APUNTES HISTORICOS SOBRE LA SEMANA SANTA
Jueves 4 de marzo, 2004
De: Mario Pachajoa Burbano
Amigos payaneses:
Mario Perafán Fajardo nos informa en el
presente escrito que ni las guerras, las plagas, ni los
terremotos han interrumpido la Semana Santa payanesa y cuando los
aguaceros y las tempestades han obligado a suspender alguna
procesión ha salido al día siguiente aunque haya sido una vez
en la semana. Además nos cuenta el origen de la palabra
"pichón" y porqué los cargueros tienen la cara
destapada.. Nuestros agradecimientos a Mario por permitirnos
recordar o conocer estas interesates historias.
Cordial saludo,
***
Apuntes históricos sobre las procesiones
de la Semana Santa en Popayán
Por Mario Perafán Fajardo, F.O.C., Cauca
Popayán, 28 de marzo, 1999
Recordemos algunas anécdotas históricas:
Por la época cuando se iniciaron las procesiones se había
preparado por parte de los indígenas desplazados que venían
desde el Perú, una conspiración contra Popayán para tratar de
conquistar la ciudad y cuando llagaron a los cerros que les
circundaban en las horas de la noche vieron una interminable
hilera de luces en movimiento que la envolvían e imaginando que
se trataba de un gigantesco ejército con antorchas y lanzas se
retiraron despavoridos, cuando en realidad se trataba de la
procesión de penitentes el Jueves Santo. Así se frustró una
matanza segura.
Cuando el Libertador Simón Bolívar regresaba triunfante
después de la batalla de Ayacucho todas las ciudades y pueblos
por donde pasó le ofrecieron homenajes y festejos. En la Paz,
(le regalaron la llave de la ciudad que es de oro macizo la cual
se exhibía en Casa Mosquera y pesa 44 onzas), en Lima (conoció
a Manuelita Saéz) y en Quito fueron apoteósicos.
Popayán no se podía quedar atrás y como complemento de muchos
banquetes (almorzó en la hacienda Calibío el 30 de octubre de
1826) y atenciones, le organizaron una procesión en la última
semana de octubre de 1826 la cual salió de la Iglesia de San
Agustín y pasó para admiración de los ilustres huéspedes por
frente a los balcones de la casa de la carrera séptima con calle
sexta donde se alojó el Padre de la Patria y su comitiva del 24
al 30 de ese mes conforme lo atestigua una placa colocada al lado
de su portalón de entrada.
Corría el año 1840, caracterizado por la turbulencia políticas
de las pugnas internas bajo la presidencia de José Ignacio
Márques amigo personal y seguidor del General Tomás Cipriano de
Mosquera y Arboleda. Durante ese mandato el Gobierno había
suspendido los conventos menores de la ciudad de Pasto,
originando el levantamiento de los guerrilleros del sur
comandados por el Presbítero Francisco Solano de la Villota.
Como los insurgentes dominaban la comarca, el Gobierno central
despachó desde Santafé de Bogotá, un contingente militar al
mando del General Pedro Alcántara Herrán, yerno del General
Mosquera, el cual estaba encargado de apaciguar la zona.
En cabeza de franca rebeldía declarada, se veían dos destacadas
figuras Caucanas: los combatientes José María Obando y Juan
Gregorio Sarria, enfrentados al general Mosquera, por que éste,
sin fórmula de juicio, acusaba a Obando como responsable del
asesinato del Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre
ocurrido en Berruecos, en junio de 1830.
A Pasto llegaron las fuerzas gobiernistas el 19 de marzo de 1840,
siendo conducido el General Herrán hasta la propia morada de
Obando, donde literalmente fue retenido como prisionero, pues los
habitantes de la ciudad eran fanáticos simpatizantes Obandistas.
Además de los pastusos, los patianos y timbianos eran también
adeptos de Obando, el General Herrán optó por suplicarle a
aquel que desmontara la rebelión.
Este hecho, como es natural causó indignación en el General
Mosquera quien inmediatamente después de conocer el suceso
apresuró su viaje desde Santafé de Bogotá hasta la provincia
del Cauca en compañía de su sobrino, el Capitán Julio
Arboleda.
Mientras tanto Obando y Sarria, después de desplegar una activa
campaña en el sur se dirigieron hacia Popayán, llegando a el
sitio de Calicanto a la entrada de la ciudad, el lunes Santo 13
de abril de 1840. Con ellos se encontraba un grupo de lanceros de
su propia tropa. Al día siguiente, martes 14 de abril, los dos
guerreros dejan sus armas para vestirse de "cargueros"
al estilo Sevillano como era costumbre de la época, con el
capirote cubriendo el rostro. Es así como portando las alcayatas
en la diestra, se dirigen a la Iglesia de San Agustín para
reclamar sus respectivos barrotes en el paso de la Dolorosa y
así cumplir como devotos cargueros.
Cuando los dos jefes rebeldes se acercaron a tomar sus barrotes
son informados sobre la presencia de Mosquera en la hacienda de
Calibío.
