ANTONIO NARIÑO Y LOS DERECHOS HUMANOS
Lunes 13 de diciembre, 2004
De: Mario Pachajoa Burbano
Amigos payaneses:
El pasado viernes 10 de diciembre se conmemoró el Día
Internacional de Derechos Humanos, instituido el 12 de julio de
1976. En nuestro pais cuando se empieza a hablar de Derechos
Humanos comenzamos por Antonio Nariño y Alvarez del
Casal, Precursor de la Independencia.
Antonio Nariño nació en Santafé de Bogotá el 9 de abril de
1765, falleciendo en Villa de Leiva, el 13 de diciembre de 1823.
Tercer hijo del gallego Vicente Nariño Vásquez, contador mayor
del Virreinato de la Nueva Granada, y de la distinguida criolla
santafereña Catalina Alvarez del Casal, hija del abogado madrileño
Manuel de Bernardo Alvarez, fiscal de la Real Audiencia. De
jovencito se dedicó a leer todos los libros que encontró en la
abundante biblioteca de su abuelo, la que después, a los 13 años,
pasó a sus manos a la muerte de su padre.
Aprendió francés leyendo a Voltaire y se entusiasmó por los
filósofos ingleses y los enciclopedistas franceses. De 16 años,
Nariño fue incorporado como subteniente abanderado del batallón
Caballeros Corazas, al estallar la revolución de los Comuneros a
fines de 1781.
En 1785, a los 20 años, contrajo matrimonio con la distinguida
santafereña Magdalena Ortega y Mesa, tres años mayor que él. A
pesar de su juventud, Nariño se labró una excelente posición
en Santafé. Organizó un Círculo Literario con sus amigos para
juntarse a leer y comentar libros subversivos y periódicos
extranjeros, en una habitación de su casa. En julio, el virrey
Francisco Gil y Lemos le expidió el nombramiento de tesorero
interino de diezmos del Arzobispado de Santafé.
Los Derechos del Hombre
La importancia de Nariño en la ciudad iba en aumento. Sus
negocios progresaban. Ya era un hombre acomodado y, dados sus
conocimientos de medicina, recetaba con éxito a los pobres que
acudían a su casa. Debido a su pasión por los libros, tenia más
de 6.000 libros, inició un productivo comercio de importación,
compra y venta de nuevos y usados, que lo convirtió en el
librero de la ciudad.
Imbuido por las ideas de libertad enseñadas por los
constituyentes norteamericanos y completadas por las de la
Asamblea Francesa, Nariño creyó que era el momento de pensar en
la emancipación de la patria. Tradujo e imprimió la Declaración
de Derechos promulgada por la Asamblea Francesa. Aún estaba
fresco el recuerdo de Luis XVI bajo la guillotina, cuando en
diciembre de 1793 los editó. Se trataba de cuatro hojas que
comenzaron a circular en forma clandestina. Cuando Nariño intuyó
el peligro, recogió los papeles y los quemó.
El año siguiente aparecieron pasquines subversivos contra el
gobierno, y el oidor Joaquín Mosquera y Figueroa inició un
implacable proceso al cual vinculó a Nariño por haber traducido
y impreso los Derechos del Hombre. Se le embargaron la totalidad
de sus bienes, entre los cuales estaba su famosa biblioteca,
donde se hallaban los autores prohibidos, circunstancia que agravó
su situación. Permaneció preso 16 meses en el Cuartel de
Caballería de Santafé. Se le condenó, además, a 10 años de
presidio en el Peñón de Africa y al extrañamiento para siempre
del Nuevo Reino.
Trasladado a España, Nariño se fugó en Cádiz. Recorrió
Europa buscando ayuda para la independencia de su patria. Usando
nombre falso viajó a Londres. Lo alojó Esteban Palacios, tío
de Simón Bolívar. Pero alli no encontro ayuda. Se embarcó en
Burdeos para las Antillas, después de vivir 9 meses libre en
Europa.
El 4 de marzo llegó a Coro, Venezuela y el 5 de abril llegó en
forma clandestina a Santafé, donde gobernaba el virrey Pedro de
Mendinueta. Nariño pretendió sublevar las provincias de San Gil
y el Socorro, pero no halló eco inmediato en sus gentes.
Disfrazado entró a Santafé, pero fue reconocido y denunciado.
Acosado, no le quedó otro recurso que negociar su entrega con el
arzobispo Baltasar Jaime Martínez Compañón. Traicionado, fue
encerrado de nuevo en el Cuartel de Caballería. Languidecía en
prisión. Enfermo y olvidado lo sorprendió el siglo XIX.
Nariño, presidente y periodista
En 1803, agonizante, Nariño fue trasladado con centinela de
vista a la hacienda Montes. El aire puro lo revitalizó y pronto
se halló de nuevo conspirando. En diciembre de 1809 fue puesto
preso por tercera vez por el virrey Antonio Amar y Borbón, quien
sospechaba que Nariño estaba organizando la rebelión que
estallaría seis meses más tarde, el 20 de julio de 1810. Con
grillos y cadenas, después de una fuga abortada en el río
Magdalena, se le arrojó a los calabozos de Bocachica en
Cartagena, donde su amigo Enrique Somoyar lo libró de morir de
inanición. Sólo hasta diciembre de 1810, casi medio año después
del Grito de Independencia, logró regresar libre a la capital.
Fundó La Bagatela, primer periódico político del país, cuyo
primer número apareció el 14 de julio de 1811 (aniversario de
la revolución francesa), donde explicaba la necesidad de adoptar
una organización centralista y no perder el tiempo en veleidades
federalistas. Tal campaña periodística produjo la renuncia del
presidente Jorge Tadeo Lozano, y la subsiguiente elección de
Nariño en su reemplazo, el 21 de septiembre. En abril del año
siguiente hizo aprobar una nueva Constitución de Cundinamarca, y
declaró la independencia absoluta de España.
