COMENTARIOS DE GUSTAVO WILCHES-CHAUX
Martes 28 de junio, 2005
De: Mario Pachajoa Burbano
Amigos payaneses:
Gustavo Wilches-Chaux ha tenido la deferencia de enviarnos
el texto de su
comunicación al Director del Instituto Geofisico de la
Universidad Javeriana
y que contiene sus comentarios acerca del libro "Actualización
de la
Historia de los terremotos en Colombia/Jesús Emilio Ramírez,
Instituto
Geofísico Universidad Javeriana, 2004,186 p. + 1 DC ROM" sobre
el
famoso, conocido e instructivo libro del padre jesuita Jesús
Emilio Ramirez
y publicado por el Instituto Geográfico Agustín Codazzi,
Oficina de Estudios
Geográficos, 1969, 218 p. "Historia de los terremotos en
Colombia".
Nuestros agradecimientos a Gustavo por facilitarnos su
solicitud al Instituto.
Cordialmente,
***
SOLICITUD FE DE ERRATAS Y RECTIFICACIÓN
Por Gustavo Wilches-Chaux
Bogotá.
27 de junio, 2005
Doctor
Jorge A. Prieto Salazar
Director
Instituto Geofísico Universidad Javeriana
Bogotá
Apreciado doctor:
Desde que adquirí la ya clásica Historia de los
Terremotos de Colombia del padre Jesús Emilio
Ramírez, S.J., hace ya más de dos décadas, esa obra ha sido
para mí, es hoy y seguirá siendo en el futuro, importante
herramienta de trabajo y fuente de información. Por eso, apenas
me dí cuenta de que ustedes habían preparado y publicado una Actualización
de la misma, procedí a comprarla, con la seguridad de que me iba
a encontrar con un texto de la misma calidad.
Estoy seguro de que la nueva obra será consultada por otras
personas con el mismo interés y con la misma confianza en
su seriedad científica- con que yo consulto el texto original.
Por eso, con todo el respeto que se merecen el padre Ramírez, el
Instituto que usted dirige y los autores de la
Actualización, me permito formular una serie de
comentarios sobre esta última, con el doble ánimo de contribuir
a su calidad y utilidad, y con la solicitud formal de que se
rectifique lo que en mi concepto no sólo constituye un error,
sino una ofensa contra una persona de Popayán, cuya memoria
resulta tergiversada y ridiculizada. No me cabe duda de que esa
no ha sido su intención, y por eso mismo confío en que tomarán
las medidas necesarias para evitar que ese error se siga
propagando.
Vamos por partes:
1) Todos cuantos
alguna vez hemos publicado un libro, sabemos que, por más
interés y cuidado que pongan en ello autores y editores, las
erratas son inevitables. El diablillo de los linotipos se las ha
arreglado para pasar a los computadores y allí sigue haciendo
sus estragos (cuando le haya enviado esta carta y ya sea tarde,
seguramente me daré cuenta de los errores que se me fueron en la
misma). Sin embargo, en el libro que comento, además de esas
muchísimas- erratas casi
inevitables, aparecen una serie de afirmaciones y de omisiones
que, o confunden conceptualmente, o dificultan aprovechar al
máximo la valiosa información que ofrece la obra. Veamos
algunos ejemplos:
Al referirse al terremoto que destruyó a Popayán el 31 de marzo
de 1983, lo identifican como Terremoto de Asunción de
Popayán de 1983. Cierto es que cuando Sebastián de
Belalcázar fundó la ciudad en 1537 la llamó Asunción
de Popayán o La Asunción de Popayán, pero
(puede ser desinformación mía) en ninguna parte había visto
antes que, en los últimos siglos, alguien se refiriera a
Popayán con esa denominación, y mucho menos que la misma se
utilizara para identificar el sismo de 1983. Más allá de
demostrar erudición histórica, ¿cuál es el objeto de
rebuscar, a estas alturas, nuevas formas para denominar un
terremoto conocido? El día 16 de este mes un
sismo de 5.3 grados de magnitud sacudió a la ciudad de Los
Ángeles (California). ¿Nos ayudaría a entender mejor el
fenomeno y sus características, que alguien nos dijera ahora que
un terremoto se registró en El Pueblo de Nuestra Señora Reina
de los Angeles?
Al final del capítulo correspondiente al terremoto de Popayán,
y al final de los correspondientes a los terremotos de Murindó,
de Páez (o de Páez, como lo conozco yo) y de
Calima, citan a Sarria (años 2003, 1995, 1995 y 1995
respectivamente). Me imagino que se refieren al profesor Alberto
Sarria, pero en la bibliografía no aparece referencia alguna a
sus trabajos. Por lo tanto resulta imposible corroborar las
fuentes.
