GUARDIA INDIGENA CAUCANA
Miércoles 22 de septiembre, 2004
De: Mario Pachajoa Burbano
Amigos payaneses:
Nelson Fredy Padilla ha escrito para Cromos un
artículo sobre la Guardia Indigena caucana que como arma
utilizan únicamente bastones de chonta. Es la historia de cómo
surgieron, dónde se entrenan y cómo actúan 10.000 indígenas
caucanos. Para nuestros lectores que por su ubicación no pueden
adquirir el Cromos número 4518 del 29 de septiembre, les
ofrecemos algunos párrafos.
Cordialmente,
***
La Guardia Indígena por dentro
Por: Nelson Fredy Padilla
Cromos Nro. 4518
20 de septiembre, 2004
El comandante general es Luis Alfredo Acosta. A sus 31 años es,
sin duda, el más imponente líder indígena del departamento del
Cauca, no sólo por su carisma sino por su contextura física.
Mide 1,90 y pesa cien kilos. Para comprobar el respeto que
infunde basta verlo formando decenas de filas de paeces,
guambianos, kokonucos, totoroes y yanaconas, cuya estatura
promedio no llega al metro con 60 centímetros ....
Nadie le dice comandante. Prefiere que lo llamen Lucho porque se
considera igual a todos. Llegó al cargo por selección natural y
porque lleva diez años viviendo el proceso de consolidación de
la resistencia pacífica indígena.
Es un indio paez del resguardo de Huellas, municipio de Caloto.
La tierra donde su padre fue desaparecido y su madre fue
gobernadora, donde mil indígenas han caído en tres décadas de
lucha permanente por la defensa de sus derechos ancestrales.
Acosta fue profesor preescolar en su comunidad, pero pronto
descubrió el valor simbólico de "la chonta", el
bastón con el que esta cultura indígena -exaltada por la Unesco
como maestra de sabiduría- transmite autoridad.
Cuando su padre fue asesinado y los terratenientes patrocinaron
matanzas como la de la finca El Nilo, donde perecieron veinte
paeces, la guardia indígena apenas era un sueño. Hoy, aquí en
la "recuperada" finca La Bodega, Lucho se siente
orgulloso de que el ejército de paz sea una realidad. Al frente
tiene la avanzada de los diez mil guardias que la semana pasada
controlaron la marcha de cincuenta mil indígenas desde Santander
de Quilichao hasta la ciudad de Cali, para reclamar respeto a sus
territorios y a su proyecto de vida.
Entre ellos están los 350 que hace dos semanas viajaron hasta
las selvas de Caquetá para que la guerrilla de las Farc liberara
a Arquímedes Vitonás, uno de sus maestros de sabiduría, y a
cuatro indígenas más que estaban secuestrados. El poder de
disuasión del grupo y el de sus bastones fue suficiente para
obligar a más de 500 guerrilleros de la columna élite de las
Farc a entregarlos. Si hubiera sido necesario, los diez mil
guardias habrían marchado.
Lucho no duda de que "la minga es la clave de nuestra
fortaleza". Se refiere al trabajo en grupo, a la cohesión
física y espiritual de los 150.000 indígenas que pueblan el
Cauca. Entre su "tropa" también cuenta con los que han
frenado a la guerrilla durante ataques a municipios como Toribío
y Corinto. Con bastones, banderas blancas, tambores y pitos han
evitado el fusilamiento de policías e indígenas. Con las mismas
armas han evitado que los paramilitares recluten a sus jóvenes
por la fuerza y que narcotraficantes de poderosos carteles
instalen laboratorios en sus territorios.
El presidente Álvaro Uribe los ha invitado a que se conviertan
en cooperantes de su esquema de seguridad. Sin embargo, además
de que se declaran opuestos a sus políticas, consideran que
perderían autonomía y tranquilidad ...
El espíritu independiente de la guardia nace en la sagrada
Asamblea Comunitaria de cada cabildo, en donde son elegidos los
candidatos sin importar si son niños, hombres, mujeres o
ancianos. "Lo que importa -según Lucho- es que sean ejemplo
de conducta, que entiendan el significado de nuestra cultura y
que estén limpios de espíritu". Luego este comandante y
una docena de profesores se encargan de instruirlos sobre
Resistencia Pacífica, Legislación Indígena, Derechos Humanos,
Estrategia, Emergencias y hasta los peligros del Tratado de Libre
Comercio.
Él reconoce que la guardia es más una escuela de líderes que
garantiza la neutralidad y la supervivencia étnica en medio del
conflicto. "Le quitamos mano de obra a la guerra. De los
diez mil guardias, estoy seguro de que a unos seis mil los hemos
salvado de terminar en las filas de la guerrilla o de los
paramilitares".
No es fácil. Desde 1997 cerca de 500 indígenas han sido
asesinados por aquellos que se niegan a respetarlos. En su
memoria, cada mes de enero, diez guardias escogidos por vereda,
un coordinador por resguardo, en siete municipios caucanos,
asisten al "refrescamiento" de varas de mando hechas
con palos de café o limón.
La ceremonia Khabu Fxizejya se hace en la laguna o río más
cercano y los bastones son humedecidos en el agua bendita de sus
dioses. Allí asumen el compromiso, ante los espíritus de los
históricos caciques Juan Tama y La Gaitana, de defender el
legado indígena y jamás levantar el garrote contra sus
semejantes. Quien viole el ritual es sometido a penas como fuete,
cepo o destierro.
Lucho cumplió. Fue guardia raso, coordinador de turno, jefe de
bloque, jefe de zona y coordinador general. Asegura que "la
chonta (bastón) es nuestra segunda alma". Lo dice con la
misma convicción que tiene René Tenorio, un niño de 11 años,
el más joven del grupo, y Juan Peña, de 72 años, el más
veterano de los guardias. El diez por ciento de la guardia son
mujeres como Celia Umenza, coordinadora en Tacueyó. Todos
miembros de una fuerza que ya opera en comunidades indígenas de
departamentos como Nariño, Huila y Caldas.
Giovanni Yule, presidente de los Cabildos Indígenas del Norte
del Cauca y consejero mayor de la comunidad, advierte que no es
gratuito que la ONU estudie una resolución para declarar a la
guardia como equipo internacional de paz. "Demostramos que
los rescates no se hacen a sangre y fuego y que la estrategia
militar autoritaria no es efectiva como sí lo es la resistencia
comunitaria".
Personajes como el intelectual norteamericano Noam Chomsky y el
juez Baltasar Garzón han venido al Cauca a conocer este proceso
de resistencia. El comandante Lucho sueña con el día en que no
necesiten guardia, bastones ni protectores, el día en que la paz
plena vuelva a Nasa Kiwe, su tierra ancestral.