OS SANTOS PADRES

Chamamos de “Padres da Igreja” (Patrística) aqueles
grandes homens da Igreja, aproximadamente do século II ao século VII, que foram
no oriente e no ocidente como que “Pais” da Igreja, no sentido de que foram
eles que firmaram os conceitos da nossa fé, enfrentaram muitas heresias e, de
certa forma foram responsáveis pelo que chamamos hoje de Tradição
da Igreja; sem dúvida, são a sua fonte mais rica. Certa vez disse
o Cardeal Henri de Lubac:
“Todas as
vezes que, no Ocidente tem florescido alguma renovação, tanto na ordem do
pensamento como na ordem da vida – ambas estão sempre ligadas uma à outra – tal
renovação tem surgido sob o signo dos Padres”.
Gostaria de apresentar aqui ao menos uma relação,
ainda que incompleta, desses gigantes da fé e da Igreja, que souberam fixar
para sempre o que Jesus nos deixou através dos Apóstolos.
Em seguida, vamos estudar um pouco daquilo que eles
disseram e escreveram, a fim de que possamos melhor conhecer a Tradição.
Neste capítulo vamos apresentar um pouco daquilo que
esses grandes Padres da Igreja escreveram; isto nos ajudará a compreender
melhor o que é a Sagrada Tradição da Igreja. Veremos de onde vem a fonte de
tudo aquilo que cremos e vivemos na Igreja.
(†102), Papa (88-97), foi o
terceiro sucessor de São Pedro,
nos tempos dos imperadores romanos Domiciano e
Trajano (
(†110) - foi
o terceiro bispo da importante comunidade de Antioquia, fundada por São Pedro.
Conheceu pessoalmente São Paulo
e São João. Sob o imperador Trajano, foi preso e conduzido a Roma onde morreu
nos dentes dos leões no Coliseu. A caminho de Roma escreveu Cartas às igrejas
de Éfeso, Magnésia, Trales, Filadélfia, Esmirna e ao bispo S. Policarpo de
Esmirna. Na carta aos esmirnenses, aparece pela primeira vez a expressão
“Igreja Católica”.
(† 130) - foi um dos primeiros
apologistas cristãos; escreveu a sua Apologia ao imperador romano Adriano,
falando da vida dos cristãos.
(†156) - San
Policarpo fue uno de los más famosos entre aquellos obispos de
La tradición cuenta que,
habiéndose encontrado San Policarpo con Marción en las calles de Roma, el
hereje le increpó, al ver que no parecía advertirle: '¿Qué, no
me-conoces?" "Sí, -le respondió Policarpo-, se que eres el
primogénito de Satanás". El santo obispo había heredado este
aborrecimiento hacia las herejías de su maestro San Juan, quien salió huyendo
de los baños, al ver a Cerinto. Ellos comprendían el gran daño que hace la
herejía.
San Policarpo besó las
cadenas de San Ignacio, cuando éste pasó por Esmirna, camino del martirio, e
Ignacio a su vez, le recomendó que velara por su lejana Iglesia de Antioquía y
le pidió que escribiera en su nombre a las Iglesias de Asia, a las que él no
había podido escribir. San Policarpo escribió poco después a los Filipenses una
carta que se conserva todavía y que alaban mucho San Ireneo, San Jerónimo,
Eusebio y otros. Dicha carta, que en tiempos de San Jerónimo se leía
públicamente en las iglesias, merece toda admiración por la excelencia de sus
consejos y la claridad de su estilo. Policarpo emprendió un viaje a Roma para
aclarar ciertos puntos con el Papa San Aniceto, especialmente la cuestión de la
fecha de
El año sexto de Marco
Aurelio, según la narración de Eusebio, estalló una grave persecución en Asia,
en la que los cristianos dieron pruebas de un valor heroico. Germánico, quien
había sido llevado a Esmirna con otros once o doce cristianos se señaló entre
todos, y animó a los pusilánimes a soportar el Martirio. En el anfiteatro, el
procónsul le exhortó a no entregarse a la muerte en plena juventud, cuando la
vida tenía tantas cosas que ofrecerle, pero Germánico provocó a las fieras para
que le arrebataran cuanto antes la vida perecedera. Pero también hubo cobardes:
un frigio, llamado Quinto, consintió en hacer sacrificios a los dioses antes
que morir.
La multitud no se
saciaba de la sangre derramada y gritaba: "¡Mueran los enemigos de los
dioses! ¡Muera Policarpo!" Los amigos del santo le habían persuadido que
se escondiera, durante la persecución, en un pueblo vecino. Tres días antes de
su martirio tuvo una visión en la que aparecía su almohada envuelta en llamas;
esto fue para él una señal de que moriría quemado vivo como lo predijo a sus
compañeros. Cuando los perseguidores fueron a buscarle, cambió de refugio, pero
un esclavo, a quien habían amenazado si no le delataba, acabó por entregarle.
Los autores de la carta
de la que tomamos estos datos, condenan justamente la presunción de los que se
ofrecían espontáneamente al martirio y explican que el martirio de San
Policarpo fue realmente evangélico, porque el santo no se entregó, sino que
esperó a que le arrestaran los perseguidores, siguiendo el ejemplo de Cristo.
Herodes, el jefe de la
policía, mandó por la noche a un piquete de caballería a que rodeara la casa en
que estaba escondido Policarpo; éste se hallaba en la cama, y rehusó escapar,
diciendo: "Hágase la voluntad de Dios". Descendió, pues, hasta la
puerta, ofreció de cenar a los soldados y les pidió únicamente que le dejasen
orar unos momentos. Habiéndosele concedido esta gracia, Policarpo oró de pie
durante dos horas, por sus propios cristianos y por toda
El santo se arrastró
calladamente hasta el sitio en que se hallaba reunido el pueblo. A la llegada
de Policarpo, muchos oyeron una voz que decía: "Sé fuerte, Policarpo, y
muestra que eres hombre". El procónsul le exhortó a tener compasión de su
avanzada edad, a jurar por el César y a gritar: "¡Mueran los enemigos de
los dioses!" El santo, volviéndose hacia la multitud de paganos reunida en
el estadio, gritó: "¡Mueran los enemigos de Dios!" El procónsul
repitió: "Jura por el César y te dejaré libre; reniega de Cristo".
"Durante ochenta y seis años he servido a Cristo, y nunca me ha hecho
ningún mal. ¿Cómo quieres que reniegue de mi Dios y Salvador? Si lo que deseas
es que jure por el César, he aquí mi respuesta: Soy cristiano. Y si quieres
saber lo que significa ser cristiano, dame tiempo y escúchame". El procónsul
dijo: "Convence al pueblo". El mártir replicó: "Me estoy
dirigiendo a ti, porque mi religión enseña a respetar a las autoridades si ese
respeto no quebranta la ley de Dios. Pero esta muchedumbre no es capaz de oír
mi defensa". En efecto, la rabia que consumía a la multitud le impedía
prestar oídos al santo.
El procónsul le amenazó:
"Tengo fieras salvajes". "Hazlas venir -respondió Policarpo-,
porque estoy absolutamente resuelto a no convertirme del bien al mal, pues sólo
es justo convertirse del mal al bien". El precónsul replicó: "Puesto
desprecias a las fieras te mandaré quemar vivo". Policarpo le dijo:
"Me amenazas con fuego que dura un momento y después se extingue; eso
demuestra ignoras el juicio que nos espera y qué clase de fuego inextinguible
aguarda a los malvados. ¿Qué esperas? Dicta la sentencia que quieras".
Durante estos discursos,
el rostro del santo reflejaba tal gozo y confianza y actitud tenía tal gracia,
que el mismo procónsul se sintió impresionado. Sin embargo, ordenó que un
heraldo gritara tres veces desde el centro del estadio: Policarpo se ha
confesado cristiano". Al oír esto, la multitud exclamó: "¡Este es el
maestro de Asia, el padre de los cristianos, el enemigo de nuestros dioses que
enseña al pueblo a no sacrificarles ni adorarles!" Como la multitud
pidiera al procónsul que condenara a Policarpo a los leones, aquél respondió
que no podía hacerlo, porque los juegos habían sido ya clausurados. Entonces
gentiles y judíos pidieron que Policarpo fuera quemado vivo.
En cuanto el procónsul
accedió a su petición, todos se precipitaron a traer leña de los hornos, de los
baños y de los talleres. Al ver la hoguera prendida, Policarpo se quitó los
vestidos y las sandalias, cosa que no había hecho antes porque los fieles se
disputaban el privilegio de tocarle. Los verdugos querían atarle, pero él les
dijo: "Permitidme morir así. Aquél que me da su gracia para soportar el
fuego me la dará también para soportarlo inmóvil". Los verdugos se
contentaron pues, con atarle las manos a la espalda. Alzando los ojos al cielo,
Policarpo hizo la siguiente oración: "¡Señor Dios Todopoderoso, Padre de
tu amado y bienaventurado Hijo, Jesucristo, por quien hemos venido en
conocimiento de Ti, Dios de los ángeles, de todas las fuerzas de la creación y
de toda la familia de los justos que viven en tu presencia! ¡Yo te bendigo
porque te has complacido en hacerme vivir estos momentos en que voy a ocupar un
sitio entre tus mártires y a participar del cáliz de tu Cristo, antes de
resucitar en alma y cuerpo para siempre en la inmortalidad del Espíritu Santo!
