HISTORIA DE LAS PROCESIONES DE POPAYAN
Viernes 27 de febrero, 2004
De: Mario Pachajoa Burbano
Amigos payaneses:
La Semana Santa en Popayán es la época en la
cual los payaneses que la han abandonado, hace años o décadas,
regresan con la ilusión de encontrar sus juveniles amistades,
sus amigos de escuela, de colegio, de universidad, visitar a sus
queridos familiares y admirar una vez más, quizá la postrera,
el ambiente y los tesoros que guarda esta ciudad única.
Teniendo en cuenta lo anterior, transcribimos el excelente
artículo sobre la historia de las procesiones tal como aparece
en "Historia -Semana Santa en Popayán. La Procesión va
por dentro" -Museo Nacional de Colombia,
febrero, 2003.
Cordial saludo,
***
Cinco siglos de procesiones
La procesión va por dentro
Museo Nacional de Colombia,
Febrero, 2003
Con la conquista española llegó la evangelización, y con ella,
las fiestas religiosas en honor a los santos de la Iglesia. Una
de esas expresiones fue precisamente la de las procesiones en las
que el clero reprodujo los desfiles sacros realizados en España
y que tuvieron gran acogida entre los indígenas, porque
permitían visualizar lo sagrado a través de la imaginería.
Una de las primeras referencias a la celebración de la Semana
Santa en la capital caucana la hizo Juan de Castellanos en sus
Elegías de varones ilustres de Indias, cuando narró cómo en el
año 1556 se planeó durante la Semana Santa una conspiración de
rebeldes peruanos que fue finalmente sofocada. En 1558 Felipe II
suscribió las cédulas reales que autorizaban las procesiones en
Popayán. Sin embargo, la tradición tiene un fuerte contenido
oral ya que no se han encontrado descripciones pormenorizadas de
los siglos XVI y XVII, como sí sucede a partir del siglo XVIII.
Las procesiones de Semana Santa no han tenido una historia
estática. Inicialmente participaban únicamente personas
humildes que se encargaban de cargar en andas muy sencillas las
imágenes traídas de España. No obstante, las procesiones se
fueron enriqueciendo debido a la prosperidad económica de la
Gobernación de Popayán, cuya economía se basaba en la
minería. De hecho, el sector minero impulsó la agricultura y el
comercio y permitió a la élite payanesa acceder a libros,
pianos, obras de arte, mobiliario y objetos suntuarios para sus
casas e imágenes con piedras preciosas y adornos de oro y plata,
retablos, tallas, alhajas, coronas, adornos y piedras preciosas
destinados a templos, conventos y cofradías.
Así, el progreso económico llevó al aumento y enriquecimiento
artístico de los pasos, a la introducción de nuevos elementos
en los desfiles sacros y permitió la construcción de templos y
capillas. Adicionalmente, se hizo habitual que las personas
adineradas dejaran en sus testamentos valiosos tesoros y obras de
arte a la Iglesia.
Por otra parte, es importante anotar que desde sus inicios, las
procesiones de Popayán han tenido una estricta organización,
respetada por toda la comunidad a lo largo de su historia. De
ahí que esta tradición esté tan arraigada en el sentimiento
colectivo. Se sabe, por ejemplo, que el civismo y el ornato se
impusieron como norma para darle todo el realce a esta
celebración. De esta manera, una especie de decreto municipal,
que reposa en el Archivo Histórico de la Universidad del Cauca,
ordena el enlucimiento de la ciudad -pintar de blanco todas las
fachadas por donde pasan la procesiones-.
Dicha disposición, que rige para la Semana Santa, tiene una
tradición de siglos, ya que el documento está fechado el 29 de
marzo de 1675 y estipula que todas las personas, vecinos y
moradores, limpien cada cual la parte que le pertenece de la
calle y el solar.
A pesar de los múltiples cambios de gobierno y de guerras
civiles, las tradiciones heredadas de la época colonial
subsistieron y se reglamentaron. La realización de las
procesiones ha estado en manos de los laicos, en quienes los
curas párrocos delegaron, a través de la figura de la
sindicatura, el mantenimiento, arreglo y cuidado de los pasos.
La institución de las procesiones se ha mantenido porque contra
todo lo que se cree, no es solamente una élite la que participa
en ella. Debajo de las andas no hay distingo social ni
económico. El barrote es transmitido de padres a hijos, bien
sean descendientes de familias tradicionales o de ciudadanos
anónimos. Igual sucede con quienes desempeñan labores en las
procesiones, como los síndicos, regidores y sahumadoras.
La importancia de la Semana Santa se revela también en el hecho
de que las celebraciones se salen del marco cronológico de la
Semana y se extienden por todo el año. Así, la capacidad de
convocatoria que logran procesiones como la del Día del trabajo,
cuando miles de hombres se congregan para realizar la procesión
diurna al Amo Ecce Homo, en la cual tradicionalmente sólo
alumbran los hombres, o la procesión nocturna del Amo el sábado
anterior, en la cual sólo alumbran las mujeres, constituyen un
ejemplo de la fortaleza de este ritual en el presente siglo.