UMBRAL DEL DESPERDICIO
Domingo 26 de septiembre, 2004
De: Mario Pachajoa Burbano
Amigos payaneses:
Juan Diego Vejarano Moreno, nos transmite hoy
sus consideraciones sobre donaciones provenientes de personas que
"están en el umbral del desperdicio". Muchas gracias
Juan Diego.
Cordialmente,
***
STIPENDIUM al POTLATCH
Por : JUAN DIEGO VEJARANO MORENO
Septiembre, 2004
Indagando entre el docto y vasto arsenal de términos
antropológicos, me he interesado por dos históricos vocablos y
sus respectivas acepciones; adecuados sentidos que cito para el
titular y el preámbulo de una urgida reflexión, que muy
humanamente hoy considero motivar en mis solidarios lectores.
Frente a los superfluos e indebidos hechos de despilfarro, que
muchos grupos sociales contemporáneos sin el mìnimo recato y en
reiteración del pasado, siguen exponiendo ante la mirada
atónita de los más humildes; es necesario iniciar un ahondado
análisis y decidido obrar, que vaya en contravía del macabro
fortalecimiento de la indolencia; desabrido fruto que sólo crece
en los espíritus míseros, bajo la sombra de la vanagloria o la
jactancia.
El primer vocablo es S T I P E N D I U M, que se refiere
esencialmente "a aquel antiguo tributo o impuesto que los
gobernantes romanos imponían a los pueblos subordinados" y
el segundo término es P O T L A T C H, que apunta a "las
diferentes prácticas de los pueblos indígenas del Pacífico
noroeste, consistentes en comprobar entre personajes de alto
estatus, quien podría dar màs o destruir más, para mejorar la
posición social".
Sin duda a través de los siglos, el P O T L A T C H ha estado
por siempre como parte del comportamiento del Homo sapiens, pues
el manifiesto deleite que experimenta en vivencias ligadas al
derroche, la exhibición, la pedantería y demás inútiles
extravagancias propias de su condición psicológica, tendría
origen instintivo en su genética o evidentemente emana del más
trivial de los conductos, como es la deplorable enseñanza al
respecto, impartida por alguno de sus mayores.
Resulta entonces apenas coherente la creación de un vanguardista
impuesto moral, que por supuesto debe ser de orden personal y que
garantizará el tributo que deban pagar los protagonistas del
malgasto y la ostentación; o sea la implementación de un
voluntario y sensato STIPENDIUM al POTLATCH, que básicamente
consistiría en gastar menos por parte de los pudientes; los
cuales en homenaje al amor que profesan o al ideal de amasar
capitales y alcanzar sitios sociales, deberán reducir el exceso
de sus lujos por lo menos a un ochenta por ciento, destinando el
mustio margen de austeridad que arroja este esfuerzo ahorrativo,
a una obra social o urgencia humana.
En el mismo sentido todos y cada uno cuando estemos en el umbral
del desperdicio, podemos hacer de manera equivalente la misma
restricción y entregar donaciones a causas nobles o cubrir
necesidades inmediatas y básicas de nuestros semejantes,
consolidando así, el pensamiento que nos corresponde como
tardíos aprendices, modernos meditadores y civilizados moradores
del siglo XXI.
Santiago de Cali- Colombia- septiembre- año 2004