En aquel entonces los cargueros sacaban los pasos a las siete de
la noche, desde los mismos "burros" de la iglesia. Sin
embargo como medida de seguridad Obando y Sarria toman sus
barrotes en la esquina del Mascarón, cuando el síndico del paso
presumía que en tales circunstancias era imposible que ese año
asistirían, ya les había buscado sustituto. Primero se
presentó uno de ellos luciendo un impecable túnico de Nazareno
con el rostro cubierto con el capirote de penitente y golpeando
con su alcayatas el empedrado piso dijo en voz baja al carguero
delantero izquierdo: "éste es mi puesto y no lo dejaré
mientras viva.., soy Sarria!". Igualmente lo hizo Obando en
el lado delantero derecho.
La noticia se regó como pólvora entre los cargueros,
alumbrantes y el público que abarrotaba los andenes al paso de
la procesión la cual transcurrió sin ningún contratiempo en
completo silencio y recogimiento absoluto.
El Gobierno regional, bajo el mando del ilustre hombre Manuel
José Castrillón, se entera de la presencia de Obando y Sarria
en la procesión y ordena que al terminar el desfile, se prenda a
los jefes insurgentes. El pueblo de Popayán era netamente
Obandista, entonces se prepara para ayudarlos y evitar sean
hechos prisioneros.
Para tal efecto, los amigos y compañeros del jefe acuerdan el
santo y seña de "pichón". El plan se pone en marcha
en la esquina de la Ermita los alumbrantes apagan sus velas y a
la voz de "pichón" cogen el paso de la Virgen de los
Dolores, sin que nadie de los feligreses se atreva a cometer una
felonía.
Los Generales Obando y Sarria pudieron escapar. Al otro día el
General Castrillón dio la orden para que los cargueros llevaran
el rostro descubierto, costumbre hasta nuestros días al igual
que la palabra "pichón", utilizada para cargar los
pasos unas cuantas cuadras a la entrada y salida de cada desfile.
Es la única oportunidad que tienen los aspirantes a cargueros
para sentir el peso de las andas.
Sirva esta historia para que recordemos a nuestros antepasados
con respeto y cariño e igualmente para comprender por qué en
Popayán se "carga con la cara destapada".
De los aguaceros famosos que han obligado a suspender una de las
procesiones en el siglo XX, está el que narra en una crónica
deliciosa Hernando Rojas A. en la revista de la Junta Permanente
Pro-Semana Santa de 1993 en las páginas 23 a 26 con el título
de "Por qué los Cargueros de Popayán son así",
refiriéndose al sucedido el jueves Santo 31 de marzo de 1983,
cuando no fue posible sacarla y al día siguiente desfilaron tres
pasos extras después de haber tenido que intervenir el Maestro
Valencia para lograrlo por que los cargueros no se aguantaron las
ganas de cargar ese año.
En la Semana Santa de 1964 llovió durante tres días de martes a
jueves y ninguna procesión logró terminar por completo su
recorrido (yo había alcanzado a cargar media procesión el
miércoles) y los frustrados cargueros lograron que la Junta y la
curia autorizara para sacar 22 pasos el viernes en vez de los 12
que están programados, por lo cual hubo necesidad de utilizar
176 cargueros y el síndico del señor del Perdón Sr. Reynaldo
López me llamó a las 5 de la tarde para ofrecerme su barrote
pues el cargaba esa noche en la Virgen de la Soledad y no podían
hacerlo dos veces el mismo día. Así que ese año cargué ese
imponente paso que estaba estrenando nueva esfera de plata y lo
hice en la esquina trasera izquierda.
En 1983 la ciudad estaba bellísima impecablemente pintada de
blanco, sus calles limpias, sus balcones adornados con materas y
los árboles de los parques y avenidas florecidos. La mayoría de
los turistas no habían llegado, los días fueron extremadamente
calurosos, las procesiones del martes y miércoles Santo
estuvieron muy ordenadas y el festival de música estaba en todo
su esplendor y cuando 60 horas después de haber escuchado el
concierto para violín de Mendelssohn magistralmente interpretado
por el solista payanés Hugo Valencia Quijano, en la iglesia del
Carmen con la orquesta Sinfónica del Valle, sobrevino a las 8:15
a.m. del jueves Santo del 31 de marzo el " Terremoto de
Popayán"!!!... Pero esa es otra historia sobre la cual
mucho se ha escrito y escribirá.
Miles de anécdotas podrán contarse: pasos que se han caído por
romperse alguno de los barrotes (la Sentencia el jueves Santo de
1940 en la Calle del Comercio y Las Insignias frente al Teatro
Popayán el Viernes Santo de 1949 al quebrarse el barrote
esquinero derecho de adelante donde cargaba César Simmonds).
Cargueros que han muerto después de haberse doblado bajo las
andas (don Arcesio Velasco Iragorri) frente a la iglesia de San
José, el Miércoles Santo 16 de abril de 1947 cargando el paso
de El Prendimiento en la parte delantera derecha. Cargueros que
han venido del exterior donde viven, todos los años, (don Jaime
Fletcher de la Ciudad de México). Sahumadoras que también
viajaban, (la Negra Sara desde Caracas).
Todo eso ha sucedido, pero nunca se ha interrumpido ésta
tradición que lleva 441 años de 1558 a 1999.
Popayán-Colombia, Domingo de Ramos 28 de Marzo de 1999.