¡Concédeme que sea yo recibido hoy entre tus mártires, y que el sacrificio que
me has preparado Tú, Dios fiel y verdadero, te sea laudable! ¡Yo te alabo y te
bendigo y te glorifico por todo ello, por medio del Sacerdote Eterno,
Jesucristo, tu amado Hijo, con quien a Ti y al Espíritu sea dada toda gloria
ahora y siempre! ¡Amén!"
No bien había acabado de
decir la última palabra, cuando la hoguera fue encendida. "Pero he aquí
que entonces aconteció un milagro ante nosotros, que fuimos preservados para
dar testimonio de ello -escriben los autores de esta carta-: las llamas,
encorvándose como las velas de un navío empujadas por el viento, rodearon
suavemente el cuerpo del mártir, que entre ellas parecía no tanto un cuerpo devorado
por el fuego, cuanto un pan o un metal precioso en el horno; y un olor como de
incienso perfumó el ambiente". Los verdugos, recibieron la orden de
atravesar a Policarpo con una lanza; al hacerlo, brotó de su cuerpo una paloma
y tal cantidad de sangre, que la hoguera se apagó.
Nicetas aconsejó al
procónsul que no entregara el cuerpo a los cristianos, no fuera que estos,
abandonando al Crucificado, adorasen a Policarpo. Los judíos habían sugerido
esto a Nicetas, "sin saber -dicen los autores de la carta- que nosotros no
podemos abandonar a Jesucristo ni adorar a nadie porque a El le adoramos como
Hijo de Dios, y a los mártires les arnamos simplemente como discípulos e
imitadores suyos, por el amor que muestran a su Rey y Maestro". Viendo la
discusión provocada por los judíos, el centurión redujo a cenizas el cuerpo del
mártir. "Más tarde -explican los autores de la carta- recogimos nosotros
los huesos, más preciosos que las más ricas joyas de oro, y los depositamos en
un sitio dónde Dios nos concedió reunirnos, gozosarnente, para celebrar el
nacimiento de este mártir". Esto escribieron los discípulos y testigos.
Policarpo recibió el premio de sus trabajos, a las dos de la tarde del 23 de
febrero de 155, o 166, u otro año.
Las obras y fuentes
sobre San Policarpo:
Existe una muy vasta
literatura, que no podemos citar aquí por entero, sobre San Policarpo y todo lo
relacionado con él. Los principales puntos de discusión que pueden interesarnos
son los siguientes:
La autenticidad de la
carta que describe su martirio, escrita en nombre de
La autenticidad de la
carta de San Ignacio de Antioquía a San Policarpo;
La autenticidad de la
carta de San Policarpo a los filipenses;
El valor de las
informaciones que San Ireneo y otros autores primitivos nos dan sobre las
relaciones de San Policarpo con el apóstol San Juan;
La fecha del martirio;
El valor de
Esos documentos que se
encuentran reunidos en la obra inapreciable de Lightfoot, The Apostolic
Fathers, Ignatius and Polycarp, 3 vols., y en la edición abreviada en un solo
volumen de J. R. Harmer. The Apostolic Fathers (1891). En cuanto a la fecha del
martirio, los escritores primitivos, basándose en
Hay un excelente
artículo sobre San Policarpo, escrito por H. T. Andrews, en
(†160) - El
«Pastor de Hermas» es un libro que fue muy apreciado en la primitiva Iglesia,
hasta el punto de que algunos Padres llegaron a considerarlo como canónico,
esto es, perteneciente al conjunto de
El libro refleja el
estado de la cristiandad romana a mediados del siglo II. Tras una larga pausa
de tranquilidad sin sufrir persecución, parece que no era tan universal el buen
espíritu de los primeros tiempos. Junto a cristianos fervorosos, había muchos
tibios; junto a los santos, no faltaban los pecadores, y esto en todos los
niveles de
Se trata de un escrito
perteneciente al género apocalíptico: el autor presenta sus ideas como si le
hubiesen sido reveladas (apocalipsis = revelación, en griego) por dos
personajes misteriosos: una anciana y un pastor. Precisamente de este último
personaje toma nombre todo el libro.
En la primera
parte, el autor ilustra la doctrina de la penitencia por medio de una serie de
Visiones o revelaciones. Se le aparece una anciana matrona que va despojándose
poco a poco de la vejez para mostrarse al final como una novia engalanada,
símbolo de los elegidos de Dios. Esa matrona, como ella misma explica, es
En la segunda parte, los
Mandamientos, el ángel de la penitencia enseña a Hermas un resumen de la doctrina
moral. En la tercera, llamada Comparaciones o semejanzas, se resuelven algunas
cuestiones que inquietaban a los cristianos de aquella época.
En las siguientes lineas
se recogen dos textos de esta obra. En el primero, correspondiente a la tercera
visión, la anciana explica a Hermas el significado de una torre que se
construye con piedras, de las que algunas son desechadas. Es una bella imagen
para señalar la construcción de
* * * *
*
El llamado Pastor, de
Hermas, es un escrito complejo y extraño, compuesto en el género apocalíptico y
visionario, probablemente hacia la primera mitad del siglo ll, aunque pudiera
haber en él elementos de diversas épocas. Consta de una serie de visiones,
comparaciones o alegorias, algunas de ellas de sentido bastante confuso, que se
refieren a diversos aspectos de la vida cristiana.
Según se desprende del
escrito, Hermas, su autor, era un cristiano sencillo y rudo, pero lleno de
preocupaciones religiosas y con una particular conciencia de sus propias faltas
morales de diversa índole. Pesa sobre él especialmente el remordimiento por no
haber sabido mantener debidamente las relaciones familiares con su mujer y sus
hijos, y por no haber sabido hacer buen uso de sus bienes de fortuna, que había
perdido. Correspondiendo a esta conciencia de culpabilidad, sobresale en el
escrito el tema de la penitencia y del perdón que, contra lo que se suponía en
concepciones rigoristas, podía ser obtenido al menos una vez después del
bautismo, si uno se arrepentía sinceramente. Hermas, simple laico, tiene
conciencia de que esto se oponía a la enseñanza de ciertos doctores de
Además del tema de la
penitencia, es prominente en el Pastor, de Hermas, el tema de
Otros muchos temas van
apareciendo a lo largo del escrito: de particular interés pueden ser los que se
refieren al peligro de las riquezas, a las relaciones entre ricos y pobres, o a
la necesidad de saber distinguir los signos de la influencia del bueno o del
mal espíritu en nosotros o en los demás. En este último aspecto Hermas encabeza
la copiosa literatura cristiana acerca del "discernimiento de
espíritus".
El Pastor, de Hermas, muestra
cierta audacia imaginativa, pero tiene en general poca profundidad teológica y
se mantiene más bien en una actitud meramente moralística. Sin embargo, es
interesante como reflejo de los problemas religiosos y morales que podia tener
entonces un cristiano ordinario.
* * * *
*
Piedras para construir
(Visión lll, nn. 2-7)
Dicho esto, [la anciana]
hizo ademán de marcharse; mas yo me postré a sus pies y le supliqué por el
Señor que me mostrara la visión que me había prometido. Y ella me tomó otra vez
de la mano, me levantó y me hizo sentar en el banco a su izquierda. Tomó
asiento también ella, a la derecha, y, levantando una vara brillante, me dijo:
- ¿Ves una cosa grande?
- Señora - le contesté
-, no veo nada.
- ¡Cómo! - me replica -;
¿no ves delante de ti una torre que se está construyendo sobre las aguas con
brillantes sillares?
En un cuadrilátero, en
efecto, se estaba construyendo la torre, por mano de aquellos seis jóvenes que
habían venido con ella; y, juntamente, otros hombres por millares y millares,
se ocupaban en acarrear piedras - unas de lo profundo del mar, otras de la
tierra - y se las entregaban a los seis jóvenes. Estos las tomaban y
edificaban.
Las piedras sacadas de
lo profundo del mar las colocaban todas sin más en la construcción, pues
estaban ya labradas y se ajustaban en su juntura con las demás piedras; tan
cabalmente se ajustaban unas con otras, que no aparecía juntura alguna y la
torre semejaba construida como de un solo bloque.
De las piedras traídas
de la tierra, unas las tiraban, otras las colocaban en la construcción, otras
las hacían añicos y las arrojaban lejos de la torre. Había, además, gran
cantidad de piedras tiradas en torno de la torre, que no empleaban en la
construcción, pues de ellas unas estaban carcomidas, otras con rajas, otras
desportilladas, otras eran blancas y redondas y no se ajustaban a la
construcción. Veía también otras piedras arrojadas lejos de la torre, que
venían a parar al camino, pero que no se detenían en él, sino que seguían
rodando del camino a un paraje intransitable; otras caían al fuego y allí se
abrasaban; otras venían a parar cerca de las aguas, pero no tenían fuerza para
rodar al agua por más que deseaban rodar y llegar hasta ella.
Una vez que me mostró
todas estas cosas, quería retirarse. Le digo: - Señora, ¿de qué me sirve haber
visto todo eso, si no sé lo que significa cada cosa?
Me respondió diciendo: -
Astuto eres, hombre, queriendo conocer lo que se refiere a la torre.
- Sí, señora - le
respondo -; quiero conocerlo para anunciarlo a los hermanos y que así se pongan
más alegres. Y, una vez que hayan conocido estas cosas, reconozcan al Señor en
mucha gloria.
Y ella me dijo:
- Oírlas, las oirán
muchos; pero, después de oídas, unos se alegrarán y otros llorarán. Sin
embargo, aun éstos, si oyeren y se arrepintieren, se alegrarán también.
Escucha, pues, las comparaciones acerca de la torre, pues voy a revelártelo
todo. Y ya no me molestes más pidiéndome revelación, pues estas revelaciones
tienen un término, puesto que están ya cumplidas. Sin embargo, tú no cesarás de
pedir revelaciones, pues eres importuno.
