CARLOS LEMOS SIMMONDS
Viernes 30 de julio, 2004
De: Mario Pachajoa Burbano
Amigos payaneses:
Un dia como hoy, en la noche del 29 de julio de 2003, fallece en
Bogotá el expresidente Carlos Lemos Simmonds
quien nació en Popayán el 23 de octubre de 1933. In memoriam,
Marta Blanco de Lemos ha escrito un especial para El Liberal que
reproducimos a continuación:
In memoriam
Carlos Lemos Simmonds
Por MARTA BLANCO DE LEMOS
ESPECIAL PARA EL LIBERAL
Foto: El Liberal
Dulzura, coraje y
decencia fueron tus cualidades más sobresalientes hasta el
final. Qué duro fue dejarte partir. Dentro de ese conjunto de
luces y sombras que formaron tu extraordinaria personalidad y tu
innegable inteligencia, en el que el anacoreta que fuiste no
reñía con el mundano, ni el austero con el pródigo, ni el
sencillo con el refinado, ni el enigmático con el transparente,
ni el severo con el bondadoso, ni e1 directo con el discreto, lo
que verdaderamente fuiste para mí fue un obsequio de Dios.
Mitad hombre y mitad eternidad. Naciste para las causas más
nobles, por las que te entregaste casi toda tu vida: defendiendo
al oprimido, educando al ignorante, protegiendo al débil y
respetando lo ajeno. Bien sea investido de hombre de Estado o
como ciudadano común, jamás dejaste un día de pelear por la
justicia social, dentro de un marco de orden y ley, ¡Cuántas
batallas libramos juntos! ¡Cuántos secretos de héroe en
silencio te llevaste a la tumba! ¡Cuántos tormentos y
sacrificios acallaste en tu alma profunda y misteriosa!
En ti encaja lo que decían de Talleyrand: "No tuvo más
enemigos que los enemigos del Estado, ni más intereses que los
intereses del Estado". Qué amor
tan grande a tu Patria..."¿Será que jamás podré ver a mi
país en paz?", solías preguntarme. "Yo nací en
épocas de violencia -agregabas- y sé que me voy a ir sin verlo
en paz". Despreocupado en lo personal, nadie te pudo tocar,
eso sí, un pedazo de mar, cielo o suelo colombiano, un soldado o
un ciudadano común arbitrariamente, sin que salieras
inmediatamente en su defensa. Y de ti también se puede decir que
"un viejo soldado nunca muere, simplemente se
desvanece". Allí, siempre estarás como un vigía
espiritual...
Compartí del hombre lo mejor que puede dar un ser humano; aunque
enamorado de tu soledad, te aferraste a mi mano y con tu amor
incondicional me condujiste por todos los laberintos de tu
insondable sabiduría: música, arte, historia, literatura,
filosofía, religión, teatro, poesía, zoología...
¡Mente tan prodigiosa la tuya! Tanto que, cuando viajábamos,
los guías en los museos se extasiaban oyéndote a ti y no tú a
ellos, y con qué humildad les narrabas los hechos que, curtidos
en sus relatos, ellos apenas esbozaban. ¿Te acuerdas del guía
en Creta?
¿Que no te quiso recibir la plata del recorrido porque tú le
habías enseñado más? Finalmente terminamos almorzando con él,
ya en cercana amistad cultural contigo.
Sin embargo, toda esa erudición era insuficiente para tu
escéptica y profunda sensibilidad. Siempre curioso con todo
cuanto pasaba en el mundo, lo que en el fondo buscaste fue tu
encuentro con Dios. Tu inmenso amor y conocimientos los agradezco
y atesoro, pero, sobre todo, valoro la devoción al país y a la
naturaleza que siempre me inculcaste. Por eso lloré amargamente
cuando, al regreso de tu entierro, Laura y yo revisamos tu
Internet y vimos que lo último que habías investigado era sobre
una misteriosa enfermedad que atacaba a las ballenas azules.
Jamás, en ocho meses de enfermedad, te quejaste o hiciste un
reproche de la tuya, pero qué preocupación por las ballenas
azules... Mi dolor es avasallador y diario, pero mi, amor por ti
sigue inmutable.
Te dejé arropado entre tierra colombiana y rodeado de
colombianos del común, a quienes tanto querías y siempre
defendiste, y por los que hubieras entregado tu vida.
Ese es el maravilloso legado de sencillez y austeridad que
transmitiste como ejemplo.
Sé que tu amor por mí te impedía irte del todo, pero sé
también que ya tenías necesidad de ascender a la inmensidad de
los espacios infinitos y tenías añoranza de Dios, a quien todos
los días le ofrezco mi callado sufrimiento, para que pueda ir
tejiendo esa red misteriosa de hilos dorados que lleven mi alma a
la morada que Él te tenía preparada y donde espero compartir
contigo por toda la eternidad.
Cordial saludo,
Nota: Otros artículos sobre el expresidente, se pueden leer en
Internet:
<http://www.geocities.com/pachajoa2000/lem.htm>
<http://www.geocities.com/pachajoa2000/lem2.htm>