MANUELITA GÓMEZ AYERBE
Miércoles 29 de marzo, 2006
De: Mario Pachajoa Burbano
Amigos:
Tenemos en el cielo a un angelito: Manuelita Gómez Ayerbe quien falleció
el pasado 23 de Marzo. A las múltiples manifestaciones de condolencia nos unimos
a sus padres Mauricio Gómez y María Elvira Ayerbe, a sus hermanitas Maria Camila
e Isabel, a sus abuelos Roberto Ayerbe y Cármen Elvira de Ayerbe; a su abuela
Lucha de Gómez Segura, a sus tíos y demás familiares.
Reproducimos las hermosas palabras que en su memoria escribieron Jorge Alberto
Duque Mejía y Ana Milena Zapata Hurtado y leídas en la misa del Colegio.
Cariñosamente
AMALIA GRUESO DE SALAZAR BUCHELI
***
EL REGRESO DE UN ANGELITO A SU HOGAR
Por: Jorge Alberto Duque Mejía y
Ana Milena Zapata Hurtado
Hace algunos años, algo así como once, un angelito de esos traviesos, inquietos
y con la iniciativa propia de los angelitos líderes, durante una de las jornadas
de juegos entre nube y nube, no resistió la curiosidad y aprovechando un leve
descuido de los ángeles mayores, se dejó caer hacia la tierra.
Como le correspondía en su calidad de ángel, cayó en un hogar maravilloso. Muy
rápidamente se tornó en el juguete preferido de sus dos hermanitas mayores, en
un nuevo aliento de sonrisas y retomar de tareas ya casi olvidadas para unos
padres que ya creían haber avanzado lo suficiente en las tareas de crianza, en
una nueva razón de vivir para unos abuelos maternos y paternos, y en un motor de
juego y algarabía para un grupo de primas y primos y para toda una clase en su
Colegio.
A medida que transcurría el tiempo en el Cielo y que los angelitos empezaban a
ser llamados a tareas propias de su importante oficio, se hizo evidente la
ausencia del angelito faltante. Fue así como desde hace dos años, Dios inició
una intensa búsqueda de ese angelito, pues se estaban empezando a presentar unas
vacantes en los rangos mayores entre los ángeles líderes en el Cielo y Dios, en
su sabiduría, aceleró la búsqueda de ese angelito con el cual se había hecho el
de la vista gorda durante once y algo más años, para permitirle venir a inundar
de alegría, de amor y de entusiasmo a toda una comunidad.
Después de muchos ires y venires, después de generar muchas lágrimas de alegría
y también de tristeza, la vacante en el Cielo se convirtió en prioridad y el
Gran Señor tuvo que dar la señal: Manuelita fue llamada a ocupar el sitio que le
correspondía y que le estaba reservado. Para Mauricio y María Elvira, para
Roberto y Carmené, para Luchita, para María Camila e Isabel, va a ser muy
difícil entender que Dios haya venido por el préstamo que generosamente les
había hecho. Pero es que haber tenido el singular privilegio de convivir con un
ángel, es algo que cuesta y que no le es dado a cualquiera. Han sido unos
privilegiados.
Quienes tan sólo como amigos tuvimos el beneficio de recibir el toque mágico de
su sonrisa y de su mirar generoso, también quedamos muy golpeados. Juntamos
nuestras oraciones para que Mauro y Maria logren volcar las bendiciones que les
dejó su angelito en María Camila e Isabel, a quienes aparentemente las privaron
de su muñeca sin igual. Para las abuelas, estamos seguros que, en su sabiduría
propia de abuelas, no dejarán desaparecer nunca la sonrisa y los ojitos llenos
de amor de ese angelito.
A mi “coleguita”, al abuelo Roberto, me faltan palabras para decirle algo
que entienda, pues no domino sino el torpe idioma de los humanos y no el idioma
angelical al cual lo acostumbró su angelito-nieta. Tan sólo le digo que lo
quiero, que lo acompañamos y que siempre podrá disponer de nuestros hombros para
en ellos derramar las lágrimas que esta temporal separación le va a exigir. La
oración y todos los dotes que lo adornan como abuelo, como amigo y como
ciudadano ejemplar, le ayudarán a entender que Dios tenía que recuperar a quien
generosamente prestó hace once años. Coleguita, cuenta con las oraciones
de estos amigos de ayer, de hoy y siempre. Jorge Alberto y Ana Milena.