcopal que había dejado vacante San Potino. Ya por entonces había terminado
la persecución y los veinte o más años de su episcopado fueron de relativa paz.
Las informaciones sobre sus actividades son escasas, pero es evidente que,
además de sus deberes puramente pastorales, trabajó intensamente en la
evangelización de su comarca y las adyacentes. Al parecer, fue él quien envió a
los Santos Félix, Fortunato y Aquileo, como misioneros a Valence, y a los
Santos Ferrucio y Ferreolo, a Besancon, Para indicar hasta qué punto se había
identificado con su rebaño, basta con decir que hablaba corrientemente el celta
en vez del griego, que era su lengua madre.
La propagación del gnosticismo en las Galias y el
daño que causaba en las filas del cristianismo, inspiraron en el obispo Ireneo
el anhelo de exponer los errores de esa doctrina para combatirla. Comenzó por
estudiar sus dogmas, lo que ya de por sí era una tarea muy difícil, puesto que
cada uno de los gnósticos parecía sentirse inclinado a introducir nuevas
versiones propias en la doctrina. Afortunadamente, San Ireneo era un
investigador minucioso e infatigable en todos los campos del saber, como nos
dice Tertuliano y, por consiguiente, salvó aquel escollo sin mayores tropiezos
y hasta con cierto gusto. Una vez empapado en las ideas del
"enemigo", se puso a escribir un tratado en cinco libros, en cuya
primera parte expuso completamente las doctrinas internas de las diversas
sectas para contradecirlas después con las enseñanzas de los Apóstoles y los
textos de las Sagradas Escrituras. Hay un buen ejemplo sobre el método de
combate que siguió, en la parte donde trata el Punto doctrinal de los gnósticos
de que el mundo visible fue creado, conservado y gobernado por seres
angelicales y no por Dios, quien sin participación seguirá eternamente
desligado del mundo, superior, indiferente. Ireneo expone la teoría, la
desarrolla hasta llegar a su conclusión lógica y, por medio de una eficaz
reductio ad absurdurn, procede a demostrar su falsedad. Ireneo expresa la verdadera
doctrina cristiana sobre la estrecha relación entre Dios y el mundo que El creó, en 101,
siguientes términos: "El Padre está por encima de todo y El es la cabeza
de Cristo; pero a través del Verbo se hicieron todas las cosas y El mismo es el
jefe de
Reconciliador
ante el Papa
El hecho de que luchara
contra las herejía no significa que fuese intransijente. Al contrario. Trece o
catorce años después de haber viajado a Roma con la carta para el Papa
Eleuterio, fue de nuevo Ireneo el mediador entre un grupo de cristianos del
Asia Menor y el Pontífice. En vista de que los cuartodecimanos se negaban a
celebrar
Su muerte y
veneración
Se desconoce la fecha de
la muerte de San Ireneo aunque, por regla general, se estima en el año 202. De
acuerdo con una tradición posterior, se afirma que fue martirizado, pero no es
probable ni hay evidencia alguna sobre el particular. Los restos mortales de
San Ireneo, como lo indica Gregorio de Tours, fueron sepultados en una cripta,
bajo el altar de la que entonces se llamaba iglesia de San Juan, pero más
adelante, llevó el nombre de San Ireneo. Esta tumba o santuario fue destruido
por los calvinistas en 1562 y, al parecer, desaparecieron hasta los últimos
vestigios de sus reliquias. Es digno de observarse que, si bien la fiesta de
San Ireneo se celebra desde tiempos muy antiguos en el oriente (el 23 de
Agosto), sólo a partir de 1922 se ha observado en la iglesia de occidente.
No ha llegado hasta
nosotros nada que pueda llamarse una biografía de la época sobre San Ireneo,
pero hay, en cambio, abundante literatura en torno al importante papel que
desempeñó como testigo de las antiguas tradiciones y como maestro de las
creencias ortodoxas. Su tratado contra los gnósticos ha llegado hasta nosotros
completo en su versión latina. En 1904 se descubrió la existencia de otro
escrito suyo: la exposición de la predicación apostólica, traducida al armenio.
La obra era hasta entonces conocida como: "Prueba de
Del Tratado de San
Ireneo, Obispo, contra las herejías (Libro 5, 19, 1; 20, 2; 21, 1: SCh 153,
248-250. 260-264).
“Abraão viu o meu dia e ficou feliz”.
“Abraão, vosso pai, exultou com o pensamento de ver
o meu dia; viu-o e regozijou”. Que quer isto dizer? “Abraão confiou em Deus, e
isso foi-lhe outorgado como mérito” (Gn. 15, 6). Ele
acreditou, em primeiro lugar, que era ele o autor do céu e da terra, o único
Deus; em seguida, que ele tornaria a sua descendência semelhante às estrelas do
céu... É pois justo que, deixando todos os seus parentes terrestres, siga a
Palavra de Deus, fazendo-se estrangeiro com o Verbo a fim de se tornar
concidadão do Verbo.
É também justo que os apóstolos, esses descendentes
de Abraão, deixando as suas barcas e os seus pais, sigam o Verbo. É justo enfim
que nós, que temos a mesma fé que Abraão, pegando em nossa cruz como Isaac
pegou na lenha (Gn. 22, 6), sigamos este mesmo Verbo.
Porque em Abraão o homem tinha sido educado adiantadamente e tinha-se habituado
a seguir o Verbo de Deus. Abraão seguiu com efeito, na sua fé, o mandamento da
Palavra de Deus, cedendo apressadamente o seu único e bem amado filho em
sacrifício a Deus, a fim de que Deus consentisse em entregar o seu Filho bem
amado e único em sacrifício para nossa redenção.
E como Abraão era profeta e via pelo Espírito o dia
da vinda do Senhor e a disposição da sua paixão, quer dizer a salvação para si
próprio e para todos os que como ele acreditassem em Deus, exultou de grande
alegria. O Senhor não era pois desconhecido de Abraão, pois que este desejava
ver o seu dia... a fim de poder... abraçar Cristo, e tendo-o visto de maneira profética
pelo Espírito, ele exultou.
Mons. Dom ++ Paulo
Jorge de Laureano – Vieira y Saragoça
(Mar Alexander I
da Hispânea)