Ahora bien, la torre que
ves que se está edificando, soy yo misma,
Le pregunté entonces:
- ¿Por qué la torre está
edificada sobre las aguas, señora?
- Ya te dije antes - me
replicó - que eres muy astuto y que inquieres con cuidado; inquiriendo, pues, hallas
la verdad. Ahora bien, escucha por qué la torre está edificada sobre las aguas.
La razón es porque vuestra vida se salvó por el agua y por el agua se salvará;
mas el fundamento sobre el que se asienta la torre es la palabra del Nombre
omnipotente y glorioso y se sostiene por la virtud invisible del Dueño.
Tomando la palabra, le
dije: - Señora, esto es cosa grande y maravillosa. Y los seis jóvenes que están
construyendo, ¿quiénes son, señora?
- Éstos son aquellos
santos ángeles de Dios que fueron creados los primeros, y a quienes el Señor
entregó su creación para acrecentar y edificar y dominar sobre la creación
entera. Así pues, por obra de éstos se consumará la construcción de la torre.
- Y los otros que llevan
las piedras, ¿quiénes son?
- También éstos son
ángeles santos de Dios; pero aquellos seis los superan en excelencia. Por obra
de unos y otros se consumará, pues, la construcción de la torre, y entonces
todos se regocijarán en torno de ella, y glorificarán a Dios porque se terminó
su construcción.
Hícele otra pregunta: -
Señora, quisiera saber el paradero de las piedras y qué significación tiene
cada una de ellas.
Me respondió diciendo: -
No es que seas tú más digno que nadie de que se te revele, porque otros hay
primero y mejores que tú a quienes debieran revelárseles estas visiones. Mas,
para que sea glorificado el nombre de Dios, se te han revelado a ti, y se te
seguirán revelando, por causa de los vacilantes, de los que oscilan en sus
discursos consigo mismos sobre si estas cosas son o no son. Diles que todas
estas cosas son verdaderas y nada hay en ellas que esté fuera de la verdad,
sino que todo es firme y seguro y bien asentado.
Escucha ahora acerca de
las piedras que entran en la construcción. Las piedras cuadradas y blancas, que
ajustaban perfectamente en sus junturas, representan los apóstoles, obispos,
maestros y diáconos que caminan según la santidad de Dios, los que desempeñaron
sus ministerios de obispos, maestros y diáconos pura y santamente en servicio
de los elegidos de Dios. De ellos, unos han muerto, otros viven todavía. Éstos
son los que estuvieron siempre en armonía unos con otros, conservaron la paz
entre sí y se escucharon mutuamente. De ahí que en la construcción de la torre
encajaban ajustadamente sus junturas.
- Y las piedras sacadas
de lo hondo del mar y sobrepuestas a la construcción, que encajaban en sus
junturas con las otras piedras ya edificadas, ¿quiénes son?
- Éstos son los que
sufrieron por el nombre del Señor.
- Quiero saber, señora,
quiénes son las otras piedras, traídas de la tierra.
Respondióme:
- Los que entraban en la
construcción sin necesidad de labrarlos son los que aprobó el Señor, porque
caminaron en la rectitud del Señor y cumplieron sus mandamientos.
- Y las que eran traídas
y puestas en la construcción, ¿quiénes son?
- Éstas son los
neófitos, nuevos en la fe, pero creyentes; son amonestados por los ángeles a
obrar el bien, pues se halló en ellos alguna maldad.
- Y los que rechazaban y
tiraban, ¿quiénes son?
- Éstos son los que han
pecado, pero están dispuestos a hacer penitencia; por esta causa, no se los
arrojaba lejos de la torre, pues cuando hicieren penitencia serán útiles para
la construcción. Los que tienen intención de hacer penitencia, si de verdad la
hacen, serán fortalecidos en la fe; a condición, sin embargo, de que hagan
penitencia ahora, mientras se está construyendo la torre. Mas si la edificación
llega a su término, ya no tienen lugar a penitencia. Sólo se les concederá
estar puestos junto a la torre.
¿Quieres conocer las
piedras que eran hechas trizas y se las arrojaba lejos de la torre? Éstos son
los hijos de la iniquidad; se hicieron creyentes hipócritamente y ninguna
maldad se apartó de ellos. De ahí que no tienen salvación, pues por sus
maldades no son buenos para la construcción. Por eso se les hizo pedazos y se
los arrojó lejos. La ira del Señor pesa sobre ellos, pues le han exasperado.
Respecto a las otras,
que viste tiradas en gran número por el suelo y que no entraban en la
construcción, las piedras carcomidas representan a los que han conocido la
verdad, pero no perseveraron en ella ni se adhirieron a los santos. Por eso son
inútiles.
- ¿Y a quiénes
representan las piedras con rajas?
- Éstos son los que
guardan unos contra otros algún resentimiento en sus corazones y no mantienen
la paz mutua. Cuando se hallan cara a cara, parecen tener paz; mas apenas se
separan, sus malicias siguen tan enteras en sus corazones. Éstas son, pues, las
hendiduras que tienen las piedras.
Las piedras
desportilladas representan a los que han creído y mantienen la mayor parte de
sus actos dentro de la justicia, pero tienen también sus porciones de
iniquidad. De ahí que están desportillados y no enteros.
- Y las piedras blancas
y redondas y que no ajustaban en la construcción, ¿quiénes son, señora?
Me respondió diciendo:
- ¿Hasta cuándo serás
necio y torpe, que todo lo preguntas y nada entiendes por ti mismo? Éstos son
los que tienen, sí, fe; pero juntamente poseen riqueza de este siglo. Cuando
sobreviene una tribulación, por amor de su riqueza y negocios, no tienen
inconveniente en renegar de su Señor.
Le respondí, por mi
parte:
- Señora, ¿cuándo serán,
pues, útiles para la construcción?
- Cuando - me dijo - se
recorte de ellos la riqueza que ahora los arrastra, entonces serán útiles para
Dios. Porque, al modo que la piedra redonda, si no se la labra y recorta algo
de ella, no puede volverse cuadrada; así los que gozan de riquezas en este
siglo, si no se les recorta la riqueza, no pueden volverse útiles a Dios. Por
ti mismo, ante todo, puedes darte cuenta: cuando eras rico, eras inútil; ahora,
en cambio, eres útil y provechoso para la vida. Haceos útiles para Dios, pues
tú mismo eres empleado como una de estas piedras.
En cuanto a las otras
piedras que viste arrojar lejos y caer en el camino y que rodaban del camino a
parajes intransitables, éstas representan a los que han creído; pero luego,
arrastrados de sus dudas, abandonan su camino, que es el verdadero.
Imaginándose, pues, que son ellos capaces de hallar camino mejor, se extravían
y lo pasan míseramente andando por soledades sin senderos.
Las que caían en el
fuego y allí se abrasaban representan a los que de todo punto apostataron del
Dios vivo y todavía no ha subido a su corazón el pensamiento de hacer
penitencia, por impedírselo los deseos de su disolución y las perversas obras
que ejercitaron.
¿Quieres saber quiénes
son las otras piedras que venían a parar cerca de las aguas y que no podían
rodar hasta ellas? Estos son los que, después de oír la palabra de Dios,
quisieran bautizarse en el nombre del Señor; pero luego, al caer en la cuenta
de la castidad que exige la verdad, cambian de parecer y se echan otra vez tras
sus perversos deseos.
Terminó, pues, la
explicación de la torre. Importunándola yo todavía, le pregunté si a todas
aquellas piedras rechazadas y que no encajaban en la construcción de la torre,
se les daría ocasión o posibilidad de penitencia y tendrían aún lugar en esta
torre.
- Posibilidad de
penitencia - me contestó - sí que la tienen; pero ya no pueden encajar en esta
torre. Sin embargo, se ajustarán a otro lugar mucho menos elevado, y eso cuando
hayan pasado por los tormentos de la penitencia y hayan cumplido los días de
expiación de sus pecados. La razón de que sean trasladados es porque, al fin y
al cabo, participaron de la palabra justa. E incluso para ser trasladados de
sus tormentos, es preciso que antes suban a su corazón, por la penitencia, las
obras malas que ejecutaron; si no suben, no se salvarán, en castigo de su
dureza de corazón.
* * * *
*
(Mandamiento - Vl, n. 2)
- Escucha ahora - me
dijo - acerca de la fe. Dos ángeles hay en cada hombre: uno de la justicia y
otra de la maldad.
- ¿Cómo, pues, señor -
le dije - , conoceré las operaciones de uno y otro, puesto que ambos habitan
conmigo?
- Escucha - me dijo - y
entiende. El ángel de la justicia es delicado, y pudoroso, y manso, y
tranquilo. Así, pues, cuando subiere a tu corazón este ángel, al punto se
pondrá a hablar contigo sobre la justicia, la castidad, la santidad, sobre la
mortificación y sobre toda obra justa y sobre toda virtud gloriosa. Cuando
todas estas cosas subieren a tu corazón, entiende que el ángel de la justicia
está contigo. He ahí, pues, las obras del ángel de la justicia. Cree, por
tanto, a éste y a sus obras.
Mira también las obras
del ángel de la maldad. Ante todo, ese ángel es impaciente, amargo e insensato,
y sus obras malas derriban a los siervos de Dios. Así pues, cuando éste subiere
a tu corazón, conócele por sus obras.
- Señor - le dije - , yo
no sé cómo tengo que conocerle.
- Escucha - me dijo -.
