CATALINA SANDINO
Jueves 10 de marzo, 2005
De: Mario Pachajoa Burbano
Amigos payaneses:
Rodrigo Valencia Quijano ha tenido la amabilidad
de compartir su
articulo con nuestros lectores, sobre la notable artista
colombiana
Catalina Sandino. Este escrito apareció en la página literaria
de El
Liberal .
Nuestros agradecimientos a Rodrigo.
Cordial saludo,
***
A Catalina Sandino
Por Rodrigo Valencia Q.
Especial para El Liberal
Hola, Cata. Llena eres de gracia, de talento y de belleza. Sí;
eres más hermosa que la Swank, que la Winslet, la Bening y todas
las demás. Con tu sonrisa franca, esplendorosa, tus ojos grandes
y almendrados, tu boca tierna, nariz fina y delicada (incólume
ante cualquier rigor de la crítica más severa), el modelado
nada común de tu rostro, y tu cabello tiznado por la herencia de
los antepasados.
Te confieso que no he visto tu película. O mejor dicho, sí; en
uno de esos CDs chiviados que venden en la calle, de tres mil
pesitos e imagen destemplada. Pero suficiente para mirar y
entender la raigambre poderosa de tus dotes ante las cámaras,
con sus historias que se tejen desde esta vida peligrosa que
transcurre en nuestros tiempos.
¡Qué cosa! Hace poco ni te conocíamos, y ahora bordeas
laesquina de la fama. Silenciosa, tal vez tímida, pero altiva
ante los retos del momento. Lástima, no te dieron el Oscar. No
importa; son los golpes del destino. Es que los
gringos sólo tienen ojos monos, pies grandes y un hablar
extraño; y, tú sabes, ellos dicen que tienen otro plan para
Colombia; porque, nosotros, subdesarrollados, somos como una
sombra larga, fatigada y amenazadora, en estas tierras cansadas y
atrofiadas por el rencor de la violencia.
Pero, de nuevo, no importa. Me gustaría verte ataviada con
faldilla de bayeta, plumas adornando tu cabeza, y pies desnudos,
como la mejor india Catalina de nuestro cine y tierra colombiana.
Te esperaría en la finca de mis padres, para propiciar una
ceremonia en un templo chibcha, bajo las bendiciones del sol y de
la luna, con los mejores escenarios para historias no contadas
nunca.
Mi estimada Cata: te veías radiante la noche de los Óscar. Se
hubiera visto impresionante la estatuilla en tu poder; pero tanto
mejor; así no eres fastidiosa, con el endiosamiento que adula
ráfagas de barro, ostentosas pretensiones y malas alimañas de
las divas que se trepan a los tronos del éxito sonoro. ¿Qué
ganarías tú con esos oropeles, resonancias de una cultura que
hace la venia a las truculencias vanidosas de una sociedad
alienada por medallas y perfumes del boom publicitario? Te
prefiero así, discreta, sencilla, con tu cabecita asomándose
serenamente entre los rascacielos neoyorkinos, con el asombro
propio de los seres sensitivos, inteligentes y audaces, pero sin
la adulación a las deidades que se tuercen con el favor
civilizado de promesas desvirtuadas en el desprecio hacia lo
fundamental y verdadero.
Ahora has comprometido tu nombre con el arte y, tal vez, lo más
importante en ello sea conservar la intimidad, la independencia y
el criterio sano frente a la fábula mal contada de esta csa
llamadarealidad. El arte es una faena de valientes,
un reto que a veces noconduce a nada cierto; terreno cenagoso,
lleno de cándidos que pretenden profanar los laureles de las
musas, como si en ello radicara el valor de sus valores.
Estimada Cata: te admiro mucho. Te veo ahora entrando y
saliendopor los ventanales de los sueños de tantos colombianos
que adoran labelleza... Muchos hasta habrán hecho, ya, la
promesa de bautizar con tu nombre a sus bebés nacidas en esta
hora de tu éxito. Yo preferiría bautizar así alguna calle
cualquiera del asombro, para que, al menos por ahí, se resistan
catalinamente la tristeza, el desencanto y el poder de las
sombras que se apoderaron de esta tierra, desafortunadamente
nombrada después de la venida de Colón.
Ojalá alguien bello como tú pudiera salvarnos de la
ruinamaliciosa que campea inerme sobre campos y ciudades, con su
inminente amenaza de los días. Y lástima que esta carta no
llegue hasta tus ojos; pero es que yo soy un desconocido, sin
ninguna voz ni voto en los escenarios de los éxitos; de modo
que, seguramente, no leerás nunca esta misiva, y tampoco es
necesario que lo hagas; las cartas que se guardan en la
incertidumbre y nunca llegan a destino no despiertan la malicia
de las gentes (tanto mejor).
En fin, te doy gracias (te damos gracias) por tu
nombrecolombiano. Te perdono la fama, la estatuilla y la envidia
que puedasdespertar en tus colegas de estas u otras latitudes.
Suerte, mucha suerte de ahora en adelante, y no olvides los
buenos deseos ni los ángeles que protegen de los sueños
turbios, como tampoco la sencillez de los seres que viven en
silencio, acompasados con la Madre Tierra y su vida milenaria.
Ojalá la vida te bendiga y te dé la corona que perdura por los
siglos...
Tuyo, NN