EL CORO DE LOS ÁNGELES
(Exposición sobre la fe ortodoxa, 11, 3)
El
ángel es un ser inteligente, dotado de libre arbitrio, en continua actividad
incorpórea al servicio de Dios; enriquecido con la inmortalidad gracias al don
del Altísimo, aunque sólo el Creador sabe en qué consiste su sustancia y puede
definirla (...).
El
ángel es una naturaleza racional, inteligente, libre, sujeto a razonamiento y
determinado en la voluntad, pues todo lo que ha sido creado debe estar sujeto a
cambio: sólo lo increado está fuera de la esfera de la mutabilidad. También lo
que es racional está dotado de libertad y, por eso, el ángel, al tener razón y
ser inteligente, goza de libre arbitrio; es una naturaleza creada y mutable,
pues libremente puede adherirse al bien y progresar en él, o plegarse al mal
(...). Tiene la inmortalidad, pero sólo por gracia y don divinos, no por
naturaleza, pues todo lo que tiene principio ha de tener un fin. Sólo Dios
existe desde siempre. Quien ha creado el tiempo y se encuentra por encima de
él, no está sujeto al tiempo.
Los
ángeles son luces espirituales que reciben su esplendor de esa primera Luz, que
no tiene principio. No necesitan lengua, ni oídos, pues se comunican las
experiencias e ideas sin auxilio de voz. Han sido creados por medio del Verbo y
recibieron su perfección a través del Espíritu Santo, para que cada uno reciba,
según su dignidad y orden, la gracia y la gloria.
Están
circunscritos o limitados en el sentido de que, mientras se encuentran en el
Cielo, no están en la tierra, o si son enviados por Dios al mundo, no
permanecen en el Paraíso. Pero no están sujetos a un lugar fijado por muros,
puertas, vallas o cerraduras; ni son reducidos a unos confines precisos.
Tampoco
están vinculados a figura alguna; aparecen a los que Dios quiere pero no como
son, sino en la forma adecuada a la vista de quienes los ven. Por otro lado,
sólo lo que es increado rechaza por naturaleza cualquier límite; las criaturas,
por el contrario, están limitadas por los términos fijados por el Creador. De
otra parte, los ángeles reciben la santidad no de su propia naturaleza, sino de
otra fuente, que es el Espíritu Santo. Gracias a la iluminación de Dios pueden
predecir el futuro y no tienen necesidad de connubio porque son inmortales
(...).
Los
ángeles son poderosos y prontos a cumplir la voluntad de Dios; dotados de tal
agilidad que se encuentran al instante allí donde Dios quiere. Cada uno tiene
en custodia una parte de la tierra, preside a una nación o a un pueblo, según
las disposiciones del Creador: dirigen nuestros asuntos y nos ayudan en cuanto,
por voluntad divina, están por encima del hombre y se encuentran siempre en
torno a Dios (...).
Contemplan
al Altísimo en el grado en que el Señor se lo permite a cada uno y de este
manjar se alimentan. Superiores a nosotros porque son incorpóreos e inmunes a
las pasiones corporales, aunque no de cualquier pasión, porque esto sólo
compete a Dios. Se transforman en todo lo que la divinidad quiere, y, de este
modo, se hacen visibles a los hombres, descubriéndoles los misterios divinos.
Se encuentran en el Cielo y tienen la misión de alabar a Dios y cumplir su
voluntad.
Mons. Dom ++ Paulo
Jorge de Laureano – Vieira y Saragoça
(Mar Alexander I
da Hispânea)
Última actualização deste Link em 07 de Abril de 2009