Cuando te sobrevenga un arrebato de ira o un sentimiento de amargura, entiende
que él está contigo; y lo mismo hay que decir de un deseo de derramarte en
muchas acciones, de la preciosidad y abundancia de comidas y bebidas, y
embriagueces muchas, y deleites variados y no convenientes, del deseo, y
también de mujeres, avaricia, mucho boato de soberbia y altanería y, en fin, de
todo cuanto a estas cosas se acerca y asemeja. Siempre, pues, que cualquiera de
estas cosas subiere a tu corazón, entiende que el ángel de la maldad está
contigo. Tú, pues, ya que conoces sus obras, apártate de él y no le creas en
nada, pues sus obras son malas e inconvenientes para los siervos de Dios.
Ahí tienes las
operaciones de uno y otro ángel; entiéndelas y cree sólo al ángel de la
justicia. Apártate, en cambio, del ángel de la maldad, pues su doctrina es
totalmente perversa. En efecto, imaginemos a un hombre todo lo fiel que
queramos. Si el deseo de este ángel subiere a su corazón, por fuerza ese hombre
(o mujer) cometerá algún pecado. Y al revés, por muy malvado que sea un hombre
o una mujer, si a su corazón suben las obras del ángel de la justicia, de
necesidad aquel hombre o mujer practicarán algún bien. Ya ves que es bueno
seguir al ángel de la justicia y renunciar al ángel de la iniquidad.
* * * *
*
Habiendo yo ayunado y
orado insistentemente al Señor, me fue revelado el sentido de la escritura. Lo
escrito era lo siguiente: Tus hijos, Hermas, se enfrentaron contra Dios,
blasfemaron contra el Señor y traicionaron a sus padres con gran perversidad, y
tuvieron que oírse llamar traidores de sus padres. Y aun cometida esta
traición, no se enmendaron, sino que añadieron a sus pecados sus insolencias y
sus perversas contaminaciones, con lo que llegaron a su colmo sus iniquidades.
Sin embargo, haz saber a todos tus hijos y a tu esposa, que ha de ser hermana
tuya, estas palabras. Pues tu esposa no se modera en su lengua, con la que obra
el mal. Pero si oye estas palabras, se contendrá y obtendrá misericordia.
Después que les hubieres
dado a conocer estas palabras que me encargó el Señor que te revelara, se les
perdonarán a ellos todos los pecados que hubieren anteriormente cometido, así
como también a todos los santos que hubieren pecado hasta este día, con tal de
que se arrepientan de todo corazón y alejen de sus corazones toda vacilación.
Porque el Señor hizo este juramento por su gloria con respecto a sus elegidos:
si después de fijado este día todavía cometen pecado, no tendrán salvación, ya
que la penitencia para los justos tiene un limite. Los dias de penitencia están
cumplidos para todos los santos, mientras que para los gentiles hay penitencia
hasta el último día. Así pues, dirás a los jefes de
En cuanto a ti, Hermas,
no guardes ya más rencor contra tus hijos, ni abandones a tu hermana, para que
tengan lugar a purificarse de sus pecados pasados. Porque si tú no les guardas
rencor, serán educados con justa educación. El rencor produce la muerte. Tú,
Hermas, sufriste grandes tribulaciones en tu persona a causa de las
transgresiones de los de tu casa, pues no cuidaste de ellos, porque tenías
otras preocupaciones y te enredabas en negocios malvados.
Pero te salva el hecho
de no haber apostatado del Dios vivo, así como tu sencillez y tu mucha
continencia. Esto es lo que te ha salvado - con tal que perseveres - y lo que
salvará a cuantos hagan lo mismo y vivan en inocencia y simplicidad. Estos
triunfarán de toda maldad y perseverarán para la vida eterna. Bienaven turados
todos los que obran la justicia, porque no se perderán para siempre...
¿No te parece - me dijo
el pastor - que el mismo arrepentirse es una especie de sabiduría? Si - dijo -
, el arrepentirse es una sabiduría grande, porque el pecador se da cuenta de
que hizo el mal delante del Señor, y penetra en su corazón el sentimiento de la
obra que hizo, con lo que se arrepiente y ya no vuelve a obrar el mal, sino que
se pone a practicar toda suerte de bien, y humilla y atormenta su alma, por
haber pecado. Ya ves, pues, cómo el arrepentimiento es una gran sabiduría...
Señor - le dije - he
oído de algunos maestros que no se da otra penitencia fuera de aquella por la
que bajamos al agua (del bautismo) y alcanzamos el perdón de nuestros pecados
anteriores.
El me dijo: Has oído
bien, pues así es: porque el que ha recibido el perdón de sus pecados ya no
debiera pecar, sino que debiera vivir puro. Pero ya que quieres enterarte de
todo con exactitud, te explicaré también otro aspecto, sin que con ello quiera
dar pretexto de pecar a los que en lo futuro han de creer o a los que poco ha
creyeron en el Señor. Porque los que poco ha creyeron, o han de creer en lo
futuro no tienen lugar a penitencia de sus pecados, fuera de la remisión de sus
pecados anteriores (en el bautismo). Pero para los que fueron llamados antes de
estos días, el Señor tiene establecida una penitencia: porque el Señor es
conocedor de los corazones, y lo sabe todo de antemano, y conoció la debilidad
de los hombres y la mucha astucia del diablo con la que había de hacer daño a
los siervos de Dios y ensañarse con ellos. Ahora bien, siendo grandes las
entrañas de misericordia del Señor, se apiadó de su creatura, y dispuso esta
penitencia haciéndome a mí el encargado de la misma. Sin embargo, he de decirte
esto: si después de aquel llamamiento grande y santo, alguno, tentado por el
diablo, cometiere pecado, sólo tiene lugar a una penitencia. Pero si
continuamente peca y se vuelve a arrepentir, de nada le aprovecha al tal
hombre, pues difícilmente alcanzará la vida.
Yo le repliqué: El oir
esta explicación tan exacta sobre estas cosas me ha devuelto la vida, pues
ahora sé que si no vuelvo a cometer más pecados me salvaré.
Te salvarás - me dijo
- tú y todos los que hicieron estass cosas.
* * * *
*
Así como la piedra
redonda no puede convertirse en sillar si no es cortándola y quitando algo de
ella, así también los ricos en este siglo no pueden hacerse útiles para el
Señor si no se les recorta su riqueza. Por ti mismo puedes saberlo en primer
lugar: cuando eras rico eras inútil, pero ahora eres útil y provechoso para la
vida...
El rico tiene realmente
mucho dinero, pero con respecto al Señor es pobre, arrastrado como anda tras su
riqueza. Muy pocas veces hace su acción de gracias y su oración ante el Señor,
y aun cuando lo hace es con brevedad, sin intensidad y sin fuerza para penetrar
hasta lo alto. Pero cuando el rico se entrelaza con el pobre y le proporciona
lo necesario creyendo que podrá encontrar en Dios la recompensa de lo que
hubiere hecho por el pobre — ya que el pobre es rico en la oración y en la
acción de gracias, y sus peticiones tienen gran fuerza delante de Dios —
entonces el rico atiende al pobre en todas las cosas sin reservas. Por su
parte, el pobre, atendido por el rico, ruega por él y da gracias a Dios por
aquel de quien recibe beneficios. Y entonces el rico todavía toma mayor interés
por el pobre, para no hallarse falto de nada en su vida, pues sabe que la
oración del pobre es rica y aceptable delante de Dios. De esta suerte, uno y
otro llevan a cabo su obra en común: el pobre coopera con su oración, en la que
es rico, habiéndola recibido del Señor y devolviéndola al mismo Señor que se la
había dado. A su vez, el rico pone a disposición del pobre sin reservas la
riqueza que recibió del Señor. Es ésta una gran obra agradable a Dios, con la
que muestra que entiende el sentido de sus riquezas poniendo a disposición del
pobre los dones del Señor y cumpliendo rectamente el servicio que el Señor le
encomendara... De esta forma, los pobres, rogando al Señor por los ricos dan
pleno sentido a la riqueza de éstos, y a su vez, los ricos, socorriendo a los
pobres alcanzan la plenitud de lo que falta a sus almas. Con ello se hacen unos
y otros colaboradores en la obra de justicia. Por tanto, el que así obrare no
será abandonado de Dios, sino que quedará escrito en el libro de los vivos.
Bienaventurados los que tienen y entienden que sus riquezas las tienen del
Señor: porque el que entiende esto podrá cumplir el servicio debido...
* * * *
*
Dos ángeles acompañan al
hombre, uno de justicia y otro de maldad... El ángel de justicia es delicado y
recatado y manso y tranquilo. Así pues, cuando este ángel penetre en tu
corazón, te hablará inmediatamente de justicia, de pureza, de santidad, de
contentarte con lo que tienes, de toda obra justa y de toda virtud reconocida.
Cuando sientas que tu corazón está penetrado de todas estas cosas, entiende que
el ángel de la justicia está contigo, porque ésas son las obras del ángel de la
justicia. A él pues has de creerle, y a sus obras.
Considera por otra parte
las obras del ángel de la maldad: en primer lugar, es impaciente, amargado e
insensato: sus obras son malas y capaces de abatir a los siervos de Dios.
