FRANCISCO LOPEZ DE GOMARA
Lunes 27 de enero de 2003
De: Mario Pachajoa Burbano
Amigos payaneses:
José Luis y María José de la Matta, dilectos
amigos sevillanos, nos han enviado, -nuestros más efusivos
agradecimientos para ambos-, la obra escrita hace cuatrocientos
cincuenta años por el también sevillano, Francisco
López de Gómara titulada "Historia General de las
Indias". Este historiador contemporáneo de Pedro Cieza de
León, Martín Fernández de Enciso, Gonzalo Fernández de
Oviedo, es considerado un historiador como ninguno de sus colegas
de la época "tan puntual y prolijo, tan cabal y fiel".
La vida de Francisco es muy poco conocida. Se ignora quienes
fueron sus padres, así mismo como cualesquiera circunstancia que
afecte su infancia y adolescencia. Estudió en la Universidad de
Alcalá de Henares, se ordenó sacerdote y pasó a Roma. Se cree
que nació en 1510 y murió en 1572. Se cree que permaneció en
las Indias cuatro años. La obra mencionada la terminó en 1551 y
un año después, en Zaragoza, fue publicada por primera vez. Su
éxito debió ser extraordinario, pues le siguen varias
impresiones adicionales, inclusive la versión en francés y una
gran parte de la misma en latín.
La primera parte, Hispania Vectrix, está dedicada al Emperador
Carlos I y la segunda, Conquista de Méjico, a Martín Cortés
Marqués del Valle, hijo del conquistador Hernán Cortés. La
obra contiene una prolija descripción de hechos ocurridos en Las
Indias, desde Cristóbal Colón hasta la muerte de Hernán
Cortés el 2 de diciembre de 1547.
Francisco menciona a Popayán, cuando el depuesto Virrey del
Perú, Blasco Nuñez Vela, huyendo de Gonzalo Pizarro, se esconde
en Popayán, llegando a ésta "muy destrozado, y hasta en el
camino se había comido algunas yeguas por hambre. Maldijo la
hora en que viniera al Perú y los hombres que halló en él, tan
coléricos y desleales. Quería vengar su enojo, y no tenía
posibilidades ... ".
La primera parte termina haciendo el siguiente elogio de los
conquistadores españoles. Francisco escribió:
""" ... Tanta tierra como llevo dicho, han
descubierto, andado y convertido nuestros españoles en sesenta
años de conquista. Nunca jamás rey ni gente anduvo y dominó
tanto en tan breve tiempo como la nuestra, ni ha hecho ni
merecido lo que ella, así en armas y navegación, como en la
predicación del Santo Evangelio y conversión de idólatras, por
lo cual son los españoles dignísimos de alabanza en todas las
partes del mundo. ¡Bendido sea Dios, que les dió tal gracia y
poder! Buena loa y gloria es de nuestros reyes y hombres de
España, que hayan hecho a los indios tomar y tener un Dios, una
fe y un bautismo, y haberles quitado la idolatría, los
sacrificios de hombres, el comer carne humana, la sodomía y
otros grandes y malos pecados, que nuestro buen Dios mucho
aborrece y castiga. Les han quitado también la muchedumbre de
mujeres, vieja costumbre y deleite entre todos aquellos hombres
carnales; les han mostrado las letras, pues sin ellas los hombres
son como animales, y el uso del hierro, que tan necesario es al
hombre; así mismo les han enseñado muchas buenas costumbres,
artes y policía para pasar mejor la vida. Todo lo cual, y hasta
cada cosa por sí, vale, sin duda ninguna, mucho más que la
pluma, ni las perlas, ni la plata, ni el oro que les han tomado,
sobre todo porque no se servían de estos metales en moneda, que
es su propio uso y provecho, aunque hubiese sido mejor no
haberles tomado nada, sino contentarse con lo que sacaban de las
minas, ríos y sepulturas. Lo de menos es el oro y la plata, pues
pasan de sesenta millones, ni las perlas y esmeraldas que han
sacado de debajo de la tierra y el agua, en comparación de lo
cual es muy poco el oro y plata que los indios tenían. El mal
que hay en ello es haber hecho trabajar demasiado a los indios en
las minas, en la pesquería de perlas y en las cargas. Me atrevo
a decir sobre esto que todos cuantos han hecho morir así a los
indios, que han sido muchos, han acabado mal. Me parece que Dios
ha castigado sus gravísimos pecados por aquella vía. Yo escribo
sólo y brevemente la conquista de Indias; quien quisiere ver la
justificación de ella, lea al doctor Sepúlveda, cronista del
Emperador, que la escribió en latín doctísimamente. Y así
quedará satisfecho del todo...""".
Cordial saludo,