ABRAHAM  ZÚÑIGA PINEDA
Miércoles 5 de julio, 2006
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos:

Gloria Segura Zúñiga, ha tenido la amabilidad de enviarnos una breve biografía del notable educador payanés Abraham Zúñiga Pineda, casado con Susana Herrera Hurtado, nacida en 1891, falleciendo en Popayán en 1995 a la edad de 104 años. Nuestros agradecimientos para Gloria.

Cordialmente,

***

ABRAHAM ZÚÑIGA PINEDA (1897-1952)

Este ilustre pedagogo, uno de los más eminentes educadores que ha tenido el Cauca gozó en vida de general estimación y aprecio entre las varias generaciones que pasaron frente a su cátedra. Inteligente, cordial y estudioso se hizo a una cultura general y humanística que le permitió pasar sin esfuerzo del magisterio elemental al profesorado de segunda enseñanza donde se destacó tanto por su sabiduría como por sus conocimientos metodológicos de las materias en que doctrinaba. El 11 de noviembre de 1951 le fue impuesto en solemne acto académico verificado en el Aula Máxima, la medalla "Universidad del Cauca" en primera categoría, distinción reservada a quienes se han distinguido notoriamente en la docencia por méritos excepcionales.

Don Abraham Zúñiga hizo las primeras letras en la escuela de los Hermanos Maristas, de donde pasó a la Normal de Institutores del Cauca, regentada entonces por el sabio filósofo don Eladio de Valdenebro y Cisneros, alcanzando brillantemente el título de Maestro en Escuela Superior y ejerció el cargo de Director de la citada Escuela Normal.

En 1938 publicó un libro muy importante basado sobre el pénsum nacional titulado "El castellano y los Centros de interés"

Hay en los versos del señor Zúñiga, que modestamente dejó olvidados entre sus cosas íntimas, noble y fácil inspiración y un refinado gusto que lo aleja, espontáneamente del ripio y del lugar común.

LUZ DE LUNA

Así la callejuela iluminada
por suave resplandor de luna llena
en la noche romántica y serena
tiene el embrujo de la luz callada.

Del vetusto farol, amortiguada
entre la clara lumbre de azucena
sale, como el suspiro de su pena

una breve llamita nacarada.
La luz no canta como en pleno día,
ni se matiza en tonos de alegría
sobre el jardín o la llanura agreste.

Aquí pliega su manto de penumbra
bajo el acero evocador y, alumbra
con frescos lirios de piedad celeste.

(Tomada del libro "La poesía en Popayán" de José Ignacio Bustamante)
 

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