Cuando este ángel penetre en tu corazón, has de saber conocerle por sus
obras... Cuando te sobrevenga alguna impaciencia o amargura, entiende que él
está dentro de ti: igualmente cuando tengas ansia de hacer muchas cosas, o de
muchos y exquisitos manjares, de muchas y variadas bebidas, de embriagueces
muelles e inconvenientes; igualmente cuando tienes deseo de mujeres, o de
posesiones o de gran soberbia y altanería y de otras cosas por el estilo:
cuando estas cosas penetren en tu corazón, sábete que el ángel de la maldad
está dentro de ti. Así pues, tú, conociendo sus obras, apártate de él y no le
creas para nada, pues sus obras son malvadas y no traen provecho alguno a los
siervos de Dios...
¿Cómo se conocerá a un
hambre, si es verdadero o falso profeta?... Al hombre que tiene el Espíritu
divino has de examinarle por su vida. En primer lugar, el que tiene el Espíritu
divino de lo alto, es manso, tranquilo y humilde; se aparta de toda maldad, así
como de los vanos deseos de este siglo, y se hace a sí mismo el más pobre de
todos los hombres; no empieza a dar respuestas a nadie solo porque se le
pregunte, ni habla en secreto, que no habla el Espíritu Santo cuando el hombre
quiere, sino que habla cuando Dios quiere que hable. Así pues, cuando un hombre
que tiene el espíritu divino llega a una reunión de hombres justos que tienen
fe en el espíritu divino, y en aquella reunión se hace oración a Dios, entonces
el ángel del espíritu profético que está en él llena a aquel hombre, y lleno
así con el Espíritu Santo habla a la muchedumbre como lo quiere el Señor...
Escucha ahora lo que se
refiere al espíritu terreno y vacuo, que no tiene virtud alguna, sino que es
necio. En primer lugar, el hombre que aparentemente tiene el Espíritu, se
exalta a sí mismo, y quiere ocupar la silla presidencial; e inmediatamente se
muestra como ligero, desvergonzado y charlatán; vive entre muchos placeres y
con muchos otros engaños; se hace pagar sus profecías, y si no se le paga no
profetiza. ¿Es que el Espíritu divino puede cobrar para profetizar? No puede
hacer esto un profeta de Dios, sino que el espíritu de tales profetas es de la
tierra. Además, el falso profeta no se acerca para nada a la reunión de los justos,
sino que huye de ellos; en cambio se pega a los vacilantes y vacuos, echándoles
sus profecías por los rincones, y los embauca hablándoles conforme a sus
deseos, aunque son vacuos, pues responde a hombres vacuos. Cuando una vasija
vacía choca con otras igualmente vacías, no se rompe, sino que resuenan todas
con un mismo sonido. Cuando el falso profeta llega a una reunión llena de
hombres justos que poseen el espíritu de la divinidad y hacen oración, se queda
vacío, y su espíritu terreno huye de él amedrentado, y el hombre queda mudo y
totalmente destrozado, sin poder hablar palabra.
Los que nunca han
escudriñado la verdad ni han inquirido acerca de la divinidad, sino que se han
contentado con creer, agitados con sus negocios, sus riquezas. sus amistades paganas
y muchas otras ocupaciones de este siglo, todos los que andan enfrascados en
estas cosas. no entienden las parábolas acerca de la divinidad. Es que con
todos estos negocios están entenebrecidos, corrompidos y secos. Así como las
viñas hermosas, si no se cuidan se secan a causa de las espinas y de toda
suerte de yerbas, así también los hombres que después de recibir la fe se
entregan a la multiplicidad de acciones dichas, se extravian en sus
inteligencias y ya no entienden absolutamente nada acerca de la divinidad.
Porque, en efecto, cuando oyen algo acerca de la divinidad su mente se
encuentra en sus negocios, y así no comprenden absolutamente nada. Pero los que
tienen el temor de Dios, e investigan acerca de la divinidad y de la verdad, y
tienen su corazón vuelto hacia el Señor, entienden y comprenden en seguida
cuanto se les dice, pues tienen dentro de sí el temor de Dios. Porque donde
habita el Señor, allí hay gran inteligencia. Adhiérete, pues, al Señor, y lo
comprenderás y entenderás todo.
Arranca de ti la
tristeza, y no aflijas al Espíritu Santo que habita en ti, no sea que hagas tu
oración a Dios en contra tuya y él se aparte de ti. Porque el Espíritu de Dios,
que ha sido dado a esa carne tuya, no tolera la tristeza ni la angustia. Así
pues, revístete de alegría, que encuentra siempre gracia delante de Dios y
siempre le es agradable, y complácete en ella. Porque todo hombre alegre obra
el bien, piensa el bien y no hace caso de la tristeza. En cambio, el hombre
triste siempre va por mal camino. En primer lugar, hace mal entristeciendo al
Espíritu Santo que fue dado en alegría al hombre. En segundo lugar, comete
iniquidad al no orar ni dar gracias a Dios, ya que siempre la oración del
hombre triste no tiene fuerza para remontarse hasta el altar de Dios... La
tristeza se ha asentado en su corazón, y al mezclarse la tristeza con la
oración, no deja a ésta que suba pura hasta el altar de Dios... Purifícate de
esta malvada tristeza, y vivirás para Dios. Y asimismo vivirán para Dios
cuantos arrojen de sí la tristeza y se revistan de toda alegría.
(ou Doutrina dos Doze
Apóstolos)
É como um antigo catecismo, redigido entre os anos
90 e 100, na Síria, na Palestina ou
(†165), mártir
- nasceu em
Naplusa, antiga Siquém, em
Israel; achou nos Evangelhos “a única filosofia proveitosa”, filósofo,
fundou uma escola
(160-235) - Discípulo de santo Irineu
(140-202), foi célebre na Igreja de Roma, onde Orígenes o ouviu pregar. Morreu
mártir. Escreveu contra os hereges, compôs textos litúrgicos, escreveu a Tradição
Apostólica onde retrata os costumes da Igreja no século III:
ordenações, catecumenato, baptismo e confirmação, jejuns, ágapes, eucaristia,
ofícios e horas de oração, sepultamento, etc.
(†177) - foi
bispo de Sardes, na Lídia, um dos grandes luminares da Ásia Menor. Escreveu a Apologia,
dirigida ao imperador Marco Aurélio.
(†180) - era
filósofo em Atenas, Grécia, autor da Súplica pelos Cristãos, apologia
oferecida em tom respeitoso ao imperador Marco Aurélio e seu filho Cómodo;
escreveu também o tratado sobre A Ressurreição dos mortos, foi grande
apologista.
(†após 181) -
nasceu na Mesopotâmia, converteu-se ao cristianismo já adulto, tornou-se bispo
de Antioquia. Apologista, compôs três livros, a Autólico.
(†202) - nasceu na Ásia Menor, foi
discípulo de são Policarpo (discípulo de são João), foi bispo de Lião, na Gália
(hoje França). Combateu eficazmente o gnosticismo em sua obra Adversus
Haereses (Refutação da Falsa Gnose) e a Demonstração da Preparação
Apostólica. Segundo São Gregório de Tours (†594), São Irineu morreu mártir.
É considerado o “príncipe dos teólogos cristãos”. Salienta nos seus escritos a
importância da Tradição oral da Igreja, o primado da Igreja de Roma (fundada
por Pedro e Paulo).
(†215) - Seu nome é Tito Flávio
Clemente, nasceu em Atenas por volta de 150. Viajou pela Itália, Síria,
Palestina e fixou-se
(184-254) - Nasceu em Alexandria,
Egipto; seu pai Leônidas morreu martirizado em 202. Também desejava o martírio;
escreveu ao pai na prisão: “não vás mudar de ideia por causa de nós”. Em
203 foi colocado à frente da escola catequética de Alexandria pelo bispo
Demétrio. Em 212 esteve em Roma, Grécia e Palestina. A mãe do imperador
Alexandre Severo, Júlia Mammae, chamou-o a Antioquia para ouvir suas lições.
Morreu em Cesaréia durante a perseguição do imperador Décio.
(†220), norte da África, culto,
era advogado em Roma quando em 195 se converteu ao Cristianismo, passando a
servir a Igreja de Cartago como catequista. Combateu as heresias do
gnosticismo, mas se desentendeu com a Igreja Católica. É autor das frases: “Vede
como se amam” e “ O sangue dos mártires era semente de novos cristãos”.
(†258) - Cecílio Cipriano nasceu
em Cartago, foi bispo e primaz da África Latina. Era casado. Foi perseguido no
tempo do imperador Décio, em 250, morreu mártir em 258. Escreveu a bela obra Sobre
a unidade da Igreja Católica. Na obra De Lapsis, sobre os que
apostataram na perseguição, narra ao vivo o drama sofrido pelos cristãos, a
força de uns, o fracasso de outros. Escreveu ainda a obra Sobre
a Oração do Senhor, sobre o Pai Nosso.
(260-339) - bispo, foi o primeiro
historiador da Igreja. Nasceu na Palestina, em Cesaréia, discípulo aí de
Orígenes. Escreveu a sua Crónica e a História Eclesiástica, além
de A Preparação e a Demonstração Evangélicas. Foi perseguido por
Dioclesiano, imperador romano.
(295-373) - doutor
da Igreja, nasceu em Alexandria, jovem ainda foi viver o monaquismo nos
desertos do Egipto, onde conheceu o grande Santo
Antão († 376), o “pai dos monges”. Tornou-se diácono da Igreja
de Alexandria, e junto com o seu Bispo Alexandre, se destacou no Concílio
de Nicéia (325) no combate ao arianismo. Tornou-se bispo de Alexandria
em 357 e continuou a sua luta árdua contra o arianismo (Ário negava a divindade
de Jesus), o que lhe valeu sete anos de exílio. São Gregório Nazianzeno disse
dele: “O que foi a cabeleira para Sansão, foi Atanásio para a Igreja.”
