Amigos:
José Fernando Parra Torres,
Administrator (E) del Museo Valencia
de Popayán, con motivo del 132 aniversario del nacimiento del
Maestro
Guillermo Valencia Castillo, nos envió el pasado 17 de octubre, el
presente artículo sobre la niñez y juventud del Maestro.
Nuestros agradecimientos a José Fernando por éste notable escrito.
Cordialmente,
***
GUILLERMO VALENCIA
CASTILLO
Su niñez y juventud
Por: José Fernando Parra Torres
Popayán.
Con el fin
conmemorar ciento treinta y dos años del natalicio del Maestro
Guillermo Valencia, me permito compartir algunos datos acerca su niñez
y juventud, extractados de la Autobiografía del Poeta, publicada en la
edición número 295 de la Revista Popayán de 1973:
El 20 de Octubre de 1873, a las 5 de la mañana, nace en el hogar del
Doctor Joaquín Valencia Quijano, ex rector de la Universidad del Cauca
y Doña Adelaida Castillo Caicedo, un niño, al que bautizaron el 23 de
los corrientes, en la iglesia de San José, como Guillermo de Jesús
Valencia Castillo, por consejo de la señora Raquel Castillo de Bucheli,
hermana menor de Doña Adelaida.
Por allá en las postrimerías de la Confederación, cuando la figura de
Núñez se destacaba en un ciclo de odios políticos, recelos regionales
y guerras civiles, Don Joaquín sentaba en sus rodillas a Guillermo,
para que oyese leer de sobremesa los autores de su gusto...En estas
veladas de familia comenzó a abrir la imaginación al verso... El
pequeño Guillermo era algo enfermizo, y cuando caía a cama, se
entretenía esforzándose para convertir en poema los relatos de un
libro de aventuras, asaltando la librería de su hermanos mayores,
Simón y Francisco, donde aprendió de memoria a Espronceda, Núñez de
Arce, Bécquer y Quintana. Se impregnó sobretodo a través de las
lecturas familiares, de la figura de Don Quijote de la Mancha, a quien
trataba como un huésped de su casa, de quien según se dice, murió en
Popayán.
Siendo muy niño, su padre enfermó y murió, motivo por el cual a su
madre para ayudar a llevar la carga doméstica, tomó en arriendo el
caserón antiguo y abrió allí un colegio para señoritas, donde el
pequeño Guillermo siguió la rutina, en compañía de sus hermanos
menores, del programa docente, entonces boga- Gramática, Geografía,
Catecismo, y economía doméstica. Al lado de las muchachas se sentaban
los Valencias, más como niños mimados que como alumnos regulares.
La vida del pequeño cambió drásticamente a raíz de la muerte de su
hermana Juanita y poco después de su madre, motivo por el cual quedó a
cargo de sus hermanos mayores. Doña Feliciana Lemus continuó con su
educación, luego estuvo en el colegio mixto de don Rafael Zerda, y por
último en la escuela pública de Don Manuel María Luna, maestro de los
Arboledas, donde hacía controversias sobre los distintos temas de
estudio, y el vencido tenía que pagar su derrota con una muenda.
Por las noches después de leer los artículos sobre la regeneración,
las sociedades democráticas pasaban por la calle gritando “abajo los
godos”, “El partido Liberal no muere”, como su familia era
conservadora, les escribían en la fachada frases agresivas con sangre
de res.. En cierta ocasión un hombre empujó la ventana, rompió las
armellas y tiró al piso de su alcoba un puñal ensangrentado, que el
pequeño Guillermo conservó durante muchos años.
Fue internado en el Seminario, donde aprendió latín y algo de griego,
lugar en el cual se aficionó a perseguir el pensamiento de la autores
antiguos, y las obras más interesante de autores prohibidos como
Voltaire, Rousseau, y la filosofía de Bentham. No se orientó hacia la
carrera eclesiástica, por su temperamento rebelde.
Pasó luego a La Universidad del Cauca para estudiar Derecho, pero no
alcanzó a recibir su grado. Por ese entonces conoció al General Rafael
Reyes, quien lo llevó consigo a la capital, como su secretario
privado, ciudad en la que conoció a su maestro Baldomero Sanín Cano, y
fue inspiración de grandes poemas como “Anarkos”, este fue el inicio
de su vida como poeta, político, internacionalista y escritor.
“Valencia nació y escribió para hacer posibles a los poetas que
vinieron después”. La consideración y el respeto que dieron a Valencia
su poesía, su perfil intelectual, viven aún muchos años después de su
muerte.
Desde Popayán,
José Fernando Parra Torres
Administrador (E)
Museo Nacional Guillermo Valencia.