PEPITA PIEDRAHITA
Abril 23, 1999
De: Mario Pachajoa Burbano.
Los payaneses que leyeron nuestra nota sobre la Cuchilla del Tambo
recordarán que los miembros del Congreso que se trasladaron a Popayán ante la
llegada del Pacificador Pablo Morillo a Santa Fe, reemplazaron a su Presidente
José Fernández Madrid, por el General Custodio García Rovira quien se encontraba
en Santa Fe y le pidieron se trasladara a Popayán para cumplir sus nuevas
funciones de Presidente. No era la primera vez que Popayán oficiaba de hecho
como sede y capital de la República; lo había sido, también, en 1545, cuando
esta ciudad acogió al Virrey Blasco Núñez Vela.
Custodio nació en Bucaramanga (otros historiadores señalan Cartagena) en 1780,
tenía su título de abogado y era muy aficionado a los libros por lo que era
apodado "El Estudiante". Contaba con agraciada presencia, donaire,
elocuente y valeroso. En 1814 formó parte del triunvirato que regía la
República. Posteriormente fue ascendido a General de División.
Custodio García Rovira se dirigía a Popayán con algunas familias que huían de
Morillo y su pequeña tropa, que era todo lo que quedaba después de que Sebastián
de la Calzada lo derrotó el 21 de febrero de 1816 no lejos de Ocaña.
Entre las familias acompañantes venía una santafereña de apellido Piedrahita de
ilustre abolengo, compuesta por los padres y cuatro bellas señoritas, una de las
cuales era María Josefa o Pepita como la llamaban.
El General Custodio García Rovira se enamoró de Pepita y durante todo el duro e
incómodo viaje, la llenó de atenciones, dando numerosas muestras de sus deseos
de hacer la peregrinación menos pesada para ella. Pepita correspondía a los
halagos y sentimientos del General.
Entre tanto llegaron al desolado y lúgubre páramo de Guanacas, encontrándose
allí, con los restos de patriotas que participaron en la sangrienta batalla de
la Cuchilla del Tambo. El General Liborio Mejía que dirigió las fuerzas
patriotas en dicha batalla, convenció a García de que ya no había nada que hacer
por Popayán y que Sámano había tomado la ciudad en forma absoluta. García
concluyó, también, que debía desistir de sus pretensiones matrimoniales con
Pepita y resolvió regresarse a la Plata con la comitiva.
En sus largas cuitas, García le participaba a Pepita de sus planes: juntarse con
sus amigos, Caldas, los Torres, Madrid, Dávila, Mejía, Torrices, etc., e
internarse con ellos en la selva brasileña para huir de las fuerzas
pacificadoras. Como ella le manifestara que quería seguirlo en ese sendero, él
trataba de convencerla que no era ese un futuro digno de una señorita
distinguida como ella.
De repente, deteniendo su mula, le pidió a Pepita que se casase con él. Ella
inmediatamente le dio el sí. En el mismo instante, García se baja de su animal,
pide a los Piedrahita que cabalgaban juntos, su autorización y se dirige al
Padre Florindo para que los casara en el acto. Liborio Mejía fue el padrino.
Todos los testigos se hallaban montados alrededor del grupo principal "y unos
y otros alumbrados por la pálida luz de la mañana ". Terminado el
ceremonial, cada cual siguió su camino, quedando los recién casados atrás...
El idilio duró menos de lo que imaginaban. El General Custodio García Rovira y
su esposa fueron hechos prisioneros y él conducido a Santa Fe, en donde fue
pasado por las armas y su cuerpo colgado en la horca, el 8 de agosto de 1816.
Solamente transcurrieron 39 días desde la fecha de la boda de la encantadora y
dulce Pepita ...
Cordialmente,