(316-367) - doutor da Igreja, nasceu
em Poitiers, na Gália (França); em 350 clero e povo o elegiam bispo, apesar de
ser casado. Organizou a luta dos bispos gauleses contra o arianismo. Foi
exilado pelo imperador Constâncio, na Ásia Menor, voltando para a Gália em 360,
fazendo valer as decisões do Concílio de Nicéia. É chamado o “Atanásio do
Ocidente”.Escreveu as obras Sobre a Fé, Sobre
a Santíssima Trindade.
(†373), doutor da Igreja – é considerado o maior poeta
sírio, chamado de “a cítara do Espírito Santo”. Nasceu em Nísibe,
de pais cristãos, por volta de 306, deve ter participado do Concílio de Nicéia
(325), segundo a tradição, com o seu bispo Tiago. Foi ordenado diácono em 338 e
assim ficou até o fim da vida. Escreveu tratados contra os gnósticos, os
arianos e contra o imperador Juliano, o apóstata. Escreveu belos hinos e
louvores a Maria.
(†386), doutor da Igreja, Bispo de
Jerusalém, guardião da fé professada pela Igreja no Concílio de Nicéia (325).
Autor das Catequeses
Mistagógicas, esteve no segundo
Concílio Ecuménico, em Constantinopla, em 381.
(304-384), Papa da Igreja, instruído,
de origem espanhola, sucedeu o Papa Libério que o ordenou diácono; obteve do
Imperador Graciano o reconhecimento jurisdicional do bispo de Roma. Mandou que
S. Jerónimo fizesse uma revisão da versão latina da Bíblia, a Vulgata.
Descobriu e ornamentou os túmulos dos mártires nas catacumbas, para a
visita dos peregrinos.
(329-379) - Bispo e doutor da Igreja,
nasceu na Capadócia; seus irmãos Gregório de Nissa e Pedro,
são santos. Foi íntimo amigo de S. Gregório Nazianzeno; fez-se monge. Em 370
tornou-se bispo de Cesareia na Palestina, e metropolita da província da
Capadócia. Combateu o arianismo e o apolinarismo (Apolinário negava que Jesus
tinha uma alma humana). Destacou-se no estudo a Santíssima Trindade (Três
Pessoas e uma Essência).
(329-390), doutor da Igreja – nasceu em Nazianzo, na
Capadócia, era filho do bispo local, que o ordenou padre; foi um dos maiores
oradores cristãos. Foi grande amigo de São Basílio, que o sagrou bispo. Lutou
contra o arianismo. Sua doutrina sobre a Santíssima Trindade o fez ser chamado
de “teólogo”, que o Concílio de Calcedónia confirmou em 481.
(†394) – foi
bispo de Nissa, e depois de Sebaste, irmão de São Basílio e amigo de São
Gregório Nazianzeno. Os três santos brilharam na Capadócia. Foi poeta e
místico; teve grande influência no primeiro Concílio de Constantinopla (381)
que definiu o dogma da SS. Trindade. Combateu o apolinarismo, macedonismo
(Macedónio negava a divindade do Espírito Santo) e arianismo.
(354-407) (= boca de ouro), doutor da
Igreja, é o mais conhecido dos Padres da Igreja grega.
Nasceu
(†444) – Bispo e doutor da Igreja,
sobrinho do patriarca de Alexandria, Teófilo, o substituiu na Sé episcopal em
412. Combateu vivamente o Nestorianismo (Nestório negava que em Jesus havia uma
só Pessoa e duas naturezas), com o apoio do papa Celestino. Participou do
Concílio de Éfeso (431), que condenou as teses de Nestório. É considerado um
dos maiores Padres da língua grega, e chamado o “Doutor mariano”.
(360-465) – recebeu
formação religiosa em Belém e viveu no Egipto. Foi ordenado diácono por S. João
Crisóstomo, em Constantinopla, e padre pelo papa Inocêncio,
(†431) – nasceu
na Gália (França), exerceu importantes cargos civis até ser baptizado. Vendeu
seus bens, distribuindo o dinheiro aos pobres, e com sua esposa Terásia passou
a viver vida eremítica. Foi ordenado padre em 394, em 409 bispo de Nola.
(†450) (= palavra de ouro) – bispo e doutor da Igreja –
foi bispo de Ravena, Itália. Quando Êutiques, patriarca de Constantinopla pediu
o seu apoio para a sua heresia (monofisismo - uma só natureza em Cristo),
respondeu: “Não podemos discutir coisas da fé, sem o consentimento do Bispo
de Roma”. Temos 170 de suas cartas e escritos sobre o Símbolo e o Pai –
Nosso.
(†397), doutor da Igreja – nasceu em Tréveris, de
nobre família romana. Com 31 anos governava em Milão as províncias de Emília e
Ligúria. Ainda catecúmeno, foi eleito bispo de Milão, pelo povo, tendo, então
recebido o baptismo, a ordem e o episcopado. Foi conselheiro de vários
imperadores e baptizou Santo Agostinho, cujas pregações ouvia. Deixou obras
admiráveis sobre a fé católica.
(347-420), “Doutor Bíblico” –
nasceu na Dalmácia e educou-se em Roma; é o mais erudito dos Padres da Igreja
latina; sabia o grego, latim e hebraico. Viveu alguns anos na Palestina como
eremita. Em 379 foi ordenado sacerdote pelo bispo Paulino de Antioquia; foi
ouvinte de São Gregório Nazianzeno e amigo de São Gregório de Nissa. De
(†403) – Nasceu na Palestina, muito
culto, foi superior de uma comunidade monástica em Eleuterópolis (Judeia) e
depois, bispo de Salamina, na ilha de Chipre. Batalhou muito contra as
heresias, especialmente o origenismo.
(354-430) - Bispo e Doutor da Igreja - Nasceu em Tagaste, Tunísia, filho de Patrício e S.
Mónica. Grande teólogo, filósofo, moralista e apologista. Aprendeu a retórica
em Cartago, onde ensinou gramática até os 29 anos de idade, partindo para Roma
e Milão onde foi professor de Retórica na corte do Imperador. Ali se converteu
ao cristianismo pelas orações e lágrimas, de sua mãe Mónica e pelas pregações
de S. Ambrósio, bispo de Milão. Foi baptizado por esse bispo em 387. Voltou
para a África em veste de penitência onde foi ordenado sacerdote e depois bispo
de Hipona aos 42 anos de idade. Foi um dos homens mais importantes para a
Igreja. Combateu com grande capacidade as heresias do seu tempo, principalmente
o Maniqueísmo, o Donatismo e o Pelagianismo, que desprezava a graça de Deus.
Santo Agostinho escreveu muitas obras e exerceu decisiva influência sobre o
desenvolvimento cultural do mundo ocidental. É chamado de “Doutor da Graça”.
São Leão Magno (400-461) - Papa e
Doutor da Igreja - nasceu em Toscana, foi educado
(†450) – Depois de muitos anos de
vida mundana se refugiou no mosteiro de Lérins. Escreveu o seu Commonitorium,
“para descobrir as fraudes e evitar as armadilhas dos hereges”.
(480-547) – nasceu em Núrcia, na
Úmbria, Itália; estudou Direito em Roma, quando se consagrou a Deus. Tornou-se
superior de várias comunidades monásticas; tendo fundado no monte Cassino
a célebre Abadia local. A sua Regra dos Mosteiros tornou-se a principal
regra de vida dos mosteiros do ocidente, elogiada pelo papa S. Gregório Magno,
usada até hoje. O lema dos seus mosteiros era “ora et labora”. O Papa Pio XII o
chamou de Pai da Europa e São Paulo VI
proclamou-o Patrono da Europa, em 24 de Outubro de 1964.
(530-600) – nasceu em Vêneto na
Itália, foi para Poitiers (França). Autor de célebres hinos dedicados à Paixão
de Cristo e à Virgem Maria, até hoje usados na Igreja.
(540-604), Papa e doutor da Igreja
- Nasceu em Roma, de família nobre. Ainda muito
jovem foi primeiro ministro do governo de Roma. Grande admirador de S. Bento,
resolveu transformar suas muitas posses
(580 - 662) nasceu em Constantinopla,
foi secretário do imperador Heráclio, depois foi para o mosteiro de Crisópolis.
Lutou contra o monofisismo e monotelismo, sendo preso, exilado e martirizado
por isso. Obteve a condenação do monotelismo no Concílio de Latrão, em 649.
(†636) – doutor da Igreja.
Considerado o último Padre do ocidente. Bispo de Sevilha, Espanha desde 601. Em
636 dirigiu o IV Sínodo de Toledo. Exerceu notável influência na Idade Média
com os seus escritos exegéticos, dogmáticos, ascéticos e litúrgicos.
(610-733) - Bispo -
Patriarca de Constantinopla (715-30), nasceu em Constantinopla ao final do
reinado do imperador Heracleo (610-41); morreu em 733 ou 740. Filho de
Justiniano, um patriciano, Germano dedicou seus serviços à Igreja e começou
como clérigo na catedral de Metrópolis. Logo depois da morte de seu pai que
havia ocupado vários altos cargos de oficial, pelas mãos do sobrinho de
Herácleo, Germano se consagrou bispo de Chipre, o ano exacto, porém, de sua
elevação é desconhecido.
