GONZALO DE OYON
Miércoles 11 de febrero, 2004
De: Mario Pachajoa Burbano
Amigos payaneses:
El Gonzalo de Oyón la obra épica de Julio
Arboleda (1817-1862) fue publicada incompleta por
primera vez en 1883 por D. Appleton y Cía, que contiene, además
del poema anterior, una colección de obras poéticas de D.
Julio, basadas sobre manuscritos originales, e incluye una
biografía y crítica escrita por Miguel Antonio Caro.
En 1860 D. Julio, quien residía en París, le dió a un amigo la
nueva copia del "Gonzalo" para que la llevara
a Bogotá. Pero todo el equipaje del amigo cayó en manos de los
revolucionarios, sin que se haya vuelto a saber de ellos. Más
tarde D. Julio trató de reahacer algunos de los cantos que
originalmente eran 24.
Miguel Antonio Caro nos cuenta que el plan de la obra
"Gonzalo de Oyón" la concibió inicialmente D. Julio
en esta forma:
Gonzalo de Oyón viene de España con los conquistadores.
Después de haber ejecutado proezas en la campaña de Pasto,
llega a Popayán, intercede por el Cacique Pubén, que iba a ser
sacrificado por los españoles, y le salva la vida. Ocurre,
empero, que Fernando, hijo del Adelantado Sebastián de
Belalcázar, pone atrevidos ojos en Pubenza, condena a muerte a
Pubén, el Cacique, y al hijo del mismo nombre; aleja a Gonzalo
con ánimo de perderle; y la infeliz Pubenza, a trueque de
redimir a su padre anciano, se resigna a casarse con Fernando.
Pocos años después, desterrado del Perú, Alvaro de Oyón,
hermano de Gonzalo, vuelve armas contra las autoridades
establecidas por el Rey de las Españas; busca auxiliares entre
las tribus salvajes, reúne ejército, y marcha sobre Popayán.
Gonzalo, que pasaba por muerto, aparécese de pronto en medio del
combate, y decídelo en favor de la causa real. Fernando le
reconoce, y obedeciendo a una inspiración diabólica, le declara
fuera de la ley y pone a talla su cabeza.
Pubenza, que no ha olvidado a su Gonzalo, le escribe pintándole
el peligro que le amenaza, y rogándole que se ponga en cobro.
Gonzalo se refugia en el seno de una tribu salvaje. Propónenle
los indios que tome con ellos partido contra los españoles; él
se deniega resueltamente a hacer traición a su patria; intentan
matarle; huye, y hospédale el ermitaño Caleba en las montanas
de Toribío. Alvaro rehace su huestes, y torna a amagar a
Popayán.
Otra batalla: preséntase Gonzalo de nuevo como en la primera, y
lo mismo que entonces, decide el conflicto en favor del perdón
real. Ocúltase, esquivando que le descubran; pero en medio de la
noche, Alvaro y Gonzalo se encuentran sin conocerse, y riñen.
Vence Gonzalo y habiéndose reconocido los dos hermanos, alega
cada cual en animada discusión las razones que le asisten para
seguir adelante en el camino que lleva; Alvaro parece rendirse al
fin a los argumentos de Gonzalo.
Hay luego una tregua de ocho dias, en que Gonzalo se ve con
Pubenza en Yambitará. Sorpréndelos Fernando, se vuelo loco,
sale huyendo, mata a sus tiernos hijos; a poco se aparece cual
espantoso espectro a Gonzalo y a Pubenza, y no se vuelve a ver
más. Diego Delgado, en ausencia de Belalcázar, ofrece perdón y
olvido a los sublevados si deponen las armas.
Alvaro rehusa la gracia en cuato a él y a los más adictos a su
persona. Dispersa los indios; estos al despedirse le ofrecen
regalos de oro, que él de un puntapié hecha a rodar.
Amotínanse gritando "¡Traición!" . Ahorca a los
principales. Concluída la tregua, Alvaro con doce caballeros se
arrojan sobre las armas enemigas, y venden caras sus vidas....