PAISAJE Y CLIMA DE POPAYAN
Lunes 2 de agosto, 2004
De: Mario Pachajoa Burbano
Amigos payaneses:
Peranchico, Mario Perafán Fajardo, Miembro de
la Tertulia Payanesa, publica su artículo sobre el
paisaje y clima de Popayán, que a los que no tenemos oportunidad
de admirar y sentirlo dia a dia, nos recuerda nuestros lejanos
años vividos en la Ciudad Blanca.
Muchas gracias a Mario por este interesante escrito.
Cordialmente,
***
Popayán, paisaje y clima
Por MARIO PERAFÁN FAJARDO
ESPECIAL PARA EL LIBERAL
Domingo 1 de agosto, 2004
Hay un instante en el crepúsculo
en que las cosas brillan más,
fugaz momento palpitante
de luminosa intensidad.
Se aterciopelan los ramajes,
pulen las torres su perfil,
burila un ave su silueta
sobre el plafondo de zafir.
Muda la tarde, se concentra
para el olvido de la luz,
y penetra un don suave
de melancólica quietud,
como si el orbe recogiera
todo su bien y su beldad,
toda su fe, toda su gracia
contra la sombra que vendrá...
Guillermo Valencia
Muchas personas piensan que ésta primera estrofa es pura
literatura del gran Vente payanes, pero es la realidad: En
Popayán se suceden cosas extraordinarias debido a su situación
geográfica. El Valle de Pubén donde está situada
la ciudad está rodeado de una cadena de montañas que le dan a
la ciudad una característica especial, por la cual cuando está
despejado el día presenta un atardecer fabuloso en el momento en
que se oculta el sol tras las montañas de la cordillera
occidental justo entre la Cuchilla del Tambo y el Cerro de
Munchique, por donde desaparece el astro todas las tardes.
Cierta tarde estando mi hermano Julio César tomando unas
fotografías de la ciudad desde la colina de Belén y cuando
estaba acomodando el fotómetro de su cámara con una apertura
del diafragma en 11 mm. notó que súbitamente se le cambió a 8
mm. Pensando que el aparato se le había dañado continuó
tomando fotografías pero notando que las paredes de las iglesias
y de las casas a su alrededor habían tomado una luminosa
intensidad... Luego al cabo de más o menos 20 minutos el
fotómetro volvió a su posición inicial sin haberlo manipulado.
En posteriores tomas fotográficas fue comprobando que el
fenómeno duraba de 15 a 25 minutos dependiendo de la fecha en
que se observaba, siendo más duradero en Junio en la época
correspondiente al solsticio de verano y menor en
Diciembre por el solsticio de invierno.
Estas observaciones le llevaron a la conclusión que debido a la
cadena de montañas que rodean a Popayán, cuando se oculta
completamente el disco solar tras la cordillera occidental, los
rayos ya no la iluminan directamente sino que caen oblicuamente
sobre la atmósfera y las nubes que están sobre la ciudad
ejerciendo un efecto físico de lupa que de manera
gigantesca cubre el valle de Pubenza y dándole a ésta ciudad
una luminosa intensidad a la cual se refería el
Maestro Valencia en su soneto.
Esta apreciación también fue comentada el siglo pasado por el
Barón de Humboldt pero él no se refirió al efecto óptico sino
al acústico cuando describió que aquí había escuchado el
trueno más fuerte y el eco más repetido en días de
tempestades, debido a que el sonido se refleja sucesivamente en
la cadena circular de montañas de éste valle.
Los pintores como el Maestro Efraín Martínez tomaron como
referencia de sus obras los cielos de Popayán en varias
ocasiones y en la más famosa el óleo sobre El Canto a
Popayán que está en el Paraninfo de la Universidad, el
mismo lo describió; Sobre la ciudad se cierne la
tempestad, personificada en la espectral figura de mujer que
cruza encendida el espacio, portando la radial ofrenda. El
cielo presenta ese contraste caprichoso y frecuente de nuestro
fenómeno atmosférico: tempestad y cielo azul,
simultáneamente...
El insigne poeta y escritor Baldomero Sanín Cano, amigo íntimo
del Maestro Valencia, en el prólogo del libro Obras
Completas de Guillermo Valencia publicado en 1948 al
describir a Popayán escribe: ... una atmósfera tibia, una
temperatura constante, sensibilizan exquisitamente los nervios.
La vecindad de los altos montes y volcanes nevados, la dirección
de los vientos, tienen de continuo la atmósfera en máxima
tensión eléctrica, que se descarga periódica y frecuentemente
sobre el poblado en sonoras y luminosas tempestades. Los cerebros
parece que se resintieran de la presencia del fluido: son
vivaces, explosivos, luminosos...
Hoy en día fotógrafos como Luis H. Ledezma y Diego Tobar se han
especializado en tomar estos bellísimos paisajes.
En el libro de Jaime Paredes Pardo Popayán 18
segundos, editado después del terremoto de 1983, fueron
publicadas 36 fotografías de mi hermano Julio César sobre la
ciudad, antes del siniestro, destacándose una que tomó desde el
último piso del Banco del Estado de la silueta de la Iglesia de
San José en un atardecer y que sirvió como base para publicar
enfrente de ella el soneto del Maestro Valencia a que me refiero
al principio de éste escrito.
Por eso es que en Popayán se vive del paisaje y del clima...