LA FORTUNA DEL GRAN GENERAL MOSQUERA
Sábado 19 de noviembre, 2005
De: Mario Pachajoa Burbano
Amigos:
Cipriano Rodríguez Santamaría, en Tampu de Unicauca,
hace un relato
compacto de la personalidad del Gran General Mosquera como hombre de
negocios. Una buena contribución de Tampu Unicauca a la
historia
payanesa.
Cordialmente,
***
Una faceta poco conocida del ilustre payanés,
Tomás Cipriano de Mosquera: Hombre de negocios.
Por: Cipriano Rodríguez Santamaría.
Todos lo conocemos como militar, estadista, diplomático y 4 veces
Presidente de la República, pero no como hombre de negocios.
La Condesa de Testagua, hermana del mártir Caldas, fue esposa de Don
Joaquín Mosquera, hermano de Tomás Cipriano.
La mitad de los hombres ilustres de la República en los Siglos XVIII y
XIX nacieron en Popayán.
De 1831 a 1833 los Mosquera viajan por Europa y traen de Las Tullerías
de París muebles y enseres y hasta dos jardineros ingleses para su
finca de Coconuco donde se entendían por señas con los indios.
Desde Nueva York, donde tenía establecidos sus negocios comerciales en
1853, escribe Tomás Cipriano de Mosquera a su hermano en París. Este y
otros documentos ya están en Popayán en el archivo histórico y con
ellos se completan trece mil volúmenes.
Por ese tiempo la Hacienda de Coconuco, propiedad de los Mosquera,
comprendía 1300 hectáreas y valía $20,000.oo, lo mismo que Japio.
Los apellidos Mosquera y Arboleda son las armas y las letras.
Carta de 10 de noviembre de 1853 a Manuel María: “…la fortuna es
mujer y hay que cortejarla”.
Tomás Cipriano tenía en la calle 1ª West #20, en pleno centro
de Wall Street de Nueva York una casa de veinte habitaciones
para sus negocios bajo el nombre de Mosquera y Herrán y Compañía.
Luego se traslada a la 5ª Avenida.
Tiene bodegas en Panamá e inicia negocios con remesas de 3 millones de
dólares con seguros norteamericanos y escoltas también
norteamericanos.
Tiene barcos viajando con carga en ambos océanos y utiliza el
ferrocarril de Panamá para el trasbordo.
En 1863 manifestó que la capital de la República debería estar en
Panamá.
Sus nietos eran norteamericanos (menos Aníbal).
Busca en Nueva York el contrato para la terminación del Ferrocarril, y
con buzos y un submarino en las costas de Panamá, busca perlas y las
negocia.
Explota la sal de Galerazamba, de la Guajira y aún de Zipaquirá y la
lleva a Estados Unidos a cambio del oro de California.
En 1854 invierte seis mil dólares en una compañía minera de carbón de
los Estados Unidos y lo trae a Colombia para no regresarse con los
barcos vacíos.
Vende quina que vale un gramo de ésta, más que un gramo de oro.
Explota las minas de Timbiquí en el Cauca que le dan buen oro y su
hija se casa con un norteamericano que lo negociaba.
El 5 de diciembre de 1854 escribe que movió negocios por 88 mil
dólares en tres meses, o sea lo que valen tres haciendas de los
Coconucos.
Viene el proyecto de desembotellar al Cauca la tierra más rica y
próspera, buscándole salida al Mar del Sur (Pacífico) porque el
camino de Dagua era un desastre y el de Guanacas muy largo. Contempla
tres estudios: Camino Popayán – Tumaco, Popayán – Micay y Popayán –
Buenaventura y llega a la conclusión de que el camino del Dagua es el
ideal y consigue inversionistas judíos, norteamericanos como
Williamssohn y hasta europeos para mejorarlo, ampliarlo y terminarlo.
Un nostálgico Tomás Cipriano de Mosquera desea visitar nuevamente
Coconuco en 1854 y cuando regresa se entera en Cartagena que el
General José María Melo se había tomado el poder. Mosquera fletó un
buque, financió armas y se empeñó en reconquistar el país con cien mil
dólares. Por el sur, José Hilario López secundaba a Mosquera con
veinte mil dólares financiados por la firma Mosquera y Herrán. Con la
ayuda económica de Mosquera, finalmente Melo fue derrotado por fuerzas
militares liberales y conservadoras a finales de 1854.
En carta a su hermano Manuel María, el 1º de noviembre de 1855, relata
que por dificultades económicas tuvo que empeñar los diamantes de su
hija Amalia (esposa de su socio y yerno, el General José María Herrán)
a un judío usurero.
La casa de negocios se quebró y quedó Herrán solo en Nueva York hasta
1858, cuando Williamssohn alzó con todos los documentos y los planos
de sus proyectos.
En resumen: Tomás Cipriano de Mosquera entregó a la patria su fortuna
de hombre de negocios y le dieron a cambio –como al Quijote- una isla
(La Gorgona).