En nota de pié de página mencionan algunos de los procesos de
orden gubernamental que se desencadenaron con motivo del
terremoto de Popayán. Hubiera sido importante destacar que a
raiz de ese desastre se creó el Fondo Nacional de Calamidades
(Ley 11 de 1983).
Además de la omisión de las obras de Sarria, en la
bibliografía aparecen otros errores que confunden: dos veces se
equivocan al escribir el apellido de Boissingault y trocan el
orden de los apellidos al referirse al maestro Uribe White.
Los términos que aparecen en el Glosario (Anexo 2) no están
organizados por orden alfabético. Puede tratarse de una
innovación editorial, pero me parece que dificulta la consulta.
En la tabla 7.2: Catálogo colombiano de sismos
históricos destructores (subrayado mío) aparecen
reseñados muchos que, de acuerdo con lo que dice el texto mismo,
no pasaron de generar susto ni causaron destrucción. Como
ustedes saben, en la obra original, , o por lo menos en la
Segunda Edición publicada por el IGAC, aparece un listado bajo
el título Temblores sentidos en Colombia, que
resulta más exacto.
A la misma tabla ustedes le agregan una columna de
Comentarios que no estaba en el original, lo
cual, por supuesto, estaría muy bien, si en esa misma columna no
aparecieran como comprobadas (o sin comentario alguno),
hipótesis que en su momento plantearon los cronistas, testigos o
corresponsales de la época, las cuales son de gran interés pero
que no creo que correspondan a los conocimientos de la ciencia
actual. Así por ejemplo, al comentar el sismo
que sacudió a Bogotá el 4 de junio de 1870, transcriben sin
beneficio de inventario la afirmación según la cual en los
equinoccios tienen mayor intensidad las corrientes
termomagnéticas. ¿Qué son las corrientes termomagnéticas?
Cuando me remito a averiguar la fuente de tal afirmación,
encuentro: (97, p.417), tal como estaba en la
obra original del padre Ramírez. Quienes tenemos ese libro, nos
enteramos de que corresponde a las Crónicas de Bogotá
y de sus inmediaciones de Pedro Ibañez (1891), pero
quienes solamente poseen su Actualización, no
tienen manera de averiguarlo, por dos razones: una, porque la
bibliografía de esta nueva obra no está numerada y, dos, porque
eliminaron de ella la referencia al texto de Ibañez. Ambas
omisiones son graves.
Lo mismo sucede cuando en la columna de
comentarios acogen sin comentarios- la
versión sobre las causas posibles de un temblor con
duración alargada aprox. 2 horas (sic), posiblemente por
actividad del Puracé o algún otro volcán del Ecuador, la
cual, según el padre Ramírez, corresponde a un señor de
apellido Hurlvut, ministro de Estados Unidos. En este caso, tanto
en la segunda edición de la obra como en la
Actualización, la fuente es imposible de
confrontar, debido a que en el primer libro remite a una
publicación en francés de 1858 (y el sismo comentado se produjo
el 4 de abril de 1870) y en la segunda, como ya se dijo, no hay
forma de saber a qué corresponden las cifras entre paréntesis:
(127, p.26).
2) Paso ahora a la segunda parte de
mi comunicación. El segundo párrafo del capítulo
correspondiente al terremoto de Popayán (página 156) afirma lo
siguiente:
El sismo del jueves Santo (sic) desbordó el imaginario
colectivo de los \ ciudadanos que en algunos casos
notificaron (sic) el castigo divino debido al mal comportamiento
de la sociedad payanesa, esto incluso sucedió hasta en personas
doctas y muy educadas. El mismo Presidente de la República de
entonces, Dr. Belisario Betancur que llegó a los pocos minutos
del siniestro tuvo que sacar a regañadientes de su casa en
ruinas al Dr. Álvaro Pío Valencia, hermano del expresidente
Valencia quien se negaba a salir de su casa a pesar de la amenaza
de ruina por causa de una réplica inminente. El Dr. Valencia
aducía razones de castigo divino para la ciudad debido al mal
comportamiento de los últimos años y tuvo que ser persuadido
por el propio presidente para finalmente salir a un sitio
seguro.
Pregunto:
¿De dónde sale esa versión sobre Álvaro Pío Valencia que, en
mi concepto, ridiculiza su personalidad y desvirtúa su
reacción ante del terremoto de 1983?