(675-749) - Bispo e Doutor da Igreja -
É considerado o último dos representantes dos Padres gregos. É grande a sua
obra literária: poesia, liturgia, filosofia e apologética. Filho de um alto
funcionário do califa de Damasco, foi companheiro do
príncipe Yazid que, mais tarde o promoveu ao mesmo
encargo do pai, ministro das finanças. A um determinado tempo deixou a corte do
califa e retirou-se para o mosteiro de São Sabas, perto de Jerusalém. Tornou-se
o pregador titular da basílica do Santo Sepulcro. Enfrentou com muita coragem a
heresia dos iconoclastas
que condenavam o culto das imagens. Ficaram famosos os seus Três Discursos a
Favor das Imagens Sagradas.
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El estudio de los padres
de
Algunos padres de
Clemente
Romano e Ignacio de Antioquía, clasificados entre los
padres apostólicos, que vivieron entre el siglo I y II de nuestra era.
Justino, del s. II, clasificado entre los apologistas cristianos.
Ireneo
de Lyon e Hipólito de Roma, entre el s. II y III.
Clemente
de Alejandría y Orígenes, de los siglos II y III, grandes
exponentes de la escuela alejandrina.
Tertuliano y Cipriano de Cartágo, autores latinos del los siglos II y III.
Atanasio gran luchador de la fe, del siglo IV.
Basilio, Gregorio de Nisa y Gregorio Nacianceno, los padres
Capadocios, del s. IV.
Hilario, Ambrosio, Jerónimo y Agustín, los padres latinos del
s. IV y principios del V.
Juan
Crisóstomo y Cirilo de Alejandría, padres griegos de
finales del s. IV y del s. V.
En los
párrafos siguientes apuntamos dos o tres aspectos de la teología de los padres,
que se encuentra no en tratados que ellos elaboraran para especialistas, sino
en homilías y escritos dirigidos generalmente a los fieles cristianos
encomendados a su cuidado pastoral. Esta dimensión de su que hacer teológico
indica ya uno de los rasgos que lo hacen sumamente atractivo: su vinculación
esencial a la vida cristiana de sus auditorios. Se trata, pues, no de vanos
razonamientos sobre cuestiones inútiles, sino de una teología sobre lo medular
cristiano.
Lo que presento en estos
puntos es simplemente un esbozo que tiene por objetivo despertar el interés en
ellos. Una buena introducción se encuentra en el libro de Luigi Padovese,
Introduzione alla Teologia Patristica.
EL MISTERIO TRINITARIO
Hablar del misterio de
En realidad no era una
propuesta fácil de asimilar ni para los rígidos esquemas monoteístas judíos, ni
para la filosofía griega predominante en esos tiempos. Pero para los cristianos
era un asunto vital, dado que la vida cristiana se definía, más práctica que
teóricamente, en referencia al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
Los primeros padres no
contaban ni con el término "Trinidad", ni con el de
"persona" y, así, expresaron su fe con una terminología a veces
vacilante. Tal es el caso de los padres apostólicos, como san Ignacio de
Antioquía, y aún el de los apologistas, como san Justino. San Ireneo nos habla
del Logos como un ser engendrado y coexistente siempre con Dios. Para san
Ireneo Dios siempre tiene su Logos y su Espíritu, a quienes se atreve a llamar
sus "manos", en relación a la creación.
Hacia los siglos II y
III se difundió, sin embargo, la herejía monarquiana, que negaba una existencia
propia a las personas divinas. La base de esta postura se encontraba en querer
sostener un monoteísmo radical, incapaz de aceptar que en el seno de la
divinidad podía hablarse de una pluralidad. Esta herejía presentó dos
variantes, una denominada adopcionismo y otra denominada modalismo. El
adopcionismo tuvo su máximo exponente en Pablo de Samosata, que daba el nombre
de Padre a Dios, el de Hijo al hombre Jesús y el de Espíritu Santo a la gracia
dada a los apóstoles. Pablo de Samosata fue condenado en un sínodo en Antioquía
en el 268.
Por su parte el
modalismo afirmaba que el único Dios se manifestaba en modos diversos, de
manera que Cristo es el mismo que el Padre. Principal exponente de este
pensamiento fue Noeto, condenado por los presbíteros de su ciudad. Más tarde el
modalismo fue conocido como sabelianismo, a causa de Sabelio, que difundió
estas enseñanzas en Libia. Fue condenado por el papa Calixto en el 220.
Tertuliano fue conciente
de la dificultad que para algunos representaba aceptar la "economía"
de Dios, y hacía ver que un monoteísmo estrecho que negara las personas, se
apartaba de la regla de fe tanto como el politeísmo. Grande ha sido la
contribución de este autor a la teología trinitaria posterior, pues fue el
primero en utilizar la palabra "Trinidad" a las tres divinas
personas. Sin embargo introducía, como muchos prenicenos, una cierta
subordinación entre dichas personas divinas.
Orígenes por su parte,
pone en el vértice de su explicación a Dios Padre, no engendrado, quien, para
derramar su bondad perfecta, crea, a través del Verbo, un mundo de seres
espirituales. El Verbo es engendrado por el Padre y es coeterno con Él. El
Espíritu Santo viene a través del Verbo, y solamente ambos, Verbo y Espíritu,
conocen al Padre, pues ambos participan de las prerrogativas divinas por las
que se reconoce precisamente su divinidad. No obstante cierto
subordinacionismo, Orígenes mantuvo la fe que reconoce la infinita distancia
entre las creaturas y
El Concilio de Nicea, en
el año 325, quiso dar respuesta a la problemática que causó el presbítero
Arrio, quien sostenía que el Hijo no era coeterno con el Padre, pues había sido
engendrado y, por lo tanto había sido creado. Arrio aceptaba que Cristo se
llamara "Hijo de Dios", pero solamente por adopción o por gracia,
pero no por naturaleza. El Concilio hizo ver en cambio, condenando a Arrio, que
el Hijo es "engendrado, no creado, consustancial con el Padre".
Más tarde, en el año
381, se llevó a cabo otro concilio, ahora en Constantinopla, donde se hizo
explícita la profesión de fe en la divinidad del Espíritu Santo, en contra de
lo que propagaban los llamados "pneumatómacos" o
"macedonianos", quienes, en continuidad con los principios arrianos,
negaban el carácter divino de esta persona.
Mario Victorino
(280-362) fue un filósofo neoplatónico, convertido al cristianismo en edad
adulta. Con las herramientas de su filosofía y apoyándose sobre todo en san
Juan, elaboró una teología trinitaria que afirma que el Padre y el Hijo son
"idem", no "ipse", notando que la unidad no excluye la
alteridad. Puesta la relación Padre-Hijo, analiza también la relación
Hijo-Espíritu Santo.
San Hilario de Poitiers,
contemporáneo de Mario Victorino, propuso también su propia síntesis, teniendo en
cuenta los errores sabelianos y arrianos. Él afirmaba la unidad de la
naturaleza divina así como la distinción personal del Padre y del Hijo. Lo que
los hace diferentes es la relación de origen, pues el Padre ha engendrado al
Hijo sin disminución de su ser, y el Hijo recibe en sí todo del Padre, siendo
totalmente igual a Él.
San Agustín pone en
primer plano la unidad de
Lo más original de san
Agustín en su teología trinitaria es la explicación "psicológica" de
Los primeros cristianos
se distinguieron esencialmente por su fe en Jesús muerto y resucitado,
reconocido como Hijo de Dios y como Señor. De ahi que el impulso misionero de
Sin embargo desde muy
temprano surgieron propuestas distintas, que mermaban la verdad cristiana por
suprimir algún aspecto del misterio de la persona de Jesús. Algunos aceptaban
su condición humana pero no reconocían la divina, otros aceptaban su divinidad
pero desfiguraban su humanidad. Ante ellos los padres de
El ebionismo fue una
corriente judeo cristiana algunos de cuyos seguidores negaban la divinidad de
Jesucristo, pues sólo lo reconocían como hombre; el marcionismo no aceptaba al
Dios del Antiguo Testamento, sino sólo al del nuevo presentado por Jesucristo;
el docetismo gnóstico no admitía que Jesús hubiese realmente poseído un cuerpo
humano, porque pensaban que la materia era mala e imposible de redimir, por eso
el cuerpo de Jesús era aparente, según ellos.
San Ignacio de Antioquía
insistió fuertemente en el carácter realísimo de la humanidad de Jesús, quien
verdaderamente nació, comió, bebió, padeció, murió y resucitó. Al mismo tiempo
reconoció San Ignacio la divinidad de Jesucristo, que ve expresada de modo
supremo y definitivo en la resurrección. Como San Ignacio, el obispo Melitón de
Sardes centra su teología en la unidad de Cristo, Dios y hombre.
Los apologistas, como
San Justino, Atenágoras, Teófilo y otros, toman el esquema medioplatónico
Dios-universo-hombre y explican que entre Dios y el universo es necesario un
mediador, que es el Logos, Cristo Nuestro Señor, distinto del Padre.
San Ireneo de Lyon
debate contra el gnosticismo y el marcionismo y presenta la obra de Cristo en
el marco de una historia de la salvación. De especial importancia es para San
Ireneo la recapitulación, a través de la cual Cristo asume toda la humanidad y
toda la historia. En el fondo de su teología se encuentra la convicción de la
doble composición de Cristo, Dios y hombre.
En el siglo segundo, el
adopcionismo fue una herejía que sostenía que Jesucristo era un ángel adoptado
por Dios como Cristo, o un hombre que por sus méritos fue adoptado por Dios.
Sus principales exponentes fueron Teodoto de Bizancio y Teodoto el Curtidor.
Otra herejía fue el
modalismo, que afirmaba que el único Dios se manifestaba de diferentes modos, a
saber, como Padre, Hijo o Espíritu Santo. Representan este pensamiento Noeto y
Práxeas.