Celos políticos y ambiciones personales en el Congreso
federalista de las Provincias Unidas de la Nueva Granada,
promovieron la desunión. Estalló una revolucion y después de
largas y dolorosas batallas, Nariño fue elegido dictador en
propiedad y se le confirió el grado de teniente general para que
comandara la Campaña del Sur, ante la urgencia de liberar a
Quito como objetivo estratégico para asegurar la independencia
del Nuevo Reino.
La Campaña del Sur
Nariño emprendió la Campaña del Sur en junio de 1813 y partió
el 21 de septiembre. Como presidente interino en Santafé quedó
Manuel de Bernardo Alvarez, tío de Nariño. Cruzó la cordillera
por el páramo de Guanacas, derrotó en el Alto Palacé, el 30 de
diciembre, a Juan Sámano, y ocupó Popayán. El 15 de enero
derrotó las fuerzas españolas en Calibío. Permaneció dos
meses en Popayán y siguió a Pasto. Al vadear el Juanambú,
derrotó al mariscal de campo Melchor Aymerich, y continuó hasta
el páramo de Tacines, donde de nuevo triunfó sobre el español.
A1 ocupar los ejidos de Pasto, en medio de una tempestad de
granizo, la defección de uno de sus oficiales convirtió la
victoria en derrota y Nariño cayó en manos del enemigo el 12 de
mayo.
Conducido preso a Pasto, la multitud se aglomeró en la plaza.
Salió al balcón y pronunció la famosa frase: «Pastusos, si
queréis al general Nariño, aquí lo tenéis». Desde Quito,
Toribio Montes ordenó a Aymerich que lo sentenciara a muerte; éste
arguyó el riesgo que podían correr los prisioneros españoles
si se ejecutaba a Nariño. En Pasto permaneció 13 meses, «encerrado
en una pequeñísima pieza, tendido sobre mala cama, cubierto por
una ruana, con un par de grillos en las piernas ulceradas,
esperando la muerte». En junio de 1815, con grillos y cadenas,
fue llevado a Guayaquil, de allí al Callao y, vía Cabo de
Hornos, a España, donde se le encerró en la cárcel Real de Cádiz.
Nariño, preso en Cádiz, fue testigo de la revolución de Rafael
del Riego, gracias a la cual obtuvo una precaria libertad en
marzo de 1820. Huyó a Gibraltar y regresó a América para
entrevistarse con Bolívar, quien acababa de suscribir con
Morillo el armisticio de Trujillo. El Libertador consideraba que
Nariño, a más de ser militar, tenía reputación, talento y
virtudes para mandar la República. Los dos héroes se
encontraron en Achaguas. Allí Bolívar expidió el decreto por
medio del cual nombró a Nariño vicepresidente interino de la
Gran Colombia, por fallecimiento de Juan Germán Roscio, hasta
que el Congreso, que debía reunirse en la Villa del Rosario de Cúcuta,
eligiera en propiedad.
Años finales
Cumpliendo las instrucciones de Bolívar, Nariño instaló, el 16
de mayo de 1821, el Congreso que iba a producir la Constitución
del nuevo país, integrado por Venezuela y la Nueva Granada. Su
presencia no fue bien recibida. Presentó un proyecto de
Constitución, que no fue aceptado. Los políticos jóvenes veían
en este hombre envejecido un estorbo a sus ambiciones y le
hicieron la vida incómoda. Su precaria salud y las presiones lo
obligaron a renunciar a la vicepresidencia. El 24 de junio, con
el triunfo sobre los españoles en Carabobo, se puso fin a la
ocupación de Venezuela. Bolívar regresó a Caracas y el
Congreso lo proclamó presidente de la nueva nación. La elección
de vicepresidente fue disputada entre Nariño y Francisco de
Paula Santander. Este último resultó electo.
Derrotado y enfermo, decía en Cucuta: «Si duro aquí 10 ó 12 días
más, tendré que salir en guando». En Bogotá lo recibieron los
húsares montados hasta el puente del río Arzobispo. Era un
pobre anciano que merecía conmiseración. Se refugió, entonces,
en la casona de Fucha y en la hacienda de Las Monjas (junto a la
laguna de Fúquene) que un hijo suyo tomó en alquiler.
El 9 de octubre el Congreso de Cúcuta lo eligió senador por
Cundinamarca, pero se objetó de nulidad la elección; tal objeción
tuvo que ser resuelta en las sesiones de 1823. Nariño se presentó
ante el Senado el 14 de mayo y en una pieza extraordinaria,
modelo de oratoria forense, desbarató las calumnias de sus
acusadores, y absuelto, salió en hombros de las barras
arrebatadas de emoción patriótica.
Muy enfermo, pidió en agosto que se le concediera licencia con
el objeto de restablecer su salud. Llegó a Villa de Leiva a
comienzos de diciembre. Presentía que su fin había llegado. La
tisis implacable lo fue agotando; su salud empeoró. Se confesó
con el prior de San Agustín y recibió el viático con deificación.
El 13 recibió la absolución y pidió que le recitaran el
Miserere y a las 5 de la tarde expiró.
Sus restos mortales, por razones políticas, permanecieron
insepultos en manos de sus familiares durante 90 años. Sólo
hasta comienzos del siglo XX fueron depositados en la catedral de
Bogotá.
Cordial saludo,
Nota: se ha seguido muy de cerca el texto de EDUARDO RUIZ
MARTÍNEZ