¿La avala el expresidente Betancur? Porque si él (que
afortunadamente está vivo todavía) lo hace de manera personal y
expresa, yo me veo en la obligación de retirar
a regañadientes- mis palabras, y a
presentarle a usted mis excusas por esta parte de mi carta
(espero que la primera parte de todas maneras le sea de
utilidad). Pero si no, solicito que se haga y difunda la
correspondiente rectificación.
Quienes tuvimos la fortuna de ser discípulos de Álvaro
Pío Valencia sabemos de su solidez ideológica y de la
coherencia de su práctica vital. Álvaro Pío era un exponente
del materialismo dialéctico, a través del cual
llegó a forjarse y a enseñarnos- una visión integral de
la dinámica de la naturaleza y de su interacción con la
dinámica de la sociedad. Es decir, de eso que hoy llaman
holística y teoría de la
complejidad (lo cual, a su manera, llevaba aparejada
una especial espiritualidad, que yo equiparo al panteismo de los
taoistas chinos). Profesaba un enorme respeto por las
interpretaciones populares de los fenomenos del mundo (otra
lección que nos dejó), pero sin renunciar a sus conocimientos
científicos, que eran sólidos y bastantes. De allí que me
sorprenda hasta la indignación, esa imagen ridícula que ustedes
pintan en su libro, de Álvaro Pío escondido en su casa en
ruinas por temor al castigo de Dios, y del expresidente Betancur
tratando de salvarlo. Dentro de las posibilidades cabe incluso
que Álvaro Pío hubiera podido estar renuente a abandonar su
casa ¿pero por esa razón?
Después del terremoto circuló la versión de que Álvaro Pío
había quedado atrapado bajo su biblioteca y había sido
necesario rescatarlo del peso de sus libros, lo cual también es
falso de toda falsedad. Lo que sí me consta, no solamente porque
fuí testigo presencial, sino porque esa frase, repetida varias
veces por Álvaro Pío, nos comprometió a quienes estábamos en
condiciones de hacerlo, a empeñarnos en la reconstrucción de
las viviendas populares que resultaron destruidas, fue que ante
algunas voces locales y nacionales que abogaban por la
reconstrucción de los templos como una prioridad, Valencia
respondía insistentemente que Dios no necesita techo,
la gente sí. (A veces piensa uno si no habrá todavía
alguien interesado en cobrarle postumamente- esas y otras
posiciones ideológicas que se enfrentaban a la manera dominante
de pensar en Colombia y en Asunción de
Popayán).
En consecuencia salvo, le repito, que se demuestre sin
lugar a dudas que el equivocado soy yo- en nombre de las muchas
personas que en Colombia sentimos un enorme respeto por la
memoria de Álvaro Pío Valencia, me permito solicitarle que
ustedes tomen las medidas necesarias para evitar que a
través de una publicación de la institución a que usted
dirige, se difunda y perpetúe esa imagen de Valencia que no
corresponde a la realidad. Así como hoy yo tomo en serio lo que
aparece en la edición original del libro del padre Ramírez,
así, seguramente, futuras generaciones tomarán en serio el
contenido de su Actualización y se formarán
una imagen totalmente errada de alguien que jugó un papel muy
importante en la historia del siglo XX en Popayán.
Muy respetuosamente le propongo que como esta edición de la
Actualización constó de 500 ejemplares, publiquen y
distribuyan a las librerías igual número de ejemplares de una
Fe de Erratas para que sea adjuntada a los libros que todavía no
se hayan vendido y para que, en lo posible, se haga llegar a las
personas que ya han adquirido la Actualización
(el carácter relativamente especializado de la obra seguramente
les permitirá a los libreros hacer el seguimiento respectivo).
Si el relato sobre la reacción de Álvaro Pío ante el sismo
tiene algún fundamento serio y veraz, que se especifique su
origen. De lo contrario, que se reconozca expresamente lo
contrario. En esa Fe de Erratas pueden aprovechar para corregir
los múltiples errores que se les pasaron en la publicación,
algunos de los cuales menciono en la primera parte de esta carta.
Así mismo, de manera muy comedida solicito a usted que las
mismas aclaraciones se hagan en alguna publicación, revista o
periódico de carácter científico y de amplia difusión, de su
instituto y/o de la Universidad Javeriana.
Anticipo mis agradecimientos por la atención que se sirva
prestar a esta carta y me suscribo de usted, atentamente,
Gustavo Wilches-Chaux
E mail: [email protected] / [email protected]
Bogotá
PD: Sobre el CD que adjuntan al libro no le puedo hacer
comentario alguno porque apenas lo estoy aprendiendo a manejar,
pero intuyo que constituye una herramienta de gran valor y
utlidad.