ÁLVARO PÍO VALENCIA
Miércoles 27 de junio, 2006
De: Mario Pachajoa Burbano
Amigos:
Álvaro Pío Valencia es uno de los personajes payaneses más distinguidos y sobresalientes. Hijo del poeta Maestro Guillermo Valencia y Josefina Muñoz de Valencia. "Su nombre es un símbolo de cuanto constituye el esfuerzo individual para lograr un ascenso en el campo social e intelectual".
Transcribimos la nota escrita sobre Álvaro Pío por Guillermo Alberto González
Mosquera.
Cordialmente,
***
ALVARO PIO VALENCIA
(1911 - 1998)
Por: Guillermo Alberto González Mosquera.
Alrededor de la vida del segundo de los hijos del Maestro Guillermo Valencia,
podrían formularse diversos interrogantes, todos válidos si se tiene en cuenta
que se trata de una de las personalidades de mayor brillo intelectual en la
reciente historia del Cauca. Por qué alguien de sus descollantes capacidades
intelectuales y de fácil ascendiente entre las gentes, no llegó a ser un líder
político nacional, par de su hermano Guillermo León que alcanzó la Presidencia
de la República? Por qué un humanista que estudió a fondo la historia
universal, que era riguroso en el análisis científico y que dominaba el campo de
la filosofía, no dejó una obra escrita como testimonio de su saber o para fijar
su posición crítica sobre el acontecer político, social o económico? Por qué
un hombre de su alta posición social y de su holgura económica, prefirió la vida
modesta, casi la de un solitario, célibe y voluntariamente alejado de los
placeres mundanos y del brillo de la sociedad a la que por derecho pertenecía?
Por qué siendo el marxista acaso mejor estructurado de su época y el más
respetado por la izquierda colombiana, no se decidió a pertenecer a los cuadros
directivos de su corriente política y encabezar, como le hubiera sido fácil, un
gran movimiento nacional de las izquierdas como opción de poder? Estas y
muchas preguntas más se formularon repetidamente por quienes de una u otra
manera, se interesaron en la vida de Valencia, en muchas formas una personalidad
atrayente, rodeada de algún hálito de misteriosa introspección. Lo que nunca le
faltó fue el afecto de su ciudad y de todos los que de una u otra manera se le
acercaron y tuvieron el privilegio de su conversación, que más que ésto, era un
diálogo a la manera socrática, en el que el maestro docto, sereno y proverbial,
enseñaba doctrinas o explicaba su teoría sobre el acontecer del mundo.
Se formó al lado de su padre, el Maestro Guillermo Valencia, aficionándose desde
su juventud en la lectura de los clásicos y las grandes obras del pensamiento
universal. Citaba con precisión y oportunidad a los filósofos de todas las
épocas y conocía como pocos los acontecimientos decisivos de la Historia
Universal. Cuando se creía que se inclinaría hacia el liberalismo, en
contraposición a su hermano Guillermo León que incursionaba con éxito en las
corrientes conservadoras, prefirió hacer confesión publica de su marxismo y
desafió con su posición socialista, a su familia y a la sociedad circundante.
Era tan honesto en la defensa de sus tesis y tan brillante en exponer sus ideas,
que nadie podía faltarle al respeto en razón de sus preferencias ideológicas.
Tal vez el secreto estuviera en que tenía el sentido de la tolerancia y permitía
que los demás expresaran las suyas con entera libertad. Podía contradecirlos, y
en efecto lo hacía con vigor, pero jamás quiso que por la violencia se
silenciara a algún contradictor.
El pueblo de Popayán le confió varias veces su representación al Concejo
Municipal. Invariablemente, encabezaba una lista con alguno de los rótulos que
tomaban las izquierdas para reunir a sus adherentes. Valencia unificaba las
tendencias y de antemano quedaba asegurada una representación de una alternativa
democrática, necesaria para el buen funcionamiento de la corporación edilicia.
Adelantaba debates serios en los que combinaba la defensa o la crítica de algún
proyecto específico, con un discurso en el que predominaba la idea o el
planteamiento político acorde con su credo social. "Soy un hijo de Anarkos",
manifestó alguna vez, tal como lo había expresado su propio padre, para hacer
alusión al poema de denuncia que le costó el sinsabor de perder el afecto de los
grupos dominantes del conservatismo colombiano.
Poco o nada le importaban los bienes materiales. Vivió modestamente en la Casa
Museo destinada a honrar en forma permanente la memoria de su padre y allí,
entre libros, muchos libros de una prodigiosa biblioteca, recibía a sus alumnos
o a todos los que llegaban de la misma ciudad o de otras regiones del país, para
conocer sus opiniones o consultarle sobre proyectos académicos o plataformas
ideológicas. Las intensas y largas lecturas acumuladas durante su vida lo hacían
acreedor a ese magisterio discreto y elocuente que ejerció ininterrumpidamente
por mas de medio siglo de la historia de la ciudad. En las aulas universitarias
y en los corredores de la Universidad, continuaba su tarea de formación de
estudiantes ávidos que ansiaban recibir su cátedra permanente. En 1970 hizo una
pausa en su vida enteramente dedicada a su ciudad natal y aceptó la Rectoría de
la Universidad Santiago de Cali, posición que ocupó por dos años. En varias
circunstancias de su vida llevó la vocería de la ciudad en circunstancias en las
que, para lograr algún objetivo cívico, se requería de su elocuencia y del
propio respeto que infundía su presencia.
Cuando murió en Popayán en 1998, las gentes sin distingo de clases o sectores
políticos se volcaron al histórico patio de la Casa Valencia para rendir un
sincero tributo de admiración a su memoria. Su sepulcro está en el panteón
familiar, junto al de sus padres y hermanos, en un impresionante conjunto de
personas que por su talento e hidalguía supieron honrar al Cauca y a Colombia.