Tertuliano sostuvo
claramente la unidad personal de Cristo y al mismo tiempo distinguió las
propiedades de las dos sustancias, divina y humana, de nuestro salvador.
Contribuyó en occidente a subrayar la existencia en Cristo de dos naturalezas,
cosa que contaría después para reaccionar contra los excesos del monofisismo.
Orígenes, por su parte,
propuso una cristologia en la que destacaba el papel del alma humana de
Jesucristo como punto de unión de la humanidad con el Verbo. A través del alma
el Verbo también se une con el cuerpo, y ambos, alma y cuerpo, son divinizados
por la unión a dicho Verbo.
La expresión del
misterio de Cristo exigió desde el siglo cuarto una precisión mayor y una
madurez teológica capaz de afrontar nuevos problemas y planteamientos. Los
debates se extendieron y los padres buscaron la solución contra las nuevas
herejías que amenazaban el depósito de la fe.
Arrio, un presbítero de
la iglesia de Alejandría, afirmó que solamente el Padre es inengendrado y sin
principio y, por lo tanto, el Hijo es un ser creado, inferior al Padre. Arrio
negaba además que Cristo tuviera alma como todos los hombres, pues la sustituía
el Verbo.
Apolinar de Laodicea
coincidía con Arrio en negar el alma humana de Cristo, aunque aceptaba que el
Verbo era consustancial al Padre, es decir, igual a Él. Para Apolinar el cuerpo
de Cristo era como el instrumento del Verbo, de forma que ambos unidos formaban
una sola naturaleza que no era ni enteramente Dios ni enteramente hombre.
Respuestas
Frente al desafío
arriano, el Concilio de Nicea sostuvo firmemente la igualdad del Padre y del
Hijo, recurriendo al témino "homoousios", es decir consustancial. El
Hijo es consustancial con el Padre. Este término tuvo sus dificultades por no
ser un término bíblico, pero expresaba la fe recibida y aún ahora el credo
emeando de aquel concilio continúa usándose en
San Atanasio estuvo
presente en el Concilio de Nicea y los años siguientes se destacó como firme
defensor del término "homoousios". La cristología de este padre de
Los teólogos
antioquenos, como Diodoro de Tarso y Teodoro de Mopsuestia argumentaron por su
parte no solamente contra el arrianismo, sino contra el apolinarismo, afirmando
la plena divinidad y la plena humanidad de Cristo. Los elementods humano y
divino permanecen inconfundibles para ellos. Teodoro de Mopsuestia se expresaba
diciendo que aunque hay dos naturalezas distintas, sin embargo Cristo es una
sola persona ("prosopon", decía él en griego).
Nestorio, que fue
patriarca de Constantinopla, llegó a afirmar, escandalizando con ello al
pueblo, que la virgen María no rea madre de Dios, sino solamente madre de un
hombre. El problema de Nestorio era que no admitía la unidad de Cristo. San
Cirilo combatió la postura de Nestorio apoyándose en una carta del papa
Celestino. Poco despues se llevó a cabo el concilio de Éfeso, en 431, donde se
subrayó la unidad de Cristo, de modo que se podía decir que María era Madre de Dios, y se condenó y depuso a Nestorio.
Eutiques, al contrario
de Nestorio, enseñaba que después de la unión del Verbo con la humanidad ya no
subsistían dos naturalezas, sino que la humana era de alguna forma absorbida
por la divina. Esta postura se llamó monofisismo y fue rechazada en el concilio
de Calcedonia, de 451, prevaleciendo las enseñanzas que el papa San León Magno
había transmitido al obispo Flaviano en un escrito sobre el tema, donde se sostenía
que las dos naturalezas de Cristo salvaguardadas sus propiedades, se unen en
una única persona.
El centro del anuncio
cristiano del primer siglo fue que Cristo, el Hijo de Dios, que murió en la
cruz y resucitó, ha sido elevado al rango de Señor.
A este credo esencial
aparecerá unida, desde muy temprano, la mención del nacimiento de Cristo de
Son dos los puntos que
indicarán la relación de María con Jesús: su verdadera maternidad y su
virginidad. Conviene indicar que la maternidad apuntaba a la realidad de la
humanidad de Jesús, que negaban los gnósticos, mientras la virginidad apuntaba
hacia la divinidad, negada a su vez por ebionitas, adopcionistas y otros.
Tenemos así a san
Ignacio de Antioquía, quien subraya el realismo del nacimiento de Cristo, y a
san Justino, quien para contrarrestar las tendencias docetas de aquellos
tiempos, insiste en la maternidad.
San Ireneo presenta a
María como la nueva Eva, apoyándose sobre la propuesta paulina de Cristo como
nuevo Adán. Para él, la obediencia de María, en contraste con la desobediencia
de Eva, fue causa de salvación para todo el género humano. Ya se esboza aquí
una teología de la maternidad universal de María.
Son cuatro los puntos
sobre los que gira la reflexión mariológica:
A - El reconocimiento de
María como Madre de Dios,
B - La virginidad en el
parto,
C - La virginidad
después del parto
D -
Por lo que
respecta al primer punto, ya se había extendido en
La virginidad de María había sido reconocida expresamente por autores como san Ireneo y Orígenes.
Fue necesario sin embargo desvincularla de falsos principios, para que no fuera
pretexto para favorecer doctrinas gnósticas y maniqueas que despreciaban el
cuerpo. Para los padres la virginidad antes del parto, en el parto y después
del parto, está ligada al nacimiento del Dios hecho hombre, que no reniega de
la carne, sino que le comunica sus dones escatológicos, es decir, las
cualidades gloriosas de los cuerpos resucitados.
Por otra parte, para los
padres la santidad de María no es algo mágico. Por el contrario, ella dió a
Dios una respuesta libre y responsable. Por eso dice san Juan Crisósotomo que a
María no le hubiera servido de nada dar a luz a Cristo si no hubiera estado
interiormente llena de virtud (Cfr.Com. al Ev. de Sn. Juan, XXI, 3). Muchos
padres, como Orígenes, san Basilio, san Juan Criósotomo, muestran también como
María siguió un camino de progreso en la virtud.
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Padres Gregos |
Padres Latinos |
|
San Atanasio sinaíta (700) |
San Ambrosio de Milán (397) |
|
San Andrés de Creta (740) |
Arnobio (330) |
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Afraates (siglo IV) |
San Agustín de Hipona (430) |
|
San Arquelao (282) |
San Benito de Nursia (550) |
|
San Atanasio (373) |
San Cesáreo de Arlés (542) |
|
Atenágoras (siglo II) |
San Juan Casiano (435) |
|
San Basilio Magno (379) |
San Celestino I (432) |
|
San Cesáreo de Nacianzo (369) |
San Cornelio (253) |
|
San Clemente de Alejandría (215) |
San Cipriano de Cartago (258) |
|
San Clemente Romano (97) |
San Dámaso (384) |
|
San Cirilo de Alejandría (444) |
San Dionisio (268) |
|
San Cirilo de Jerusalén (386) |
San Enodio (521) |
|
Dídimo el Ciego (398) |
San Eucherio de Lyon (450) |
|
Diodoro de Tarso (392) |
San Fulgencio (533) |
|
San Dionisio el Grande (264) |
San Gregorio de Elvira (392) |
|
San Epifanio (403) |
San Gregorio Magno (604) |
|
Eusebio de Cesarea (340) |
San Hilario de Poitiers (367) |
|
San Eustacio de Antioquía (siglo IV) |
San Inocente (417) |
|
San Firmiliano (268) |
San Ireneo de Lyon (202) |
|
Genadio I de Constantinopla (siglo V) |
San Isidoro de Sevilla (636) (Último de los padres latinos) |
|
San Germano (732) |
San Jerónimo (420) |
|
San Gregorio de Nacianzo (390) |
Lactancio (323) |
|
San Gregorio de Nisa (395) |
San León Magno (461) |
|
San Gregorio Taumaturgo (268) |
Mario Mercator (451) |
|
Hermas (siglo II) |
Mario Victorino (siglo IV) |
|
San Hipólito (236) |
Minucio Félix (siglo II) |
|
San Ignacio de Antioquía (107) |
Novaciano (257) |
|
San Isidoro de Pelusio (450) |
San Optato (siglo IV) |
|
San Juan Crisóstomo (407) |
San Paciano (390) |
|
San Juan Climaco (649) |
San Pánfilo (309) |
|
San Juan Damasceno (749). (Último de los padres de Oriente) |
San Paulino de Nola (431) |
|
San Julio I (352) |
San Pedro Crisólogo (450) |
|
San Justino (165) |
San Febadio (siglo IV) |
|
San Leoncio de Bizancio (siglo VI) |
Rufino de Aquileya (410) |
|
San Macario (390) |
Salviano (siglo V) |
|
San Máximo el Confesor (662) |
San Siricio (399) |
|
San Melitón (180) |
Tertuliano (222) |
|
San Metodio de Olimpo (311) |
San Vicente de Lerins (450) |
|
San Nilo el Viejo (430) |
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|
Orígenes (254) |
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San Policarpo (155) |
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San Proclo (446) |
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Pseudo Dionisio Areopagita (siglo VI) |
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San Serapión (370) |
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|
San Sofronio (638) |
|
|
Taciano (siglo II) |
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|
Teodoro de Mopsuestia (428) |
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|
Teodoreto de Ciro (458) |
|
|
San Teófilo de Antioquía (siglo II) |
|
Mons. Dom ++ Paulo
Jorge de Laureano – Vieira y Saragoça
(Mar Alexander I
da Hispânea)